AUTORES
- Lorena Rudilla Pinzón. Trabajadora Social. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Olga Tolosa González. Trabajadora Social. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- M. Cruz Camacho Pescador. Trabajadora Social. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
- M. Ángeles Gómez Auría. Trabajadora Social, TEL, TCAE. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Ana Cristina Gracia López. Trabajadora Social. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Alicia Mansilla Bosqued. Trabajadora Social. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
Los malos tratos dirigidos a las personas mayores, es un problema social muy grave que puede manifestarse de muy diversas formas, incluyendo el abuso físico, el abuso emocional o la negligencia. Las personas ancianas no siempre pueden valerse por sí mismas, es a la hora de recibir los cuidados y atenciones necesarias cuando surgen las dificultades. Es un hecho, el reconocer que si el anciano se ve afectado por alguna dolencia, se incrementa el riesgo de sufrir maltrato por parte de su familia o cuidador. Además, las dinámicas complejas y la ausencia de recursos más apropiados para la persona, puede contribuir a la violencia.
Se hace fundamental abordar este tema a través de la concienciación pública, la formación de los cuidadores profesionales y no profesionales de la salud; así como la implementación de políticas que puedan proteger a este colectivo. En todos los ámbitos, la detección temprana y la intervención son piezas clave para prevenir y mitigar los efectos del abuso en esta población vulnerable.
PALABRAS CLAVE
Maltrato al anciano, maltrato físico, maltrato psicológico, negligencia, problema social.
ABSTRACT
Elderly mistreatment is a really grave social problem that manifests in different ways, including physical or emotional abuse or negligence. Elderly not always can fend for themselves, and when they need caring or regards they suffer difficulties. It is a fact acknowledged that if old people have a disease, the risk of suffering mistreatment from their families or their carer will rise up. What’s more, the complex dynamics and the lack of more appropriate resources for the people, can contribute to the violence.
It is fundamental to approach this topic through public awareness, forming professional and non-professional health carers, as well as implementing politics to protect this collective. In all scopes, early detection and intervention are key parts to prevent and lower mistreatment effects in this vulnerable population.
KEY WORDS
Elderly mistreatment, physical mistreatment, psychological mistreatment, negligence, social problem.
Objetivo General:
- Revisar la bibliografía existente sobre el maltrato hacia las personas mayores.
Objetivos Específicos:
- Realizar una búsqueda bibliográfica a través de buscadores específicos en ciencias sociales y revistas especializadas.
- Distinguir cuál es el alcance y la incidencia de este tipo de violencia ejercido sobre estas personas.
- Identificar y analizar los factores de riesgo asociados a la vulnerabilidad ante los malos tratos dirigidos hacia las personas mayores.
Según las fuentes que se han utilizado, es una investigación secundaria, ya que se ha recopilado información en diferentes manuales efectuados por otros expertos e investigadores acerca del tema en cuestión. Se han seleccionado las fuentes secundarias más relevantes para elaborar las ideas principales del artículo, priorizando las fuentes de mayor impacto académico.
El informe ha comenzado con una sustancial búsqueda bibliográfica analizando datos sobre la situación, sobre los conceptos a tratar, información recabada de bases de datos, artículos científicos, libros, revistas, noticias de periódicos, páginas web de diferentes entidades y asociaciones.
Los mayores, como el resto de la población, están expuestos a sufrir agresiones en cualesquiera de los espacios sociales en los que se desenvuelven. Sin embargo, cuando se habla de “malos tratos a los mayores”, se hace referencia únicamente a la violencia o a los malos tratos sufridos en el espacio doméstico o en el marco de relaciones de cuidado a mayores dependientes. En este sentido, como en las demás formas de violencia doméstica, no se hace referencia a la violencia que se pueda sufrir en otros contextos sociales, como pueden ser las agresiones por desconocidos o en contextos delictivos. En este sentido, surge el “síndrome del cuidador”, esta figura se encuentra en una situación mantenida en el tiempo, esta carga del cuidador excede de los límites adaptativos de la persona y puede aumentar el riesgo para que se den este tipo de situaciones en un contexto informal como es el domicilio1,2.
Una definición del concepto muy empleada es la que desarrolla la U. S. National Academy of Science, citado por Pillemer et al3, que define los malos tratos a las personas mayores (en terminología inglesa, Elder abuse) como: “a) Acciones intencionadas que causan daño o crean un grave riesgo de causar daño (independientemente de si se pretende o no causar daño) a una persona mayor vulnerable por parte de un cuidador/a u otra persona con la que existe una relación de confianza; o b) Que el cuidador/a no satisfaga las necesidades básicas de la persona mayor o que no la protege de sufrir daño”.
