Protocolo multidisciplinar para la prevención de lesiones por presión y la continuidad asistencial en pacientes hospitalizados en una unidad de medicina interna

16 julio 2026

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.42.78.001

 

AUTORES

  1. Lucía Cantón Ramos. Enfermera. Complejo Asistencial Universitario de León. España
  2. Avelina Cachón Villadangos. TCAE. Complejo Asistencial Universitario de León. España
  3. Javier Francisco Merillas Alija. Administrativo. Complejo Asistencial Universitario de León. España.

 

RESUMEN

Las lesiones por presión (LPP) continúan siendo uno de los eventos adversos más frecuentes y prevenibles en el ámbito hospitalario, especialmente en pacientes de edad avanzada, inmovilizados o con múltiples comorbilidades. Su aparición se asocia a un aumento de la morbimortalidad, de la estancia hospitalaria y del consumo de recursos sanitarios, por lo que su prevención constituye un indicador de calidad y seguridad de los cuidados.

Diseñar un protocolo multidisciplinar para la prevención de lesiones por presión en pacientes hospitalizados en una unidad de Medicina Interna, basado en la evidencia científica, que unifique la actuación de enfermería, Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE), personal médico y administrativo, garantizando una valoración precoz, la implantación de medidas preventivas individualizadas y la continuidad asistencial.

Se diseñó un protocolo asistencial dirigido a pacientes ingresados en una unidad de Medicina Interna, estructurado desde el ingreso hasta el alta hospitalaria. Incluye una valoración clínica integral, la utilización de escalas validadas como Braden, Downton y Barthel, la aplicación de medidas preventivas individualizadas, el registro estandarizado en la historia clínica electrónica y la educación del paciente y de su red de apoyo.

El protocolo propuesto favorece una atención multidisciplinar, coordinada y centrada en la persona, promoviendo la estandarización de los cuidados, la continuidad asistencial y la participación del paciente y de sus cuidadores. Su implantación podría contribuir a mejorar la calidad y la seguridad de los cuidados, así como a disminuir la incidencia de lesiones por presión en pacientes hospitalizados.

PALABRAS CLAVE

Úlcera por presión, hospitalización, enfermería, seguridad del paciente, continuidad asistencial.

ABSTRACT

Pressure injuries (PIs) remain one of the most common and preventable adverse events in hospitalized patients, particularly among older adults, individuals with impaired mobility and those with multiple chronic conditions. Their occurrence is associated with increased morbidity, prolonged hospital stay and higher healthcare costs, making their prevention a key indicator of quality of care and patient safety.

To design a multidisciplinary protocol for the prevention of pressure injuries in patients admitted to an Internal Medicine unit, based on scientific evidence, aimed at standardizing the actions of nurses, nursing care assistants (NCAs), physicians and administrative staff while ensuring early assessment, individualized preventive measures and continuity of care.

A clinical protocol was developed for patients admitted to an Internal Medicine unit, covering the entire care process from hospital admission to discharge. The protocol includes comprehensive patient assessment, the use of validated risk assessment tools such as the Braden, Downton and Barthel scales, individualized preventive interventions, standardized electronic health record documentation and education for patients and caregivers.

The proposed protocol promotes coordinated multidisciplinary care focused on the individual patient, encouraging standardized clinical practice, continuity of care and active involvement of patients and caregivers. Its implementation may improve the quality and safety of care while reducing the incidence of pressure injuries in hospitalized patients.

KEY WORDS

Pressure ulcer, hospitalization, nursing, patient safety, continuity of patient care.

INTRODUCCIÓN

Las lesiones por presión (LPP) constituyen uno de los eventos adversos más frecuentes y, en gran medida, prevenibles en el ámbito hospitalario. Se definen como lesiones localizadas en la piel y/o en los tejidos subyacentes, generalmente sobre una prominencia ósea o relacionadas con un dispositivo sanitario, como consecuencia de una presión mantenida o de la combinación de presión y cizallamiento.

Su aparición no solo incrementa la morbimortalidad y prolonga la estancia hospitalaria, sino que también repercute negativamente en la calidad de vida de los pacientes, aumentando el dolor, el riesgo de infección y el consumo de recursos sanitarios. Debido a ello, las LPP se consideran actualmente un importante indicador de la calidad de los cuidados enfermeros y de la seguridad del paciente, siendo su prevención una prioridad para los sistemas sanitarios1.

