- Patricia Bayod Carbó. Graduada en Medicina. Servicio de Neumología. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Sonia Zúñiga Quílez. Graduada en Medicina. Servicio de Neumología. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Nuria Bernad Serrano. Graduada en Medicina. Servicio de Neumología. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Jorge Gómez Madrona. Graduado en Medicina. Servicio de Radiodiagnóstico. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- María Pilar Guiral Foz. Graduada en Medicina. Servicio de Radiodiagnóstico. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Laura Urgel Yagüe. Graduada en Medicina. Servicio de Radiodiagnóstico. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
RESUMEN
La relación entre el asma y los trastornos psiquiátricos está bien documentada, siendo la ansiedad la comorbilidad más frecuente, seguida por la depresión, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y el abuso de sustancias. Las personas con asma presentan hasta cuatro veces mayor prevalencia de estos trastornos en comparación con la población general sana. Esta asociación es bidireccional: un asma mal controlado puede preceder o agravar síntomas psiquiátricos, mientras que los trastornos mentales dificultan el manejo adecuado del asma y pueden incluso contribuir a su aparición.
Desde una perspectiva psiconeurobiológica, el estrés crónico propio de muchos trastornos mentales eleva los niveles de cortisol y activa el sistema inmune, especialmente las células Th2 y ciertas interleucinas implicadas en la inflamación asmática. Este proceso puede inducir broncoconstricción y exacerbar la inflamación de las vías respiratorias. Además, los pacientes con trastornos psiquiátricos suelen presentar menor adherencia al tratamiento del asma, lo que se traduce en peor control de los síntomas, más exacerbaciones y un aumento en las visitas a servicios de urgencias.
El tratamiento integral del asma, que incluya la identificación y manejo de la ansiedad, depresión y otras condiciones psicológicas, puede mejorar significativamente la función pulmonar, el control de los síntomas respiratorios y la calidad de vida del paciente. Por ello, resulta fundamental que los profesionales de la salud evalúen de manera activa el estado psicológico de los pacientes asmáticos, no solo para abordar su salud mental, sino también como una estrategia clave para optimizar el manejo de la enfermedad respiratoria.
PALABRAS CLAVE
Asma, trastorno mental, sistema nervioso simpático, cortisol, células Th2.
ABSTRACT
The relationship between asthma and psychiatric disorders is well documented, with anxiety being the most common comorbidity, followed by depression, post-traumatic stress disorder (PTSD), and substance abuse. Individuals with asthma have up to four times higher prevalence of these disorders compared with the healthy general population. This association is bidirectional: poorly controlled asthma may precede or worsen psychiatric symptoms, while mental disorders can hinder proper asthma management and may even contribute to its onset.
From a psychoneurobiological perspective, the chronic stress characteristic of many mental disorders increases cortisol levels and activates the immune system, particularly Th2 cells and certain interleukins involved in asthmatic inflammation. This process can induce bronchoconstriction and exacerbate airway inflammation. Furthermore, patients with psychiatric disorders often exhibit poorer adherence to asthma treatment, resulting in inadequate symptom control, more frequent exacerbations, and an increased number of emergency visits.
A comprehensive approach to asthma management that includes the identification and treatment of anxiety, depression, and other psychological conditions can significantly improve pulmonary function, respiratory symptom control, and overall quality of life. Therefore, it is essential that healthcare professionals actively assess the psychological status of patients with asthma—not only to address their mental health but also as a key strategy to optimize respiratory disease management.
KEY WORDS
Asthma, mental disorders, sympathetic nervous system, hydrocortisone, Th2 cells.
INTRODUCCIÓN
La evidencia científica ha demostrado una estrecha correlación entre asma y patología psiquiátrica, reconocida por las principales guías de práctica clínica empleadas el manejo de la enfermedad asmática. Tanto la Guía Española para el Manejo del Asma (GEMA), en su última versión 5.5, como la Global Initiative for Asthma (GINA), en su última actualización de 2025, destacan la necesidad de considerar las condiciones psicosociales del paciente como factores de riesgo de exacerbaciones y mal control de la enfermedad asmática. Por otro lado, también se reconoce a la psicopatología y a la disnea funcional —o síndrome de hiperventilación— como comorbilidades frecuentes del paciente asmático, siendo incluidas en el diagnóstico diferencial del asma por su capacidad de simular los mismos síntomas. En consecuencia, ambas guías subrayan la importancia de un enfoque multidisciplinar en el tratamiento del asma, en el que la Psicología se incluye como una especialidad clave para la atención integral del paciente1,2.
