- Daniel Martínez Laborda. Enfermero en Servicio Aragonés de salud. Aragón, España.
- Verónica Lucia Oviedo Ortega. Enfermera en Servicio Aragonés de salud. Aragón, España
- Alejandro Hernández González. Enfermero en Servicio Aragonés de salud. Aragón, España.
- Ariadna García Domínguez. Enfermera en Servicio Aragonés de salud. Aragón, España.
- Selena Pauliuc. Enfermera en Servicio Aragonés de salud. Aragón, España.
- Laura Ruiz Sánchez. Enfermera en Servicio Aragonés de salud. Aragón, España.
RESUMEN
Las úlceras por presión (UPP) representan una complicación frecuente en pacientes geriátricos, especialmente en aquellos con movilidad reducida. Su prevención es un pilar esencial en la atención enfermera. Este artículo describe los cuidados de enfermería orientados a la prevención de UPP en ancianos, destacando la valoración del riesgo, las intervenciones preventivas basadas en la evidencia y la educación al paciente y su entorno. La detección precoz y la actuación oportuna pueden evitar complicaciones severas y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
PALABRAS CLAVE
Úlceras por presión, prevención, ancianos.
ABSTRACT
Pressure ulcers are a common complication in geriatric patients, especially those with limited mobility. Their prevention is a cornerstone of nursing care. This article outlines nursing strategies for pressure ulcer prevention in the elderly, emphasizing risk assessment, evidence-based interventions, and patient and family education. Early detection and timely action can prevent severe complications and improve patient quality of life.
KEY WORDS
Pressure ulcers, prevention, elderly.
DESARROLLO DEL TEMA
Las úlceras por presión (UPP), también conocidas como escaras, son lesiones localizadas en la piel y el tejido subyacente, generalmente sobre prominencias óseas, como resultado de una presión prolongada o combinada con fricción. Estas lesiones son especialmente prevalentes en pacientes ancianos debido a múltiples factores asociados con el envejecimiento, como la disminución de la elasticidad de la piel, la pérdida de masa muscular, la inmovilidad, y comorbilidades crónicas como diabetes o enfermedades vasculares. Según la bibliografía, su prevalencia en instituciones geriátricas oscila entre el 10% y el 25%, lo que convierte su prevención en una prioridad para el personal de enfermería1,2.
Una estrategia preventiva eficaz se basa en una evaluación del riesgo sistemática mediante herramientas validadas como la escala de Braden, que permite identificar a los pacientes con mayor vulnerabilidad desde su ingreso. Esta escala evalúa factores como la percepción sensorial, la humedad, la actividad, la movilidad, la nutrición y la fricción o cizallamiento. Una puntuación baja indica un alto riesgo, lo que exige acciones inmediatas de prevención2.
Entre las intervenciones más relevantes destacan los cambios posturales frecuentes, idealmente cada dos horas, para aliviar la presión sobre zonas críticas como el sacro, los talones, caderas y omóplatos. Esta práctica debe registrarse y supervisar rigurosamente. Asimismo, el uso de colchones y cojines especiales, como los de aire alternante o viscoelásticos, ha demostrado reducir significativamente la incidencia de UPP3.
La integridad de la piel debe ser inspeccionada a diario (especialmente en las zonas de riesgo como prominencias óseas destacando sacro, talones y caderas), prestando especial atención a enrojecimientos persistentes, que pueden indicar el inicio de una lesión. Mantener la piel limpia y seca es fundamental, ya que la humedad favorece la maceración, así como aplicar productos barrera para protegerla de la humedad por incontinencia, o ácidos grasos hiperoxigenados como el corpitol. El uso de soluciones limpiadoras sin alcohol y el secado mediante toques suaves también forma parte de un protocolo adecuado 3.
