AUTORES
- Daniel Mariñosa Martín. Enfermero en Hospital Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Lara Blasco Polo. Enfermera pediátrica en Hospital Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Natalia Boquer Benedicto. Enfermera en Hospital Miguel Servet. Zaragoza, España.
- María López Cabrejas. Enfermera pediátrica en Hospital Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Marta Sánchez Duro. Enfermera en Hospital Miguel Servet. Zaragoza, España.
RESUMEN
Las infecciones relacionadas con catéter venoso central (CVC) constituyen una de las principales complicaciones en pacientes pediátricos críticos, con impacto directo en la morbimortalidad y en la duración de la estancia hospitalaria.
El objetivo de este trabajo es analizar los factores de riesgo y describir las estrategias prácticas de prevención desde el punto de vista enfermero en la UCI pediátrica.
La correcta manipulación del catéter, la aplicación de medidas estandarizadas y la vigilancia continua son clave para reducir la incidencia de estas infecciones.
PALABRAS CLAVE
Catéter venoso central, infección nosocomial, UCI pediátrica, seguridad del paciente, enfermería, CLABSI.
ABSTRACT
Central line-associated infections are a major complication in critically ill pediatric patients.
The aim of this study is to analyze risk factors and practical nursing strategies for prevention in the pediatric ICU.
Proper catheter handling, standardized measures, and continuous monitoring reduce infection rates.
KEY WORDS
Central venous catheter, nosocomial infection, pediatric ICU, patient safety, nursing, CLABSI.
INTRODUCCIÓN
El uso de catéteres venosos centrales forma parte del manejo habitual del paciente pediátrico crítico, permitiendo la administración de tratamientos complejos, la monitorización hemodinámica y el acceso vascular prolongado¹. Sin embargo, su utilización conlleva riesgos, siendo las infecciones relacionadas con el catéter una de las complicaciones más importantes².
En la UCI pediátrica, estas infecciones no solo aumentan la morbimortalidad, sino que prolongan la estancia hospitalaria y elevan los costes sanitarios³. A pesar de la existencia de protocolos de inserción y mantenimiento, la incidencia de bacteriemia asociada a catéter continúa siendo un indicador clave de calidad asistencial⁴.
Una de las principales dificultades radica en que muchas de estas infecciones no se originan en el momento de la inserción, sino durante el mantenimiento del dispositivo. Cada manipulación del sistema representa una oportunidad de contaminación, especialmente en pacientes que requieren múltiples accesos intravenosos a lo largo del día⁵.
Por ello, la prevención de infecciones relacionadas con el catéter depende en gran medida de la práctica diaria del personal de enfermería, que es responsable de su manipulación, mantenimiento y vigilancia continua⁶.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Un lactante de 9 meses ingresa en la UCI pediátrica por insuficiencia respiratoria grave. Se coloca un catéter venoso central para la administración de tratamiento intravenoso.
Durante los primeros días, la evolución es favorable. Sin embargo, al quinto día presenta fiebre sin foco claro. El personal de enfermería detecta un leve enrojecimiento en la zona de inserción y comunica la sospecha de infección¹.
Se realizan hemocultivos, confirmándose una bacteriemia asociada al catéter. El dispositivo es retirado y se inicia tratamiento antibiótico.
El análisis posterior identifica múltiples manipulaciones del sistema en situaciones de urgencia, sin una correcta desinfección de las conexiones, como principal factor contribuyente⁵.
El paciente evoluciona favorablemente tras la retirada del catéter.
PAPEL DE ENFERMERÍA
El personal de enfermería constituye la principal barrera de seguridad en la prevención de infecciones relacionadas con el catéter venoso central⁶.
Su actuación diaria, basada en la aplicación rigurosa de medidas de asepsia y en la vigilancia continua del paciente, resulta determinante para reducir la incidencia de estas complicaciones.
Además, la capacidad para identificar cambios precoces y comunicar sospechas permite una intervención rápida que mejora el pronóstico del paciente⁷.