Más allá de estas recomendaciones clínicas, existe evidencia científica que respalda esta asociación, estableciendo una correlación bidireccional entre el asma y los trastornos psiquiátricos basada en factores genéticos, biológicos neuroendocrinos y psicológicos compartidos entre ambas patologías. Por ejemplo, un estudio de cohorte poblacional danesa halló asociaciones bidireccionales entre diagnóstico de asma y múltiples trastornos mentales, con hazard ratios elevados en ambas direcciones³. En concreto, la ansiedad presenta una prevalencia significativamente más alta en pacientes asmáticos que en controles, con odds ratios que indican riesgo incrementado⁴. A su vez, un asma mal controlada puede preceder o agravar síntomas psiquiátricos: en un estudio de casos y controles en España, la prevalencia de trastornos mentales fue del 25,5 % en sujetos asmáticos frente al 13,4 % en controles, con consumo de medicamentos psiquiátricos más frecuente también en el grupo asmático⁵.
Estos aspectos fisiopatológicos asociativos entre ambas patologías están descritos y se buscan recopilar en esta revisión, mientras que otros más específicos fenotípicos todavía son una incógnita a resolver.
OBJETIVO
El objetivo de esta revisión sistemática es profundizar en la comprensión de los fundamentos científicos que sustentan la alta prevalencia de trastornos psiquiátricos en pacientes con asma. Se pretende analizar críticamente la literatura existente para identificar y sintetizar las evidencias que explican esta asociación, considerando tanto los mecanismos genéticos y psiconeuroinmunológicos implicados, como los factores psicológicos y sociales que influyen en dicha relación. Asimismo, se busca esclarecer en qué medida esta comorbilidad afecta el control de la enfermedad asmática, la evolución clínica de los pacientes y su calidad de vida.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión sistemática a través de las bases de datos PubMed/MEDLINE, Scopus y Web of Science, utilizando los términos asthma, mental disorders, anxiety, depression, neuroinflammation, immune response y shared genetics, combinados con operadores booleanos.
La bibliografía incluyó guías clínicas en su última versión (GEMA 5.5, GINA 2025), estudios epidemiológicos, revisiones sistemáticas, análisis genómicos y estudios experimentales sobre neuroinflamación, publicados entre 2001 y 2025 en inglés o español, que evaluaran la relación clínica, epidemiológica o fisiopatológica entre asma y trastornos psiquiátricos. Se excluyeron estudios pediátricos no extrapolables a la edad adulta. Los resultados se filtraron mediante lectura de título y resumen, seguida de revisión de texto completo para confirmar elegibilidad.
RESULTADOS
Los hallazgos revisados revelan factores genéticos, biológicos neuroendocrinos y psicológicos que sustentan la asociación bidireccional entre el asma y los trastornos psiquiátricos.
A nivel genético, la depresión mayor muestra la correlación más fuerte con el asma, por encima de otros trastornos psiquiátricos como el TDAH o la ansiedad. Se ha identificado una relación unidireccional entre asma y depresión, en la que la predisposición genética a la depresión aumenta el riesgo de desarrollar asma 6. Entre los genes más relevantes que asocian ambas patologías se encuentran ESR2, IL1RL1, IL18R1, IL33, TSLP, GSDMB, ORMDL3 y STK11IP. Todos ellos están implicados en procesos como la regulación de la respuesta inmune, la inflamación y la señalización neuroendocrina, comunes en la fisiopatología biológica explicativa de la asociación entre ambas enfermedades 7.
Desde el enfoque neuroendocrino, el estrés crónico y los trastornos psiquiátricos inducen un desequilibrio autonómico caracterizado por inhibición del sistema parasimpático y activación sostenida del sistema simpático, lo cual estimula el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA) y la producción de cortisol. Si bien el cortisol tiene un efecto fisiológico antiinflamatorio e inmunosupresor, su activación crónica puede generar resistencia a glucocorticoides, perdiendo su eficacia antiinflamatoria y facilitando una respuesta inmune disfuncional. Esto se traduce en la activación de células Th2 y Th17, que promueven inflamación sistémica8,9.
A nivel respiratorio se produce hiperreactividad bronquial, inflamación de las vías aéreas con predominio de eosinofilia como celularidad representativa de la pared bronquial y exacerbaciones asmáticas10.
A nivel cerebral, la presencia sostenida de mediadores inflamatorios en sangre permite que estos atraviesen la barrera hematoencefálica, induciendo neuroinflamación. Esta inflamación en el SNC genera una alteración de los circuitos neuronales, especialmente en regiones clave para la regulación emocional como la corteza prefrontal, el hipocampo, la amígdala y el hipotálamo11. En concreto, se ha observado que las células Th17 y la interleucina 6 (IL-6) se asocian con el desarrollo de síntomas de depresión y ansiedad en pacientes asmáticos12. Además, la detección de IL-1β y TNF-α se ha vinculado con la aparición de depresión en asmáticos con predominio de inflamación neutrofílica y con una respuesta broncodilatadora más deficiente, lo que contribuye a perpetuar el círculo vicioso entre el mal control del asma y las alteraciones psiquiátricas13.
