Rol de enfermería en el paciente con hemodiálisis y su autocuidado

26 agosto 2024

 

Nº de DOI:10.34896/RSI.2024.29.35.001

 

AUTORES

  1. Teresa Peón Sánchez. Grado en Enfermería por la Universidad San Jorge, Zaragoza.
  2. Ana María Morón Esteban. Enfermera de Urología en el Hospital Royo Villanova, Zaragoza
  3. Isabel Cólera Gómez. Enfermera de Urología en el Hospital Royo Villanova, Zaragoza.
  4. Micaela Ardid Pardo. Enfermera de Atención Primaria Rural en Teruel.
  5. Ana Saide Gabro Marcén. Enfermera del Banco de Sangre y Tejidos de Zaragoza. 
  6. Rubén Aced Magaña. Enfermero de Urgencias en el Hospital Royo Villanova, Zaragoza. 

 

RESUMEN

La Insuficiencia Renal Crónica (IRC) es una enfermedad global que afecta al 11% de la población y requiere ajustes significativos en el estilo de vida, como adherirse a tratamientos médicos y dietas específicas. Estos cambios pueden causar desánimo y riesgo de abandono del tratamiento, afectando la salud física y el bienestar emocional de los pacientes.

La enfermería juega un papel esencial en el manejo de la IRC, facilitando la adaptación de los pacientes mediante la educación y el apoyo continuo. Basado en la teoría de los sistemas de Dorothea Orem, que enfatiza el autocuidado y el apoyo educativo, el personal de enfermería ayuda a los pacientes a comprender su enfermedad, adherirse a los tratamientos y adoptar prácticas de autocuidado efectivas.

La revisión bibliográfica realizada revela que el apoyo educativo de enfermería mejora significativamente el autocuidado de los pacientes con IRC. Se ha observado un aumento en la protección del acceso venoso y la frecuencia de revisiones médicas, así como mejoras en las prácticas dietéticas, como la reducción de carbohidratos, fósforo y lácteos. Además, las actividades asistenciales de enfermería, como el control de signos vitales y el manejo de catéteres, son cruciales para una gestión eficaz de la enfermedad.

Este enfoque integral en la educación y el apoyo no solo mejora el manejo de la IRC, sino que también incrementa la satisfacción del paciente y reduce complicaciones. Un sistema de apoyo educativo sólido contribuye a una mejor adherencia al tratamiento y una calidad de vida superior. Por lo tanto, es vital que el personal de enfermería continúe desarrollando y perfeccionando sus estrategias educativas para ofrecer un cuidado integral y efectivo.

PALABRAS CLAVE

Enfermedad renal crónica, cuidados de enfermería, autocuidados, educación del paciente.

ABSTRACT

Chronic Kidney Disease (CKD) is a global disease that affects 11% of the population and requires significant lifestyle adjustments, such as adhering to specific medical treatments and diets. These changes can cause discouragement and risk of treatment withdrawal, affecting patients’ physical health and emotional well-being.

Nursing plays an essential role in the management of CKD, facilitating patients’ adjustment through education and ongoing support. Based on Dorothea Orem’s systems theory, which emphasises self-care and educational support, nurses help patients understand their disease, adhere to treatments and adopt effective self-care practices.

The literature review reveals that nursing education support significantly improves the self-care of CKD patients. Increased venous access protection and frequency of medical check-ups have been observed, as well as improvements in dietary practices, such as reduction of carbohydrates, phosphorus and dairy. In addition, nursing care activities such as vital sign monitoring and catheter management are crucial for effective disease management.

This comprehensive approach to education and support not only improves CKD management, but also increases patient satisfaction and reduces complications. A strong educational support system contributes to better adherence to treatment and a higher quality of life. Therefore, it is vital that nurses continue to develop and refine their educational strategies to provide comprehensive and effective care.

KEY WORDS

Chronic kidney disease, nursing care, self care, patient education.

INTRODUCCIÓN

La Insuficiencia Renal Crónica (IRC) es una condición de salud que ha emergido como un problema significativo a nivel mundial, afectando aproximadamente al 11% de la población global1. Esta enfermedad progresiva se caracteriza por la pérdida gradual de la función renal, lo que lleva a la incapacidad de los riñones para filtrar adecuadamente las toxinas y desechos del cuerpo. Como resultado, las personas con IRC se ven obligadas a realizar cambios drásticos en sus estilos de vida y rutinas diarias, que incluyen la adherencia estricta a tratamientos médicos, dietas específicas y, en muchos casos, la dependencia de terapias de reemplazo renal como la diálisis2.

