Lesiones de las poleas digitales en escaladores. Conceptos actuales y diagnóstico clínico-ecográfico

28 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. Gisèle Cano Rodriguez. FEA Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Ernest Lluch. Zaragoza. España.
  2. Emma Casasampera Segarra. FEA Urgencias y Emergencias. Althaia. Barcelona. España.

 

RESUMEN

Las lesiones de las poleas digitales, especialmente de la polea A2, son altamente prevalentes en escaladores deportivos. Estas estructuras cumplen un rol fundamental en la biomecánica de los dedos, asegurando que los tendones flexores se mantengan adheridos al eje óseo durante la contracción. El objetivo de este artículo es revisar los conceptos anatómicos y biomecánicos actuales, el mecanismo lesional predominante en la escalada, su clasificación clínica, y los métodos diagnósticos, tanto clínicos como por imagen. Se profundiza en el uso de la ecografía musculoesquelética como técnica diagnóstica de elección, incluyendo parámetros clave como la distancia tendón-hueso. La resonancia magnética se reserva para casos complejos o cuando hay duda diagnóstica. Un diagnóstico precoz, preciso y bien estructurado permite orientar adecuadamente el tratamiento y prevenir complicaciones funcionales a largo plazo.

PALABRAS CLAVE

Tendones, escalada, lesiones deportivas, diagnóstico por imagen, dedos, ultrasonido.

ABSTRACT

Digital pulley injuries, particularly of the A2 pulley, are highly prevalent among sport climbers. These structures play a crucial biomechanical role by anchoring the flexor tendons close to the phalangeal axis. This article reviews current anatomical and biomechanical concepts, the predominant injury mechanisms in climbing, clinical classification, and both clinical and imaging diagnostic methods. Special focus is given to musculoskeletal ultrasound as the preferred diagnostic tool, including key parameters such as HT Distance. MRI is reserved for complex or uncertain cases. Early and accurate diagnosis is essential for guiding appropriate treatment and preventing long-term functional complications.

KEY WORDS

Sports injuries, tendons, climbing, fingers, digital pulleys.

DESARROLLO DEL TEMA

La escalada deportiva, en sus modalidades tanto en interiores como en exteriores, ha experimentado un notable crecimiento en los últimos años. Este auge ha venido acompañado de un incremento en la incidencia de lesiones específicas, derivadas de las altas exigencias biomecánicas que impone sobre el aparato locomotor. Entre las patologías más frecuentes en los escaladores se encuentra la lesión de las poleas digitales, siendo la polea A2 la más afectada debido a su papel clave en la biomecánica del agarre en arqueo¹-3.

Estas lesiones llegan a representar hasta el 30% de todas las afecciones de la mano en escaladores de élite². La ausencia de un diagnóstico temprano, junto con un tratamiento inapropiado o una reincorporación prematura a la actividad, puede dar lugar a secuelas funcionales importantes1,2.

Anatomía funcional de las poleas digitales:

El sistema de poleas digitales está conformado por cinco poleas anulares (A1-A5) y tres poleas cruciformes (C1-C3), cuya función principal es mantener a los tendones flexores (superficial y profundo) próximos al eje óseo. Esto evita el fenómeno de bowstringing o arqueamiento tendinoso³, que comprometería la eficiencia del movimiento digital.

La polea A2 se encuentra sobre la falange proximal y es la más robusta, absorbiendo la mayor carga de tensión durante la flexión forzada3. La A4, sobre la falange media, también es relevante biomecánicamente, pero su lesión es menos frecuente y/o menos invalidante.

El mecanismo lesional más habitual es el agarre en arqueo o crimp grip, en el que la articulación interfalángica proximal se flexiona intensamente mientras la distal se hiperextiende⁴. Esto genera una tracción extrema del tendón sobre la polea A2, superando su resistencia, especialmente si no hay calentamiento previo o existe fatiga muscular5. Otros factores que predisponen estas lesiones son la sobrecarga por volumen de entrenamiento, la técnica inadecuada de agarre, el déficit de flexibilidad o fuerza en músculos extensores antagonistas, la escalada en frío sin preparación previa⁵.

Clasificación de las lesiones de poleas:

Schoeffl et al. propusieron una clasificación ampliamente aceptada⁶:

  • Grado I: Inflamación o distensión sin rotura.
  • Grado II: Rotura parcial de una polea.
  • Grado III: Rotura completa de una polea (generalmente A2).
  • Grado IV: Rotura de múltiples poleas, o lesión asociada de tendones/articulaciones.

