Reanimación cardiopulmonar básica y avanzada en el adulto y en el niño en anestesia y cuidados críticos

29 noviembre 2025

 

AUTORES

  1. Carlos Moreno Gálvez. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  2. Ignacio Ladrero Paños. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  3. Laura Morales Blasco. Médico Interno Residente. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  4. Mario Martínez Fleta. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  5. Alejandra Ruiz Colodrero. Médico Interno Residente. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  6. Alicia Viñas Barros. Médico Interno Residente, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

La reanimación cardiopulmonar (RCP), en sus formas básica (RCP-B) y avanzada (RCP-A), es una intervención crítica frente al paro cardiorrespiratorio, tanto en adultos como en niños. En el entorno anestésico y en la unidad de cuidados intensivos (UCI), su aplicación debe ser rápida, sistematizada y basada en la evidencia. Este documento revisa la historia, fundamentos fisiopatológicos, clasificación, factores de riesgo, diagnóstico, tratamiento y pronóstico de la RCP-B y RCP-A, considerando sus diferencias según la edad y el contexto asistencial. Se destacan los ritmos cardíacos iniciales (desfibrilables y no desfibrilables), las causas reversibles (5H/5T), y la importancia de las maniobras de alta calidad para mejorar el retorno de la circulación espontánea (ROSC) y la supervivencia neurológicamente intacta. En anestesia, la RCP se ve influida por fármacos anestésicos, monitorización avanzada y patologías perioperatorias. En UCI, el abordaje etiológico simultáneo y el uso de tecnologías como ECMO son relevantes. En pediatría, las causas respiratorias predominan, lo que requiere énfasis en la oxigenación precoz. La administración de adrenalina, desfibrilación precoz y la hipotermia terapéutica post-ROSC son pilares terapéuticos. A pesar de los avances, las tasas de supervivencia siguen siendo limitadas, por lo que la formación continua, la simulación clínica y la adherencia a las guías internacionales (AHA, ERC) son claves. Esta revisión busca servir como herramienta de actualización para anestesiólogos, intensivistas y profesionales implicados en el soporte vital avanzado y la atención al paciente crítico.

PALABRAS CLAVE

Reanimación cardiopulmonar, cuidados críticos, anestesia.

ABSTRACT

Cardiopulmonary resuscitation (CPR), both basic (BLS) and advanced (ALS), is a critical intervention in cardiac arrest management, for both adult and pediatric patients. In anesthesiology and intensive care settings, its execution must be prompt, systematic, and evidence-based. This review explores the history, pathophysiological basis, classification, risk factors, diagnosis, treatment, and prognosis of BLS and ALS, highlighting differences according to patient age and clinical context. The initial cardiac rhythms (shockable and non-shockable), reversible causes (5Hs and 5Ts), and the importance of high-quality chest compressions are emphasized to improve return of spontaneous circulation (ROSC) and neurologically intact survival. In the operating room, CPR is influenced by anesthetic agents, continuous monitoring, and perioperative complications. In the ICU, simultaneous etiologic treatment and the use of advanced technologies such as ECMO are significant. In pediatrics, respiratory causes are predominant, requiring early airway management and oxygenation. Adrenaline administration, early defibrillation, and post-ROSC therapeutic hypothermia are key components of treatment. Despite ongoing advancements, overall survival rates remain suboptimal, underscoring the importance of continuous training, clinical simulation, and adherence to international guidelines (AHA, ERC). This review aims to provide an updated and comprehensive reference for anesthesiologists, intensivists, and healthcare professionals involved in advanced life support and the care of critically ill patients.

KEY WORDS

Cardiopulmonary resuscitation, critical care, anesthesia.

