AUTORES
- Larissa Neres Souza. Hospital Universitario Santa Bárbara. Soria. Castilla y León, España.
- Claudia Plana Pérez. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
- Carlota Aguareles Barón. CRP Santo Cristo de los Milagros. Huesca. Aragón, España.
- Alba Rodríguez Lanao. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
- Alexandra Lona Calomarde. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, Aragón, España.
- Ana María Sánchez Oliván. Hospital Universitario San Jorge. Huesca. Aragón, España.
- María Ángeles Borrás Mandrión. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, Aragón, España.
RESUMEN
La preeclampsia constituye uno de los principales trastornos hipertensivos asociados al embarazo y representa una causa relevante de morbimortalidad materna y perinatal. Se caracteriza por la aparición de hipertensión arterial después de las 20 semanas de gestación, asociada a proteinuria y/o signos de disfunción orgánica materna o uteroplacentaria. Su presentación clínica es variable y puede evolucionar hacia complicaciones graves como eclampsia, síndrome HELLP, daño orgánico materno, desprendimiento prematuro de placenta, parto prematuro o restricción del crecimiento fetal.
El objetivo de esta revisión es analizar la evidencia disponible sobre la preeclampsia, abordando sus principales factores de riesgo, manifestaciones clínicas, criterios diagnósticos, complicaciones, prevención y tratamiento, con especial atención al papel de enfermería en la detección precoz y el seguimiento de la gestante.
La identificación temprana de los factores de riesgo y la vigilancia periódica de la presión arterial, la sintomatología materna y el bienestar fetal constituyen elementos fundamentales para detectar precozmente la enfermedad y prevenir su progresión. El manejo depende de la gravedad del cuadro y de la edad gestacional e incluye la monitorización materno-fetal, el tratamiento antihipertensivo cuando está indicado, la prevención de la eclampsia mediante sulfato de magnesio en las situaciones correspondientes y la valoración del momento adecuado para finalizar la gestación.
La enfermería desempeña un papel fundamental en la valoración integral de la gestante, la monitorización clínica, la identificación de signos de alarma, la administración y vigilancia del tratamiento prescrito y la educación sanitaria. Una atención prenatal adecuada y una actuación multidisciplinar permiten detectar precozmente posibles complicaciones y contribuir a mejorar la seguridad materna y fetal.
PALABRAS CLAVE
Preeclampsia, hipertensión inducida en el embarazo, atención de enfermería, embarazo, complicaciones del embarazo.
ABSTRACT
Introduction: Preeclampsia is one of the major hypertensive disorders associated with pregnancy and represents an important cause of maternal and perinatal morbidity and mortality. It is characterized by the onset of hypertension after 20 weeks of gestation, associated with proteinuria and/or signs of maternal or uteroplacental organ dysfunction. Its clinical presentation is variable and may progress to severe complications such as eclampsia, HELLP syndrome, maternal organ damage, placental abruption, preterm birth or fetal growth restriction.
Objective: To review the available evidence on preeclampsia, including its main risk factors, clinical manifestations, diagnostic criteria, complications, prevention and treatment, with particular emphasis on the role of nursing in early detection and maternal monitoring.
Results: Early identification of risk factors and regular monitoring of blood pressure, maternal symptoms and fetal well-being are essential for early detection and prevention of disease progression. Management depends on disease severity and gestational age and may include maternal-fetal monitoring, antihypertensive treatment when indicated, prevention of eclampsia with magnesium sulfate and assessment of the appropriate timing of delivery.
Conclusions: Nursing professionals play a fundamental role in the comprehensive assessment of pregnant women, clinical monitoring, identification of warning signs, safe administration and surveillance of prescribed treatments and health education. Adequate prenatal care and a multidisciplinary approach contribute to early detection of complications and improve maternal and fetal safety.
KEY WORDS
Pre-eclampsia, hypertension, pregnancy-induced, nursing care, pregnancy, pregnancy complications.
