- María Rubio Aguerri. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital San Juan de Dios (Zaragoza). España.
- Esther Sancho Guillén. Graduada en Enfermería. (Zaragoza). España.
- Paula Pros Jiménez. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza). España.
- María Sánchez Funes. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza). España.
RESUMEN
Este documento es un estudio cualitativo en forma de historia de vida sobre la figura de una mujer de mediados del siglo XX.
Por una parte, refleja la importancia del trabajo y el sacrificio para subsistir, incluyendo el trabajo a edades muy tempranas y la servidumbre de familias con mayor poder adquisitivo. Resalta su independencia y carácter emprendedor en una época en la que la principal labor de la mujer era el cuidado del hogar.
Por otra parte, se refleja la España rural de la posguerra y el franquismo, la escasez de recursos, la vida austera y la búsqueda de recursos para salir adelante.
Por último, es un ejemplo de la afrontación de situaciones adversas que comprometen la estabilidad de la familia, la situación emocional y la económica, con una actitud positiva, de búsqueda de alternativas y de adaptación.
PALABRAS CLAVE
Relato de vida, España rural, papel de la mujer.
ABSTRACT
This document is a qualitative study in the shape of a life story about a woman in the mid-20th century.
On the one hand, it reflects the importance of work and sacrifice for subsistence, including work at a very early age and servitude to families with greater purchasing power. It highlights their independence and enterprising nature at a time when women’s main work was caring for the home.
On the other hand, it reflects the rural Spain of the post-war period and Franco’s regime, the scarcity of resources, the austere life and the search for resources to get ahead.
Finally, it is an example of facing adverse situations that compromise the stability of the family, the emotional and economic situation, with a positive attitude, a search for alternatives and adaptation.
KEY WORDS
Statement of life, rural Spain, role of women.
INTRODUCCIÓN
Este proyecto surge como una búsqueda de adquisición de conocimientos que nos ayuden a desempeñar nuestra profesión de la manera más holística, tolerante, sin enjuiciamientos, cuidadosa y sensible. De esta manera se asegura que los derechos, creencias y deseos de los diferentes individuos o grupos a los que se atiende en el día a día no se vean comprometidos.
Por otro lado, conocer y comprender los cambios en la vida de las personas a medida que ésta se desarrolla y la influencia de los mismos en su personalidad y actitud. Creemos imprescindible conocer la evolución de las personas para poder actuar en consecuencia.
Por último, este proyecto contribuye a conseguir el objetivo general de la profesión de enfermería, que consiste en proporcionar una atención integral directa y coordinada a la persona en todas las etapas de la vida y a la comunidad.
Para realizar la entrevista se ha elegido a la abuela de una de las participantes del proyecto. La persona entrevistada es muy comunicativa y no tiene problemas para expresar sus sentimientos y recordar aquellas cosas que fueron y son importantes para ella.
METODOLOGÍA
Para la obtención de la información, transcripción y análisis de los datos se siguió la metodología propuesta por Amezcua1. La entrevista tuvo lugar en el domicilio de la informante en un ambiente familiar, en el salón del mismo y por su nieta, por lo que fue una conversación fluida y natural. Se le explicó con antelación en que iba a consistir la entrevista, con qué objetivo se realizaba y que una vez transcrita se le entregaría para que expusiera sus objeciones.
Se le informó y obtuvimos su consentimiento para grabarla en video y compartirlo con todos los miembros del equipo. La entrevistadora disponía de una libreta para realizar anotaciones sobre aspectos a destacar de la entrevista como gestos o emociones de la informante. La entrevista duró 45 minutos con una interrupción de 5 minutos en la que la informante recibió una llamada. Se perdió el hilo de la conversación, pero se pudo retomar con facilidad. Se siguió un guión de 11 preguntas indicadas en el anexo 1.
Se realiza de manera individual por todos los miembros del equipo una lectura profunda de la entrevista con la intención de extraer las diferentes categorías temáticas y conceptos más específicos dentro de las mismas. Posteriormente y tras una segunda lectura, se ponen en común las categorías extraídas y se agrupan considerando las ideas comunes. Estas categorías quedan reflejadas en el anexo 2.