DESARROLLO
El problema real: la práctica diaria:
En teoría, la prevención de infecciones asociadas a catéter se basa en la técnica estéril y en la aplicación de protocolos. Sin embargo, en la práctica clínica el problema real no suele ser un fallo puntual grave, sino la acumulación de pequeños errores repetidos a lo largo del tiempo⁵.
El catéter venoso central en un paciente pediátrico crítico puede manipularse decenas de veces al día. Cada administración de medicación, cada cambio de perfusión o cada comprobación del sistema implica una intervención directa sobre el dispositivo. En este contexto, mantener el mismo nivel de rigor en todas las manipulaciones resulta difícil, especialmente en situaciones de alta carga asistencial.
La repetición de gestos aparentemente simples, como la desinfección de conexiones, puede realizarse de forma menos cuidadosa con el paso del tiempo. Este fenómeno, unido a la rutina y a la presión asistencial, favorece la aparición de errores que, aunque individuales parecen poco relevantes, en conjunto incrementan el riesgo de infección⁶.
Además, existe una tendencia a centrar la atención en el punto de inserción del catéter, descuidando el resto del sistema. Sin embargo, la evidencia indica que la mayoría de las contaminaciones se producen a través de las conexiones y manipulaciones, más que por la piel circundante⁷.
Momentos críticos donde se producen errores:
Los errores se concentran en situaciones específicas que se repiten de forma constante en la práctica diaria. La conexión de medicación es uno de los momentos más críticos, ya que implica acceder directamente al sistema intravenoso. La desinfección insuficiente o realizada con prisa constituye uno de los fallos más frecuentes⁶.
La manipulación de llaves de tres pasos también representa un punto vulnerable. Estas estructuras acumulan múltiples accesos y, si no se mantienen correctamente, pueden actuar como reservorio de microorganismos.
Los cambios de sistemas de perfusión suponen otro momento de riesgo. Aunque están protocolizados, en la práctica pueden realizarse bajo presión asistencial o con interrupciones, lo que aumenta la probabilidad de error⁴.
Las situaciones de urgencia son especialmente críticas. En estos momentos, la prioridad es la estabilidad del paciente, lo que puede llevar a omitir pasos de asepsia. Sin embargo, es precisamente en estas situaciones donde el sistema se manipula con mayor intensidad.
Factores que favorecen la infección:
Los factores de riesgo no son únicamente clínicos. La organización del trabajo influye de forma directa en la aparición de infecciones. La sobrecarga asistencial, la fatiga y las interrupciones aumentan la probabilidad de errores en la manipulación del catéter⁸.
La variabilidad entre profesionales también juega un papel importante. Cuando no existe una estandarización clara de los procedimientos, cada profesional puede aplicar criterios distintos, lo que incrementa el riesgo.
Otro factor relevante es la duración del catéter. Cuanto más tiempo permanece insertado, mayor es el número de manipulaciones acumuladas y, por tanto, el riesgo de infección.
Estrategias que funcionan en la práctica:
Las medidas más eficaces no son complejas, pero requieren constancia. La higiene de manos antes de cualquier manipulación sigue siendo la intervención más importante¹.
La desinfección adecuada de las conexiones antes de cada acceso es fundamental. No se trata solo de aplicar el antiséptico, sino de respetar el tiempo necesario para su acción.
La reducción de manipulaciones innecesarias es otra estrategia clave. Cada acceso al sistema debe estar justificado clínicamente.
La estandarización de procedimientos permite reducir la variabilidad y mejorar la seguridad. Trabajar siempre de la misma manera facilita la detección de errores.
CONCLUSIÓN
La prevención de infecciones relacionadas con catéter venoso central en la UCI pediátrica depende fundamentalmente del manejo diario del dispositivo⁵.
La acumulación de pequeños errores en la práctica diaria constituye el principal factor de riesgo, lo que pone de manifiesto la importancia de mantener una actitud constante de vigilancia y rigor en cada manipulación⁶.
El papel del personal de enfermería es clave para garantizar la seguridad del paciente, siendo responsable de aplicar las medidas de prevención y de detectar de forma precoz cualquier signo de infección⁷.
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