INTRODUCCIÓN

La reanimación cardiopulmonar (RCP), en sus modalidades básica (RCP-B) y avanzada (RCP-A), constituye una intervención imprescindible para salvar vidas en el contexto de paro cardíaco, y representa una habilidad esencial para anestesiólogos e intensivistas. Su evolución histórica se remonta a mediados del siglo XX, ligándose al desarrollo de técnicas de ventilación artificial y compresiones torácicas externas¹, lo que revolucionó el manejo del paro cardiorrespiratorio (PCR). Tanto en pacientes adultos como pediátricos, la RCP-B y la RCP-A difieren en sus protocolos, objetivos y complejidad, aunque comparten la finalidad de restablecer la circulación espontánea y minimizar el daño cerebral. En quirófano, la RCP puede verse facilitada por el acceso vascular, vía aérea avanzada y monitorización continua, aunque también conlleva riesgos propios del entorno anestésico. En la unidad de cuidados intensivos (UCI), la aparición de un PCR exige una respuesta inmediata y estructurada, con enfoque en el soporte hemodinámico, ventilatorio y la estabilización de las condiciones clínicas subyacentes. El presente trabajo revisa de forma integral la historia, definición, fisiopatología, clasificación, factores de riesgo, diagnóstico, tratamiento y pronóstico de la RCP-B y RCP-A en adultos y niños, analizando su aplicación en los entornos de anestesia y cuidados intensivos.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión narrativa de la literatura en bases de datos como PubMed, Embase y Cochrane Library, abarcando el periodo 2000‑2024, utilizando términos MeSH y DeCS tales como “cardiopulmonary resuscitation”, “basic life support”, “advanced life support”, “adult”, “pediatric”, “anesthesia”, “intensive care”. Se incluyeron guías clínicas oficiales (AHA, ERC), revisiones sistemáticas, estudios de cohortes y ensayos clínicos relevantes. Se excluyeron informes anecdóticos, publicaciones no revisadas por pares y artículos no focalizados en RCP en entornos asistenciales. Los datos fueron estructurados siguiendo criterios fisiopatológicos, clínicos y aplicabilidad práctica en anestesia y en UCI.

RESULTADOS

Desde la publicación de las primeras guías de la American Heart Association (AHA) en 1966, hasta las más recientes actualizaciones de 2020, la reanimación cardiopulmonar (RCP) ha experimentado avances sustanciales en técnicas de compresión torácica, ventilación artificial, desfibrilación y soporte farmacológico¹. Estos progresos han permitido estandarizar protocolos y optimizar la respuesta frente a una paro cardiorrespiratoria (PCR) tanto en el ámbito extrahospitalario como en el hospitalario y perioperatorio. La RCP básica (RCP-B) se define como el conjunto de maniobras que combinan compresiones torácicas de alta calidad con ventilación artificial, cuyo objetivo es mantener la perfusión cerebral y coronaria mientras se resuelve la causa del colapso. La RCP avanzada (RCP-A), por su parte, incorpora medidas adicionales como la desfibrilación precoz, el establecimiento de un acceso vascular, la administración de fármacos vasoactivos, el manejo avanzado de la vía aérea y la identificación y tratamiento de causas reversibles, siguiendo algoritmos estructurados basados en el esquema ABC o, en las últimas revisiones, en el enfoque CAB².

El paro cardíaco se caracteriza por la interrupción abrupta del gasto cardíaco, lo que conduce a hipoxia tisular generalizada, acidosis metabólica y daño neuronal irreversible si no se restablece la circulación espontánea en pocos minutos³. Durante este proceso, el mantenimiento de una presión de perfusión cerebral igual o superior a 30 mmHg resulta fundamental para reducir el daño neurológico. Las compresiones torácicas, ejecutadas de manera eficaz, generan una fracción de eyección mecánica que, aunque limitada, permite restituir parcialmente el flujo sanguíneo sistémico y cerebral. En los ritmos desfibrilables, como la fibrilación ventricular y la taquicardia ventricular sin pulso, la desfibrilación temprana es la intervención que más aumenta la probabilidad de retorno a la circulación espontánea (ROSC)⁴.

Los paros cardíacos se clasifican en ritmos desfibrilables y no desfibrilables. En el adulto, la mayor parte de los eventos intrahospitalarios asociados a anestesia suelen ser desfibrilables, mientras que en el paciente pediátrico predominan los no desfibrilables, especialmente asistolia y actividad eléctrica sin pulso, con frecuencia secundarios a hipoxia, shock o sepsis⁵. Este patrón epidemiológico justifica que, en pediatría, la RCP-B enfatice el manejo rápido y eficaz de la vía aérea y la oxigenación como prioridades iniciales.

En el entorno quirúrgico, los principales factores desencadenantes de PCR incluyen reacciones adversas a fármacos anestésicos, hemorragias masivas, embolismo aéreo y anafilaxia⁶. En la unidad de cuidados intensivos (UCI), los paros cardíacos suelen asociarse a sepsis, hipoxia persistente, desequilibrios electrolíticos graves, edema cerebral o fallo multiorgánico. En pediatría, las infecciones respiratorias agudas y las formas de shock distributivo o hipovolémico son causas frecuentes. La monitorización continua y la disponibilidad de personal entrenado en estos escenarios favorecen la detección precoz y la instauración inmediata de medidas de soporte vital.

