- Carla Cemillán Casanova. Graduada en Enfermería. Servicio de Urgencias del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Alberto García Corchete. Graduado en Enfermería. Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Asier Para Ayala. Graduado en Enfermería. Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Alejandro Rubio Lainez. Graduado en Enfermería. Servicio de Hospitalización en Cirugía General del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Bianca Jánovas Santos. Graduada en Enfermería. Unidad de Ictus del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
RESUMEN
La preeclampsia es una de las complicaciones más severas del embarazo, caracterizada por hipertensión y proteinuria a partir de la semana 20 de gestación. Resulta de una disfunción en la implantación y desarrollo placentario, que desencadena una cadena de respuestas inmunológicas y vasculares, alterando el bienestar materno y fetal. En España, su incidencia oscila entre el 1-2% de los embarazos, aunque puede variar según los factores de riesgo como primiparidad, edad avanzada, obesidad y patologías previas.
Esta patología puede evolucionar rápidamente y dar lugar a complicaciones graves como eclampsia, síndrome HELLP, insuficiencia renal, edema pulmonar, hemorragias, parto prematuro, restricción del crecimiento fetal y muerte materna o neonatal. El diagnóstico se realiza a través de la monitorización de la presión arterial, proteína en orina y análisis clínicos específicos. El tratamiento busca estabilizar a la madre y prolongar la gestación lo máximo posible, siendo el parto la única cura definitiva.
El rol de enfermería es fundamental en la vigilancia estrecha, administración de medicación, educación sanitaria y apoyo emocional tanto a la paciente como a su familia, asegurando un abordaje integral y personalizado para mejorar los resultados obstétricos y prevenir complicaciones.
PALABRAS CLAVE
Preeclamsia, etiología, diagnóstico, terapia, enfermería.
ABSTRACT
Preeclampsia is one of the most severe complications of pregnancy, characterised by hypertension and proteinuria from the 20th week of gestation onwards. It results from a dysfunction in placental implantation and development, which triggers a chain of immunological and vascular responses, altering maternal and foetal well-being. In Spain, its incidence ranges between 1-2% of pregnancies, although it can vary depending on risk factors such as primiparity, advanced age, obesity, and previous pathologies.
This condition can progress rapidly and lead to serious complications such as eclampsia, HELLP syndrome, renal failure, pulmonary oedema, haemorrhages, premature delivery, foetal growth restriction and maternal or neonatal death. Diagnosis is made through monitoring of blood pressure, protein in urine and specific clinical analyses. Treatment aims to stabilise the mother and prolong the pregnancy as long as possible, with delivery being the only definitive cure.
The role of nursing is fundamental in close monitoring, medication administration, health education, and emotional support for both the patient and her family, ensuring a comprehensive and personalised approach to improve obstetric outcomes and prevent complications.
KEY WORDS
Preeclampsia, etiology, diagnosis, therapy, nursing.
INTRODUCCIÓN
Definición y epidemiologia en España
La preeclampsia se define como la aparición de hipertensión arterial y proteinuria a partir de la semana 20 de gestación, pudiendo presentarse también con otras alteraciones sistémicas como trombocitopenia, daño renal, disfunción hepática, edema pulmonar y alteraciones neurológicas1,2.
La incidencia de preeclampsia en España se sitúa generalmente en el rango del 1-2% de los embarazos, con algunas estimaciones hospitalarias que alcanzan hasta el 5-10%. En mujeres primíparas, la incidencia ronda el 2%. Es una causa importante de morbimortalidad materna y perinatal que afecta entre el 3-10% de las gestaciones a nivel global, con tendencia creciente en países desarrollados2,3.