Otro aspecto crucial es la nutrición. Un estado nutricional deficiente compromete la cicatrización y la resistencia de la piel. La suplementación proteica, la hidratación oral adecuada y el seguimiento por parte de nutricionistas deben formar parte del plan integral de cuidados. Los ancianos con desnutrición tienen hasta tres veces más riesgo de desarrollar UPP, por lo que es imprescindible abordar esta variable de manera sistemática4.
El rol educativo del personal de enfermería incluye formar al paciente y a sus cuidadores en la identificación precoz de signos de riesgo, en la importancia de los cambios posturales y en cómo mantener una adecuada higiene y nutrición. Esta actuación mejora la adherencia a las medidas preventivas y reduce la dependencia del sistema sanitario4.
Además, es importante documentar y comunicar cualquier hallazgo o cambio en la piel a los profesionales médicos, para facilitar una intervención temprana. La comunicación efectiva dentro del equipo multidisciplinario asegura una atención coordinada y centrada en el paciente.
La prevención de UPP no debe considerarse una tarea aislada, sino parte de un enfoque holístico que integra aspectos físicos, emocionales, sociales y educativos del cuidado. De esta manera, se promueve no solo la salud física del anciano, sino también su dignidad y bienestar integral5.
IMPACTO EN LA CALIDAD DE VIDA DEL PACIENTE ANCIANO:
La aparición de una úlcera por presión impacta negativamente en la salud física y emocional del paciente. Produce dolor, dependencia y aumenta el riesgo de infecciones. Además, influye en su percepción de autonomía y autoestima5.
Los cuidados de enfermería deben incluir apoyo emocional, fomentar la participación activa del paciente en su cuidado, y asegurar una comunicación clara con los familiares. Una intervención integral y humanizada mejora no solo los resultados clínicos, sino también la satisfacción del paciente y su entorno5.
CONCLUSIONES
La prevención de las úlceras por presión en pacientes ancianos requiere una actuación integral, anticipada y coordinada. Esta labor empieza evaluando el riesgo a través de herramientas validadas, como la escala de Braden, y se extiende hasta intervenciones específicas, como los cambios posturales, el uso de superficies especiales para el manejo de la presión y una vigilancia constante del estado cutáneo. Estas medidas deben adaptarse específicamente a la situación clínica de cada paciente.
Los cuidados enfermeros implican también la formación del paciente, sus cuidadores y el resto del equipo sanitario. La educación continua y la comunicación efectiva son fundamentales para fomentar la participación activa en los cuidados, promover la adherencia a las recomendaciones preventivas y reducir la dependencia de recursos hospitalarios. Además, la integración de aspectos nutricionales y emocionales en el plan de cuidados permite abordar la prevención de forma más holística, lo que se traduce en mejores resultados clínicos y mayor satisfacción del paciente y su entorno familiar.
En definitiva, la enfermería desempeña un rol central y esencial en la prevención de úlceras por presión en geriatría. Su implicación directa y constante es determinante para minimizar la incidencia de estas lesiones, resguardar la integridad física del paciente y, sobre todo, salvaguardar su calidad de vida y dignidad.
BIBLIOGRAFÍA
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- Moore ZEH, Cowman S. Risk assessment tools for the prevention of pressure ulcers. Cochrane Database Syst Rev. 2014;(2):CD006471.
- Clínica Universidad de Navarra. Cuidados en casa: úlceras por presión [Internet]. s.f. [citado 26 jul 2025] Disponible en: https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/cuidados-casa/ulceras-presion
- Donini LM, De Felice MR, Tagliaccica A, De Bernardini L, Cannella C. Nutritional status and evolution of pressure sores in geriatric patients. J Nutr Health Aging. 2005;9(6):446–454.
- González Huergo CM. Impacto psicológico de las úlceras por presión: ¿Cuáles son las intervenciones enfermeras para paliarlo? NPunto [Internet]. Vol. IV, núm. 38, 2021. Disponible en: https://www.npunto.es/revista/38/impacto-psicologico-de-las-ulceras-por-presion-cuales-son-las-intervenciones-enfermeras-para-paliarlo