Salud bucodental en el embarazo: mitos, cambios fisiológicos y atención odontológica basada en la evidencia

13 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Ylenia Caballero Casanova. Enfermera del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. Mario Soro Arroyo. Técnico en Imagen para Diagnóstico y Medicina Nuclear del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
  3. Jorge Bárcena Ferruz. Técnico de Laboratorio Clínico y Biomédico del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Susana Serrano Gaspar. Enfermera del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. María Paz Arroyo Clemente. Enfermera del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
  6. Irene Arner Dobón. Enfermera del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESUMEN

El embarazo modifica el entorno bucal, pero no convierte la enfermedad oral en un destino inevitable de la gestación. El ascenso de estrógenos y progesterona, los cambios vasculares e inmunitarios, las náuseas, los vómitos y ciertas variaciones en el patrón de ingesta alteran la respuesta de los tejidos frente al biofilm y pueden favorecer la aparición de gingivitis, caries, erosión dental o lesiones reactivas como el granuloma gravídico. Esta revisión narrativa analiza los mecanismos que explican estas alteraciones, sus manifestaciones clínicas más habituales y las medidas preventivas y terapéuticas con mayor respaldo científico, incluyendo la seguridad de la anestesia local y de las radiografías dentales justificadas. La evidencia disponible sostiene que el control del biofilm es el determinante principal de la inflamación gingival gestacional y que la atención odontológica preventiva, diagnóstica y restauradora puede y debe ofrecerse durante toda la gestación cuando existe indicación clínica. Integrar una valoración bucodental sencilla en el seguimiento prenatal permitiría desmontar creencias erróneas todavía frecuentes entre gestantes y profesionales, reducir barreras de acceso y evitar que problemas tratables con facilidad se conviertan, por demora, en intervenciones más complejas.

PALABRAS CLAVE

Embarazo, salud bucodental, gingivitis, enfermedad periodontal, caries dental, atención odontológica.

ABSTRACT

Pregnancy alters the oral environment, yet it does not make oral disease an unavoidable outcome of gestation. Rising estrogen and progesterone levels, vascular and immune adaptations, nausea, vomiting and shifts in eating patterns modify tissue response to dental biofilm and may facilitate gingivitis, dental caries, tooth erosion or reactive lesions such as pyogenic granuloma. This narrative review examines the mechanisms behind these changes, their most common clinical manifestations, and the preventive and therapeutic measures best supported by current evidence, including the safety of local anesthesia and clinically justified dental radiographs. Available evidence indicates that biofilm control remains the main determinant of gestational gingival inflammation, and that preventive, diagnostic and restorative dental care can and should be provided throughout pregnancy whenever clinically indicated. Incorporating a simple oral health assessment into prenatal follow-up could help dismantle misconceptions still common among pregnant women and clinicians, reduce access barriers, and prevent easily treatable conditions from becoming more complex due to delay.

KEY WORDS

Pregnancy, oral health, gingivitis, periodontal disease, dental caries, dental care.

INTRODUCCIÓN

Sangrado de encías, sensibilidad dental o la aparición de un bulto en la encía: son molestias que muchas gestantes —y no pocos profesionales— siguen considerando parte normal del embarazo. Esa normalización tiene un coste práctico. Hay mujeres que dejan de cepillarse donde sangra, que posponen la consulta por miedo al tratamiento, o que llegan al final de la gestación arrastrando problemas que se habrían resuelto con facilidad meses atrás. Las recomendaciones clínicas actuales van justo en la dirección contraria: la salud oral es parte del cuidado prenatal, y los procedimientos necesarios no deben aplazarse por el simple hecho de que la paciente esté embarazada1,2.

La gestación sí introduce un contexto biológico particular. El aumento hormonal incrementa la vascularización gingival y modifica la respuesta inflamatoria; las náuseas, los vómitos y los cambios en el patrón de ingestas alteran, a su vez, las condiciones de la superficie dental. Ninguno de estos factores causa, por sí solo, gingivitis o caries: actúan como moduladores de elementos que ya estaban presentes, sobre todo el biofilm, la exposición repetida a azúcares, la acidez del medio oral y la calidad de la higiene3,4.