A partir de estas categorías, y las partes de la entrevista que las componen, redactamos el relato siguiendo el orden cronológico de la vida del informante.
- Pobreza: falta de material escolar, comida del huerto, escasez de aceite, recogida de agua en cántaros, confección de su propia ropa, características del hogar y recursos y trabajadora desde joven.
- Trabajo: interna desde los 12 años en una casa realizando labores del hogar y de cuidadora de los niños, emprendedora de una peluquería en su pueblo y empleada como personal de limpieza en el banco Zaragozano.
- Duelo: muerte de su marido, cuidado de su madre, muerte de sus padres, cáncer de su hermana y paraplejia de su hijo.
- Familia: nacimiento de sus hijos, apoyo de sus padres con el duelo de su marido, cáncer de su hermana y muerte de sus padres.
- Infancia: etapa escolar, empieza a trabajar a los 12 años.
- Personalidad: trabajadora, cuidadora, optimista, perseverante, resiliente, empática y agradecida.
- Situación sanitaria: Extracción de la muela de su madre, practicante del pueblo, partos en casa y hospital.
DISCUSIÓN
En la época franquista, la sociedad imponía una jerarquía basada en el género, por ello las mujeres no podían trabajar, estudiar o dedicarse a otras actividades fuera del cuidado de su familia.
Una vez la mujer contraía el matrimonio, esta debía someterse al hogar, al cuidado del hombre y de sus hijos. Sin embargo, el marido debía trabajar, llevar dinero y sustentar económicamente a su familia 2,3
Por todo ello, la educación estaba direccionada a la formación de buenas esposas y madres, especialmente en trabajos del hogar como coser o cocinar. La inteligencia fue considerada una característica que Dios dio únicamente a los hombres. Por ello, la enseñanza más allá del cuidado y labores domésticas no estaba contemplada en el caso de las mujeres.
Una vez terminados los estudios, la mujer podía realizar otros trabajos como los trabajos agrícolas o en general trabajos donde predominaban las mujeres, por ejemplo, maestra o enfermera; aquí se limitaba su ámbito laboral.
En esta época, las mujeres tuvieron que soportar la represión de la sociedad y la limitación de su vida laboral resumida a las tareas domésticas y el cuidado de su familia. Por tanto, el rol de cuidadora es el más destacable en esta época, rol que perdura actualmente en la sociedad.
Es por ello que destaca la figura de Amalia, cuya vida se ha dedicado al cuidado de personas. Desde su primer trabajo a los 12 años cuando tuvo que abandonar su casa y su hogar para servir a otra familia, lejos de sus seres queridos, hasta el día de hoy con el cuidado de sus nietos.
Amalia se quedó viuda muy joven, quedándo sola al cargo de 4 hijos que consiguió sacar adelante. Tuvo que refugiarse en su familia para encontrar la fuerza necesaria para afrontar esta pérdida. Sus padres fueron su punto de apoyo.
En ese momento sus hijos se convirtieron en su prioridad. Buscó un trabajo para poder mantenerlos, ahorró para poder pagar sus estudios evitando gastos innecesarios y se aseguró de tener tiempo disponible para poder estar con ellos. Este suceso demuestra su gran capacidad de adaptación y resiliencia. Amalia encontró en la adversidad oportunidades para crecer y seguir adelante. No dejó que sus preocupaciones afectaran a sus hijos y siempre se mostró fuerte y optimista de cara a ellos.
Amalia mantuvo a lo largo de su vida una actitud trabajadora y emprendedora. A diferencia de otras mujeres de su época que se dedicaban al cuidado de la casa y de los hijos, su situación le llevó a necesitar de sus propios recursos para poder subsistir. Su primer trabajo como sirvienta de una familia con alto poder económico llegó a temprana edad. Esto hace que lo recuerde como una experiencia dura y triste, ya que era muy pequeña para estar lejos de su familia.
Al alcanzar la mayoría de edad y tras haber recibido los estudios necesarios decidió emprender en su propio negocio con mucha ilusión. Abrir la peluquería supuso un momento muy feliz ya que se sintió realizada como persona y especialmente como mujer. Al casarse, como todas las mujeres de su época, tuvo que abandonar este trabajo que tanto le aportaba.
