AUTORES
- Iratxe Goded Navarrete. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Jennifer Polo Soriano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Cristina Hernández Romano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Adrián Cubas Esteban. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Ines Gracia Abril. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Mari Mar Marco Martín. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
Las lesiones por presión (LPP) constituyen una de las complicaciones más frecuentes en las unidades de cuidados intensivos (UCI) y representan un importante indicador de calidad y seguridad asistencial. Los pacientes críticos presentan una elevada vulnerabilidad debido a la coexistencia de factores como la inmovilidad, la sedación, las alteraciones hemodinámicas, el edema y la necesidad de múltiples dispositivos sanitarios, circunstancias que incrementan el riesgo de desarrollar daño tisular.
El objetivo de esta revisión fue analizar los principales factores de riesgo asociados al desarrollo de lesiones por presión en pacientes ingresados en UCI. Los resultados identifican factores intrínsecos, como la edad avanzada, la desnutrición, las alteraciones de la hidratación y las comorbilidades; factores relacionados con la enfermedad crítica, entre ellos la hipoperfusión, la hipoxemia, la sepsis y la sedación; y factores extrínsecos como la presión mantenida, el cizallamiento, la posición prona y los dispositivos médicos.
La evidencia revisada pone de manifiesto que la prevención de las LPP requiere una valoración continua e individualizada del riesgo, complementando las escalas de valoración con el juicio clínico enfermero. Asimismo, destaca la importancia de la vigilancia sistemática de la piel, la movilización adaptada a la situación clínica y la aplicación de medidas preventivas dirigidas a los pacientes con mayor vulnerabilidad.
PALABRAS CLAVE
Lesión por presión, unidad de cuidados intensivos, paciente crítico, factores de riesgo, prevención y enfermería.
ABSTRACT
Pressure injuries (PIs) are among the most common complications in intensive care units (ICUs) and represent an important indicator of healthcare quality and patient safety. Critically ill patients are particularly vulnerable due to the coexistence of factors such as immobility, sedation, hemodynamic instability, edema, and the need for multiple medical devices, all of which increase the risk of tissue damage.
The aim of this review was to analyze the main risk factors associated with the development of pressure injuries in ICU patients. The findings identified intrinsic factors, including advanced age, malnutrition, hydration imbalances, and comorbidities; factors related to critical illness, such as hypoperfusion, hypoxemia, sepsis, and sedation; and extrinsic factors including sustained pressure, shear forces, prone positioning, and medical devices.
The reviewed evidence highlights that effective prevention of pressure injuries requires continuous and individualized risk assessment, complementing risk assessment scales with clinical nursing judgment. Furthermore, it emphasizes the importance of systematic skin monitoring, patient mobilization adapted to clinical condition, and the implementation of preventive measures targeted at the most vulnerable patients
KEY WORDS
Pressure injury, intensive care unit, critically ill patient, risk factors, prevention, nursing.
INTRODUCCIÓN
Las lesiones por presión (LPP) son daños localizados en la piel y/o en los tejidos blandos subyacentes producidos por una presión intensa o prolongada, generalmente sobre prominencias óseas o en zonas sometidas a la presión de dispositivos sanitarios. A pesar de los avances en su prevención, continúan siendo un problema frecuente en el ámbito hospitalario, especialmente en las unidades de cuidados intensivos (UCI)1.
La incidencia y prevalencia de las LPP en pacientes críticos son superiores a las observadas en otras áreas de hospitalización debido a la complejidad clínica de estos pacientes. La inmovilidad, la sedación, las alteraciones de la perfusión tisular, el edema y el uso de dispositivos médicos incrementan notablemente el riesgo de desarrollar este tipo de lesiones.
Las LPP se asocian a un aumento de las complicaciones, de la estancia hospitalaria, de los costes sanitarios y de la carga asistencial, por lo que es considerado un importante indicador de calidad y seguridad del paciente. Aunque las escalas de valoración del riesgo son herramientas útiles, deben complementarse con una valoración clínica individualizada.
Por ello, conocer los factores de riesgo implicados en su desarrollo resulta fundamental para identificar precozmente a los pacientes más vulnerables y aplicar medidas preventivas eficaces1,2.
OBJETIVOS
General:
Analizar los principales factores de riesgo asociados al desarrollo de lesiones por presión en pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos.
