Manejo del dolor en el paciente oncológico avanzado. Revisión bibliográfica

30 abril 2026

 

AUTORES

  1. Alberto José Saz Pardo. Cocinero Servicio Aragonés de Salud. Huesca, España.
  2. Aida Miralles López. Enfermera Servicio Aragonés de Salud. Huesca, España.
  3. Miguel Sánchez Carnerero. Enfermero Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza, España.
  4. Pau Martínez Serrano. Enfermero Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

El dolor oncológico es una de las complicaciones más prevalentes, afectando a más del 50% de los pacientes con cáncer, cifra que asciende al 64% en enfermedades avanzadas1,2. Este síntoma impacta gravemente en la calidad de vida, provocando fatiga, depresión y disminución de la función física3. El tratamiento se centra en el uso de opioides según la «escalera analgésica» de la OMS4, requiriendo un conocimiento profundo de su farmacología y la gestión de efectos adversos como náuseas y neurotoxicidad5,6. Este estudio analiza las opciones terapéuticas actuales y la necesidad de estrategias multidisciplinares para mejorar la atención paliativa.

PALABRAS CLAVE

Dolor oncológico, cuidados paliativos, opioides, calidad de vida, enfermería.

ABSTRACT

Oncological pain is one of the most prevalent complications, affecting more than 50% of cancer patients, reaching 64% in advanced disease1,2. This symptom severely impacts quality of life, causing fatigue, depression, and decreased physical function¹1. Treatment focuses on the use of opioids according to the WHO «analgesic ladder»8, requiring deep pharmacological knowledge and management of adverse effects such as nausea and neurotoxicity4,¹2. This study analyzes current therapeutic options and the need for multidisciplinary strategies to improve palliative care.

KEY WORDS

Cancer pain, palliative care, opioids, quality of life, nursing.

INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas, el panorama de la oncología ha experimentado un crecimiento notable a nivel global, lo que ha derivado en un aumento proporcional de su complicación más temida y debilitante: el dolor1. Las estadísticas actuales son alarmantes, estimándose que más del 50% de las personas con cáncer experimentan algún tipo de dolor, una cifra que escala hasta el 64% en etapas metastásicas o terminales2.

A pesar de los ingentes recursos farmacológicos disponibles, la realidad asistencial revela una brecha crítica: hasta el 43% de los casos con dolor moderado a severo reciben un tratamiento inadecuado3. El dolor no controlado no es simplemente un síntoma fisiológico; actúa como una barrera incapacitante que reduce drásticamente la calidad de vida, vinculándose directamente con cuadros de fatiga crónica, depresión severa y una disminución crítica del funcionamiento físico y social. Incluso, la evidencia científica sugiere que un manejo deficiente del dolor puede influir negativamente en las tasas de supervivencia del paciente.

OBJETIVO

Por ello, este estudio busca analizar las terapias más eficaces para garantizar no solo el alivio, sino el derecho a una vida digna4.

METODOLOGÍA

Para esta revisión y análisis, se diseñó un estudio basado en un ensayo clínico comparativo, aleatorizado y controlado. La población objeto de estudio incluyó a pacientes mayores de 18 años con diagnóstico de cáncer avanzado en unidades de referencia como el Instituto Oncológico de Catalunya (ICO) y los hospitales Vall d’Hebron y Clínic de Barcelona.

El diseño metodológico contempló la comparación de la eficacia de opioides potentes, específicamente el fentanilo, frente a analgésicos de menor potencia como el tramadol. Se analizaron variables sociodemográficas (edad, sexo, estadio) y clínicas (tratamientos e intervenciones). Asimismo, se incorporaron variables dependientes fundamentales: la intensidad del dolor medida mediante la escala EVA y el bienestar psico-social evaluado a través de la escala CROBI, una herramienta específica para medir el impacto de la enfermedad crónica en la vida del paciente.

RESULTADOS

1. Clasificación y Evaluación Multidimensional El dolor oncológico es una experiencia subjetiva influenciada por el estado emocional y la situación personal. Se puede clasificar según su origen:

  • Producido por la enfermedad (40-80%): Infiltración tumoral en órganos o estructuras nerviosas.
  • Asociado al tratamiento (15-20%): Consecuencia directa de cirugías, quimioterapia, inmunoterapia o radioterapia.
  • Independiente de la enfermedad (3-15%): Comorbilidades previas o de nueva aparición.