Tras la pérdida de su marido y ante la falta de ingresos para su familia se vio obligada a volver a trabajar. Al no poder abrir de nuevo la peluquería por la falta de dinero, empezó a trabajar en un banco que a pesar de no llenarme tanto, le daba muy buenos ingresos para mantener a su familia.
El duelo está presente en muchas de las etapas de la vida de Amalia. Ha tenido que vivir la pérdida de muchos seres queridos y conocidos, y esto lo recuerda como los momentos más duros de su vida.
Ya no solo la muerte de su marido, que fue una muerte repentina, sino también el cuidado de su madre que padecía de una enfermedad degenerativa terminal y con quien tuvo que desempeñar el rol de cuidadora. También ha vivido situaciones que, aunque no impliquen la muerte, han supuesto un proceso de duelo, como el cáncer de su hermana y la paraplejia de su hijo en la que se ve todavía inmersa.
La vida de Amalia refleja el papel de la mujer en el siglo XX. Refleja también la gran implicación de las mujeres y madres en el cuidado de la familia. Es ejemplo de la capacidad de superación de las personas ante situaciones difíciles que nos ponen a prueba cada día. A pesar de la importancia del papel del hombre en la sociedad de la época, ha conseguido hacerse un hueco y representar la fuerza y capacidad de la mujer para realizar las mismas funciones que a ellos se les atribuían.
RELATO BIOGRÁFICO
Yo nací en 1947, en Rivas. Mi infancia pues fue majica, pues como todos, muy pobres, éramos muy pobres, mi padre trabajaba. Trabajaba en el monte; teníamos que llevarle la ropa para que se cambiara, y nos íbamos andando mi madre y yo solitas.
Las comidas, pues lo que había en casa. Patatas del huerto, verduras del huerto… Teníamos un huerto, que por cierto, en el huerto, cuando era tiempo de coger las patatas nos la jugaban. Íbamos a coger patatas y no había en el huerto [cuenta risueña]. Osea que nosotros pasábamos hambre, pero aún había gente que pasaba más hambre que nosotros y nos las robaban.
Bueno y váter no teníamos, teníamos un cuartico abajo en el patio y teníamos allí una calderica pa hacer pis, como un cubo, pero grande y con asa. Allí hacíamos el pis y las cacas porque no teníamos otro sitio donde ir. Y por la noche nos íbamos mi madre y yo, con las cacas tapadicas con un tape, a tirarlo al río.
Ir a buscar el agua, a la fuente con cantaros. Yo el cántaro no lo llegué a llevar, pero llevaba el botijo y mi madre iba con el cántaro. Íbamos a comprar aceite y era muy caro [enfatiza con pena] e íbamos a por muy poco y entonces como teníamos poco aceite comíamos con tocino, manteca. Unas patatas con chorizo, si había en casa, porque no había. [relata con tristeza].
Y el chocolate… Ui el chocolate que nos gustaba, claro a los críos. Nos decían, “el chocolate para merendar”. Y el chocolate era de tierra, que decíamos [cuenta risueña y con vergüenza]. No era de tierra, pero no sé lo que era eso, ni era cacao ni era nada. Una polvareda cuando mordíamos [se ríe].
En el colegio, nos enseñaban pues, nada, a leer, escribir, porque no llevábamos libros, más que una enciclopedia que nos la dejaban de otras chicas, porque no teníamos dinero para comprarla, y eso, aprendíamos pues con esa enciclopedia que ahí venía todo. Lo que más me gustaba eran las poesías. Venga a contar las poesías que había. Las recitabamos alguna vez, porque nos hacían leer, y por las tardes a hacer labores [trabajos manuales con hilo]. Nos enseñaban a hacer ganchillo y bolillos.
Cuando tenía 12 años, me vine aquí [a Ejea] a trabajar cuidando a unos niños. Yo estaba interna y cuidaba a los niños, fíjate, yo 12 años, y ellos pequeños. Los llevaba al cole, les lavaba la ropa. Por la noche cuando me quedaba sola no hacía más que llorar, porque además a mi madre solo la veía cuando venía a verme y venía andando de Rivas, porque a Ejea íbamos andando desde Rivas, tardábamos una hora. Por lo menos tenía habitación, dormía en la misma casa en la que trabajaba.