 

Fisiopatología de la lesión en escaladores:

La práctica de la escalada deportiva impone una demanda biomecánica excepcional sobre el aparato flexor de los dedos. Durante maniobras específicas como el agarre en crimp, el tendón flexor profundo se ve sometido a una tensión extrema en un ángulo de flexión digital máximo, lo que genera una fuerza de tracción directa sobre las poleas anulares, especialmente la A2 y, en menor medida, la A4³,⁴.

Este patrón de carga repetida, en ausencia de un tiempo adecuado de recuperación o sin una progresión estructurada en la intensidad del entrenamiento, produce un fallo por sobreuso del tejido ligamentoso que conforma las poleas. En su fase inicial, esto puede manifestarse como una inflamación o engrosamiento de la polea (tendinitis o tenosinovitis reactiva), progresando a lesiones fibrilares parciales y, en casos más severos, a una rotura completa del anillo ligamentoso⁵,⁶.

El mecanismo principal se relaciona con el fenómeno de arqueamiento del tendón (bowstringing), que ocurre cuando una polea pierde su capacidad de mantener el tendón flexor adosado al hueso. Esto altera la biomecánica digital, reduciendo la eficiencia de la fuerza de flexión, aumentando el esfuerzo requerido para mantener la tracción, y favoreciendo la lesión secundaria de otras poleas o estructuras vecinas⁶.

Adicionalmente, factores individuales como la laxitud ligamentosa, una técnica inadecuada, una mala planificación del volumen de entrenamiento o el uso repetido del agarre en arqueo o crimp sin variabilidad, pueden actuar como condicionantes predisponentes¹,².

La lesión se presenta típicamente con dolor agudo al momento del fallo ligamentoso, seguido de tumefacción local, hematoma y dolor a la palpación sobre la falange proximal, siendo más evidente al realizar agarres cerrados.

En los escaladores de alto nivel, la repetición continua del estrés sobre el sistema de poleas puede incluso derivar en microtraumatismos acumulativos, que modifican de forma crónica la arquitectura del tendón o de la polea, con riesgo de recidiva o lesión múltiple¹.

DIAGNÓSTICO:

El diagnóstico suele iniciarse mediante una evaluación clínica detallada, incluyendo maniobras como la flexión resistida del dedo y la observación del signo de bowstringing. Este signo se caracteriza por la separación visible del tendón respecto a la falange durante la contracción, lo que sugiere la pérdida de función de la polea correspondiente6.

Diagnóstico ecográfico:

La ecografía musculoesquelética de alta resolución constituye una herramienta fundamental en el diagnóstico de lesiones de poleas digitales7. Permite una visualización dinámica y precisa de las estructuras implicadas, especialmente de las poleas A2 y A4.

Durante la exploración, el paciente se coloca en sedestación con la mano en supinación, mientras que el dedo afectado se posiciona en ligera flexión. Se utiliza una sonda lineal de alta frecuencia (generalmente superior a 15 MHz), que se aplica longitudinalmente sobre la cara volar del dedo a evaluar. La realización de maniobras dinámicas, como la flexión activa resistida, es fundamental para identificar desplazamientos anormales del tendón, dolor a la compresión focal y otros signos indirectos de lesión estructural7.

Uno de los hallazgos ecográficos más relevantes es el aumento en la distancia entre el tendón flexor profundo (FDP) y la cortical de la falange proximal, denominada HT Distance (Height of Tendon). En la polea A2, un valor inferior a 2 mm se considera normal, mientras que distancias de 2.1 a 3 mm sugieren rotura parcial, y superiores a 3 mm indican rotura completa7. Para la polea A4, los valores normales son inferiores a 1 mm, con un umbral de sospecha patológica por encima de 1,5 mm.

Además del HT Distance, la ecografía puede mostrar engrosamiento de la polea, pérdida de arquitectura fibrilar, áreas hipoecoicas y desplazamiento anómalo del tendón durante la flexión activa. También puede observarse una separación inusual entre los tendones flexores superficial (FDS) y profundo (FDP), indicando lesiones complejas7. La comparación con el dedo contralateral resulta útil para establecer un patrón de referencia individual y mejorar la sensibilidad diagnóstica. El signo de dolor evocado al presionar con la sonda sobre la zona lesionada refuerza el diagnóstico clínico7. Al mismo tiempo, se puede realizar la exploración contra resistencia y en reposo, valorando la diferencia de separación tendinosa respecto a la falange (mediante la HT distance).