Esta distinción no es un matiz académico: cambia el mensaje que se traslada a la paciente, de la resignación a la prevención. La inflamación gingival puede intensificarse durante el embarazo, pero su magnitud depende en gran medida del control de placa, no de la gestación en sí. Del mismo modo, la caries no aparece porque el feto «robe calcio» a los dientes maternos —una creencia todavía muy extendida—, sino por la combinación de factores dietéticos, microbiológicos y conductuales. Estas ideas erróneas persisten entre gestantes y también entre algunos profesionales sanitarios, y eso limita tanto la derivación como el uso real de los servicios odontológicos5,13.

Esta revisión se centra deliberadamente en la salud bucodental materna. Se describen los cambios fisiológicos que ayudan a entender las manifestaciones orales más frecuentes, se repasan las principales alteraciones clínicas y se sintetizan las recomendaciones vigentes de prevención y tratamiento. La posible relación entre periodontitis y resultados obstétricos se menciona únicamente para contextualizar la evidencia, sin convertirla en el eje del trabajo14.

OBJETIVOS

Objetivo general:

Revisar la evidencia científica disponible sobre los cambios orales asociados al embarazo, sus principales manifestaciones clínicas y las recomendaciones actuales para la prevención y la atención odontológica de la gestante.

Objetivos específicos:

  • • Explicar cómo las adaptaciones hormonales, vasculares, inmunitarias y salivales modifican el entorno oral durante la gestación.
  • • Describir la gingivitis gestacional, la periodontitis, la caries dental, la erosión dental, el granuloma gravídico y otras manifestaciones menos frecuentes.
  • • Analizar las medidas preventivas aplicables en el domicilio y en la consulta odontológica.
  • • Revisar la seguridad de los tratamientos odontológicos, la anestesia local y las pruebas radiológicas durante el embarazo.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa mediante búsqueda sistematizada en PubMed/MEDLINE, SciELO y Google Scholar. Se combinaron, con los operadores booleanos AND y OR, los descriptores DeCS y MeSH pregnancy, oral health, gingivitis, periodontal disease, dental caries, tooth erosion, pyogenic granuloma, dental treatment, local anesthesia y dental radiography. La búsqueda se complementó con documentos de la American Dental Association, el American College of Obstetricians and Gynecologists y distintos grupos de consenso sobre atención oral durante la gestación.

Se priorizaron revisiones sistemáticas, estudios de cohortes, revisiones clínicas y guías de práctica publicadas entre 2010 y 2025, conservando algunos documentos anteriores por su relevancia histórica o por seguir vigentes en las recomendaciones actuales. Se excluyeron los trabajos centrados exclusivamente en resultados obstétricos sin relación directa con la salud oral materna, los estudios sin vínculo claro con los objetivos de la revisión y los documentos cuya información no pudo verificarse. La selección final se limitó a quince referencias.

DESARROLLO

Cambios fisiológicos que modifican el entorno oral:

Durante la gestación aumentan de forma marcada las concentraciones de estrógenos y progesterona, y la encía —un tejido rico en receptores hormonales— responde con mayor vascularización y permeabilidad capilar. El resultado puede ser un tejido edematoso, brillante y eritematoso, que sangra ante estímulos que antes apenas producían reacción. Esta respuesta no es uniforme: suele intensificarse cuando ya existía inflamación gingival o un control de placa deficiente antes de la concepción3,4,5.

La gestación también reconfigura la regulación inmunitaria. La adaptación materna necesaria para tolerar el desarrollo fetal modifica el equilibrio de células y mediadores inflamatorios, y en la encía este contexto puede amplificar la respuesta frente al biofilm sin que aumente necesariamente la cantidad de placa presente. Esto explica por qué dos mujeres con hábitos de higiene similares pueden mostrar grados de inflamación muy distintos, y por qué una misma mujer puede notar un sangrado bastante más evidente en el segundo o el tercer trimestre4,5.

La microbiota oral, por su parte, no debe interpretarse como un elemento aislado del proceso. Las variaciones hormonales pueden modificar la proporción de ciertas bacterias, pero la enfermedad surge de la interacción entre el biofilm, la respuesta del huésped y las condiciones locales; la idea de que el embarazo genera, por sí mismo, una infección gingival simplifica en exceso un proceso que sigue dependiendo, sobre todo, del control mecánico de la placa3,5.

