- Luis Corbatón Gomollón. Médico Interno Residente, Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Irene Cemborain Goñi. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
- Álvaro Morella Barreda. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Javier Luna Ferrer. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Javier Ordovás Sánchez. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Carlos Moreno Gálvez. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
RESUMEN
El volumen de procedimientos fuera de quirófano no ha hecho más que aumentar en los últimos años gracias a los avances en procedimientos percutáneos. Algunos de ellos requieren de salas específicas para llevar a cabo los mismos (angiógrafos, salas de hemodinámica, salas de endoscopias o de radiología diagnóstica e intervencionista entre otros). Aunque el manejo anestésico pueda ser similar al de las intervenciones realizadas en quirófano, la potencial falta de recursos, personal menos familiarizado con el material y la ubicación alejada del bloque quirúrgico suponen desafíos añadidos a la práctica médica, más aún en las situaciones de crisis.
PALABRAS CLAVE
Anestesia, radiología intervencionista, sedación consciente, anestesia general.
ABSTRACT
The number of procedures performed outside the operating room has continued to increase in the last years due to advances in percutaneous techniques. Some of these procedures need dedicated rooms to be carried out (angiography suites, haemodynamic rooms, endoscopy units or radiology rooms, among others). Although anesthetic management may be similar to that of interventions performed in the operating room, the potential lack of resources, staff less familiar with the equipment, and locations distant from the surgical block pose additional challenges to medical practice, especially in crisis situations.
KEYWORDS
Anesthesia, interventional radiology, conscious sedation, general anesthesia.
DESARROLLO DEL TEMA
ANESTESIA EN EL DIAGNÓSTICO POR IMAGEN:
Aunque la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM) no suelen realizarse bajo ningún grado de anestesia, en algunas situaciones especiales como niños o adultos no cooperantes (por claustrofobia, alteraciones del comportamiento o dolores que impidan que permanezcan inmóviles) puede ser necesario cierto grado de sedación o incluso anestesia general para evitar movimientos1.
Tomografía computarizada:
En el caso de los adultos se prefiere el uso de hipnóticos de acción corta como propofol o dexmedetomidina en infusión continua bajo monitorización estrecha, que pueden ser combinados con pequeñas dosis de benzodiacepinas. En los niños es más frecuente tener que recurrir a una anestesia general mantenida con agentes inhalados o intravenosos, manteniendo la vía aérea generalmente con mascarilla laríngea, aunque en casos de mala adaptación a la misma puede ser necesaria la intubación orotraqueal.
Resonancia magnética:
La sala de resonancia magnética presenta varias dificultades para poder anestesiar y vigilar a los pacientes.
Los pacientes están introducidos en un orificio largo y estrecho durante la obtención de imágenes, lo que en ocasiones puede hacer que sea imposible ver o acceder a ellos
El campo magnético y las señales de radiofrecuencia durante la exploración pueden provocar defectos sobre la monitorización pulsioxiométrica y electrocardiográfica.
Determinados dispositivos metálicos pueden ser no compatibles con la RM y resultar dañados, pudiendo llegar a ocasionar graves problemas de seguridad en el paciente. Aunque gracias a los avances científicos cada vez son más los dispositivos compatibles con la RM, se debe revisar siempre aquellos pacientes portadores de marcapasos, desfibriladores cardioversores, bombas intratecales, estimulares de médula espinal, clips de aneurisma cerebral o bombas de infusión de insulina entre otros antes de realizar la prueba.
Aunque la obtención de imágenes no suele durar más de diez o quince minutos, es vital que durante ese tiempo el paciente permanezca inmóvil. Al igual que ocurre con el TC, en niños es más frecuente tener que realizar una anestesia general con mascarilla laríngea.
ANESTESIA EN ABLACIÓN:
La ablación generalmente se realiza con frío (crioablación) o radiofrecuencia. En ambos casos se utiliza energía térmica. Para poder localizar las zonas que deben ser ablacionadas es necesario el uso de TC. De esta forma se puede realizar el procedimiento observando las estructuras a tiempo real2.
La anestesia general o sedación profunda son de elección en estos procedimientos. Complementar con bloqueos regionales puede ser una estrategia interesante, especialmente en grandes ablaciones que puedan provocar importante dolor postoperatorio.
Es importante conocer la existencia del síndrome postablación, más frecuente en la ablación hepática. Es un cuadro de náuseas, dolor, malestar general y fiebre que ocurre tras el procedimiento. La dexametasona, los analgésicos y la optimización en la hidratación del paciente son herramientas útiles para prevenir y tratar este síndrome.
Un caso especial es la biopsia y ablación de estructuras pulmonares. En el caso de la biopsia suelen ser procedimientos poco dolorosos que pueden realizarse bajo anestesia general. Sin embargo, las ablaciones pueden requerir realizarse bajo anestesia general. En estos casos suele ser necesario el uso de un tubo de doble luz que aísle el pulmón afectado, debiendo mantener una ventilación unipulmonar durante el procedimiento.
ANESTESIA EN PROCEDIMIENTOS NEUROINTERVENCIONISTAS:
La anestesia en neurointervenciones es necesaria no solo para procedimientos terapéuticos, sino también diagnósticos. Un aspecto importante a tener en cuenta es que el acceso por parte de los radiólogos intervencionistas es desde el lado derecho, por lo que una vez comience el procedimiento y en caso de necesitar cualquier acceso adicional deberá ser siempre desde el lado izquierdo.
