Lactancia materna y prevención de enfermedades crónicas en la infancia

16 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. Francisco Javier Álvarez Arjonilla. Matrón. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  2. Alicia Román Rojas. Matrona. Hospital Universitario Clínico Lozano Blesa. Zaragoza. España.
  3. María Jiménez Amuedo. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  4. Laura Santos Rodríguez. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.

 

RESUMEN

La lactancia materna representa una herramienta clave en la prevención de enfermedades crónicas en la infancia y tiene repercusiones positivas a lo largo de toda la vida. Más allá de sus conocidos beneficios nutricionales, se ha identificado su impacto en el fortalecimiento del sistema inmunológico, la modulación del metabolismo y la conformación de una microbiota intestinal saludable desde las primeras etapas del desarrollo. Esta práctica natural, además de proveer nutrientes esenciales, contiene componentes bioactivos como anticuerpos, oligosacáridos y ácidos grasos que actúan como verdaderas defensas inmunológicas frente a múltiples patologías.

Numerosos estudios han asociado la lactancia materna con una menor incidencia de enfermedades crónicas como la obesidad infantil, la diabetes tipo 1, el asma, la hipertensión y ciertas enfermedades inflamatorias. Estas asociaciones no solo se manifiestan en la niñez, sino que también se extienden a la adolescencia e incluso a la edad adulta. La composición de la leche materna influye directamente en la maduración del eje intestino-inmunidad y promueve una respuesta inmunitaria más eficiente frente a agentes patógenos. Además, los niños alimentados al pecho presentan una colonización microbiana más equilibrada, lo que repercute en una mejor digestión, menor riesgo de alergias y una regulación más efectiva del sistema inflamatorio.

Para concluir, la lactancia materna debe considerarse una estrategia esencial de salud pública. No solo tiene implicancias positivas para el bienestar individual del niño, sino que también representa una oportunidad para reducir la carga sanitaria a nivel poblacional. Promoverla desde el embarazo, con acompañamiento activo por parte de matronas y profesionales de la salud, es vital para asegurar su instauración y mantenimiento. A través de una adecuada educación, protección institucional y acompañamiento personalizado, es posible incrementar las tasas de lactancia y, con ello, contribuir significativamente a la prevención de enfermedades crónicas desde el inicio de la vida.

PALABRAS CLAVE

Lactancia Materna, enfermedad crónica, prevención primaria, microbioma gastrointestinal.

ABSTRACT

Breastfeeding represents a key tool in the prevention of chronic diseases in childhood and has positive effects throughout life. Beyond its well-known nutritional benefits, its impact on strengthening the immune system, modulating metabolism, and shaping a healthy gut microbiota from the earliest stages of development has been identified. This natural practice, in addition to providing essential nutrients, contains bioactive components such as antibodies, oligosaccharides, and fatty acids that act as true immune defenses against multiple pathologies.

Numerous studies have associated breastfeeding with a lower incidence of chronic diseases such as childhood obesity, type 1 diabetes, asthma, hypertension, and certain inflammatory conditions. These associations are not only evident during childhood but also extend into adolescence and even adulthood. The composition of breast milk directly influences the maturation of the gut–immunity axis and promotes a more efficient immune response against pathogens. Moreover, breastfed children exhibit a more balanced microbial colonization, which contributes to better digestion, a lower risk of allergies, and more effective regulation of the inflammatory system.

In conclusion, breastfeeding should be considered an essential public health strategy. It not only has positive implications for the individual child’s well-being but also represents an opportunity to reduce the overall healthcare burden at the population level. Promoting breastfeeding from pregnancy, with active support from midwives and healthcare professionals, is vital to ensure its initiation and continuation. Through adequate education, institutional support, and personalized guidance, breastfeeding rates can be increased, thereby significantly contributing to the prevention of chronic diseases from the very beginning of life.

KEY WORDS

Breast feeding, chronic disease, primary prevention, gastrointestinal microbiome.

DESARROLLO DEL TEMA

La lactancia materna representa uno de los pilares fundamentales de la salud infantil desde los primeros días de vida. Lejos de limitarse a su función nutricional, se ha establecido como una estrategia eficaz de prevención frente a múltiples enfermedades crónicas de inicio temprano y tardío. Este hecho ha sido respaldado durante décadas por la comunidad científica, evidenciando su impacto positivo sobre el desarrollo inmunológico, metabólico y microbiológico del niño1.

Durante la infancia, los niños que reciben lactancia materna tienen menor incidencia de patologías como asma, alergias, obesidad, diabetes tipo 1 y enfermedades inflamatorias del tracto gastrointestinal1,2. Esta protección está mediada, en gran parte, por los componentes inmunológicos activos de la leche materna, como las inmunoglobulinas (especialmente la IgA secretora), lactoferrina, oligosacáridos prebióticos y factores antiinflamatorios que favorecen la maduración del sistema inmunológico del neonato3. Además, la leche materna promueve una respuesta inmunitaria más regulada y menos propensa a la hiperreactividad característica de enfermedades crónicas como la dermatitis atópica o el asma4.

Otro aspecto relevante es el papel de la lactancia en la prevención de enfermedades metabólicas. La evidencia señala que los lactantes alimentados al pecho presentan menor riesgo de desarrollar obesidad y trastornos metabólicos como dislipidemia e hipertensión arterial en la infancia y adolescencia. Esto se explica por la composición única de la leche humana, que contiene leptina, adiponectina y otros factores que modulan el apetito y la adipogénesis desde las primeras etapas del crecimiento 3,4. Además, los bebés alimentados con leche materna tienen una autorregulación más eficiente de la ingesta calórica, a diferencia de aquellos alimentados con fórmulas artificiales, lo cual también reduce el riesgo de sobrepeso en etapas posteriores2,4.