Tenían un lavadero para lavar a mano en el corral de la casa y yo como no llegaba al lavadero me ponía en una piedra grande en el suelo [lo cuenta con pena y resignación] y lavaba las ropicas de los chicos. Tenían dos chicos y una chica.
Yo trabajaba todo el día, y luego por la noche a servirles a los señores la mesa, y cuando terminaban de cenar ellos cenábamos nosotras, porque había otra chica también [trabajando en la casa]. Con ella me llevaba muy bien. Dormíamos las dos en la misma habitación, aunque lo pase mal la verdad…[gestos de tristeza]. Ah, y luego me mandaban a llevar los medicamentos a el autobús porque mandaban los medicamentos con el autobús a los pueblos; a Biota, Sádaba…
Luego, cuando tenía horas libres bajaba a la farmacia y a limpiar las estanterías de la farmacia con una escalera… [enfatiza con pena]. En la farmacia estuve hasta que tuve unos dieciocho o diecinueve años. La familia nos escondía la comida, pero bueno, no nos faltaba comida. Nos escondían el café que ella bebía, la señora de la casa, porque querían que le llamáramos señoritos.
Ella se hacía el café soluble que ella vendía, pues lo escondía en el armario con llave, se lo tomaba ella y nosotras la leche sola y ni Cola Cao ni nada, porque los chicos sí bebían Cola Cao. Tenía ella un armario grande de llave y no nos daba a nosotras ni una cucharadica. Pero de lo demás sí que comíamos, comíamos carne buena, pero lo primero comían ellos y luego nosotras [lo cuenta con enfado].
Ellos tenían coche, un Ford antiguo. A veces íbamos a Zaragoza y yo iba con ellos a pasar unos días a casa de los padres de la señora con los críos. Pasábamos allí unos días y luego nos veníamos. Pero yo siempre me iba con ellos para cuidar a los chicos. Los sacábamos de paseo por la plaza del Pilar y todo eso.
Después ya me fui y estuve trabajando un tiempo en la embotadora, aquí en Ejea. En lo del tomate. Y ya, nada… ya después, ¡ah!, aprendí de peluquera. [gestos de alegría y nostalgia].
Aprendí en Zaragoza. Me fui a casa de un primo mío en Zaragoza e iba a una academia y allí aprendí a ser peluquera. Después ya puse una peluquería en Bardenas antes de casarme porque era donde vivían mis padres. La peluquería la monté con lo justico, y lo hacía en casa. Y aún me venía gentica. Les hacía moños muy majos, peinados… Pero no te lo pierdas, me casé y ya no trabajé de peluquera, porque ya no se trabajaba. Las mujeres tenían que estar en casa con los chicos, con sus hijos [lo cuenta con resignación y tristeza].
A mí marido le pagaban pues lo justico. Porque en vez de pagarles al mes, les pagaban a la semana. Y con eso ya íbamos tirando como podíamos porque entonces claro tampoco se llevaban ni tanto maripi, ni tanto vestido, nada. Porque yo cuando eran pequeñicos [sus hijos] les hacía la ropica de punto, los jersecicos, las braguicas, los calcetines, los gorricos, los jerséis, pantaloncicos… Todo se les hacía yo. Toda, toda no. Pero la mayoría. Y había gente que, pues a lo mejor que te daba ropa que se les quedaba pequeña y te la pasaban, que la daban, zapaticos y cosicas.
Cuando se murió mi marido [gestos de tristeza], si hubiera tenido dinero me hubiera puesto la peluquería, pero como no tenía pues me puse a trabajar. Me salió trabajar en un banco, el Banco Zaragozano. Iba todos los días a limpiar y allí me pagaban un sueldico muy majico, muy majico.
Luego si había beneficios me daban beneficios, si había… También nos daban un apoyo para comprar libros, una ayudica y todas estas cosas, para irte de vacaciones tenían ellos [el banco] unos apartamentos y pagábamos muy poquico e iba yo con las chicas y con los chicos [recuerda con felicidad estos momentos de vacaciones] a la playa.
