AUTORES
- Alicia Soriano Martín. Trabajadora Social. Centro Asistencial El Pinar (IASS), Teruel. España.
- Raquel Pérez Soriano. Terapeuta Ocupacional. Centro Asistencial El Pinar (IASS), Teruel. España.
- Álvaro Llanas Martínez. Fisioterapeuta. Centro Asistencial El Pinar (IASS), Teruel. España.
- Marina Vea Martín. Fisioterapeuta. Fremap, Teruel. España.
- Irene Vea Martín. Terapeuta Ocupacional. Centro de Rehabilitación Psicosocial San Juan de Dios, Teruel. España.
- Carla Martínez Martín. Enfermera. Centro de Salud Mosqueruela, Teruel. España.
RESUMEN
Este artículo presenta la intervención profesional desde Trabajo Social en el acompañamiento a la sexualidad de una persona adulta con discapacidad física. A través de un caso clínico ficticio, se visibilizan los desafíos y prejuicios sociales que enfrentan las personas con diversidad funcional en el ejercicio de su vida íntima. Se analiza el rol del Trabajo Social en la promoción de derechos sexuales, la educación afectivo-sexual y la coordinación con recursos específicos. Se concluye que la sexualidad debe dejar de ser una dimensión negada o infantilizada en el ámbito de la discapacidad, para convertirse en un eje de bienestar.
PALABRAS CLAVE
Trabajo social, sexualidad, discapacidad física, derechos sexuales, educación afectivo-sexual, autonomía.
ABSTRACT
This article presents a professional intervention from the field of Social Work aimed at supporting the sexual and intimate lives of adults with physical disabilities. Through a realistic yet fictional case study, it highlights the social prejudices and structural barriers that hinder the exercise of sexual rights and affective relationships in the context of disability. The role of Social Work in promoting sexual education, emotional empowerment, and interdisciplinary coordination is examined. The study concludes that sexuality must be recognized as a legitimate and essential dimension of wellbeing, autonomy, and human dignity-especially in contexts where it has historically been denied or infantilized.
KEY WORDS
Social work, sexuality, physical disability, sexual rights, affective-sexual education, autonomy.
INTRODUCCIÓN
La sexualidad ha sido históricamente relegada en el abordaje profesional de la discapacidad. Si bien se han logrado avances en el reconocimiento formal de los derechos de las personas con diversidad funcional¹, persisten importantes barreras culturales, institucionales y profesionales que impiden el pleno desarrollo de su vida afectiva y sexual. La mirada medicalizada que aún prevalece en muchos contextos reduce la sexualidad a una dimensión meramente biológica o, directamente, la niega, despojando a las personas de su derecho al placer, a la intimidad y al vínculo amoroso²,³.
Desde una perspectiva de derechos humanos y justicia social, el Trabajo Social tiene la responsabilidad de visibilizar, reivindicar y acompañar procesos en los que la sexualidad no solo se reconoce, sino que se potencia como un eje vital para la autonomía y la construcción de identidad⁴. Este enfoque implica trabajar con la persona, su entorno, y las estructuras sociales que la atraviesan, promoviendo espacios de escucha, respeto y transformación.
Este artículo parte de un caso clínico ficticio basado en experiencias reales recogidas en la práctica profesional. Su objetivo es reflexionar sobre el papel del Trabajo Social en la promoción de los derechos sexuales de personas con discapacidad física, enmarcado en una ética del cuidado, la autodeterminación y el acompañamiento afectivo-vincular.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Mujer de 33 años con una discapacidad física derivada de una lesión medular sufrida en un accidente de tráfico a los 15 años. Vive en un entorno rural con acceso limitado a recursos sociosanitarios y con un apoyo familiar intermitente. Es una persona con buen nivel cognitivo, usuaria activa de silla de ruedas, que ha logrado mantener cierto grado de independencia en su día a día gracias a adaptaciones en el hogar y ayudas técnicas. Acude al centro por derivación de su médico de Atención Primaria para atención psicosocial, manifestando síntomas de desmotivación, tristeza y frustración general.