Los estudios sobre saliva ofrecen resultados menos consistentes: se han descrito cambios del pH, de la capacidad tampón, del flujo salival y de algunos componentes específicos, aunque no todas las investigaciones coinciden en su magnitud. Estas variaciones cobran relevancia cuando se suman a ingestas frecuentes, boca seca, vómitos o una exposición insuficiente al flúor; aisladas, no permiten afirmar que toda gestante tenga, por definición, mayor riesgo de caries4,7.

Las náuseas añaden una dificultad práctica: pueden entorpecer el cepillado, sobre todo en los sectores posteriores de la boca. Algunas mujeres reducen la higiene por el reflejo nauseoso o cambian a alimentos mejor tolerados, a menudo en tomas pequeñas y repetidas a lo largo del día. Cuando hay vómitos, el ácido gástrico reduce temporalmente el pH de la superficie dental. La combinación de menor limpieza, mayor frecuencia de ingesta y episodios ácidos explica el riesgo dental gestacional mucho mejor que cualquier argumento apoyado únicamente en las hormonas1,3,7.

Manifestaciones clínicas:

Gingivitis gestacional. Es la alteración oral más característica del embarazo, y se manifiesta como enrojecimiento, aumento de volumen gingival y sangrado al cepillado o al sondaje. La revisión sistemática de Figuero et al. confirmó que la inflamación gingival aumenta durante la gestación y tiende a reducirse tras el parto, si bien su intensidad varía entre estudios y depende del estado periodontal previo5. Conviene evitar dos mensajes igualmente equivocados: que el sangrado es inevitable y no merece atención, o que demuestra que el cepillo está dañando la encía. En la mayoría de los casos, el sangrado refleja inflamación frente al biofilm; reducir el cepillado perpetúa el problema, mientras que mantener una técnica cuidadosa, limpiar los espacios interdentales y realizar profilaxis profesional cuando esté indicada suele mejorar el cuadro1,12. La inflamación tiende a iniciarse en los primeros meses y alcanzar su mayor intensidad en el segundo y tercer trimestre; tras el parto disminuye la influencia hormonal, pero la resolución no es automática si persisten placa, cálculo o una técnica de higiene ineficaz, lo que da sentido clínico a la revisión posparto3,5.

Periodontitis. Se diferencia de la gingivitis por la destrucción de los tejidos de soporte, con pérdida de inserción y, en fases avanzadas, movilidad dentaria. El embarazo no origina esta destrucción por sí mismo, aunque puede hacer más visible o agravar la inflamación de una enfermedad ya presente; la elevada prevalencia descrita en algunas poblaciones gestantes debe interpretarse considerando las diferencias diagnósticas, sociales y asistenciales entre estudios6. Cuando el examen detecta bolsas periodontales, cálculo subgingival o pérdida de inserción, el tratamiento no quirúrgico —raspado y alisado radicular— puede realizarse durante el embarazo: mejora el estado periodontal materno y no se ha asociado con efectos adversos atribuibles al propio procedimiento. Cuestión distinta es si ese tratamiento modifica los resultados obstétricos; las revisiones disponibles no permiten sostener un beneficio uniforme en ese sentido, por lo que la indicación debe basarse en la necesidad de tratar la enfermedad oral y no en promesas preventivas sobre el embarazo1,2,14. Esta precisión protege a la paciente de mensajes alarmistas: la periodontitis merece atención por su capacidad de producir dolor, pérdida de soporte, halitosis, sangrado y deterioro de la calidad de vida, sin necesidad de recurrir a asociaciones sistémicas inciertas para justificar su diagnóstico y tratamiento6,14.

Caries dental. La idea popular de que «cada embarazo cuesta un diente» atribuye a la gestación una relación causal que no existe: el calcio del esmalte ya mineralizado no se moviliza para cubrir necesidades fetales. El riesgo de caries sí puede aumentar cuando se repiten las ingestas cariogénicas, disminuye la higiene por las náuseas, aparece sequedad oral o se retrasa el tratamiento de una lesión ya iniciada por miedo a acudir al dentista1,3,7. La prevención debe centrarse en la frecuencia de exposición, no solo en la cantidad total de azúcar consumida, porque las tomas pequeñas y repetidas mantienen episodios de descenso del pH a lo largo del día. El cepillado dos veces al día con pasta fluorada, la limpieza interdental y el control profesional resultan más útiles que las recomendaciones genéricas de «evitar todos los antojos»; en gestantes de riesgo elevado, el odontólogo puede valorar barnices fluorados u otras intervenciones individualizadas1,12.