INTRODUCCIÓN
Los trastornos hipertensivos del embarazo constituyen una de las principales complicaciones médicas de la gestación y continúan representando una causa importante de morbimortalidad materna y perinatal a nivel mundial. Dentro de este grupo se incluyen la hipertensión crónica, la hipertensión gestacional y la preeclampsia-eclampsia, cuya diferenciación resulta fundamental para establecer un adecuado seguimiento y tratamiento. El trabajo original ya establece esta clasificación y sitúa la aparición de la hipertensión gestacional y la preeclampsia a partir de las 20 semanas de gestación1,3.
La preeclampsia es un trastorno hipertensivo propio del embarazo que aparece generalmente después de las 20 semanas de gestación y puede comprometer diferentes órganos y sistemas. Actualmente afecta aproximadamente al 3–8 % de las mujeres que dan a luz en todo el mundo y constituye una causa importante de complicaciones maternas y perinatales1. Los trastornos hipertensivos fueron responsables de alrededor del 16 % de las muertes maternas mundiales en 2023, lo que pone de manifiesto la relevancia de su prevención, detección y tratamiento precoz11,2.
Aunque su fisiopatología es compleja y no está completamente esclarecida, la alteración de la placentación y la posterior disfunción vascular materna desempeñan un papel central en el desarrollo de la enfermedad7,8. La presentación clínica puede variar considerablemente, desde formas inicialmente asintomáticas hasta cuadros graves con cefalea intensa, alteraciones visuales, dolor epigástrico, afectación renal o hepática y evolución hacia eclampsia1,3. El trabajo de partida ya recogía gran parte de estas manifestaciones clínicas. La OMS destaca asimismo entre las posibles complicaciones el síndrome HELLP, el daño renal, hepático o cerebral, el desprendimiento prematuro de placenta, el parto prematuro y la restricción del crecimiento fetal1.
Entre los principales factores asociados a un mayor riesgo se encuentran la nuliparidad, los antecedentes personales o familiares de preeclampsia, la gestación múltiple, la obesidad y determinadas enfermedades maternas preexistentes, como la hipertensión arterial crónica, la diabetes mellitus o la enfermedad renal1,3,4. La identificación de estos factores durante el seguimiento prenatal permite seleccionar a las gestantes que requieren una vigilancia más estrecha y valorar estrategias preventivas en aquellas con riesgo aumentado3,4.
El diagnóstico precoz y el adecuado seguimiento materno-fetal son esenciales para disminuir el riesgo de progresión y aparición de complicaciones1,4. La vigilancia de la presión arterial, la valoración de la proteinuria y de posibles signos de disfunción orgánica, así como la evaluación del bienestar fetal, constituyen elementos fundamentales del seguimiento clínico3,4. En las mujeres con riesgo moderado o elevado, determinadas estrategias preventivas, como la administración de ácido acetilsalicílico a dosis bajas, han demostrado reducir el riesgo de desarrollar preeclampsia y sus complicaciones4,5.
En este contexto, el personal de enfermería desempeña un papel esencial durante todo el proceso asistencial. La correcta medición y vigilancia de la presión arterial, la identificación precoz de signos y síntomas de alarma, la monitorización materna, la administración segura de los tratamientos prescritos y la educación sanitaria permiten participar activamente en la prevención y detección precoz de posibles complicaciones6. La OMS señala específicamente la importancia de capacitar a los profesionales sanitarios en la detección y manejo temprano de la preeclampsia.
OBJETIVO
El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia científica disponible sobre la preeclampsia durante la gestación, describiendo sus principales factores de riesgo, criterios diagnósticos, manifestaciones clínicas, complicaciones, prevención y tratamiento, con especial atención al papel de enfermería en la vigilancia materno-fetal, la detección precoz de signos de alarma y la prevención de complicaciones.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica sobre la preeclampsia durante la gestación y los cuidados de enfermería asociados a su prevención, detección y manejo.
La búsqueda bibliográfica se orientó a identificar guías de práctica clínica, documentos de consenso y publicaciones científicas relacionadas con la epidemiología, factores de riesgo, diagnóstico, manifestaciones clínicas, complicaciones, prevención y tratamiento de la preeclampsia, así como con la vigilancia y los cuidados de enfermería de la gestante.