El desarrollo de lesiones por presión es un proceso multifactorial en el que intervienen factores intrínsecos y extrínsecos del paciente. Entre los principales factores de riesgo destacan la edad avanzada, la inmovilidad o movilidad reducida, la incontinencia urinaria o fecal, la desnutrición, la disminución del nivel de conciencia, las enfermedades neurológicas, la diabetes mellitus y otras patologías crónicas que comprometen la perfusión tisular o la integridad cutánea2.

La identificación precoz de estos factores mediante una valoración integral y el empleo de escalas validadas, como la escala de Braden, permiten establecer medidas preventivas adaptadas a las necesidades de cada paciente. Sin embargo, la evidencia científica coincide en que ninguna herramienta sustituye al juicio clínico de los profesionales sanitarios, siendo imprescindible una valoración continuada y un abordaje individualizado para reducir la incidencia de estas lesiones3.

La prevención de las lesiones por presión requiere una actuación coordinada y continuada de todos los profesionales implicados en la atención al paciente. Enfermería desempeña un papel fundamental en la valoración del riesgo, la planificación de los cuidados y la reevaluación periódica, mientras que los Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE), por su contacto directo y continuado con el paciente durante la higiene, la movilización y los cuidados básicos, constituyen una pieza clave para la detección precoz de alteraciones cutáneas y la aplicación de medidas preventivas.

Del mismo modo, la adecuada documentación clínica y la correcta gestión de la información favorecen la continuidad asistencial entre los diferentes niveles del sistema sanitario, evitando la pérdida de información relevante tras el alta hospitalaria.

A pesar de la existencia de recomendaciones clínicas ampliamente aceptadas, la aplicación de las medidas preventivas continúa presentando una importante variabilidad en la práctica asistencial, especialmente en unidades con elevada carga de trabajo y pacientes de alta complejidad, como Medicina Interna. En este contexto, disponer de un protocolo multidisciplinar basado en la evidencia científica puede contribuir a unificar los criterios de actuación, facilitar la toma de decisiones clínicas y reforzar la continuidad de los cuidados desde el ingreso hasta el alta hospitalaria.

Por ello, el presente trabajo propone un protocolo de actuación que integra la valoración clínica, la prevención individualizada, el registro estandarizado y la participación activa del paciente y su red de apoyo, con el objetivo de mejorar la calidad y la seguridad de los cuidados2.

OBJETIVOS

General: Diseñar un protocolo multidisciplinar de prevención de lesiones por presión (UPP) en pacientes hospitalizados en una unidad de Medicina Interna, basado en la evidencia que permita unificar la actuación de enfermería, Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE) y personal administrativo garantizando una valoración precoz y la implementación de medidas preventivas individualizadas.

Específicos: Estandarizar la valoración inicial mediante una evaluación integral del paciente, complementadas con escalas validadas y el juicio clínico del equipo de enfermería y TCAE.

Establecer medidas preventivas adaptadas al nivel de riesgo de cada paciente, incluyendo los cuidados de la piel, cambios posturales individualizados y superficies especiales para el manejo de la presión.

Favorecer el trabajo multidisciplinar, definiendo las funciones y responsabilidades de enfermeria, TCAE y personal administrativo para garantizar una actuación coordinada y mantener la continuidad asistencial.

METODOLOGÍA

Diseño del protocolo:

Se diseño un protocolo asistencial multidisciplinar dirigido a la prevención de UPP en pacientes hospitalizados en una unidad de Medicina Interna.

El protocolo integra actuaciones coordinadas entre enfermería, TCAE, personal médico y administrativo, con el objetivo de estandarizar la valoración inicial, las medidas preventivas, el registro clínico y la continuidad asistencial.

Ámbito de aplicación:

El protocolo está diseñado para su implementación en unidades de Medicina Interna de ámbito hospitalario, pero puede adaptarse a otros entornos asistenciales como centros sociosanitarios o residencias de mayores en los que se encuentren residentes con riesgo de desarrollar UPP.

Su aplicación comenzará en el momento del ingreso hospitalario sea cual sea su patología de ingreso y se mantendrá más allá del alta del paciente garantizando así la continuidad asistencial entre los diferentes niveles asistenciales.

Población diana:

Está dirigido a todos los pacientes ingresados en una unidad de Medicina Interna, prestando especial atención a los pacientes que tienen alto riesgo por sus condiciones de desarrollar UPP ya sea por edad avanzada, deterioro cognitivo, incontinencia, malnutrición, enfermedades neurológicas o patologías crónicas que comprometan la integridad cutánea (diabetes, hipertensión arterial o enfermedad renal crónica)4.

Variables:

Durante la valoración inicial se recogerán variables sociodemográficas y clínicas incluyendo edad, antecedentes personales relevantes, movilidad, estado nutricional, continencia, integridad cutánea y presencia de factores de riesgo asociados.