En esta definición, como señalan los autores referenciados3, hay dos elementos básicos: por un lado, que la persona mayor haya sufrido lesiones, negligencia o un riesgo innecesario, y, por otro, que el daño haya sido causado o no se haya evitado por parte de una persona (o personas) con la que había una relación de confianza, esto es, responsable del bienestar del mayor.
En este sentido, se distingue la siguiente tipología de maltrato a ancianos3:
- Maltrato físico: se incluyen comportamientos como zarandear, golpear, abofetear, quemar, encerrar a una persona mayor, uso inapropiado de medicación, etc., que tienen como consecuencia un daño o una lesión física.
- Maltrato sexual: se incluye cualquier tipo de contacto de carácter sexual no querido por el mayor (incluida la exposición a la pornografía).
- Maltrato emocional: se incluyen sobre todo agresiones verbales, intimidación, amenazas, insultos, humillaciones y acoso que causan angustia, sufrimiento o dolor emocional, no considerando explícitamente comportamientos de control, como en el caso de la violencia de género.
- Maltrato económico: consiste en el uso indebido del patrimonio del mayor por parte de personas de su entorno, como apropiarse de su dinero u otros bienes valiosos, forzarle a firmar documentos (ya sean, modificar el testamento o ceder la firma en cuentas corrientes), forzar ventas de patrimonio, entre otros.
Otra forma de maltrato que suele distinguirse por parte de ciertos autores es el abandono. Esta última consiste en que la persona que ha asumido la responsabilidad del cuidado o que posee la custodia de una persona mayor la abandona físicamente en centros residenciales o en hospitales3.
Además, las dimensiones comunes a otros estudios sobre violencia doméstica, también se incluye como una dimensión específica para este grupo de edad la negligencia, entendida como falta de cuidado adecuado, y requiere, por tanto, la necesidad de recibir ayuda por parte de alguna persona. Dentro de esta categoría, algunos autores distinguen entre3:
- Negligencia física: se encuentran situaciones como la falta de cuidados sanitarios, la administración incorrecta de medicación, la no administración de comidas e hidratación necesaria, la falta de higiene, no proporcionar ayudas físicas (como gafas, audífonos o prótesis dentales), ropa inadecuada y no proporcionar medidas de seguridad.
- Negligencia emocional o psicológica. Como ejemplos, serían dejar solo al anciano durante períodos largos de tiempo, ignorar al anciano, no proporcionarle información y utilizar silencios ofensivos.
EPIDEMIOLOGÍA DEL ALCANCE DE LOS MALOS TRATOS DIRIGIDOS A LOS ANCIANOS:
Aunque más tardíamente que en los países anglosajones, en España también se han realizado diversas investigaciones con el objetivo de cuantificar el alcance de los distintos tipos de maltrato, los factores de riesgo de sufrirlo y el perfil de los agresores, además de otros objetivos adicionales4. En la conferencia Nacional de Consenso sobre el Anciano Maltratado de Almería se aprecia que existe una prevalencia del 3% en España5.
El primer trabajo de cuantificación del alcance de este fenómeno y sus características es el que realiza Bazo6, a partir de una muestra de 2.351 personas mayores, tratándose de una muestra bastante extensa. Según este estudio, un 4,7 % de las personas usuarias de estos servicios han sufrido malos tratos, con importantes diferencias según los municipios de residencia.
Para evaluar a los participantes, la tarea se realiza de manera individual, en el domicilio de la persona, en el centro de salud o en el centro de Servicios Sociales. A través de la entrevista se gestionan cuestionarios diseñados con cuestiones centradas en las características sociodemográficas, en la economía, en las relaciones familiares, entre otras5. Algunos de los estudios revisados han empleado diferentes tipos de cuestionarios, entre los que se encuentran:
- La American Medical Association (AMA) y la Canadian Task Force (CTF)7, el cuestionario consta de nueve preguntas en relación a los distintos tipos de maltrato, ya sea, el maltrato físico, psicológico, sexual, negligencia. Si el paciente resuelve de manera afirmativa a cualquiera de los ítems, se considera como un indicativo de posible maltrato.