Específicos:
- Identificar los factores intrínsecos del paciente crítico relacionados con la aparición de lesiones por presión.
- Describir los factores extrínsecos y asistenciales que favorecen el desarrollo de lesiones por presión en las UCI.
- Determinar la influencia de los dispositivos médicos y de los cuidados aplicados en el riesgo de aparición de lesiones por presión.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa sobre los factores de riesgo asociados al desarrollo de lesiones por presión en pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos. La búsqueda bibliográfica se efectuó en las bases de datos PubMed, Scopus, Web of Science y SciELO, incluyendo estudios publicados entre 2020 y 2025.
La pregunta de investigación se formuló siguiendo el modelo PICO (Patient/Population, Intervention/Exposure, Comparison y Outcome), quedando establecida de la siguiente manera: ¿Qué factores de riesgo se asocian al desarrollo de lesiones por presión en pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos?
- P (Paciente/Población): pacientes adultos ingresados en unidades de cuidados intensivos.
- I (Intervención/Exposición): presencia de factores de riesgo intrínsecos y extrínsecos.
- C (Comparación): pacientes sin exposición a dichos factores o con menor nivel de riesgo.
- O (Resultado): aparición de lesiones por presión.
Se utilizaron como palabras clave previamente consultadas a los descriptores de ciencias de la salud (DeCS): lesión por presión, unidad de cuidados intensivos, paciente crítico, factores de riesgo, prevención y enfermería, combinados mediante los operadores booleanos AND y OR.
Se incluyeron revisiones sistemáticas, metaanálisis, estudios observacionales y guías de práctica clínica publicados en español o inglés que analizaran factores de riesgo de lesiones por presión en pacientes críticos adultos. Se excluyeron los estudios realizados en población pediátrica, artículos duplicados y aquellos que no respondían al objetivo de la revisión.
Tras la aplicación de los criterios de selección, los artículos incluidos fueron analizados para identificar y sintetizar los principales factores asociados al desarrollo de lesiones por presión en las unidades de cuidados intensivos.
RESULTADOS
Fisiopatología de las lesiones por presión:
La aparición de una lesión por presión es consecuencia de la interacción de diversos mecanismos que provocan una disminución del aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos. El principal factor implicado es la presión mantenida sobre una zona corporal, que comprime los pequeños vasos sanguíneos y reduce el flujo sanguíneo local, favoreciendo la isquemia y el daño tisular.
A este fenómeno se suma el efecto del cizallamiento, que se produce cuando la piel permanece fija mientras los tejidos profundos se desplazan, como ocurre cuando el paciente se desliza hacia los pies de la cama con el cabecero elevado. Por su parte, la fricción ocasiona lesiones en las capas más superficiales de la piel, mientras que la humedad derivada de la sudoración, la incontinencia o los exudados favorece la maceración cutánea y disminuye su resistencia.
En el paciente crítico, factores como la hipoperfusión, la hipoxemia, el edema y la respuesta inflamatoria sistémica reducen aún más la tolerancia de los tejidos a la presión, aumentando el riesgo de desarrollar lesiones incluso en periodos relativamente cortos.
De forma sencilla, este proceso puede compararse con una manguera pisada: la presión externa comprime los capilares e impide que la sangre llegue adecuadamente a los tejidos. Si además existen alteraciones como vasoconstricción, edema o disminución de la oxigenación, el aporte tisular se ve aún más comprometido, favoreciendo la aparición de la lesión1,2,3.
Factores de riesgo intrínsecos del paciente:
Los factores de riesgo intrínsecos son aquellos relacionados con las características propias del paciente. Sin embargo, estos factores rara vez actúan de forma aislada; por el contrario, el riesgo de desarrollar una lesión por presión aumenta a medida que se acumulan e interactúan entre sí, especialmente en el paciente crítico.
Edad avanzada y fragilidad:
La edad avanzada se asocia a cambios estructurales de la piel que favorecen la aparición de lesiones por presión. Entre ellos: adelgazamiento cutáneo, disminución de la elasticidad y reducción del tejido subcutáneo protector. Además, las personas mayores presentan una menor capacidad de regeneración tisular y una mayor frecuencia de dependencia funcional, desnutrición y enfermedades crónicas, factores que incrementan su vulnerabilidad.