Se priorizaron documentos procedentes de organismos oficiales y sociedades científicas de reconocido prestigio, así como publicaciones recientes y relevantes para la práctica clínica. Se excluyeron documentos duplicados, publicaciones desactualizadas cuando existían recomendaciones posteriores y aquellos trabajos cuyo contenido no se relacionaba directamente con los objetivos de la revisión.
RESULTADOS
Epidemiología y clasificación de los trastornos hipertensivos del embarazo:
Los trastornos hipertensivos constituyen una de las principales complicaciones médicas del embarazo y representan una causa importante de morbimortalidad materna y perinatal. La preeclampsia afecta aproximadamente al 3-8 % de las mujeres que dan a luz en todo el mundo y puede evolucionar hacia formas graves capaces de comprometer tanto la vida materna como fetal1. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos hipertensivos fueron responsables de aproximadamente el 16 % de las muertes maternas a nivel mundial en 2023, equivalentes a unas 42.000 defunciones1,2.
Los trastornos hipertensivos del embarazo comprenden diferentes entidades clínicas. Entre ellas se encuentran la hipertensión arterial crónica, presente previamente al embarazo o diagnosticada antes de las 20 semanas de gestación, la hipertensión gestacional, que aparece después de la semana 20 sin criterios de preeclampsia; y la preeclampsia, caracterizada por hipertensión de nueva aparición a partir de la segunda mitad de la gestación asociada a otras alteraciones clínicas o analíticas. Esta clasificación permite establecer el seguimiento y tratamiento más adecuado en función de las características de cada gestante3.
La preeclampsia es un trastorno multisistémico cuya evolución puede ser impredecible. Aunque algunas gestantes permanecen inicialmente asintomáticas, la enfermedad puede progresar y ocasionar alteraciones neurológicas, hematológicas, hepáticas, renales, cardiovasculares y uteroplacentarias. Su detección precoz constituye, por tanto, uno de los principales objetivos del seguimiento prenatal1,3.
Factores de riesgo:
La identificación de los factores de riesgo constituye un elemento fundamental para establecer una vigilancia prenatal individualizada y detectar a las gestantes con mayor probabilidad de desarrollar preeclampsia3,4.
Entre los principales factores asociados se encuentran los antecedentes personales de preeclampsia, la primigestación, el embarazo múltiple, la obesidad, los antecedentes familiares de preeclampsia y determinadas enfermedades maternas preexistentes, especialmente la hipertensión arterial crónica, la diabetes mellitus y la enfermedad renal1,3,4.
Asimismo, algunas enfermedades autoinmunes, como el lupus eritematoso sistémico o el síndrome antifosfolípido, se consideran factores de riesgo elevado y requieren una valoración individualizada desde las primeras etapas de la gestación4,5.
La presencia de estos factores no implica necesariamente el desarrollo de preeclampsia, pero permite identificar a las gestantes que pueden beneficiarse de una vigilancia más estrecha y, cuando esté indicado, de estrategias preventivas específicas4,5.
Criterios diagnósticos y manifestaciones clínicas:
La preeclampsia aparece generalmente después de las 20 semanas de gestación. La hipertensión arterial se establece ante cifras de presión arterial sistólica ≥140 mmHg y/o presión arterial diastólica ≥90 mmHg, que deben ser correctamente valoradas y confirmadas según los criterios clínicos establecidos1,3. La presencia de proteinuria constituye uno de los hallazgos característicos y puede establecerse mediante una excreción de proteínas ≥0,3 g en orina de 24 horas1.
No obstante, la valoración de la gestante no debe limitarse exclusivamente a la presión arterial y la proteinuria. La aparición de alteraciones hematológicas, renales, hepáticas, neurológicas o respiratorias puede indicar una evolución hacia formas más graves de la enfermedad3,4. Entre los signos de gravedad se encuentran cifras tensionales ≥160/110 mmHg, trombocitopenia, alteración de la función renal o hepática, edema pulmonar, cefalea intensa persistente y alteraciones visuales3,4.