Erosión dental asociada a los vómitos. Es una pérdida química de tejido dental, independiente de la actividad bacteriana. Los vómitos repetidos exponen el esmalte al ácido gástrico y pueden generar superficies lisas, pérdida de brillo y sensibilidad; el cepillado inmediato añade abrasión sobre un esmalte temporalmente reblandecido. Se recomienda enjuagar con agua o con una solución diluida de bicarbonato, esperar antes de cepillarse y consultar cuando los episodios son frecuentes o la sensibilidad persiste1,3,7.

Granuloma gravídico. También llamado granuloma piógeno, es una lesión reactiva, benigna y muy vascularizada que suele aparecer en la encía como un nódulo rojo de crecimiento relativamente rápido y sangrado fácil. Se relaciona con la combinación de estímulos locales y sensibilidad hormonal, y no constituye una neoplasia ni implica transformación maligna1,4,7. Muchas lesiones disminuyen tras el parto; si no interfieren con la masticación, la higiene o el habla, puede optarse por controlar la placa y vigilar su evolución. La exéresis se reserva para el sangrado recurrente, el tamaño importante, el traumatismo continuo o la duda diagnóstica, y eliminar los irritantes locales reduce el riesgo de recidiva3,7.

Xerostomía, sialorrea y movilidad dentaria. Algunas gestantes refieren boca seca, mientras que otras describen hipersalivación, sobre todo al inicio del embarazo y en relación con las náuseas. La xerostomía puede aumentar el malestar y dificultar la higiene, por lo que conviene revisar la hidratación, la respiración oral, la medicación concomitante y la frecuencia de bebidas azucaradas; la sialorrea suele ser transitoria y rara vez requiere tratamiento odontológico específico4,7. También puede observarse una ligera movilidad dentaria, que antes de atribuirse a cambios hormonales obliga a descartar enfermedad periodontal, traumatismo o patología pulpar: la pérdida de dientes no es, en ningún caso, una consecuencia fisiológica de la gestación3,4.

Atención odontológica durante la gestación:

La afirmación con mayor consenso en la literatura es que la atención preventiva, diagnóstica y restauradora resulta segura durante el embarazo. Las urgencias, las infecciones, las caries activas, el dolor pulpar y la enfermedad periodontal no deben posponerse: retrasar una intervención sencilla puede traducirse en tratamientos más extensos, mayor dolor y mayor exposición farmacológica más adelante1,2,12. El segundo trimestre suele resultar el más cómodo para los tratamientos programados, porque han remitido las náuseas iniciales y el volumen abdominal todavía permite una posición relativamente confortable, pero eso no convierte al primer ni al tercer trimestre en periodos prohibidos: la indicación clínica, la duración del procedimiento, el estado general de la paciente y sus preferencias deben guiar la decisión1,3. En fases avanzadas del embarazo, la posición completamente supina puede provocar mareo o malestar por compresión vascular, por lo que una ligera inclinación hacia el lado izquierdo, las pausas y las sesiones más cortas suelen bastar; en embarazos de alto riesgo o ante dudas farmacológicas concretas, la comunicación con el equipo obstétrico es prudente, pero no debería convertirse en una barrera automática para la atención odontológica básica3,12.

Anestesia local y medicación. La anestesia local permite tratar sin dolor y evita que el propio estrés del procedimiento se convierta en un problema añadido. La evidencia clínica disponible no muestra un incremento de resultados adversos tras la exposición a anestésicos locales de uso odontológico habitual; la lidocaína, con o sin vasoconstrictor a dosis habituales, cuenta con amplia experiencia de uso, y otras opciones deben seleccionarse según la situación clínica y los antecedentes médicos de la paciente8,9. La prescripción farmacológica exige valorar indicación, dosis y duración: penicilinas, amoxicilina, cefalosporinas, clindamicina y metronidazol son opciones habituales cuando existe una infección bacteriana que realmente requiere antibiótico, y tanto el analgésico como cualquier tratamiento prolongado deben individualizarse, en particular si hay comorbilidades o medicación concomitante. No tratar una infección tampoco es una opción neutra1,2. El óxido nitroso merece mención aparte: se aconseja evitarlo o limitarlo durante el embarazo, sobre todo cuando no existe un sistema eficaz de evacuación, ya que la mayoría de los procedimientos pueden resolverse con anestesia local y técnicas de control de la ansiedad sin recurrir a sedación inhalatoria1.