Inmovilidad y deterioro funcional previo:
La inmovilidad constituye uno de los factores de riesgo más importantes para el desarrollo de lesiones por presión. Los pacientes incapaces de realizar cambios posturales de forma autónoma permanecen expuestos durante más tiempo a cargas mecánicas sobre las mismas zonas corporales. Además, la debilidad muscular, el deterioro neurológico, la dependencia funcional o las alteraciones del nivel de conciencia previas al ingreso limitan la capacidad de aliviar la presión de manera espontánea.
Alteración del estado nutricional:
La desnutrición, la pérdida de peso y la disminución de la masa muscular reducen la resistencia de los tejidos frente a la presión y dificultan los procesos de reparación. Se produce el deterioro de la integridad cutánea y el retraso de la cicatrización debido a una ingesta insuficiente de energía y proteínas antes o durante la hospitalización. Aunque la hipoalbuminemia se ha relacionado tradicionalmente con un mayor riesgo de lesiones por presión, en el paciente crítico también puede reflejar inflamación sistémica, gravedad clínica y alteraciones en la distribución de líquidos, por lo que no debe considerarse de forma aislada como un indicador de desnutrición.
Deshidratación, edema y alteraciones de la hidratación:
Las alteraciones del equilibrio hídrico son frecuentes en las UCI y pueden comprometer la viabilidad de los tejidos. La deshidratación disminuye la elasticidad y resistencia de la piel, mientras que el edema dificulta la difusión de oxígeno y nutrientes, alterando la microcirculación. En muchos pacientes críticos ambos fenómenos pueden coexistir, presentando edema intersticial junto con un volumen intravascular insuficiente, lo que incrementa el riesgo de daño tisular2,3.
Incontinencia y humedad:
La exposición prolongada a la humedad procedente de la orina, las heces, el sudor, los exudados o las secreciones favorece la maceración cutánea y aumenta la fragilidad de la piel. Estas condiciones reducen la tolerancia de los tejidos a la presión y a la fricción. Además, es importante diferenciar la dermatitis asociada a la incontinencia de las lesiones por presión, aunque ambas entidades pueden coexistir y potenciarse mutuamente.
Comorbilidad:
Diversas enfermedades crónicas se han asociado a un mayor riesgo de lesiones por presión, entre ellas la diabetes mellitus, la enfermedad vascular periférica, la insuficiencia cardiaca, la enfermedad renal crónica, la enfermedad pulmonar crónica y los procesos neoplásicos. Aunque presentan características diferentes, todas ellas comparten mecanismos que pueden comprometer la perfusión tisular, la oxigenación, la sensibilidad, la movilidad o la capacidad de cicatrización, aumentando así la susceptibilidad al desarrollo de estas lesiones1,2,3.
Factores relacionados con la enfermedad crítica:
Además de los factores propios del paciente, la enfermedad crítica incorpora circunstancias que aumentan significativamente el riesgo de desarrollar lesiones por presión y que diferencian a estos pacientes de la población hospitalizada general.
Alteración hemodinámica e hipoperfusión tisular:
La hipotensión, el shock, la hipoperfusión periférica y el uso de fármacos vasopresores pueden reducir el aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos. En estas condiciones, la tolerancia a la presión disminuye, por lo que incluso cargas mecánicas moderadas pueden favorecer la aparición de lesiones 2.
Hipoxemia y alteración respiratoria grave:
La disminución de la oxigenación tisular compromete la viabilidad celular y aumenta la vulnerabilidad de la piel al daño. Este riesgo puede verse incrementado en pacientes con insuficiencia respiratoria grave y en aquellos que requieren ventilación mecánica en posición prona3.
Sedación, analgesia y relajación muscular
La sedación profunda, la analgesia y los bloqueantes neuromusculares reducen o eliminan los movimientos espontáneos y la percepción del dolor, haciendo que el paciente dependa por completo de los cuidados enfermeros para la movilización y el alivio de la presión1,2.
Alteración del nivel de consciencia:
Situaciones como el coma, el delirium o el daño neurológico agudo limitan la capacidad del paciente para percibir molestias, cambiar de postura o colaborar en las medidas preventivas.