Las manifestaciones clínicas pueden ser muy variables. Algunas gestantes permanecen asintomáticas y la enfermedad se detecta durante los controles prenatales, mientras que otras presentan cefalea intensa, alteraciones visuales, dolor en la región epigástrica o abdominal superior, náuseas o vómitos de nueva aparición y edema de manos o cara1.
La correcta identificación de estos signos y síntomas resulta especialmente relevante para enfermería, ya que la medición de la presión arterial y la valoración clínica de la gestante constituyen herramientas fundamentales para detectar precozmente un posible empeoramiento.
Complicaciones maternas y fetales:
La evolución de la preeclampsia puede ocasionar complicaciones graves si no se detecta y trata adecuadamente. Entre las principales complicaciones maternas se encuentran la eclampsia, caracterizada por la aparición de convulsiones; el síndrome HELLP, asociado a hemólisis, elevación de enzimas hepáticas y trombocitopenia; la lesión renal y hepática, el edema pulmonar, las complicaciones neurológicas y el desprendimiento prematuro de placenta1,3.
La afectación uteroplacentaria también puede comprometer el bienestar fetal. Entre las principales consecuencias se encuentran la restricción del crecimiento fetal, la prematuridad derivada de la necesidad de finalizar precozmente la gestación y, en las situaciones más graves, la muerte fetal o perinatal1,3.
La prevención de estas complicaciones requiere una vigilancia materno-fetal estrecha y una actuación multidisciplinar adaptada a la gravedad de la enfermedad y a la edad gestacional.
Prevención:
La prevención de la preeclampsia comienza con la identificación precoz de las gestantes con factores de riesgo y con un adecuado seguimiento prenatal1,4. La medición periódica de la presión arterial, la valoración de la proteinuria y la vigilancia de posibles signos y síntomas de alarma permite detectar de forma temprana alteraciones compatibles con la enfermedad.
En las gestantes con riesgo elevado de preeclampsia, las guías recomiendan valorar la administración de ácido acetilsalicílico a dosis bajas como estrategia preventiva, siguiendo los criterios establecidos en los protocolos clínicos de referencia4,5.
La OMS también recomienda la suplementación con calcio durante el embarazo en poblaciones con baja ingesta dietética de este mineral1. Asimismo, el control adecuado de enfermedades preexistentes, especialmente la hipertensión arterial, y una atención prenatal continuada constituyen medidas fundamentales para disminuir el riesgo de complicaciones.
Tratamiento y manejo clínico:
El manejo de la preeclampsia depende principalmente de la gravedad del cuadro clínico, la edad gestacional y el estado materno-fetal1,3,4. El objetivo es prevenir la aparición de complicaciones graves y determinar el momento más adecuado para finalizar la gestación.
La vigilancia estrecha de la presión arterial y del estado materno-fetal constituye uno de los pilares del tratamiento. Cuando existe hipertensión grave, puede ser necesaria la administración de tratamiento antihipertensivo para reducir el riesgo de complicaciones maternas3,4. En los casos con preeclampsia grave, el sulfato de magnesio se utiliza para prevenir la aparición de convulsiones y la progresión a eclampsia1,3,4. La OMS señala que su administración puede reducir en más de la mitad el riesgo de eclampsia.
Cuando existe riesgo de parto prematuro pueden administrarse corticoides antenatales para favorecer la maduración pulmonar fetal1,4. No obstante, el tratamiento definitivo de la preeclampsia es la finalización de la gestación, cuyo momento debe individualizarse en función de la edad gestacional, la gravedad de la enfermedad y la situación materna y fetal3,4.
Cuidados de enfermería:
La actuación enfermera desempeña un papel fundamental en la atención de la gestante con preeclampsia, tanto en el ámbito ambulatorio como durante la hospitalización. La vigilancia sistemática permite identificar precozmente cambios en el estado materno o fetal y actuar antes de que aparezcan complicaciones graves6.