Fisiopatología:
La fisiopatología de la preeclampsia inicia por una inadecuada remodelación de las arterias espirales del útero, lo que genera hipoxia placentaria y liberación de factores antiangiogénicos y material trofoblástico hacia la circulación materna. Esta cascada produce disfunción endotelial sistémica, activación de la coagulación y un estado proinflamatorio. Se observa una alteración del equilibrio entre vasodilatadores y vasoconstrictores, con aumento de la resistencia periférica. Los principales órganos diana afectados son el riñón, hígado, cerebro y la placenta, generando lesiones anatómicas que se traducen en hipertensión, proteinuria y daño multiorgánico4.
FACTORES DE RIESGO3,4:
- Primer embarazo.
- Edad materna mayor de 35 años.
- Antecedentes de preeclamsia.
- Embarazo múltiple.
- Historia familiar de la preeclamsia.
- Obesidad.
- Enfermedades como la diabetes, hipertensión crónica y patologías renales.
- Intervalo largo entre embarazos.
- Condiciones autoinmunes (lupus, síndrome antifosfolípido).
- Factores ambientales y nutricionales.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
Las mujeres pueden ser asintomáticas inicialmente, pero conforme la preeclampsia progresa van apareciendo la siguiente sintomatología1,4:
- Hipertensión arterial (>140/90mmHg).
- Proteinuria (>300 mg/24h).
- Edema generalizado (rostro, manos, pies).
- Cefalea, acúfenos, fosfenos.
- Dolor epigástrico.
- Náuseas y vómitos.
- Oliguria.
- Alteraciones visuales.
- Signos neurológicos (convulsiones en la eclampsia).
DIAGNÓSTICO:
El diagnóstico de la preeclampsia se basa principalmente en la combinación de hipertensión arterial y proteinuria que aparecen después de la semana 20 de gestación en una mujer previamente normotensa5,6,7.
Criterios principales:
- Hipertensión arterial: Presión arterial sistólica ≥ 140 mmHg y/o diastólica ≥ 90 mmHg, confirmada en al menos dos mediciones realizadas con diferencia mínima de 4 horas.
- Proteinuria: Excreción urinaria de proteínas > 300 mg en 24 horas o cociente proteína/creatinina ≥ 0,3 en orina aislada. En algunos casos se utiliza la tira reactiva para detección preliminar (valor 2+ o más).
Si no se detecta proteinuria suficiente, el diagnóstico puede realizarse si hay hipertensión junto con signos o síntomas de daño en órganos diana, tales como:
- Trombocitopenia (plaquetas <100.000/μL).
- Aumento de transaminasa hepáticas (>2 veces valor normal).
- Dolor en hipocondrio derecho persistente y no aliviado.
- Insuficiencia renal (creatinina sérica >1,1 mg/dL o duplicación de la creatinina).
- Edema pulmonar.
- Síntomas neurológicos como cefalea intensa de nuevo inicio o alteraciones visuales.
Se considera preeclampsia grave cuando la presión arterial alcanza ≥160/110 mmHg, con o sin proteinuria, y con presencia de cualquiera de los signos mencionados de daño orgánico. Este cuadro requiere hospitalización inmediata.
Complementos diagnósticos:
- Análisis sanguíneos: Hemograma completo, función hepática y renal, pruebas de coagulación.
- Evaluación fetal: Ecografía para valorar crecimiento fetal y bienestar, monitoreo cardíaco fetal.
- Marcadores emergentes: Ácido úrico, factores angiogénicos (sFlt-1/PlGF) que pueden ayudar en diagnóstico y pronóstico en algunos centros especializados.
TRATAMIENTO:
El tratamiento de la preeclampsia tiene como objetivos principales controlar la presión arterial, prevenir las convulsiones y proteger la salud materna y fetal, mientras se busca prolongar el embarazo lo máximo posible para favorecer la madurez del feto4,5,6,8.
Manejo según la gravedad
- Nivel de preeclampsia: Requiere control frecuente y estricto en consulta, con medición regular de la tensión arterial y estado clínico. En algunos casos, manejo ambulatorio con reposo relativo, vigilancia fetal y antihipertensivos orales como metildopa, labetalol, nifedipino. Se recomienda evitar la automedicación o el uso de fármacos no indicados.