Inflamación sistémica y sepsis:
La respuesta inflamatoria sistémica produce alteraciones en la microcirculación, daño endotelial, aumento de la permeabilidad capilar y edema, factores que favorecen la isquemia tisular y dificultan los procesos de reparación.
Duración de la estancia en cuidados intensivos:
Una estancia prolongada en la UCI se asocia a un mayor riesgo de lesiones por presión debido a la exposición continuada a la inmovilidad, los dispositivos médicos y la gravedad clínica. Más que una causa directa, debe considerarse un marcador de exposición acumulada y complejidad asistencial2,3.
Factores extrínsecos y relacionados con los cuidados:
Los factores extrínsecos son aquellos relacionados con las cargas mecánicas a las que se ve sometido el paciente y con las características de los cuidados recibidos durante su estancia en la UCI.
Presión mantenida sobre prominencias óseas:
La presión prolongada sobre zonas como el sacro, los talones, el occipucio, los trocánteres, los codos o las escápulas son el principal mecanismo de aparición de las lesiones por presión. La localización puede variar en función de la postura predominante del paciente y de los dispositivos empleados1,2.
Cizallamiento y fricción:
El cizallamiento y la fricción aumentan el daño tisular al actuar junto con la presión. Situaciones frecuentes son el deslizamiento del paciente cuando el cabecero está elevado, el arrastre durante las movilizaciones o las transferencias realizadas sin ayudas técnicas adecuadas1.
Dispositivos sanitarios:
Las lesiones asociadas a dispositivos médicos han adquirido una relevancia creciente en cuidados intensivos. Tubos endotraqueales, sondas nasogástricas, mascarillas de ventilación no invasiva, cánulas de traqueostomía, collarines cervicales, pulsioxímetros, catéteres o dispositivos de pronación ejercen una presión focal y mantenida sobre áreas anatómicas reducidas, dificultando la redistribución de la presión y favoreciendo el daño tisular3,4.
Posición prona:
La posición prona, utilizada con frecuencia en pacientes con insuficiencia respiratoria grave, aumenta el riesgo de lesiones en la frente, pómulos, mentón, tórax, crestas ilíacas, genitales, rodillas y dedos de los pies. Además, dificulta la inspección de algunas zonas corporales, por lo que requiere medidas preventivas específicas, como el uso de superficies protectoras, la vigilancia de los dispositivos y la realización de microcambios posturales cuando la situación clínica lo permita1,2,4.
Superficie de apoyo inadecuada:
La utilización de superficies incapaces de redistribuir adecuadamente la presión incrementa el riesgo de lesión. Asimismo, el apoyo mantenido de los talones sobre la cama o la colocación incorrecta de cojines y dispositivos de descarga puede generar puntos de presión excesiva1,2,4.
Limitaciones para la movilización y los cambios posturales:
La inestabilidad hemodinámica, la hipoxemia grave o el riesgo de desconexión de dispositivos pueden dificultar la movilización segura del paciente crítico. A ello se pueden añadir limitaciones organizativas o materiales. Es importante señalar que la imposibilidad temporal de aplicar determinadas medidas preventivas no siempre implica una mala práctica clínica; en estos casos, resulta fundamental valorar el riesgo, registrar las limitaciones existentes y aplicar alternativas preventivas siempre que sea posible 2,4.
Valoración del riesgo en pacientes críticos:
Valoración clínica integral:
La identificación precoz del riesgo de lesiones por presión requiere una valoración clínica integral y continua. Esta debe incluir el estado de la piel desde el ingreso, la inspección de las zonas de apoyo y de los puntos sometidos a presión por dispositivos, perfusión periférica, presencia de edema, estado nutricional e hídrico, la movilidad real del paciente y su capacidad para cambiar de posición. Además, es fundamental considerar el nivel de consciencia, el grado de sedación, la situación hemodinámica y respiratoria, y la presencia de humedad o incontinencia1,3.
Escalas de valoración del riesgo:
Las escalas de valoración, como la escala de Norton o la de Braden, son herramientas útiles para identificar a los pacientes con mayor probabilidad de desarrollar lesiones por presión. Sin embargo, aunque una puntuación baja indica un mayor riesgo, estas herramientas no siempre reflejan adecuadamente algunos factores propios del paciente crítico, como la hipoperfusión tisular, el uso de vasopresores, la posición prona o la presencia de múltiples dispositivos médicos. Por ello, deben utilizarse como complemento y no como sustituto del juicio clínico1,5.