Entre los principales cuidados se incluyen el control adecuado de la presión arterial, la valoración neurológica y de los signos de gravedad, el control de la diuresis y del balance hídrico cuando esté indicado, la vigilancia materno-fetal, la administración segura del tratamiento prescrito y la valoración de los resultados analíticos3,4,6.
Entre los principales cuidados de enfermería se encuentran:
- Control de la presión arterial: realizar una medición correcta y periódica, utilizando un manguito adecuado y registrando la evolución de las cifras tensionales.
- Valoración neurológica: vigilar la aparición de cefalea persistente, alteraciones visuales, hiperreflexia, cambios en el nivel de conciencia u otros signos que puedan indicar progresión de la enfermedad.
- Valoración de signos y síntomas de gravedad: prestar especial atención al dolor epigástrico o en hipocondrio derecho, disnea, náuseas o vómitos de nueva aparición y edema de aparición brusca en cara o manos.
- Control de la eliminación urinaria: valorar la diuresis y, cuando esté indicado, realizar balance hídrico, prestando atención a una disminución de la eliminación urinaria como posible signo de afectación renal.
- Vigilancia materno-fetal: colaborar en la monitorización de la frecuencia cardiaca fetal, movimientos fetales y demás pruebas de bienestar fetal indicadas según la situación clínica.
- Administración segura del tratamiento prescrito: administrar antihipertensivos, sulfato de magnesio u otros tratamientos indicados, valorando su eficacia y vigilando posibles efectos adversos.
- Revisión de resultados analíticos: prestar especial atención a las alteraciones de la función renal y hepática, el recuento plaquetario y otros parámetros relacionados con la progresión de la enfermedad.
- Proporcionar apoyo e información: explicar los procedimientos y cuidados realizados, resolver dudas y favorecer la participación de la gestante en su proceso asistencial.
En las pacientes que reciben sulfato de magnesio, la vigilancia enfermera adquiere especial relevancia debido a la necesidad de detectar precozmente signos de toxicidad y valorar de manera continuada la situación clínica3,6. La administración debe realizarse siguiendo los protocolos establecidos y con una adecuada monitorización materna.
Educación sanitaria y signos de alarma:
La educación sanitaria constituye uno de los principales ámbitos de intervención enfermera, especialmente porque algunas mujeres con preeclampsia pueden permanecer inicialmente asintomáticas. La gestante debe recibir información clara sobre la importancia de acudir a los controles prenatales, cumplir el tratamiento prescrito y reconocer aquellos síntomas que requieren valoración sanitaria precoz1,6.
Entre los principales signos de alarma se encuentran la cefalea intensa o persistente, las alteraciones visuales, el dolor epigástrico o en la región superior del abdomen, la aparición brusca de edema facial o en las manos, las náuseas o vómitos de nueva aparición en la segunda mitad de la gestación y la dificultad respiratoria1,4.
La educación debe incluir también la importancia de no modificar ni iniciar tratamientos farmacológicos por iniciativa propia, incluido el ácido acetilsalicílico, y de seguir las recomendaciones establecidas por el equipo obstétrico4,6.
Tras el parto debe mantenerse la vigilancia de las mujeres que han presentado preeclampsia, incluyendo el control de la presión arterial y la valoración de la persistencia o aparición de síntomas. Además, debe proporcionarse información sobre el riesgo de recurrencia en futuras gestaciones y sobre el incremento del riesgo cardiovascular a largo plazo, reforzando la importancia del seguimiento posterior y de unos hábitos de vida saludables3,4.
DISCUSIÓN
La preeclampsia continúa siendo una complicación obstétrica de especial relevancia debido a su posible evolución hacia formas graves y a las repercusiones que puede ocasionar tanto en la gestante como en el feto. Los resultados de esta revisión ponen de manifiesto que la identificación precoz de los factores de riesgo, el control adecuado de la presión arterial y la vigilancia de signos y síntomas de alarma constituyen elementos fundamentales para detectar la enfermedad y prevenir su progresión. Las guías actuales recomiendan valorar el riesgo de preeclampsia desde las primeras consultas prenatales y realizar un control de la presión arterial en las sucesivas visitas durante la gestación3,4.