El impacto de la IRC en la vida de los pacientes no se limita únicamente a los aspectos físicos. El diagnóstico y manejo de la enfermedad pueden tener profundas implicaciones psicológicas y emocionales. La necesidad de seguir un régimen de tratamiento riguroso y, a menudo, invasivo puede llevar a sentimientos de desánimo y desesperanza. Estos sentimientos, si no se abordan adecuadamente, pueden resultar en el abandono del tratamiento, lo que a su vez puede acelerar la progresión de la enfermedad y aumentar el riesgo de complicaciones graves3.

En este contexto, el papel de la enfermería se vuelve crucial para garantizar que los pacientes puedan navegar por estos cambios de manera efectiva y sostenible. Los profesionales de enfermería no solo proporcionan cuidados médicos esenciales, sino que también desempeñan un papel vital en el apoyo emocional y la educación del paciente. A través de una atención centrada en el paciente, los enfermeros pueden ayudar a los individuos con IRC a comprender mejor su condición, adherirse a los tratamientos recomendados y mantener una mejor calidad de vida4.

El acompañamiento continuo y la intervención oportuna por parte del personal de enfermería pueden hacer que el tránsito por esta nueva realidad de vida sea más llevadero y menos traumático para los pacientes. Esto incluye el manejo de síntomas, la educación sobre el autocuidado y la promoción de hábitos saludables que puedan mejorar los resultados del tratamiento y el bienestar general5. De esta manera, la enfermería se posiciona como un pilar fundamental en el manejo de la IRC, contribuyendo significativamente a la reducción de la carga de la enfermedad y mejorando la calidad de vida de los pacientes afectados.

 

OBJETIVOS

  • Evaluar el impacto de enfermería en el autocuidado de pacientes con IRC
  • Determinar la actuación de enfermería en pacientes con IRC.

 

METODOLOGÍA

Para llevar a cabo esta investigación, se realizó una revisión bibliográfica en varias etapas, utilizando bases de datos relevantes como Scielo, Google Scholar y PubMed. La búsqueda se centró en artículos recientes y pertinentes sobre el impacto de la enfermería en el autocuidado de pacientes con Insuficiencia Renal Crónica (IRC).

Se establecieron criterios de inclusión para seleccionar estudios originales de los últimos 10 años que abordarán directamente las intervenciones de enfermería en el autocuidado de pacientes con IRC. Se excluyeron estudios que no aportaran datos empíricos o que no estuvieran directamente relacionados con el tema.

Se revisaron los resúmenes y textos completos de los artículos seleccionados, extrayendo información relevante sobre intervenciones de enfermería y cambios en los patrones de autocuidado. Los datos se organizaron en categorías temáticas para facilitar el análisis.

 

RESULTADOS

Mejoría en el Patrón de Vida de los Pacientes con IRC:

El apoyo educativo brindado por enfermería ha demostrado tener un impacto positivo significativo en la calidad de vida de los pacientes con Insuficiencia Renal Crónica (IRC)1. Esta intervención ha llevado a una mejora notable en diversos aspectos del manejo de la enfermedad. Tras recibir la educación adecuada, se ha observado un incremento del 39% en la protección del acceso venoso, lo que indica que los pacientes están tomando medidas más eficaces para mantener la integridad de este acceso crucial para la diálisis2. Esta mejora es esencial para evitar complicaciones y asegurar la efectividad del tratamiento. Además, el aumento del 36% en la frecuencia con la que los pacientes asisten a revisiones médicas refleja un compromiso más fuerte con el seguimiento regular de su salud, permitiendo una supervisión continua y la detección temprana de problemas potenciales3.

Mejoras en las Prácticas Alimentarias:

La educación sobre nutrición ha tenido un efecto positivo en las prácticas alimentarias de los pacientes4. Se ha observado una reducción del 26% en la ingesta de carbohidratos, lo que sugiere que los pacientes están adoptando una dieta más adecuada para controlar su condición5. Este cambio es crucial, ya que una ingesta controlada de carbohidratos puede ayudar a gestionar mejor los niveles de glucosa y evitar complicaciones asociadas a la diabetes y otras condiciones metabólicas. Además, se ha logrado una disminución del 23% en el consumo de fósforo, un mineral que, en exceso, puede causar problemas adicionales a los riñones y afectar el equilibrio de minerales en el cuerpo4. La reducción del 22% en la ingesta de productos lácteos también ha sido significativa, dado que estos productos son una fuente importante de fósforo5. Estos ajustes dietéticos ayudan a los pacientes a mantener un equilibrio adecuado y a mejorar su salud renal.