La leche materna también confiere una protección significativa frente a infecciones gastrointestinales, especialmente durante los primeros seis meses de vida, cuando el sistema inmune del lactante aún está en desarrollo. Se ha demostrado que reduce significativamente la incidencia, duración y severidad de diarreas infecciosas y otros cuadros entéricos, disminuyendo así los procesos inflamatorios intestinales que pueden actuar como desencadenantes de enfermedades crónicas5. Esta función se ve potenciada por los efectos prebióticos de los oligosacáridos presentes en la leche humana, que estimulan el crecimiento de bacterias beneficiosas como los bifidobacterium, reduciendo la colonización por patógenos5.

A nivel social y de salud pública, diversos estudios han destacado que el fomento de la lactancia materna tiene beneficios amplios, tanto para el niño como para la madre y el sistema sanitario. En particular, se ha señalado que la leche materna actúa como un “vehículo de salud” al aportar protección fisiológica, emocional y afectiva, además de fortalecer el vínculo madre-hijo y reducir el riesgo de enfermedades en la mujer lactante, como cáncer de mama y ovario6. La lactancia es, por tanto, una práctica que promueve la salud a múltiples niveles y contribuye a reducir la carga global de enfermedades no transmisibles, que actualmente representan la mayor amenaza sanitaria en el mundo.

Uno de los avances más interesantes en los últimos años ha sido el reconocimiento del papel del microbioma intestinal en la salud humana, y la influencia de la leche materna en su configuración. Desde el nacimiento, el contacto con la leche materna favorece la colonización del intestino por bacterias beneficiosas que participan en la digestión, en la estimulación de la inmunidad local y sistémica, y en la prevención de enfermedades crónicas como obesidad, diabetes y trastornos gastrointestinales autoinmunes 7. Esta modulación del microbioma tiene efectos duraderos, actuando como un mecanismo de protección frente a enfermedades que, de otra forma, podrían tener origen en alteraciones del eje intestino-inmunidad en las primeras etapas del desarrollo.

Las matronas desempeñan un papel esencial en la promoción y apoyo de la lactancia materna, actuando como profesionales sanitarios de referencia desde el embarazo hasta el postparto. Su acompañamiento incluye educación sobre la técnica de lactancia, resolución de dificultades comunes y apoyo emocional a la madre, lo que favorece la instauración y mantenimiento de la lactancia. Este seguimiento cercano contribuye directamente a la prevención primaria de enfermedades crónicas en la infancia, asegurando que los niños reciban los beneficios inmunológicos, metabólicos y microbiológicos que proporciona la leche materna.

 

CONCLUSIONES

La evidencia científica y la experiencia clínica coinciden en señalar que la lactancia materna es una de las intervenciones más poderosas y naturales para proteger la salud infantil desde el nacimiento. A lo largo de este análisis, se ha constatado que sus beneficios van mucho más allá de la nutrición inmediata, alcanzando una influencia directa en la prevención de enfermedades crónicas que pueden afectar al individuo desde la infancia hasta la vida adulta.

Entre los principales aportes de la lactancia materna se destacan su capacidad para fortalecer el sistema inmunológico, proteger frente a infecciones gastrointestinales y respiratorias, regular procesos metabólicos y promover un crecimiento saludable. Estos efectos, sostenidos en el tiempo, reducen de forma significativa el riesgo de padecer enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 1, el asma, y diversas enfermedades inflamatorias. Además, al facilitar una adecuada colonización microbiana intestinal, la leche materna contribuye a construir un sistema digestivo e inmunológico más resiliente frente a las agresiones externas.

En términos de salud pública, fomentar y sostener la lactancia materna representa una inversión a largo plazo. No solo mejora los indicadores de salud en la población infantil, sino que reduce el gasto sanitario asociado al tratamiento de enfermedades prevenibles y fortalece el vínculo afectivo entre madre e hijo, lo cual repercute positivamente en la salud mental y emocional de ambos.

Por tanto, garantizar la protección y promoción de la lactancia materna debe ser una prioridad en todos los niveles del sistema sanitario y educativo. Es necesario que los profesionales de la salud, especialmente las matronas, asuman un rol activo en el acompañamiento a las madres, brindando información, contención emocional y apoyo práctico. Solo así será posible alcanzar una generación más sana, con menor carga de enfermedad y mayor calidad de vida desde sus primeros días de existencia.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Davis MK. Breastfeeding and chronic disease in childhood and adolescence. Pediatr Clin North Am. 2001 Feb;48(1):125–41, ix. doi:10.1016/s0031-3955(05)70289-3. PMID:11236720.
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  6. Cancelo Hidalgo MJ. La leche como vehículo de salud en embarazo y lactancia. Nutr Hosp. 2019 Aug 27;36(Spec No3):44–8. doi:10.20960/nh.02807. PMID:31368341. Spanish.
  7. Gopalakrishna KP, Hand TW. Influence of maternal milk on the neonatal intestinal microbiome. Nutrients. 2020 Mar 20;12(3):823. doi:10.3390/nu12030823. PMID:32244880; PMCID:PMC7146310.

 

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