Las glándulas de bartolino. Manejo de las complicaciones. Artículo monográfico

29 marzo 2024

 

AUTORES

  1. Claudia Salete García. Matrona en el Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
  2. Marina Becas Azagra. Matrona en el Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
  3. Inés Blasco Lázaro. Matrona en el Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Clínico Lozano Blesa de Zaragoza.
  4. María del Carmen Caballero Rodríguez. Matrona en el Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Clínico Lozano Blesa de Zaragoza.
  5. Andrea Fernández Sancho. Matrona en el Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Miguel Servet.
  6. Mónica Gregorio Jordán. Matrona en el Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.

 

RESUMEN

Las glándulas de Bartolino, ubicadas a ambos lados de los labios menores, desempeñan un papel clave en la lubricación vaginal. Su obstrucción puede llevar a la formación de quistes y abscesos, que pueden afectar el bienestar de las mujeres. El diagnóstico se realiza clínicamente, y las infecciones asociadas, llamadas bartolinitis, pueden tratarse con varios métodos.

La incidencia de quistes de Bartolino aumenta en la pubertad y se incrementa con la edad hasta la menopausia. El tratamiento puede variar, y las opciones incluyen fistulización, marsupialización y escleroterapia, con tasas de éxito similares. Se estima que alrededor del 2% de las mujeres experimentarán la formación de un quiste o absceso en algún momento de su vida, lo que hace esencial que los profesionales de la salud estén actualizados en el tema y conozcan las diversas opciones de manejo disponibles.

PALABRAS CLAVE

Glándulas vestibulares mayores, vulvodinia, absceso, genitales femeninos.

ABSTRACT

The Bartholin’s glands, located on either side of the labia minora, play a key role in vaginal lubrication. Its obstruction can lead to the formation of cysts and abscesses, which can affect the well-being of women. The diagnosis is made clinically, and the associated infections, called bartholinitis, can be treated with several methods.

The incidence of Bartholin’s cysts increases at puberty and increases with age until menopause. Treatment can vary, and options include fistulization, marsupialization, and sclerotherapy, with similar success rates. It is estimated that around 2% of women will experience the formation of a cyst or abscess at some point in their lives, making it essential for healthcare professionals to be up-to-date on the subject and aware of the various management options available.

KEY WORDS

Bartholin’s glands, vulvodynia, abscesses, female reproductive system.

DESARROLLO DEL TEMA

Las glándulas de Bartolino, también conocidas como glándulas vestibulares mayores, se ubican a ambos lados de los labios menores a las posiciones de las 4 y las 8 en punto, drenando a través de conductos de 2,0 a 2,5 cm de longitud. Estas glándulas presentan un tamaño de aproximadamente 1 cm, se activan tras la llegada de la menarquia y no son detectables mediante la palpación. Son equivalentes a las glándulas bulbouretrales (de Cowper) en los hombres.

La estructura de la glándula presenta un epitelio columnar, mientras que el conducto es de tipo escamoso, lo que conlleva la posibilidad de desarrollar carcinoma de células escamosas o adenocarcinoma. Durante la excitación sexual y el coito, las glándulas de Bartolino producen una secreción mucoide que actúa como lubricante vaginal. Es importante señalar que, gracias a la presencia de otras glándulas, como las glándulas de Skene, la extirpación de una glándula de Bartolino no afecta la capacidad de lubricación vaginal1,2,3.

Clínica:

La patología asociada con la glándula de Bartolino puede manifestarse como un bulto sin síntomas, provocando únicamente una desigualdad en la vulva. En otras ocasiones, estas masas sí que presentan síntomas como dolor intenso al tocarlas, enrojecimiento alrededor e hinchazón.

Los quistes, abscesos y otras formaciones en la glándula de Bartolino pueden tener un impacto considerable en el bienestar de una mujer, provocando dolor e hinchazón que dificultan acciones cotidianas como sentarse, caminar y mantener relaciones sexuales. Habitualmente, el diagnóstico de los quistes y abscesos de Bartolino se realiza a través de la evaluación clínica2.