Aunque clásicamente el sistema parasimpático se ha vinculado a la broncoconstricción, en el contexto de trastornos psiquiátricos, su actividad está deprimida. No obstante, la inflamación mediada por eosinófilos y macrófagos puede inhibir los receptores M2 presinápticos, lo que facilita una liberación excesiva de acetilcolina, incrementando la activación de los receptores M3 postsinápticos y potenciando así la bronconstricción colinérgica14.
A su vez, la inflamación crónica también debilita la respuesta inmune innata, favoreciendo infecciones respiratorias. Se produce un daño en las barreras epiteliales y en la función mucociliar, agotamiento funcional de neutrófilos y monocitos, y disminución de la actividad de células NK y células T reguladoras, lo que genera una respuesta inflamatoria desorganizada y poco eficiente15.
A raíz de toda esta cascada inflamatoria, existen numerosos ensayos clínicos que incluyen nuevas dianas terapéuticas fijadas en citoquinas o vías inflamatorias. La vía JAK-STAT representa una diana emergente de interés. En presencia de inflamación crónica y resistencia a glucocorticoides, citocinas como IL-6 mantienen activa esta vía, perpetuando la señalización inflamatoria en el tejido pulmonar y en el SNC. Inhibidores de JAK como tofacitinib han mostrado en modelos preclínicos reducción de la inflamación de las vías aéreas, hiperreactividad bronquial y eosinofilia, incluso en fenotipos resistentes a esteroides, aunque actualmente su uso clínico está limitado a enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide o la colitis ulcerosa16. Otras estrategias incluyen el uso tan conocido de biológicos anti-IL-5, IL-4, IL-13, IL-33 y TSLP, así como estudios preclínicos con inhibidores de PDE4, antagonistas de CXCR2, inhibidores de p38 MAPK, macrólidos inmunomoduladores y terapias neuroinmunes17,18.
Finalmente, desde el punto de vista psicológico, sobre todo ansiedad y depresión afectan negativamente al control del asma. En el caso de la ansiedad, los pacientes tienden a evitar actividades por miedo a desencadenar crisis, desarrollan hipervigilancia frente a síntomas, pueden confundir síntomas respiratorios con manifestaciones de ansiedad e hiperbolizan síntomas de mal control del asma. Por otro lado, experimentan efectos adversos por benzodiacepinas (BZD) que pueden comprometer el control de la patología asmática1. En el caso de la depresión, se observa una esfera psicosocial contraria a la ansiedad. Existe una baja adherencia al tratamiento, omisión o uso incorrecto de la medicación, pensamientos negativos sobre la capacidad de controlar la enfermedad y desatención a síntomas asmáticos, infraestimándolos19. Estos comportamientos propios de pacientes con ansiedad y depresión se asocian con otras comorbilidades como obesidad, tabaquismo y abuso de sustancias, fomentando con todo ello los reingresos hospitalarios frecuentes, la cronicidad de la patología respiratoria y sus síntomas, así como una mala calidad de vida percibida por el paciente y referida en consulta como un mal control de su patología de base20.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
La asociación entre asma y trastornos psiquiátricos es particularmente estrecha en comparación con otras enfermedades respiratorias, debido a una compleja interacción fisiopatológica y psicosocial. En el asma, confluyen mecanismos compartidos como la inflamación tipo 2 del sistema inmunológico, la disfunción del sistema nervioso autónomo (especialmente en la hiperreactividad bronquial) y la activación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA), los cuales también están implicados en diversos trastornos psiquiátricos8. Además, el asma suele iniciarse en etapas del neurodesarrollo crítico, como la infancia o la adolescencia, lo que puede interferir con la maduración de mecanismos de afrontamiento y aumentar la vulnerabilidad a trastornos afectivos y de ansiedad21.
Las exacerbaciones agudas del asma, muchas veces impredecibles y con sensación de asfixia, pueden generar o intensificar síntomas ansiosos, e incluso desencadenar trastornos como el pánico. Se establece así un círculo vicioso donde la ansiedad exacerba la percepción de disnea, agravando los síntomas asmáticos, lo que a su vez incrementa la ansiedad. Esta retroalimentación negativa es clave en la comorbilidad entre ambas condiciones1.
No obstante, persisten interrogantes relevantes que requieren mayor exploración. Aún no se comprende completamente cómo varían estas interacciones según los distintos fenotipos de asma o los subtipos de trastornos psiquiátricos. Además, se necesitan estudios longitudinales que determinen direccionalidad y causalidad, así como investigaciones que evalúen el impacto de intervenciones integradas (psicológicas y médicas) en la evolución clínica de ambas condiciones. Abordar estas cuestiones permitiría avanzar hacia un enfoque más personalizado y eficaz en el manejo del paciente asmático con comorbilidad psiquiátrica22.
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