En conclusión, la ecografía es una herramienta diagnóstica de alto rendimiento en el contexto de las lesiones de poleas digitales, ya que permite establecer el grado de afectación, orientar el tratamiento adecuado y monitorizar la evolución durante el proceso de rehabilitación. Su uso sistemático mejora significativamente la precisión diagnóstica y evita tratamientos innecesarios o inapropiados considerándose la herramienta de primera línea en la evaluación de las lesiones de las poleas digitales debido a su disponibilidad, bajo coste y capacidad para realizar exploraciones dinámicas

Resonancia magnética:

La resonancia magnética (RNM) constituye una técnica de imagen complementaria de gran utilidad, especialmente en casos en los que el diagnóstico ecográfico no es concluyente o existen sospechas de lesiones complejas o múltiples7,8. La RNM permite una evaluación anatómica detallada y multiplanar de las estructuras digitales, incluyendo las poleas anulares, los tendones flexores y los tejidos blandos adyacentes⁸,9.

En las lesiones completas de poleas, como la A2 o A4, se identifica claramente el signo del bowstringing, caracterizado por la separación del tendón flexor respecto a la superficie cortical de la falange, visible como una protrusión tendinosa en las imágenes sagitales y axiales. Además, se puede evidenciar la discontinuidad del tejido ligamentoso, edema periligamentoso e incluso hemorragia subcutánea asociada. El uso de secuencias ponderadas en T2 con supresión grasa (STIR o T2 FS) facilita la detección de líquido, inflamación o degeneración tisular⁹.

En el contexto de lesiones parciales de las poleas, los hallazgos son más sutiles. Puede observarse un engrosamiento focal del ligamento lesionado, pérdida parcial de continuidad fibrilar, áreas focales de hiperseñal intraligamentosa, así como edema de tejidos blandos circundantes. A diferencia de las roturas completas, en estos casos la distancia entre el tendón y el hueso (HT Distance) suele mantenerse dentro de límites normales, por lo que el diagnóstico debe apoyarse en signos indirectos y análisis comparativo con el lado contralateral¹⁰. En ocasiones, se puede detectar líquido en la vaina tendinosa, sin evidencia de bowstringing, lo que orienta hacia una lesión parcial o una sobrecarga mecánica¹¹.

La resonancia es también útil en el diagnóstico diferencial de otras causas de dolor digital en escaladores, como tenosinovitis, desgarros del flexor profundo o lesiones combinadas de múltiples poleas, permitiendo una planificación terapéutica más precisa11,¹². No obstante, su coste, disponibilidad y necesidad de inmovilidad estricta del dedo limitan su uso rutinario, por lo que suele reservarse para casos seleccionados.

DISCUSIÓN

Las lesiones de las poleas digitales representan una entidad clínica relevante en el ámbito de la medicina deportiva, especialmente entre escaladores, donde su prevalencia es significativamente mayor que en la población general¹. El reconocimiento adecuado de estas lesiones requiere no solo conocimiento anatómico preciso, sino también una integración clínica de los hallazgos exploratorios con técnicas de imagen². La revisión realizada confirma que la polea A2 es la más frecuentemente lesionada, dado su papel biomecánico esencial en la transmisión de fuerza durante el agarre en arqueo³.

Desde el punto de vista diagnóstico, se ha evidenciado que la evaluación clínica sigue siendo una herramienta útil, aunque limitada en la detección de lesiones parciales o subclínicas⁴. En este sentido, la ecografía musculoesquelética, cuando es realizada por personal entrenado, ofrece una excelente correlación con los hallazgos intraoperatorios, especialmente en la medición de la distancia entre el tendón y el hueso (HT distance)⁵,⁶. No obstante, su valor diagnóstico depende de la experiencia del ecografista, lo que puede limitar su reproducibilidad en algunos contextos asistenciales⁷.

La resonancia magnética, aunque menos accesible y más costosa, aporta información estructural valiosa, sobre todo en casos de lesión múltiple, sospecha de otras patologías asociadas o cuando la ecografía es inconcluyente⁸,⁹. Sin embargo, su uso debería reservarse a casos seleccionados y no reemplaza la ecografía como primera herramienta diagnóstica¹⁰.

Un punto de interés emergente es la necesidad de una clasificación más homogénea de las lesiones de poleas, dado que los distintos sistemas (como el de Schöffl) presentan limitaciones en la práctica clínica, especialmente a la hora de guiar decisiones terapéuticas y retorno a la actividad deportiva⁶,11,12.

CONCLUSIONES

En conclusión, el diagnóstico efectivo de las lesiones de poleas digitales en escaladores debe basarse en una estrategia multimodal, integrando la anamnesis, la exploración física y el uso juicioso de técnicas de imagen. Promover la formación específica de cirujanos de mano y radiólogos en ecografía musculoesquelética de mano puede optimizar el abordaje precoz y personalizado de estas lesiones.

 

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