Asimismo, se realizará una valoración funcional mediante las escalas de Braden (Anexo I), Downton y en mayores de 75 años, Barthel complementando siempre los resultados obtenidos con el juicio clínico de enfermeria y del TCAE para establecer el nivel de riesgo y planificar las medidas preventivas más adecuadas5,6.

Consideraciones éticas:

La aplicación del protocolo respetará los principios de autonomía justicia, beneficencia, no maleficencia y confidencialidad.

Todas las actuaciones quedarán registradas en la historia clínica electrónica (HCE), garantizando la protección de los datos personales y favoreciendo la continuidad asistencial entre los distintos niveles (7) .

DESARROLLO DEL PROTOCOLO

Recepción y valoración integral del paciente:

La prevención de las UPP comienza desde el momento del ingreso hospitalario y no con la aplicación de una escala de valoración. Por ello, el primer contacto con el paciente debe orientarse a realizar una valoración integral que permita identificar de forma precoz los factores de riesgo, planificar los cuidados individualizados y garantizar una atención segura y de calidad desde que el paciente es hospitalizado.

Tras la recepción del paciente en la unidad, el equipo de enfermería realizará la entrevista inicial, recogiendo la información clinica necesaria incluyendo antecedentes personales, tratamiento habitual, alergias, hábitos de vida, situación funcional y valoración según 14 necesidades de Virginia Henderson8.

Asimismo, se registrarán constantes vitales y resto de parámetros clínicos que permitan crear un plan de cuidados de enfermería, priorizando en todo momento la estabilidad del paciente cuando la situación clínica requiera una actuación urgente.

De forma simultánea, el TCAE realizará la acogida del paciente en la habitación facilitándole la ropa hospitalaria y explicando el funcionamiento básico de la unidad.

Durante este proceso, y siempre respetando la intimidad, dignidad y autonomía del paciente, llevará a cabo una inspección inicial del estado de la piel, prestando especial atención a las prominencias óseas y a aquellas zonas con mayor riesgo de desarrollar lesiones por presión. En pacientes con autonomía conservada, se fomentará su participación para preservar la privacidad9.

Una vez obtenida toda la información clínica y realizada la valoración directa del paciente, enfermería y TCAE compartirán los hallazgos obtenidos y completarán la valoración del riesgo mediante escalas. No obstante, cabe recalcar, los resultados de dichas escalas complementarán, pero nunca sustituirán el juicio clínico de los profesionales, que siempre será el principal criterio a la hora de establecer el riesgo y planificar las medidas preventivas más adecuadas individualizadas.

Clasificación del riesgo y planificación de los cuidados preventivos:

Una vez finalizada la valoración inicial, el paciente puede ser clasificado en un nivel de riesgo (leve, moderado, alto o muy alto), teniendo en cuenta no solo la puntuación obtenida en las escalas de valoración, sino también el juicio clínico conjunto de enfermería y del TCAE.

Esta clasificación permitirá individualizar las intervenciones preventivas y adaptar los cuidados a las necesidades reales de cada paciente, evitando la aplicación solo de medidas estandarizadas que no respondan a su situación clínica.

La planificación de los cuidados deberá iniciarse de forma inmediata tras la clasificación del riesgo, estableciendo un plan preventivo individualizado que va a incluir las intervenciones necesarias para mantener la integridad cutánea, reducir la presión mantenida sobre las prominencias óseas y minimizar todos aquellos factores que favorezcan la aparición de esas lesiones. La distribución de las medidas preventivas según el nivel de riesgo se recoge en la Tabla 14.

Toda la información obtenida durante la valoración inicial, asi como el nivel de riesgo que se le ha asignado y las medidas instauradas, quedarán registradas en la HCE.

El personal administrativo colaborará en la correcta incorporación y organización de esta documentación, favoreciendo así la trazabilidad de la informacion y mejorar la continuidad asistencial entre AP y especializada.

Medidas preventivas según el nivel de riesgo:

Una vez establecido el nivel de riesgo, se pondrán en marcha de forma inmediata las medidas preventivas necesarias, adaptándolas a las características clínicas y funcionales de cada paciente. Todas las actuaciones serán individualizadas y se revisarán periódicamente, pudiendo ser modificadas en función de la evolución clinica y del juicio conjunto de enfermeria y de TCAE.

La integridad cutánea será valorada diariamente durante la estancia hospitalaria, prestando especial atención a las prominencias óseas y a aquellas zonas sometidas a presión, fricción o humedad. El TCAE, durante los cuidados de higiene desempeñará un papel fundamental en la detección precoz de alteraciones cutáneas, comunicando inmediatamente cualquier hallazgo a enfermeria para su valoración conjunta3.

