- Irene Ara Bielsa. Médico Interno Residente de Medicina Familiar y Comunitaria, Sector III Zaragoza. Centro de Salud Delicias Sur. Zaragoza, España.
- Blanca Asunción Macías Lusilla. Médico Interno Residente de Medicina Familiar y Comunitaria, Sector III Zaragoza. CS. Miralbueno-Garrapinillos. Zaragoza España.
- Belén Gayán Benedet. Médico Interno Residente de Medicina Familiar y Comunitaria, Sector III Zaragoza. CS. Delicias Norte. Zaragoza España.
- Lucía Cásedas Aguarón. Médico Interno Residente de Medicina Familiar y Comunitaria, Sector III Zaragoza. CS. Univérsitas. Zaragoza España.
- Isabel Bellostas Campello. Médico Interno Residente de Medicina Familiar y Comunitaria, Sector III Zaragoza. CS. Univérsitas. Zaragoza España.
- Marina Merino Rodríguez. Médico Interno Residente de Medicina Familiar y Comunitaria, Sector III Zaragoza. Centro de Salud Delicias Sur. Zaragoza, España.
RESUMEN
El síndrome de dolor regional complejo (SDRC), anteriormente denominado síndrome de Sudeck, es una entidad poco frecuente caracterizada por dolor persistente y desproporcionado al estímulo desencadenante, asociado a alteraciones sensoriales, autonómicas y motoras. Aunque clásicamente se relaciona con traumatismos o intervenciones quirúrgicas, existen otros desencadenantes menos habituales como procedimientos cutáneos menores.
Se presenta el caso de una mujer de 35 años que desarrolló un SDRC tipo I tras la realización de un tatuaje en el antebrazo en condiciones no higiénicas, fuera de un estudio profesional. El cuadro cursó con dolor urente e inflamación local inicial, evolucionando posteriormente hacia un dolor neuropático persistente refractario a tratamiento con antiinflamatorios no esteroideos y neuromoduladores. La paciente presentó una clara mejoría clínica tras la instauración de corticoterapia sistémica con prednisona en pauta descendente.
Este caso pone de manifiesto la necesidad de considerar el SDRC en el diagnóstico diferencial del dolor persistente tras tatuajes y resalta la importancia del tratamiento precoz con corticoides en fases inflamatorias iniciales.
PALABRAS CLAVE
Síndrome de dolor regional complejo, dolor neuropático, tatuajes.
ABSTRACT
Complex regional pain syndrome (CRPS), formerly known as Sudeck syndrome, is a rare condition characterized by persistent pain disproportionate to the initial triggering event, associated with sensory, autonomic, and motor disturbances. Although it is classically related to trauma or surgical procedures, other less common triggers such as minor cutaneous interventions have been described.
We report the case of a 35-year-old woman who developed CRPS type I following a tattoo performed on the forearm under non-sterile conditions outside a professional studio. The initial presentation included burning pain and local inflammation, subsequently evolving into persistent neuropathic pain refractory to non-steroidal anti-inflammatory drugs and neuromodulators. A clear clinical improvement was achieved after initiating systemic corticosteroid therapy with tapering doses of prednisone.
This case highlights the importance of considering CRPS in patients with persistent pain after tattooing and supports the role of early corticosteroid treatment during inflammatory stages.
KEY WORDS
Complex regional pain syndrome, neuropathic pain, tattoos.
INTRODUCCIÓN
El síndrome de dolor regional complejo (SDRC) es una patología de etiología multifactorial caracterizada por dolor regional continuo, generalmente localizado en extremidades, que resulta desproporcionado en relación con el estímulo inicial. Se acompaña de alteraciones sensoriales, vasomotoras y, en ocasiones, cambios tróficos y limitación funcional 1,2.
Su diagnóstico es fundamentalmente clínico y se basa en los criterios de Budapest, requiere dolor crónico en una extremidad por más de 3 meses, con al menos un síntoma en tres de cuatro categorías (sensitiva, vasomotora, sudomotora/edema, motora/trófica) y al menos un signo objetivo en dos de esas categorías, excluyendo otras causas1,2.
El tratamiento se basa un enfoque multidisciplinario, centrado en rehabilitación física y ocupacional temprana, educación, analgesia multimodal (incluyendo AINEs, corticosteroides orales en fases agudas, bisfosfonatos, y en casos seleccionados antidepresivos tricíclicos o inhibidores de recaptura de serotonina-noradrenalina), y apoyo psicológico1,3,4.
Aunque los desencadenantes más frecuentes incluyen traumatismos, fracturas o cirugías, se han descrito casos asociados a procedimientos cutáneos menores como inyecciones, venopunciones o intervenciones dermatológicas. El tatuaje constituye una agresión repetida de la piel que puede inducir una respuesta inflamatoria intensa, especialmente cuando se realiza en condiciones no higiénicas, pudiendo actuar como desencadenante de esta entidad5,6.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Historia actual:
Mujer de 35 años, sin antecedentes médicos de interés, que acude a consulta de Atención Primaria por dolor intenso en antebrazo derecho tras la realización reciente de un tatuaje. La paciente refiere que el tatuaje fue realizado en un domicilio particular, fuera de un estudio profesional, por una persona no acreditada, utilizando material y tintas de origen desconocido y en condiciones higiénicas deficientes, motivado por un coste económico reducido.
A los pocos días del procedimiento, comienza con dolor intenso de carácter urente, sensación de ardor continuo e inflamación local progresiva en la zona tatuada, sin fiebre ni síntomas sistémicos asociados. Inicialmente se pauta tratamiento con curas locales y aplicación tópica de betametasona asociada a gentamicina, con mejoría parcial de la inflamación cutánea superficial.