 

Para una gestión eficaz, la evaluación debe ser continua y rigurosa. Se emplean escalas estándar como la Visual Analógica (EVA), la Numérica (NRS) y la de Valoración Verbal (VRS)5. En pacientes con comunicación limitada o alteración de la consciencia, la herramienta de elección es la escala PAINAD6, que evalúa objetivamente la respiración, vocalización negativa, expresión facial, lenguaje corporal y la capacidad de ser consolado.

2. La Escalera Analgésica de la OMS y Fármacos Coadyuvantes La «escalera analgésica» de la OMS sigue siendo la hoja de ruta fundamental, aunque la complejidad del dolor avanzado exige personalización.

  • Primer escalón (Dolor leve, EVA 1-4): Paracetamol y AINEs, que además potencian a los opioides en niveles superiores.
  • Segundo escalón (Dolor moderado, EVA 5-6): Opiáceos débiles como codeína o tramadol.
  • Tercer escalón (Dolor severo, EVA 7-10): Opioides potentes como morfina, fentanilo y oxicodon 7.

 

El tratamiento se optimiza con fármacos coadyuvantes: antidepresivos tricíclicos (amitriptilina) y antiepilépticos (gabapentina) para el dolor neuropático; corticosteroides para la inflamación tumoral y el dolor óseo; y bifosfonatos para metástasis óseas.

3. Farmacología Avanzada y Vías de Administración Los opioides son los pilares del tratamiento. La morfina es el estándar inicial por su versatilidad, siendo la vía oral la preferida siempre que sea posible. Sin embargo, el fentanilo destaca por su alta efectividad y rapidez. Los parches transdérmicos son ideales para pacientes con disfagia y presentan menos estreñimiento que la morfina oral8. Por su parte, la vía transmucosa es la más efectiva para el dolor irruptivo, logrando un alivio significativo en apenas 5 minutos en el 84% de los casos9,¹0.

En situaciones de mal control del dolor (que afecta al 25% de los pacientes) o toxicidad intolerable, se recurre a la rotación de opioides, que consiste en sustituir un fármaco por otro o cambiar la vía de administración para mejorar el beneficio terapéutico4.

GESTIÓN DE EFECTOS ADVERSOS Y BARRERAS:

El éxito clínico se ve amenazado por efectos secundarios que requieren vigilancia constante:

  • Estreñimiento: El más frecuente, tratado con laxantes osmóticos o estimulantes.
  • Náuseas y vómitos: Afectan al 10-40% de los pacientes; el ondansetrón es el antiemético de elección11.
  • Neurotoxicidad: Incluye delirium, mioclonías y alucinaciones por acumulación de metabolitos.
  • Depresión respiratoria: Riesgo en casos de sobredosificación o patología previa.

 

Además, persisten barreras como la opiofobia (miedo irracional a la adicción), la falta de formación específica del personal sanitario y la reticencia de los pacientes a expresar su nivel real de dolor12.

TERAPIAS COMPLEMENTARIAS Y CUIDADOS PALIATIVOS:

El manejo moderno es multidisciplinar. La Relajación Muscular Progresiva (RMP) ha demostrado reducir significativamente la ansiedad y el dolor percibido13. La técnica TENS modula la percepción dolorosa mediante impulsos eléctricos, y la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) ayuda a modificar patrones de pensamiento que exacerban el sufrimiento14,15.

Los cuidados paliativos se erigen como la atención integral para enfermedades que ya no responden a tratamientos curativos. Su objetivo es aliviar el sufrimiento físico, psicosocial y espiritual, respetando la dignidad del paciente y reduciendo la carga del sistema sanitario mediante un control ambulatorio efectivo¹6,17.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIÓN

El manejo del dolor en el paciente oncológico avanzado sigue siendo un reto clínico y ético de magnitud global. A pesar de los avances en opioides de rápida absorción y técnicas complementarias, la aplicación óptima se ve comprometida por estigmas sociales y formativos. Es imperativo fomentar protocolos unificados que integren la evaluación constante (EVA < 3 para considerar el dolor controlado) con una comunicación empática con la familia5.

En conclusión, la intervención de enfermería y del equipo multidisciplinar es vital para la educación del paciente y la administración de cuidados paliativos que garanticen una mejor calidad de vida. Aliviar el sufrimiento no es solo una meta médica, sino un imperativo humano fundamental para asegurar una muerte digna y un soporte integral hasta el final del proceso¹6,¹7.

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