La formación de quistes en las glándulas, conocida como bartolinitis, es una de las infecciones ginecológicas más comunes y se debe a la acumulación de moco en los conductos glandulares. Los abscesos de mayor tamaño derivados de esta glándula pueden precisar atención médica de urgencia y hospitalización. Generalmente, estos abscesos son el resultado de infecciones polimicrobianas, siendo Bacteroides, Peptostreptococus y Escherichia coli los microorganismos implicados más comunes. Además, se ha identificado Chlamydia trachomatis como una causa adicional de bartolinitis3,4.

Epidemiología:

Se estima que alrededor del 2% de las mujeres experimentarán la formación de un quiste o absceso en algún momento de su vida. La incidencia de quistes de Bartolino se observa con mayor frecuencia al inicio de la pubertad y aumenta con la edad hasta la menopausia. Por su parte, los abscesos son tres veces más comunes que los quistes5,6.

Tratamiento:

La mayoría de los quistes en el conducto de Bartolino y los abscesos glandulares pueden ser atendidos en un centro de salud o consultorio. Las opciones de tratamiento como la fistulización, la marsupialización y la escleroterapia utilizando nitrato de plata y alcohol presentan tasas de éxito y de recurrencia similares. Sin embargo, la aspiración con aguja y la incisión seguida de drenaje, siendo los métodos más sencillos, están en entredicho debido a un incremento relativo en la probabilidad de provocar recurrencias. En situaciones poco comunes, podría ser imprescindible realizar una biopsia y extirpación del bulto si existe la sospecha de cáncer1.

El tratamiento médico para la bartolinitis implica el uso de antibióticos de amplio espectro como primera elección, junto con antiinflamatorios como diclofenaco y analgésicos como paracetamol o ácido acetilsalicílico. Para el tratamiento antiinflamatorio, se aconseja el uso de baños de asiento, compresas calientes, analgésicos y antibióticos. En caso de identificar la presencia de gonococo, se puede optar por tratamientos con ceftriaxona, ciprofloxacino, azitromicina o doxiciclina.

Uno de los tratamientos más conservadores para tratar el quiste y el absceso de Bartholino es mediante el uso de un catéter «Word». Este dispositivo ayuda a prevenir la recurrencia de la condición. El catéter está compuesto por una punta que contiene un balón inflable lleno de solución salina.

Otra alternativa es la marsupialización, ofreciendo un enfoque menos invasivo para drenar dichos quistes. En este procedimiento, se emplean pequeños hemostáticos para fijar el quiste, seguido de una incisión vertical de aproximadamente 1,5-3 cm de longitud. Este paso tiene como objetivo drenar la cavidad de la glándula infectada.

Debido a la recurrencia, la cicatrización, el drenaje persistente y la hemorragia vinculados a los tratamientos convencionales, el uso del láser de CO2 se puede usar para evitar dichos resultados adversos. En este método, la incisión en el quiste se realiza mediante el láser de CO2, y la pared se vaporiza desde adentro. Este enfoque ha mostrado eficacia al curar los quistes sin generar cicatrices notables y con unas tasas bajas de recurrencia1,2,7,8.

 

CONCLUSIONES

Las glándulas de Bartolino son esenciales en el sistema reproductivo femenino, desempeñando un papel fundamental en la lubricación vaginal. Cuando los conductos de estas glándulas se bloquean, puede formarse un quiste, y en casos más graves, podría desarrollarse un absceso. Mientras que los quistes pequeños pueden no causar síntomas y a veces no necesitan tratamiento, los quistes grandes y los abscesos demandan atención médica y tratamiento. Existen diversas opciones de tratamiento, ya que la elección puede depender del grado de infección, el método terapéutico seleccionado y la condición general de la paciente.

 

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