Durante las entrevistas iniciales con la trabajadora social, verbaliza con claridad su deseo de explorar su sexualidad, formar pareja y vivir una relación afectiva estable, elementos que considera parte fundamental de su bienestar emocional. Sin embargo, también expresa que nunca ha recibido educación sexual formal, que su entorno ha evitado sistemáticamente hablar del tema, y que los profesionales sanitarios suelen centrarse únicamente en aspectos físicos o médicos de su situación.
Refiere haber evitado iniciar relaciones por miedo al rechazo, al juicio y a la percepción social de que «una persona como ella no puede tener una vida sexual«. Comparte que, en su entorno, tanto familiares como profesionales han tratado el tema con condescendencia o directamente lo han ignorado. Esta situación le ha generado un profundo sentimiento de aislamiento y una desconexión con su propio cuerpo y deseo⁵.
El objetivo de la intervención desde Trabajo Social fue, en primer lugar, generar un espacio de validación donde pudiera expresarse sin juicios. Se elaboró un plan de trabajo centrado en tres líneas: 1) reconstrucción de la imagen corporal y reapropiación del deseo, 2) acceso a información sexual accesible y adaptada a su realidad, y 3) coordinación con profesionales del ámbito psicológico y de sexología especializada en discapacidad⁶.
Proceso de intervención desde Trabajo Social:
La intervención profesional se diseñó desde una perspectiva centrada en la persona, aplicando el modelo de atención biopsicosocial y de derechos humanos, con especial atención a la autodeterminación, la dignidad y la necesidad de acceso real a una vida afectiva y sexual satisfactoria.
Tras la primera fase de escucha activa y establecimiento de una relación terapéutica basada en la confianza, se identificaron cuatro ejes fundamentales de actuación:
Validación del deseo y reapropiación del cuerpo: Uno de los principales objetivos fue acompañar en el proceso de reapropiación de su cuerpo y de su derecho al deseo. A través de sesiones individuales, se trabajó sobre su historia corporal, las creencias adquiridas en torno al placer y los mensajes sociales internalizados. Se utilizaron técnicas narrativas para que pudiera resignificar su experiencia sexual no desde la culpa o el silencio, sino desde el reconocimiento y la aceptación. Se incorporó también un enfoque feminista para abordar los mandatos de género que atraviesan su vivencia como mujer con discapacidad física.
Educación afectivo-sexual accesible: Se proporcionaron recursos adaptados en formato lectura fácil y vídeos accesibles que abordaban temas como anatomía, respuesta sexual, prácticas seguras, consentimiento, masturbación, relaciones de pareja y mitos sobre sexualidad y discapacidad. Se realizó una orientación personalizada para ayudar a identificar sus intereses, límites y necesidades dentro de su vida íntima.
Se coordinó con una profesional de sexología con experiencia en diversidad funcional para sesiones especializadas, generando una red de apoyo profesional que permitió una intervención coherente, interdisciplinar y sin sesgos moralistas.
Acompañamiento emocional y vincular: Se abordó el miedo al rechazo, el aislamiento afectivo y la dificultad para establecer vínculos íntimos como barreras emocionales recurrentes. El Trabajo Social actuó como espacio de contención emocional, fomentando la construcción de una imagen positiva de sí misma. Además, se exploraron posibilidades de socialización fuera del entorno familiar a través de actividades grupales inclusivas y espacios de ocio compartido.
Intervención con el entorno: Un punto clave fue la sensibilización del entorno familiar. Con el consentimiento, se realizaron sesiones informativas con sus padres, desmontando mitos en torno a la sexualidad en la discapacidad y fomentando una actitud de acompañamiento respetuoso. Paralelamente, se articuló con su equipo sanitario de referencia para integrar la dimensión afectivo-sexual en los planes de atención personalizados, rompiendo con la visión exclusivamente biomédica del cuerpo y la vida de la usuaria.