- Preeclampsia grave: Implica hospitalización para monitorización intensiva. Se administra tratamiento antihipertensivo intravenoso o combinado, con hidralazina, labetalol o nifedipino, ajustando dosis para mantener la presión arterial por debajo de 160/110 mmHg sin causar descensos bruscos que comprometan el flujo placentario.
Prevención de convulsiones:
El sulfato de magnesio es el fármaco de elección para prevenir las convulsiones eclámpticas. Se inicia con una dosis de carga intravenosa seguida de infusión continua durante al menos 24 horas. Requiere vigilancia estrecha de frecuencia respiratoria, reflejos tendinosos profundos y diuresis para evitar toxicidad.
Maduración pulmonar fetal:
Cuando la interrupción del embarazo es inevitable antes de las 34-35 semanas, se administran corticosteroides (betametasona) para acelerar el desarrollo pulmonar fetal y reducir las complicaciones neonatales.
Interrupción del embarazo:
La única cura definitiva de la preeclampsia es el parto. La decisión del momento y vía (vaginal o cesárea) depende de la gravedad materna, bienestar fetal y edad gestacional. En casos graves o deterioro clínico, se recomienda la finalización temprana del embarazo.
Otros cuidados:
- Control riguroso del equilibrio hídrico para evitar sobrecarga y edema pulmonar.
- Vigilancia continua del estado materno y fetal.
- Educación al paciente y familia sobre síntomas de alarma.
- Evaluación y manejo multidisciplinar con obstetras, anestesiólogos, y neonatólogos.
COMPLICACIONES:
La preeclamsia puede derivar en múltiples complicaciones, graves y potencialmente mortales para la madre y el feto. A continuación, se explican las principales9,10,12,13:
- Eclampsia: Convulsiones generalizadas graves que ponen en peligro la vida de la madre y el feto, con riesgo de daño cerebral y complicaciones obstétricas.
- Síndrome HELLP: Trastorno severo que combina destrucción de glóbulos rojos, daño hepático y bajo número de plaquetas, con síntomas como dolor abdominal y riesgo de sangrado.
- Desprendimiento prematuro de placenta: Separación prematura de la placenta que provoca hemorragia y compromete la oxigenación fetal, aumentando el riesgo de muerte materna y fetal
- Restricción del crecimiento fetal: El feto no crece adecuadamente por insuficiente aporte placentario, aumentando los riesgos neonatales y problemas a largo plazo.
- Parto prematuro: Finalización anticipada del embarazo, con riesgos de inmadurez y complicaciones para el recién nacido.
- Edema agudo de pulmón: Acumulación de líquido en los pulmones que dificulta la respiración y puede causar insuficiencia respiratoria.
- Insuficiencia renal aguda: Pérdida súbita de función renal debido a daño vascular, con disminución de la orina y acumulación de toxinas.
- Rotura hepática y hemorragia cerebral: Complicaciones graves y poco comunes que implican sangrado masivo interno y daño neurológico severo.
- Muerte materna y fetal: Consecuencia extrema de la preeclampsia no contralada, causada por fallo multiorgánico y complicaciones asociadas.
ROL DE ENFERMERÍA:
El papel de enfermería es esencial, implicando la vigilancia continua, educación sanitaria y apoyo emocional, con el objetivo de detectar complicaciones precozmente y promover la seguridad materna y fetal12,14.
Monitorización clínica y materno-fetal
- Evaluación constante: Las enfermeras realizan controles periódicos de los signos vitales maternos (presión arterial, frecuencia cardíaca y respiratoria) para detectar variaciones que puedan indicar empeoramiento.
- Control de la proteinuria: Se efectúan análisis de orina para detectar la presencia de proteínas y evaluar la progresión del cuadro.
- Monitorización fetal: Incluye auscultación de latidos y, en algunos casos, empleo de monitorización electrónica para valorar el bienestar fetal y detectar sufrimiento.