Reevaluación:
La valoración del riesgo no debe limitarse al momento del ingreso. La situación clínica del paciente crítico puede cambiar rápidamente, modificando también su riesgo de desarrollar lesiones por presión. Por este motivo, resulta necesario realizar reevaluaciones periódicas, especialmente ante episodios de inestabilidad hemodinámica, inicio de tratamiento con vasopresores, aparición de edema, sedación profunda, colocación en posición prona o incorporación de nuevos dispositivos2,4.
Papel de Enfermería:
La prevención de las lesiones por presión en pacientes críticos debe basarse en la identificación de los factores de riesgo y en la aplicación precoz de medidas preventivas adaptadas a cada situación clínica.
- Vigilancia de la piel: inspeccionar diariamente la piel y las zonas sometidas a presión, identificando de forma precoz eritema persistente, cambios de color, induración, dolor o pérdida de integridad cutánea.
- Control de dispositivos médicos: revisar periódicamente los puntos de contacto de tubos, sondas, mascarillas, cánulas, catéteres y sistemas de fijación para detectar signos tempranos de lesión.
- Movilización y reposicionamiento: realizar cambios posturales individualizados según la tolerancia clínica y el estado hemodinámico del paciente.
- Descarga de zonas de riesgo: prestar especial atención a la protección de talones y otras prominencias óseas mediante dispositivos de alivio de presión.
- Superficies especiales de apoyo: utilizar colchones y sistemas de redistribución de presión adecuados al nivel de riesgo del paciente.
- Control de la humedad: mantener la piel limpia y seca, aplicando productos barrera cuando exista riesgo de maceración por incontinencia, sudoración o secreciones.
- Soporte nutricional: colaborar con el equipo multidisciplinar para optimizar el estado nutricional e hídrico del paciente.
- Pacientes de alto riesgo: extremar la vigilancia en situaciones de hipoperfusión, tratamiento con vasopresores, edema, sedación profunda o posición prona.
- Registro y seguimiento: documentar la valoración del riesgo, las medidas preventivas aplicadas, las limitaciones clínicas existentes y la evolución de la piel.
La combinación de estas intervenciones permite reducir la incidencia de lesiones por presión y mejorar la seguridad de los pacientes ingresados en las unidades de cuidados intensivos 3,5,6.
DISCUSIÓN
- Las lesiones por presión en las UCI tienen un origen multifactorial, en el que interactúan factores propios del paciente, la gravedad de la enfermedad crítica y las cargas mecánicas a las que está sometido.
- La valoración del riesgo en el paciente crítico debe ser continua e individualizada. Aunque las escalas de valoración son herramientas útiles, no sustituyen la evaluación clínica de aspectos como la perfusión tisular, el uso de vasopresores, la posición prona o la presencia de dispositivos médicos.
- El papel de enfermería resulta fundamental para la prevención de estas lesiones, mediante la vigilancia de la piel, la identificación precoz de signos de deterioro y la aplicación de medidas preventivas adaptadas a cada paciente.
- La evidencia revisada pone de manifiesto la necesidad de protocolos flexibles e individualizados, capaces de ajustarse a la situación hemodinámica, respiratoria y funcional del paciente crítico.
CONCLUSIONES
- Los pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos presentan un elevado riesgo de desarrollar lesiones por presión debido a la coexistencia de factores como la inmovilidad, la hipoperfusión tisular, la sedación, el edema y el uso de dispositivos médicos.
- La aparición de estas lesiones es multifactorial, por lo que los factores de riesgo deben evaluarse de forma continua desde el ingreso y durante toda la estancia en la UCI.
- La prevención efectiva requiere intervenciones individualizadas, adaptadas a la situación clínica de cada paciente y orientadas a minimizar la exposición a la presión y otros factores contribuyentes.
- El personal de enfermería desempeña un papel esencial en la valoración del riesgo, la vigilancia de la piel y los dispositivos, y la aplicación de medidas preventivas basadas en la evidencia.
- Las escalas de valoración son herramientas útiles de apoyo, pero no sustituyen el juicio clínico enfermero en el abordaje integral del paciente crítico.
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