La valoración de la gestante debe realizarse de forma integral, ya que actualmente el diagnóstico de preeclampsia no depende exclusivamente de la presencia de hipertensión y proteinuria. La aparición de disfunción renal, hepática, hematológica o neurológica, así como determinadas alteraciones uteroplacentarias, puede permitir establecer el diagnóstico en ausencia de proteinuria3,4. Este enfoque resulta especialmente importante para evitar retrasos diagnósticos y reconocer precozmente las formas de mayor gravedad.
La prevención constituye otro aspecto relevante. La identificación de gestantes con factores de riesgo permite seleccionar aquellas que pueden beneficiarse de estrategias preventivas, entre las que destaca la administración de ácido acetilsalicílico a dosis bajas cuando esté indicado4,5. Sin embargo, las recomendaciones sobre dosis pueden variar entre organismos y protocolos, por lo que su utilización debe individualizarse y ajustarse a las guías clínicas adoptadas en cada ámbito asistencial.
En las gestantes que desarrollan preeclampsia, la vigilancia materno-fetal adquiere especial importancia. El seguimiento de las cifras tensionales, la función renal y hepática, el recuento plaquetario y el bienestar fetal permite valorar la evolución de la enfermedad y detectar posibles complicaciones3,4. La frecuencia de estos controles debe adaptarse a la gravedad del cuadro y a la situación clínica de la gestante.
En este contexto, enfermería desempeña un papel fundamental debido a su participación continuada en la atención de la gestante. La correcta medición y registro de la presión arterial, la valoración de la sintomatología, el control de la diuresis, la vigilancia materno-fetal, la administración segura del tratamiento prescrito y la detección precoz de cambios clínicos permiten contribuir activamente a la seguridad materna y fetal6. A estas intervenciones se añade la educación sanitaria, especialmente importante para que la gestante conozca los signos de alarma y comprenda la necesidad de solicitar atención sanitaria ante síntomas como cefalea intensa, alteraciones visuales o dolor intenso bajo las costillas.
La atención tampoco debe finalizar tras el nacimiento. Las mujeres que han presentado preeclampsia requieren seguimiento durante el puerperio, incluyendo vigilancia de la presión arterial y valoración de síntomas compatibles con persistencia o aparición de complicaciones. Además, haber presentado preeclampsia se asocia con un mayor riesgo de recurrencia en futuras gestaciones y con un incremento del riesgo cardiovascular a largo plazo, por lo que el seguimiento y la educación sanitaria posterior adquieren especial relevancia3,4. NICE recomienda una revisión médica a las 6-8 semanas tras el parto en todas las mujeres que han presentado preeclampsia4.
Los resultados obtenidos refuerzan, por tanto, la necesidad de un abordaje multidisciplinar en el que enfermería participe activamente tanto en la prevención y detección precoz como en la vigilancia clínica y la educación de la gestante6. La continuidad de los cuidados y una comunicación adecuada entre los diferentes niveles asistenciales resultan esenciales para proporcionar una atención segura y adaptada a las necesidades individuales de cada mujer.
CONCLUSIONES
La preeclampsia constituye una complicación potencialmente grave del embarazo que requiere una identificación y actuación precoz para reducir el riesgo de complicaciones maternas y fetales. La detección de factores de riesgo desde las primeras etapas de la gestación, junto con el control periódico de la presión arterial y la valoración de posibles signos de afectación orgánica, resulta fundamental para favorecer un diagnóstico temprano.
El manejo debe individualizarse en función de la gravedad del cuadro, la edad gestacional y el estado materno-fetal, combinando medidas preventivas, vigilancia clínica, tratamiento farmacológico cuando esté indicado y una adecuada valoración del momento de finalización de la gestación.
La enfermería desempeña un papel esencial en este proceso mediante la vigilancia de la gestante, la detección precoz de signos de alarma, la administración y monitorización segura del tratamiento y la educación sanitaria. Asimismo, la continuidad de los cuidados durante el puerperio y la promoción del seguimiento posterior resultan fundamentales para proporcionar una atención integral y mejorar la seguridad materna.
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