- Registro y valoración de diuresis, peso, edemas, reflejos y síntomas neurológicos que pueden indicar complicaciones como eclampsia o síndrome HELLP.
Administración y manejo de tratamientos:
- Suministro de medicamentos: Proporcionan antihipertensivos y sulfato de magnesio siguiendo las indicaciones médicas, vigilando efectos adversos y ajustando dosis cuando sea necesario.
- Control de líquidos y electrolitos: Ajuste la hidratación para prevenir tanto la sobrecarga como el déficit hídrico, especialmente en pacientes con restricción de líquidos.
- Preparación preparto y asistencia en emergencias: Las enfermeras preparan a la paciente y al entorno para el parto en situaciones de urgencia, colaborando en la aplicación de protocolos de emergencia obstétrica.
Educación sanitaria y apoyo emocional:
- Información clara y continua: Ofrecen educación sobre las características y riesgos de la preeclampsia, signos de alarma, importancia del control prenatal y del seguimiento domiciliario (toma de presión arterial, reconocimiento de síntomas de alarma).
- Capacitación familiar: Instruyen también a la familia para que puedan colaborar en la identificación precoz de síntomas y toma de decisiones informadas.
- Promoción de hábitos saludables: Asesoran sobre la dieta (baja en sal), ejercicio físico moderado, restricción de hábitos nocivos y adhesión al control médico.
- Apoyo psicológico: Brindan acompañamiento y orientación ante el estrés y la ansiedad que provoca la enfermedad, favoreciendo el acceso a recursos como grupos de apoyo o asesoramiento individual.
Detección precoz de complicaciones:
- Vigilancia activa: Identifican síntomas de progresión a cuadros graves como eclampsia, síndrome HELLP o sufrimiento fetal, permitiendo la activación rápida de protocolos asistenciales (“clave azul”, equipos de respuesta avanzada).
- Valoración integral: Aplican el Proceso de Atención de Enfermería (PAE) utilizando taxonomías estandarizadas (NANDA, NIC, NOC), para planificar y ejecutar cuidados específicos, priorizando la seguridad de la madre y el feto.
Coordinación multidisciplinar:
- Enfermería articula la comunicación entre obstetras, internistas, neonatólogos y otros especialistas, participando en la toma de decisiones y garantizando la continuidad en los cuidados y el seguimiento posparto.
CONCLUSIÓN
La preeclampsia es una complicación grave y frecuente del embarazo que continúa representando un desafío significativo para la salud materno-fetal. Su compleja fisiopatología, basada en una disfunción placentaria y una respuesta vascular e inmunológica sistémica, conlleva un riesgo elevado de complicaciones severas que pueden comprometer la vida de la mujer gestante y su bebé.
El éxito en el manejo de la preeclampsia depende principalmente de una detección temprana y un diagnóstico preciso, apoyados en un enfoque multidisciplinar que garantice un seguimiento clínico riguroso y un tratamiento personalizado. La intervención adecuada, que incluye control riguroso de la presión arterial, prevención de convulsiones y valoración continua del bienestar fetal, puede reducir significativamente la morbimortalidad asociada.
El papel de enfermería es clave para asegurar la monitorización constante, la administración correcta de tratamientos, y la educación integral tanto a la paciente como a su familia, fortaleciendo la adherencia al control prenatal y favoreciendo la identificación precoz de signos de alarma. Asimismo, su apoyo psicológico contribuye a mejorar la experiencia y los resultados clínicos.
Finalmente, aunque el parto constituye la única cura definitiva, es prioritario equilibrar la protección de la madre y el feto, intentando prolongar el embarazo de forma segura para optimizar el desarrollo neonatal. Por tanto, la preeclampsia exige un abordaje clínico integral, preventivo y humanizado para minimizar sus riesgos y mejorar la calidad y seguridad de la atención obstétrica.
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