La embolización endovascular es la primera línea de tratamiento en los aneurismas cerebrales. El acceso se realiza desde la arteria femoral. A nivel anestésico es vital mantener al paciente completamente inmóvil y hemodinámicamente estable, es por ello que generalmente se somete a estos pacientes a una anestesia general3. Es importante además que los pacientes se recuperen de forma rápida tras el fin de la anestesia para poder realizar una exploración neurológica precoz que permita descartar complicaciones. La monitorización invasiva arterial es recomendable para optimizar el manejo hemodinámico de estos pacientes, aunque dependiendo de los centros no se realiza de forma rutinaria. En este contexto es importante evitar la hipertensión arterial, ya que aumenta el riesgo de hemorragia y rotura del aneurisma. La mayoría de estos pacientes son anticoagulados antes o durante el procedimiento, para disminuir el riesgo de eventos embólicos. En aquellos casos en los que se sospeche hemorragia intracraneal puede ser necesario la realización de una ventriculostomía, para drenar urgentemente líquido cefalorraquídeo y poder reducir la presión intracraneal. Otras medidas complementarias para intentar disminuir la presión intracraneal son la hiperventilación y la diuresis forzada.
ANESTESIA PARA TERAPIA ELECTROCONVULSIVA:
La terapia electroconvulsiva es una de los tratamientos que existen para tratar diversas patologías psiquiátricas, como la catatonía o la depresión mayor. Estos pacientes suelen requerir de media entre 6 y 12 sesiones para empezar a obtener resultados clínicos. Es importante saber que la terapia provoca un aumento de flujo sanguíneo cerebral y tasa metabólica, con el consiguiente aumento de presión intracraneal, siendo la hipertensión intracraneal la única contraindicación absoluta para realizar esta técnica.
En lo que concierne al manejo anestésico es preferible no premedicar a estos pacientes puesto que se trata de procedimientos de corta duración y el uso de fármacos como benzodiacepinas prolonga la emersión anestésica, aunque sí que pueden ser útiles en caso de atenuación o tratamiento en caso de convulsiones4. En primer lugar, se preoxigena al paciente, después se administra propofol y succinilcolina y se ventila al paciente hasta que alcance un estado de hipnosis óptimo (por lo que es preferible tenerlos monitorizados con dispositivos que permitan medir la profundidad anestésica). Tras la administración de la terapia se vuelve a ventilar al paciente hasta que recupera la ventilación espontánea y se tiene la certeza de que tiene una buena autonomía respiratoria.
ANESTESIA PARA PROCEDIMIENTOS GASTROINTESTINALES:
La derivación portosistémica intrahepática transyugular suele realizarse preferiblemente bajo anestesia general antes que con sedación por la duración y posibles molestias del procedimiento. Los pacientes con ascitis deben ser considerados como estómago lleno y por tanto, se les debe realizar inducción de secuencia rápida. Las sondas de gastrostomía o gastroyeyunostomía se colocan en pacientes con disminución de su estatus mental secundario a una lesión neurológica como un ictus, otras causas pueden ser pacientes con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) o pacientes con incapacidad de ingerir vía oral. Estos procedimientos pueden realizarse tanto bajo anestesia general como sedación. En el caso de los pacientes con ELA es preferible realizar estos procedimientos bajo sedación mínima para evitar provocar una depresión respiratoria.
La gastroscopia y colonoscopia son los procedimientos fuera de quirófano más habituales5. La gastroscopia requiere compartir la vía aérea con el endoscopista. En aquellos casos en los que se requiera anestesista se realizará anestesia general o sedación en función del estado del paciente y de si se van a realizar técnicas terapéuticas. Las gastroscopias con fines diagnósticos que se realizan de forma programada pueden realizarse bajo sedación con propofol ya que el único estímulo relevante es el paso de la inserción del endoscopio. En el caso de situaciones de urgencia, pacientes inestables o determinadas terapias adicionales terapéuticas (como la colocación de bandas esofágicas), es necesario asegurar la vía aérea antes de introducir el endoscopio. La colonoscopia se realiza bajo sedación en la mayoría de casos. No obstante, en aquellas situaciones de obstrucción en las que exista riesgo de aspiración debe valorarse el beneficio de asegurar la vía aérea con anestesia general.
CONCLUSIONES
- La anestesia fuera de quirófano se ha convertido en una práctica cada vez más frecuente, impulsada por el crecimiento de procedimientos diagnósticos y terapéuticos mínimamente invasivos, lo que exige una adaptación del anestesista a un entorno menos convencional.
- A pesar de que el manejo anestésico pueda ser similar al realizado en quirófano, las limitaciones en estructura, disponibilidad de recursos y menor familiaridad del resto del personal con el material puede incrementar el riesgo de eventos adversos.
- Una adecuada planificación y coordinación multidisciplinar son esenciales para garantizar la seguridad del paciente, al mismo tiempo que se optimizan los resultados clínicos.
BIBLIOGRAFÍA
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- Herman AD, Wax DB, Schwartz AJ. Morbidity, mortality, and systems safety in non-operating room anesthesia: a narrative review. Br J Anaesth. 2021;127(2):246–254.
- Chang B, Kaye AD, Diaz JH, et al. Safety of Non-Operating Room Anesthesia: A Narrative Review. 2025.