Ya llego mi jubilación y pues muy bien, porque me tenía que haber jubilado a los 65 porque no tenía aún el tiempo pagado, pero me prejubiló el banco a los 63 y hasta los 65 me siguió pagando. Hacía un concierto con la seguridad social, me seguía pagando el banco todos los meses hasta que tuve los 65, y ya jubilada. Y bien, muy bien. Me quedo una paguica bonita y con las dos paguicas pues a vivir [lo cuenta con alegría y orgullo].
Cuando era pequeña no había los mismos recursos sanitarios que ahora. En Rivas teníamos un practicante que era comadrón, practicante, peluquero y barbero. Hacía de todo, afeitaba, cortaba el pelo, asistía a las mujeres cuando parían y lo teníamos como si fuera un médico. Nos pasaba cualquier cosa y hala, a llamar a el practicante. Lo hacía muy bien.
Recuerdo mi madre cuando aún era más pequeña que llevaba una muela muy mala muy mala, y un dolor [le da énfasis a ese dolor], y nos venimos andando a Ejea a que le quitaran la muela, de cuajo, sin anestesia ni nada, ala le arrancaron la muela y ala otra vez para Rivas… porque claro, no teníamos dinero para ir con el autobús porque había un autobús.
Los partos los hice en casa todos menos la pequeña. Porque teníamos una comadrona muy buena aquí en Ejea, pero me dijo que había tenido un desprendimiento de retina [la comadrona] y que no nos podía atender. “Te voy a mandar a Zaragoza” dijo, pero ella nos visitaba cuando nos poníamos de parto, nos visitaba en su casa y decía “hala ya te puedes ir a Zaragoza”. Si no teníamos cómo ir, nos llevaba ella con un cochecito que tenía. La [hija] pequeña la tuve en Zaragoza, los demás los parí aquí, en casa. Y anestesia no te ponían. Era un parto normal, parto natural. Te ponían anestesia solo para coser, y sólo te cosían si te rasgabas un poco [desgarro perineal durante el parto].
Además, tuve mucho dolor, pero es dolor [pausa para pensar]. A ver, es dolor, pero es un dolor natural. Te venía el dolor fuerte y descanso, dolor fuerte y descanso. Hasta que ya cuando empieza a salir el bebe, dolor, dolor, dolor y ya sale. Contra más dolor tienes, más rápido sale.
Bueno pues eso,ya tenía los cuatro chicos. Los llevaba al cole, les daba la comida, los arreglaba (tatatata). Y toda la casa. Y mientras tanto mi marido trabajaba, y con lo que trabajaba pues comíamos.
Durante mi vida he perdido a personas que eran muy importantes para mí. Llegó un día que le dio un infarto a tu abuelo [su marido] y se quedó muerto en el acto [hace una pausa con pena]. Bueno muere, así que date cuenta tu lo que me quedaba a mí. Antes no era tan caro enterrar y ya con un poquico más de dinero, pues hicimos el entierro. Y ya me quedé, pues eso, con los chicos y vinieron mis padres que me apoyaron mucho. Estuvieron conmigo mucho, luego se vinieron a vivir aquí y estábamos todos junticos, se compraron un piso aquí al ladico y vivimos muy bien entre todos.
Mi madre se murió con 85 años y mi padre con 80. El abuelo tuvo cáncer de pulmón, fue muy fumador desde muy jovencico, desde muy pequeñico. Se murió en casa. Y pues mi madre la ingresaron ese día [pausa compungida] y al día siguiente estaba muerta porque tenía ELA.
Yo lo pasé muy mal, pero le dábamos mucho ánimo a la abuela [su madre], pobrecica, porque sabía todo, veía todo, entendía todo, porque no tenía ningún mal neurológico, era todo muscular. Se fue apagando, sin hablar, sin poder mover la boca, ni para tragar, no comía, no podía comer y sondadica [pausa para secarse una lágrima] Hasta que un día se le disparó todo: azúcar, corazón, todo, todo, todo… una descompensación de todo y ya está [expresa con emoción]
Mi hermana, que tuvo un cáncer grande, pero bueno, lo supimos llevar muy bien porque le ponían mucha medicación, mucha quimio, radio y todo. Le salió hace 22 años, cuando tú naciste [entrevistadora, su nieta].