Tras cada higiene se mantendrá la piel limpia, seca e hidratada, aplicando los productos preventivos establecidos por protocolo de cada centro hospitalario especialmente importante en los pacientes con movilidad reducida, incontinencia o riesgo elevado de desarrollar las UPP. La presencia de un eritema persistente, alteraciones de la integridad cutánea o cualquier signo sugestivo de lesión requerirá una reevaluación inmediata del paciente y la actualización del plan de cuidados.

Los cambios posturales constituirán una de las principales medidas preventivas y se establecerán de forma individualizada según varios parámetros: estado clínico, capacidad funcional y la tolerancia de cada paciente. Siempre que la situación lo permita, se fomentará la movilización precoz y la participación activa del propio paciente en sus cuidados.

En pacientes con movilidad reducida o encamados, enfermeria y TCAE determinarán conjuntamente la frecuencia de los cambios posturales, evitando mantener posiciones prolongadas que incrementan la presión sobre las prominencias óseas10.

La planificación de dichas movilizaciones podrá registrarse mediante un reloj de cambios posturales (Anexo IV), facilitando la continuidad de los cuidados entre los diferentes turnos.

La necesidad de utilizar superficies especiales para el manejo de la presión será valorada de forma individualizada según el nivel de riesgo y la evolución clínica de cada paciente.

Cuando esté indicado, podrán emplearse colchón de redistribución de la presión (colchones antiescaras), taloneras u otros dispositivos preventivos destinados a disminuir la carga sobre las zonas de mayor riesgo11.

Del mismo modo, la utilización de apósitos preventivos se reservará para aquellos pacientes con riesgo elevado o muy elevado, o cuando existan signos iniciales de compromiso cutáneo, sin que emplear este tipo de apósitos sustituya en ningun caso al resto de medidas preventivas.

La prevención de las UPP requiere un abordaje integral que contemple otros factores capaces de comprometer la integridad cutánea, como el estado nutricional, la hidratación, la continencia o determinadas patologías crónicas. Cuando durante la valoración inicial o el seguimiento se detecten alteraciones que requieran una intervención específica, enfermeria lo comunicará al equipo médico para valorar conjuntamente las medidas terapéuticas más adecuadas.

Registro clínico y continuidad asistencial:

Todas las actuaciones realizadas durante la hospitalización deberán quedar registradas de forma clara, estructurada y actualizadas en la HCE. Enfermería documentará la valoración inicial, el nivel de riesgo, las medidas preventivas instauradas y las sucesivas reevaluaciones, mientras que el TCAE registrará aquellas actuaciones relacionadas con cuidados básicos, movilizaciones programadas y las incidencias que se observen durante la higiene o los cambios posturales, conforme a la organización y procedimientos establecidos dentro de cada centro.

El personal administrativo desempeñará un papel esencial en la organización y gestión de la documentación clínica, verificando que la información relevante quede correctamente incorporada a la HCE y a los informes de continuidad asistencial. Su labor favorecerá la trazabilidad de los cuidados y facilitará el intercambio de información entre los diferentes niveles asistenciales, contribuyendo a una atención más segura y coordinada.

En el momento de alta hospitalaria e informe de continuidad de cuidados deberá reflejar el riesgo de desarrollar UPP, el estado actual de la piel, las medidas preventivas instauradas durante el ingreso y las recomendaciones para su mantenimiento o en el domicilio o en el centro sociosanitario de destino.

En pacientes con riesgo alto o muy alto, se promoverá la continuidad asistencial con enfermería de AP o con el equipo sanitario responsable del centro residencia garantizando la continuidad de los cuidados y minimizando el riesgo de aparición de nuevas lesiones.

Educación para la salud y participación del paciente y su red de apoyo:

La prevención de las UPP no finaliza con el alta hospitalaria, por lo que la educación para la salud constituye una parte esencial del protocolo. Desde el ingreso, el paciente y, cuando sea necesario, su familia o cuidadores principales serán considerados participantes activos dentro del plan de cuidados de enfermería, favoreciendo su implicación en aquellas medidas preventivas que puedan mantenerse tras la hospitalización.

El TCAE, por su contacto continuo con el paciente durante los cuidados básicos, desempeñará un papel fundamental en la educación práctica de los cuidadores, enseñado técnicas seguras de movilización, realización de cambios posturales, correcta colocación de almohadas y dispositivos de descarga, así como las medidas básicas para el cuidado diario de la piel. Estas recomendaciones contribuirán tanto a prevenir la aparición de UPP como a reducir el riesgo de lesiones musculoesqueléticas en los propios cuidadores12.