Esta intervención no buscó resolver “una necesidad” puntual, sino abrir un proceso continuo de empoderamiento donde la sexualidad fuese entendida como parte legítima de su identidad, de su salud y de su bienestar global.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
El caso evidencia la invisibilidad de la sexualidad en los procesos de atención sociosanitaria vinculados a la discapacidad. A pesar de los avances legislativos y del reconocimiento formal de los derechos sexuales y reproductivos, en la práctica siguen existiendo múltiples resistencias, muchas veces alimentadas por estereotipos sociales y profesionales. Las personas con discapacidad, especialmente las mujeres, continúan siendo tratadas como sujetos asexuados o con un deseo “no legítimo”⁷.
La literatura especializada resalta cómo los discursos médicos y asistenciales tradicionales han contribuido a este imaginario, reduciendo el cuerpo con discapacidad a una función clínica o rehabilitadora, dejando fuera el componente erótico, afectivo y relacional del ser humano⁸. Esta mirada genera consecuencias profundas a nivel psicológico, emocional y vincular. La falta de referentes, de espacios educativos adaptados, y de profesionales formados en diversidad funcional y sexualidad, perpetúa la exclusión⁹.
Desde Trabajo Social, el abordaje debe partir de una ética del reconocimiento. La intervención se fundamentó en acompañar desde la escucha activa, validando su experiencia, reconociendo sus deseos como legítimos y generando redes de apoyo emocional y profesional. Este enfoque busca transformar no sólo la vivencia individual, sino también el marco cultural e institucional en el que dicha vivencia ocurre¹⁰.
La sexualidad es una dimensión central en la vida de cualquier persona y, sin embargo, sigue siendo negada o distorsionada en el contexto de la discapacidad. El caso presentado muestra la necesidad urgente de incorporar la mirada afectivo-sexual en las intervenciones profesionales. No se trata de añadir un aspecto “complementario”, sino de reconocer que el deseo, la intimidad y el vínculo también forman parte de la salud integral.
El Trabajo Social, desde su enfoque holístico e inclusivo, tiene un papel clave en este proceso. Es necesario formar a profesionales que puedan acompañar sin prejuicios, articular recursos interdisciplinares y generar espacios donde las personas con discapacidad puedan ejercer plenamente su derecho al placer, al amor y a la autodeterminación.
En definitiva, hablar de sexualidad en discapacidad no es una frivolidad, sino una cuestión de justicia social, dignidad y derecho a una vida plena.
BIBLIOGRAFÍA
- Organización de las Naciones Unidas. Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Nueva York: ONU; 2006.
- Platero RL. Diversidad funcional y sexualidades: la revolución pendiente. Barcelona: Bellaterra; 2017.
- Gutiérrez M, Carcedo A. Sexualidades invisibilizadas: cuerpos, afectos y diversidad funcional. Madrid: Los Libros de la Catarata; 2020.
- Tuca L. El derecho al deseo en contextos de diversidad funcional. Rev Trab Soc Crítico. 2021;18(2):45–59.
- Federación Nacional ASPAYM. Guía sobre sexualidad y lesión medular. Madrid: ASPAYM; 2019.
- Figueroa M, Rodríguez J. Educación sexual integral en personas con discapacidad: desafíos y propuestas. Rev Salud Pública. 2020;22(1):85–92.
- Caballo C. Sexualidad, discapacidad y derechos: una mirada desde la interseccionalidad. Gaceta Sanitaria. 2018;32(4):345–9.
- Vidal F. Intimidad y autonomía en el entorno residencial. Intervención Psicosocial. 2019;28(3):133–9.
- Anchell C. Sexualidad y diversidad funcional. Madrid: Los Libros de la Catarata; 2020.
- Rojas Marcos L. La autoestima. Madrid: Espasa; 2020.