- Elder Abuse Suspicion Index (EASI)8, empleado por Gómez et al9., por el cual, utilizan un instrumento dirigido a la atención primaria basado en seis ítems, de los cuales, cinco van dirigidos a las personas mayores y el último, lo dirige el propio profesional en función de la estimación que realiza y de sus propias conclusiones.
- Por su parte, Pérez-Rojo et al.10,11, como instrumento para valorar al paciente, emplea como técnica, la entrevista estandarizada. Esta se compone de un total de 67 ítems que se centran en variables de actividades básicas de la vida diaria, actividades sociales, economía familiar, tipología del maltrato y variables biopsicosociales.
- El estudio elaborado por Touza et al12, somete a validación las escalas de detección del riesgo de malos tratos y negligencia. Es una evaluación dirigida por personal del campo de lo sociosanitario, centrada en 77 ítems y dividida en dos escalas: la primera escala centrada en la persona afectada; y la segunda, centrada en la persona que podría ejercer el maltrato.
LA INCIDENCIA DE LOS DISTINTOS TIPOS DE MALOS TRATOS:
Aunque la prevalencia de los malos tratos es muy diferente de un estudio a otro, en todos los estudios, independientemente de la escala de medición que se utilice o de la población mayor objeto de estudio, la tipología de malos tratos que se suceden son los siguientes6:
- La negligencia y los malos tratos, psicológicos o emocionales, son aquellas formas de maltrato que se repiten más asiduamente. En algunos estudios, es más común los malos tratos psicológicos o emocionales que la negligencia, mientras que en otros apenas se encuentra diferencia entre ellos.
- Otra forma de maltrato relativamente frecuente, aunque en mucha menor medida que las anteriormente mencionadas, son los malos tratos económicos.
- El maltrato sexual apenas aparece mencionado, aunque en casi todos los estudios se registra algún caso, por lo que no es inexistente.
- El maltrato físico, por el contrario, aparece reflejado en todos los estudios.
En este contexto, hay que destacar que, en muchos casos, no solo se refiere sufrir un tipo de maltrato, sino más de uno (normalmente, dos tipos), siendo el maltrato emocional el que con más frecuencia acompaña a la incidencia de los demás tipos de maltrato6.
FACTORES DE RIESGO A LA HORA DE SUFRIR MALOS TRATOS:
Centrando la atención en la distinción habitual del modelo ecológico entre factores de riesgo individuales, relacionales o familiares, comunitarios y sociales. Los más relevantes son los siguientes13:
- Individuales: La situación de dependencia o las limitaciones para la realización de las actividades cotidianas aparece clara y fuertemente relacionada con el riesgo de sufrir maltrato. La salud también aparece como un factor de riesgo de sufrir maltrato en casi todos los estudios que han introducido esta variable o algún indicador de salud. Las dificultades económicas, medidas a través de distintos indicadores, también aparecen como un factor de riesgo de sufrir maltrato. Otras características individuales asociadas con el riesgo de sufrir malos tratos en casi todos los estudios son el sexo y la edad. Respecto al sexo, las mujeres presentan mayor riesgo de sufrir maltrato. La edad aparece en casi todos los estudios asociada a un mayor riesgo de sufrir malos tratos, y ello es así tanto en los estudios a la población mayor en su conjunto como a la población en situación de fragilidad. En conjunto, los rasgos individuales asociados a un mayor riesgo de sufrir maltrato o negligencia son la dependencia o necesidad de recibir ayuda para la realización de las actividades cotidianas y un estado de salud no bueno, lo cual se da, sobre todo, cuanto mayor es la edad. Cuando la situación económica de la persona mayor es mala, el riesgo también es mayor, y todo ello afecta más a las mujeres que a los hombres, aunque estos también pueden verse afectados.
- Familiares o relacionales: Como han demostrado las publicaciones científicas sobre violencia de género, el aislamiento social es un factor de riesgo de sufrir maltrato muy relevante. Asimismo, el aislamiento social propicia la aparición de los malos tratos o la negligencia a las personas mayores, porque también en este caso las víctimas están a merced de los agresores y no hay nadie externo a la relación que pueda cuestionar o denunciar los malos tratos. Una de las formas que puede tomar el aislamiento social es el modo de convivencia, y los estudios que proporcionan información al respecto arrojan resultados no del todo coherentes, aunque tienden a evidenciar que los mayores en situaciones de fragilidad que viven solos tienen mayor riesgo de sufrir malos tratos. Las personas mayores y frágiles, sobre todo si son mujeres (tanto más si son dependientes y tienen pocos recursos económicos, sin apenas relaciones sociales o con malas relaciones con sus familiares), son las que mayor riesgo de maltrato presentan. El hecho de vivir con familiares puede reducir el riesgo de sufrir malos tratos, pero ello depende del tipo de relaciones que rijan.