No obstante, en las semanas posteriores persiste un dolor intenso, continuo y desproporcionado al estímulo inicial, con características neuropáticas (ardor, hiperalgesia y molestia al roce), asociado a limitación funcional del miembro afecto, sin signos clínicos de infección activa ni traumatismo asociado que justificaran la persistencia de la clínica.
Exploración física:
En la exploración física destaca leve tumefacción del antebrazo derecho en la zona del tatuaje, con hipersensibilidad marcada a la palpación superficial y al roce, sin signos de fluctuación, supuración ni celulitis activa. No se objetivan cambios de coloración llamativos ni lesiones cutáneas abiertas. Pulsos periféricos conservados, relleno capilar normal y movilidad articular preservada, aunque limitada por el dolor.
Pruebas complementarias:
Ante la persistencia del dolor, la ausencia de mejoría con el tratamiento inicial y el antecedente de realización del tatuaje en condiciones no controladas, se decidió ampliar el estudio mediante la solicitud de pruebas complementarias con el objetivo de descartar complicaciones infecciosas, estructurales u óseas, así como posibles infecciones de transmisión sanguínea asociadas al uso de material potencialmente no estéril. Se realizó una radiografía simple de antebrazo derecho, que no mostró alteraciones óseas ni signos de fractura, periostitis o calcificaciones patológicas, sin hallazgos relevantes en partes blandas. Asimismo, se solicitó una analítica sanguínea completa, que incluyó hemograma, bioquímica y estudio de coagulación, no evidenciándose leucocitosis, desviación izquierda ni alteraciones en los parámetros renales, hepáticos o de la coagulación. Dado el contexto de riesgo biológico, se completó el estudio con serologías frente a virus de transmisión sanguínea, incluyendo virus de la hepatitis B, virus de la hepatitis C y VIH, resultando todas ellas negativas. Finalmente, la normalidad de las pruebas complementarias permitió descartar patología infecciosa, estructural u ósea, reforzando la sospecha clínica de un síndrome de dolor regional complejo.
Impresión diagnóstica y tratamiento:
Ante la persistencia de dolor intenso, de características neuropáticas, desproporcionado al desencadenante inicial, con exploración física y pruebas complementarias sin hallazgos estructurales o infecciosos, se plantea la sospecha clínica de síndrome de dolor regional complejo secundario a tatuaje.
Inicialmente se instaura tratamiento con antiinflamatorios no esteroideos, sin respuesta clínica significativa. Posteriormente se añade tratamiento con pregabalina, sin mejoría del dolor.
Dada la evolución tórpida y la sospecha de un mecanismo inflamatorio predominante en fase precoz, se inicia tratamiento con prednisona oral a dosis de 30 mg/día, en pauta descendente progresiva durante un periodo aproximado de 2-3 semanas, observándose una clara mejoría clínica, con disminución progresiva del dolor, reducción de la hipersensibilidad y recuperación funcional del miembro afecto, sin recurrencias posteriores.
DISCUSIÓN
El síndrome de dolor regional complejo (SDRC) es una entidad clínica infrecuente y de etiología multifactorial, caracterizada por dolor persistente y desproporcionado en relación con el estímulo desencadenante. Aunque clásicamente se ha asociado a traumatismos mayores, fracturas o procedimientos quirúrgicos, también se ha descrito su aparición tras agresiones tisulares menores.
En la literatura médica existen casos documentados en los que el SDRC se ha presentado tras la realización de un tatuaje7, sin embargo, estos son extremadamente raros y se describen únicamente de forma anecdótica. Las revisiones exhaustivas sobre complicaciones médicas asociadas a tatuajes identifican principalmente reacciones inflamatorias locales, infecciones cutáneas y fenómenos inmunológicos, mientras que el SDRC se menciona únicamente como una posible complicación excepcional tras procedimientos cutáneos, sin que existan series de casos ni estudios sistemáticos que analicen esta asociación de forma específica5,6.
Desde un punto de vista fisiopatológico, el SDRC puede desencadenarse tras un traumatismo físico, incluso cuando este es mínimo. El tatuaje implica múltiples microtraumatismos cutáneos repetidos que pueden inducir una respuesta inflamatoria local intensa, liberación de mediadores proinflamatorios y activación de vías nociceptivas periféricas. En individuos susceptibles, este estímulo podría actuar como desencadenante del SDRC, de manera similar a lo descrito tras otros procedimientos menores como inyecciones, venopunciones o pequeñas intervenciones dermatológicas. No obstante, la evidencia disponible se limita a informes aislados, sin que pueda establecerse una relación causal clara ni una prevalencia significativa de SDRC tras la realización de tatuajes5,6.
En el caso presentado, la evolución clínica con dolor urente persistente, hipersensibilidad cutánea y ausencia de hallazgos estructurales, infecciosos o analíticos que justificaran la sintomatología, junto con la respuesta favorable a la corticoterapia sistémica, es compatible con un SDRC tipo I en fase inflamatoria. La normalidad de las pruebas complementarias refuerza el carácter clínico del diagnóstico y pone de manifiesto la importancia de considerar esta entidad incluso en ausencia de hallazgos objetivos.
CONCLUSIÓN
La aparición de SDRC tras un tatuaje se encuentra descrita en la literatura médica únicamente como casos aislados y no constituye una complicación frecuente ni bien caracterizada. La mayoría de las complicaciones relacionadas con los tatuajes son de naturaleza dermatológica o infecciosa. No obstante, el SDRC debe considerarse como una posibilidad excepcional en pacientes que presentan dolor crónico desproporcionado tras un tatuaje, especialmente cuando este se ha realizado en condiciones no controladas y la evolución clínica es atípica.
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