Actividades Asistenciales de Enfermería:

El papel del personal de enfermería en la gestión de la IRC ha sido fundamental para la mejora de la salud de los pacientes1. La monitorización regular de los signos vitales se ha llevado a cabo con mayor precisión, permitiendo una evaluación continua del estado general de salud y la detección temprana de cualquier cambio que pueda requerir intervención2. El cuidado especializado durante las punciones de venas fistulizadas ha mejorado, reduciendo el riesgo de complicaciones y asegurando la correcta funcionalidad del acceso vascular3. La manipulación cuidadosa de los catéteres venosos centrales también ha contribuido a disminuir el riesgo de infecciones y otros problemas asociados4.

El personal de enfermería ha demostrado una capacidad mejorada para reconocer y manejar complicaciones que puedan surgir, lo cual es crucial para prevenir situaciones graves y mantener el bienestar de los pacientes5. La recolección de muestras se realiza de manera más eficiente, lo que permite una evaluación continua de los parámetros de salud del paciente. La administración precisa de medicación a través de diversas vías asegura que los pacientes reciban el tratamiento adecuado en el momento oportuno. Además, el personal de enfermería ofrece orientación continua sobre la enfermedad, resolviendo dudas y proporcionando apoyo adicional para que los pacientes comprendan mejor su condición y los cambios necesarios en su estilo de vida4. Este enfoque integral en la educación y el apoyo contribuye significativamente a la capacidad de los pacientes para manejar su condición de manera efectiva y mejorar su calidad de vida5.

 

CONCLUSIÓN

El rol de enfermería en la gestión de la Insuficiencia Renal Crónica (IRC) es esencial para facilitar el autocuidado de los pacientes y mejorar su calidad de vida1. La educación proporcionada por los profesionales de enfermería resulta crucial en la formación de los pacientes sobre el estilo de vida necesario para manejar su condición de manera efectiva2. A través de la implementación de un enfoque educativo basado en la teoría de los sistemas de Dorothea Orem, que destaca la importancia de los sistemas de apoyo en el autocuidado, enfermería puede ofrecer una guía integral que ayuda a los pacientes a adaptar su estilo de vida y cumplir con las recomendaciones médicas3.

La teoría de Orem enfatiza que los pacientes deben ser capaces de asumir la responsabilidad de su propio cuidado, pero también reconoce que el apoyo y la educación de los profesionales de salud son fundamentales para desarrollar las habilidades necesarias4. Aplicando esta teoría, los profesionales de enfermería pueden proporcionar un sistema de apoyo educativo que abarca desde la información básica sobre la enfermedad y el tratamiento, hasta el apoyo técnico durante las sesiones de hemodiálisis y la gestión de complicaciones5.

Este sistema de apoyo educativo incluye varias facetas. En el nivel informativo, enfermería se encarga de proporcionar a los pacientes la comprensión necesaria sobre su condición, los tratamientos disponibles y las prácticas de autocuidado esenciales1. A nivel de apoyo, los profesionales facilitan la adaptación a los cambios requeridos en el estilo de vida y fomentan la adherencia a las pautas médicas, lo que resulta en una mayor responsabilidad en la salud del paciente y una mejor gestión de su condición. Además, en el ámbito técnico, los profesionales de enfermería juegan un papel activo en la administración de tratamiento, el manejo de catéteres y el monitoreo de signos vitales, asegurando que cada aspecto del cuidado sea abordado de manera efectiva4.

La implementación de un sistema de apoyo educativo basado en estos principios no solo mejora la capacidad de los pacientes para gestionar su enfermedad, sino que también contribuye a una mayor satisfacción con el cuidado recibido y una reducción de complicaciones asociadas3. La evidencia sugiere que un enfoque educativo robusto y bien estructurado puede llevar a mejoras significativas en el autocuidado, la adherencia al tratamiento y, en última instancia, en la calidad de vida de los pacientes con IRC5. Por lo tanto, es imperativo que el personal de enfermería continúe desarrollando y perfeccionando sus estrategias educativas para ofrecer un apoyo integral que aborde todas las dimensiones del cuidado del paciente con IRC4.

 

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