Enfermería reforzará esta educación sanitaria resolviendo dudas, individualizando las recomendaciones según las características de cada paciente y proporcionando información sobre los signos de alarma que requiere valoración sanitaria, como la aparición de enrojecimiento persistente, pérdida de integridad cutánea o cualquiera otra alteración sugestiva de UPP.

Asimismo, en pacientes con riesgo elevado, se facilitará la continuidad asistencial con AP o con el centro sociosanitario correspondiente para garantizar el seguimiento de las medidas preventivas iniciadas en el ingreso.

DISCUSIÓN

La prevención de las lesiones por presión continúa siendo uno de los principales indicadores de calidad de los cuidados enfermeros y un reto para los equipos asistenciales, especialmente en pacientes de edad avanzada, con movilidad reducida o pluripatología. El presente protocolo propone un modelo de actuación multidisciplinar que integra la valoración clínica, la aplicación de medidas preventivas individualizadas y el registro estandarizado de los cuidados, favoreciendo una atención más segura y homogénea, en consonancia con las recomendaciones internacionales sobre prevención de lesiones por presión13.

Uno de los principales aspectos diferenciales de este protocolo es la participación coordinada de enfermería, TCAE y personal administrativo, reconociendo el papel específico de cada profesional dentro del proceso asistencial. Asimismo, se incorpora la participación activa del paciente y de su red de apoyo, reforzando la continuidad de los cuidados tras el alta hospitalaria y favoreciendo la prevención de nuevas lesiones tanto en el domicilio como en los centros sociosanitarios.

Como principal limitación, este trabajo corresponde al diseño de un protocolo asistencial, por lo que será necesaria su futura implantación y evaluación para analizar su impacto sobre la incidencia de lesiones por presión, la calidad de los cuidados y la continuidad asistencial entre los distintos niveles del sistema sanitario.

CONCLUSIONES

El presente protocolo propone un modelo multidisciplinar para la prevención de las lesiones por presión que sitúa al paciente en el centro de los cuidados y promueve una actuación coordinada entre enfermería, (TCAE), personal médico y administrativo.

Su aplicación favorece una valoración integral desde el momento del ingreso, la implantación de medidas preventivas individualizadas y el registro estandarizado de los cuidados.

Asimismo, incorpora la participación del paciente y de su red de apoyo, reforzando la continuidad asistencial tras el alta hospitalaria y facilitando la transferencia de información entre los distintos niveles asistenciales. La implantación de este protocolo podría contribuir a mejorar la calidad y la seguridad de los cuidados, reducir la incidencia de lesiones por presión y unificar los criterios de actuación entre los profesionales implicados.

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TABLA 1: CLASIFICACIÓN DEL RIESGO Y MEDIDAS PREVENTIVAS

NIVEL DE RIESGO VALORACIÓN CLÍNICA MEDIDAS PREVENTIVAS RECOMENDADAS
Leve Paciente independiente o con movilidad ligeramente reducida. Sin alteraciones cutáneas Reevaluación c/48 horas. Vigilancia diaria de la piel e hidratación cutánea. Fomentar la movilización y deambulación.

Educación sanitaria

Moderado Movilidad reducida, factores de riesgo asociados (edad avanzada, diabetes, incontinencia) sin lesiones cutáneas Todas las medidas anteriores + cambios posturales individualizados, protector cutáneo según el protocolo del centro, vigilancia estrecha de todas las prominencias óseas. Valorar necesidad de superficies especiales si precisa
Alto Paciente encamado o con importante limitación funcional. Eritema persistente o elevado riesgo de deterioro cutáneo Todas las medidas anteriores + colchón de redistribución de la presión cuando esté indicado, taloneras, apósitos preventivos en zonas de riesgo, reevaluación frecuente y registro exhaustivo.
Muy alto Paciente con inmovilidad mantenida, múltiples factores de riesgo o deterioro importante de la integridad cutánea Plan preventivo intensivo e individualizado. Vigilancia continua de la piel, cambios posturales según tolerancia clínica, dispositivos de alivio de presion, coordinación multidisciplinar y continuidad asistencial al alta.

 

ANEXO I: ESCALA DE BRADEN (3)

 

ANEXO II: HOJA DE VALORACIÓN INICIAL DEL PACIENTE CON RIESGO DE UPP

 

ANEXO III: ALGORITMO DEL PROTOCOLO

 

ANEXO IV: RELOJ DE CAMBIOS POSTURALES

 

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