Y ahora ya que vivía bien, va tiene un accidente mi hijo y se queda parapléjico [lo expresa emocionada y con mucha pena] y lo he pasado muy mal, todos los hemos pasado muy mal, pero bueno, está muy bien él, está muy bien de cabecica, está muy contento, vive bien, tiene un hijo y su pareja y muchos recursos también, gracias a la medicina que hay. Se hubiera quedado allí para siempre. Porque se hubiera muerto. Pero como era tan fuerte pues lo pasó y vive bien [lo cuenta con esperanza].
Glosario de términos:
- El diminutivo -ico es muy utilizado en la comunidad de Aragón.
- Pa: para
- Maripi: Zapatos deportivos
CONCLUSIÓN
Resulta muy importante, como profesionales del cuidado ser conscientes de todo lo que suponen las experiencias que forman parte de la vida de la persona a la que estamos tratando y lo mucho que influyen en su carácter e interacción con los demás. Como enfermeras queremos dar la mejor atención a nuestros pacientes, y esto debe siempre incluir una visión holística, considerando todos los aspectos de la persona y no centrándonos únicamente en la patología o en lo que la persona nos deja ver. Debemos ir más allá y tratar de comprender qué otros factores pueden influir en su situación.
En definitiva, cuando un paciente viene a consulta debemos de ser capaces de identificar las emociones y a tratar de ver qué las produce, a escuchar sin intervenir demasiado, para obtener el relato más auténtico, a apreciar la evolución de una persona a lo largo de su vida y los cambios que sufre y a escuchar la historia más allá de las palabras.
BIBLIOGRAFÍA
- Amezcua M, Hueso Montoro C. Cómo elaborar un relato bibliográfico. Arch Memoria [Internet]. 2004 [citado el 16 de abril de 2023]. Disponible en: http://www.index-f.com/memoria/metodologia.php
- Bělohubá M. Papel de la mujer durante la dictadura franquista en España. 2018 [citado el 27 de abril de 2023]. Disponible en: https://dspace.tul.cz/bitstream/handle/15240/160543/BP
- Ortiz Heras M. Mujer y dictadura franquista. Aposta [Internet]. 2006 [citado el 30 de abril de 2023]; (28):1-26. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=495950221001
Anexo 1. Guion de la entrevista
¿Qué recuerdos tienes de tu infancia?
¿Cómo era vuestra alimentación?
¿Cómo gestionabais el dinero en la familia?
¿En qué has trabajado a lo largo de tu vida?
¿Cuál fue tu primer trabajo? ¿Con cuántos años empezaste a trabajar?
¿En qué más trabajaste?
¿Cómo viviste tu jubilación? ¿Con cuántos años te jubilaste?
¿Teníais los mismos recursos sanitarios que ahora?
¿Cómo recuerdas tus partos? ¿Fueron muy dolorosos?
¿Cuándo y cómo murieron tus padres? ¿Y tu marido?
¿Has vivido alguna situación de duelo por algún familiar?
Anexo 2: categorías temáticas emergentes en el discurso
| Pobreza | Duelo | Trabajo |
| Falta de material escolar
Comida del huerto, escasez de aceite, recogida de agua Confección de su propia ropa Casa Trabajo de joven |
Pérdida de su marido
(Esconderse para llorar) Cuidado de su madre (ELA) Pérdida de su madre Cáncer de su hermana Paraplejia de su hijo |
Interna en una casa (Tristeza)
Embotadora de Ejea Peluquería (emprendedora) Personal de limpieza en banco Zaragozano (Buenos ingresos) Jubilación 63a, Ahorro y austeridad |
| Infancia | Personalidad | Familia |
| Vida familiar
Trabajo Colegio |
Trabajadora, cuidadora, optimista, perseverante, resiliente, empática, agradecida, | Nacimiento de sus hijos
Apoyo de sus padres con el duelo de su marido Cáncer de su hermana |
| Situación sanitaria | ||
| Extracción de la muela de su madre, practicante del pueblo, partos en casa y hospital |