CARACTERÍSTICAS DE LOS CAUSANTES DE MALOS TRATOS:
La identificación de los agresores no resulta fácil, pues las personas mayores se niegan a señalar a sus maltratadores. Los principales causantes son la pareja y los hijos, predominando en todos los estudios el sexo masculino por encima del femenino.
Para considerar que hay malos tratos, se sigue el criterio establecido por la Delegación del Gobierno, por parte de Miguel Luken, citado por Gómez MH, Martínez MTL14, que establece que hay violencia cuando se da al menos uno de estos comportamientos por parte de la pareja o expareja, o cuando una pareja anterior a esta lo realiza alguna o muchas veces durante los doce meses previos a la encuesta. Adicionalmente, también se trata de identificar la existencia de malos tratos a partir de la percepción del miedo respecto a la pareja actual o a cualquier expareja que haya tenido, considerándose que la persona sufre violencia cuando ha pasado miedo (por lo menos), algunas veces14.
Esta forma de conceptualizar los malos tratos no coincide exactamente con la que se utiliza en el caso de los mayores y que se ha discutido anteriormente. Las mayores diferencias cabe encontrarlas en la concepción de los malos tratos económicos, en la violencia de control y en la negligencia. Además de ello, las escalas para medir el alcance de la violencia de pareja son más amplias, al diferenciar más entre distintos comportamientos de maltrato. Otra distinción muy relevante que conviene recalcar, aunque resulte evidente, es que en esta fuente no se incluyen los malos tratos que puedan infligir otras personas que no sean la pareja o expareja(s), ni tampoco los malos tratos sufridos por los hombres mayores14.
La proporción de mujeres mayores que señalan haber sufrido alguna de la tipología de malos tratos durante los doce meses anteriores a la encuesta asciende al 8,6 %, y la de aquellas que señalan tener miedo, al 7,4 %. Este porcentaje está muy por encima de las estimaciones realizadas a partir de muestras representativas de la población mayor en su conjunto6.
Factores como la dependencia, la edad, el aislamiento social, el cuidado a otras personas están estrechamente relacionados con el riesgo de sufrir malos tratos por parte de la pareja. Sin embargo, las dificultades económicas no parecen guardar una relación directa y clara con el riesgo de sufrir maltrato por parte de la pareja o expareja9.
Si bien se ha avanzado significativamente en la lucha contra los malos tratos a los mayores, no se ha llegado todavía tan lejos como en la lucha contra la violencia de género. En concreto, falta que sea identificado como un problema social que afrontar mediante una estrategia integral, como en el caso de la violencia de género. Las principales recomendaciones que hace la OMS15 para combatir este problema son:
- Desarrollar e implementar políticas y planes nacionales para prevenir el maltrato a los mayores
- Evaluación de los programas, mejorando los datos disponibles y su posterior seguimiento.
- Combatir el fenómeno del edadismo, ya que es una de las principales razones por las que el maltrato a este colectivo recibe tan poca atención.
- Recaudar fondos a destinar a más recursos dirigidos a esta problemática.
- Sensibilización y prevención.
Como se deduce de todo lo discutido hasta ahora, el grado de conocimiento que tenemos sobre el alcance de los malos tratos a los mayores es muy fragmentario, incompleto y no muy consistente. La disponibilidad de información al respecto se encuentra a una enorme distancia de la que hay sobre la violencia de género, al igual que los recursos disponibles para luchar contra él, si bien una parte de los malos tratos a los mayores es también violencia de género en las parejas mayores. Aunque conceptualmente se ha avanzado hacia una definición bastante consensuada de lo que cabe entender por malos tratos a los mayores, esta definición deja de lado una importante dimensión del maltrato que los estudios sobre violencia de género han evidenciado como muy relevante y es el maltrato de control que limita la autonomía de las víctimas.
Por otra parte, se necesitan más estudios destinados a la población mayor en su conjunto, monográficamente orientados a analizar este fenómeno en sus distintas manifestaciones y de alcance nacional, con una muestra suficientemente grande para captar las distintas manifestaciones de este problema social. El enfoque, por otra parte, no debe estar orientado solo a conocer mejor a las víctimas, sino también a los agresores, que en buena parte son también mayores.
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