El diagnóstico de una PCR se confirma ante la ausencia de pulso central detectable, pérdida súbita de conciencia y apnea o respiración agónica. Ante esta situación, se debe iniciar de inmediato la RCP-B, sin demoras para procedimientos diagnósticos avanzados. En quirófano y UCI, la monitorización electrocardiográfica permite identificar rápidamente el tipo de ritmo y, junto con la capnografía, evaluar la calidad de las compresiones y la eficacia de la reanimación⁷. La identificación de causas reversibles sigue el esquema de las 5H (hipoxia, hipovolemia, hipo/hiperpotasemia, hipotermia, acidosis) y las 5T (taponamiento cardíaco, tromboembolismo pulmonar, neumotórax a tensión, toxicidad por fármacos, trombosis coronaria)⁸.

En el adulto, la RCP-B debe mantener un ciclo de 30 compresiones por 2 ventilaciones, a una frecuencia de 100-120 por minuto y con una profundidad de 5-6 cm, evitando interrupciones innecesarias. La secuencia CAB (compresiones, vía aérea, ventilación) ha demostrado mejorar el inicio temprano de las compresiones, factor clave en la supervivencia⁹. En la vía aérea avanzada, se recomienda un ritmo ventilatorio de 10 respiraciones por minuto mediante intubación orotraqueal o dispositivos supraglóticos. La desfibrilación precoz, idealmente dentro de los 3 a 5 minutos posteriores a la parada, incrementa de forma significativa la probabilidad de ROSC en ritmos desfibrilables¹⁰. En pediatría, la energía inicial de desfibrilación recomendada es de 2-4 J/kg, seguida de dosis mayores si es necesario¹¹. La administración de epinefrina cada 3-5 minutos y, en ritmos desfibrilables refractarios, de amiodarona, constituye la base del tratamiento farmacológico¹².

En el contexto anestésico, la presencia previa de accesos vasculares y vía aérea asegurada facilita la instauración de la RCP-A, permitiendo una intervención más rápida y controlada. Los protocolos adaptados a quirófano incluyen medidas para evitar respuestas adrenérgicas excesivas que puedan agravar la inestabilidad hemodinámica, así como estrategias para mantener una anestesia adecuada durante la reanimación¹³. En UCI, la RCP-A puede complementarse con monitorización invasiva, ecocardiografía transesofágica y soporte circulatorio avanzado, como oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO) en centros con capacidad técnica¹⁴.

La supervivencia al alta hospitalaria tras un PCR extrahospitalario en adultos es generalmente inferior al 10 %, mientras que en el entorno hospitalario o en UCI puede incrementarse de forma significativa si la intervención es inmediata y se controla la causa desencadenante¹⁵. En pacientes pediátricos, las tasas de supervivencia hospitalaria oscilan entre el 20 % y el 40 %, con mejor pronóstico en casos intrahospitalarios. Sin embargo, el retraso en la intervención y las causas respiratorias subyacentes suelen asociarse a resultados desfavorables¹⁶. Las complicaciones neurológicas dependen de la duración de la RCP, de la calidad de las compresiones y de la implementación de medidas post-ROSC, entre las que destaca la hipotermia terapéutica controlada en adultos comatosos tras PCR de causa cardíaca, así como el control estricto de la glucemia, la normoventilación y la prevención de convulsiones¹⁷.

CONCLUSIONES

La reanimación cardiopulmonar básica y avanzada representa un pilar fundamental en la atención a emergencias cardiovasculares, tanto en el adulto como en el niño, especialmente en entornos altamente controlados como anestesia y cuidados intensivos. Su éxito depende de la rapidez de instauración, la calidad técnica de las maniobras, la integración de tecnología avanzada y la correcta identificación de causas reversibles. La actualización constante según las últimas guías internacionales, la formación periódica mediante simulación clínica y la aplicación de algoritmos adaptados a los recursos y al entorno asistencial son determinantes para mejorar la supervivencia con buen pronóstico neurológico. La experiencia del equipo y la cultura de seguridad son, además, factores clave para garantizar la máxima eficacia de la intervención.

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