Radiografías dentales. Deben realizarse cuando la información obtenida vaya a modificar el diagnóstico o el tratamiento. Las dosis empleadas en imagen dental son bajas, y las recomendaciones actuales consideran segura su realización durante el embarazo cuando está clínicamente justificada; optimizar la técnica, colimar el haz, usar receptores digitales y evitar repeticiones innecesarias importa más que aplazar una prueba necesaria1,10,11. Las recomendaciones recientes de radioprotección han revisado, además, el uso rutinario de protectores abdominales y tiroideos, ya que pueden interferir con el campo de imagen o inducir repeticiones sin aportar un beneficio significativo con los equipos actuales; este cambio puede entrar en conflicto con protocolos locales todavía vigentes, por lo que el profesional debe cumplir la normativa aplicable y explicar a la paciente, en términos comprensibles, por qué la exploración está indicada10,11.

Prevención y promoción de la salud oral:

Las intervenciones educativas funcionan mejor cuando se adaptan a dificultades concretas y se acompañan de una vía clara de derivación odontológica13,15. Se recomienda cepillarse dos veces al día con pasta fluorada y limpiar a diario los espacios interdentales; un cepillo de cabezal pequeño, una pasta de sabor suave o cambiar el momento de la higiene puede ayudar cuando hay reflejo nauseoso, y el sangrado no debe llevar a abandonar la zona, sino a solicitar valoración profesional si persiste1,12. Tras un episodio de vómito conviene enjuagarse en lugar de cepillarse de inmediato; en cuanto a la dieta, reducir la frecuencia de azúcares entre comidas suele ser más realista y eficaz que imponer restricciones absolutas, y el agua debería ser la bebida habitual, evitando el uso repetido de productos ácidos o azucarados para aliviar la sequedad oral1,7.

La consulta prenatal ofrece, en este sentido, una oportunidad que a menudo se desaprovecha: preguntar por dolor, sangrado, movilidad, lesiones, la última visita dental y las dificultades de higiene. Idealmente, la valoración oral debería iniciarse antes del embarazo; cuando eso no ha ocurrido, la primera visita prenatal sigue siendo un momento adecuado para explorar, educar y tratar. Y la prevención no termina en el parto: revisar la salud oral materna y mantener los hábitos adquiridos favorece la continuidad de los cuidados2,12.

DISCUSIÓN

El hilo conductor de esta revisión es, en realidad, una corrección de rumbo: separar lo que el embarazo modula de lo que el embarazo, por sí solo, no explica. Las hormonas amplifican la respuesta inflamatoria gingival, pero no sustituyen al biofilm como causa de la enfermedad. Esta distinción tiene consecuencias prácticas directas, porque desplaza el mensaje clínico de la resignación «es normal que sangre, es del embarazo» hacia la intervención activa sobre lo que realmente puede modificarse: la higiene, la dieta y el acceso a la atención profesional.

Uno de los puntos de mayor consenso, y a la vez de menor implementación real, es la seguridad del tratamiento odontológico durante la gestación. La evidencia sobre anestesia local y sobre radiografías justificadas es sólida y coherente entre las principales guías consultadas, pero las revisiones sobre implementación muestran una brecha persistente entre lo que se recomienda y lo que efectivamente ocurre en consulta: siguen existiendo profesionales, tanto odontólogos como matronas u obstetras, que posponen tratamientos necesarios por precaución excesiva o desconocimiento actualizado13,15. Cerrar esa brecha depende menos de generar nueva evidencia que de mejorar la formación y la comunicación entre especialidades.

La relación entre periodontitis y resultados obstétricos adversos merece una mención honesta como limitación de esta revisión y de la literatura en general: la asociación biológica es plausible, pero los ensayos que han probado si tratar la periodontitis mejora esos resultados no ofrecen un beneficio uniforme. Presentar esa relación como causal, o como argumento principal para tratar la enfermedad periodontal, distorsiona la evidencia disponible y puede generar una alarma innecesaria; la periodontitis ya tiene justificación clínica propia, centrada en la salud oral materna, sin necesidad de apoyarse en promesas obstétricas no confirmadas.

Por último, buena parte de la evidencia revisada procede de sistemas sanitarios con acceso relativamente amplio a la atención odontológica, lo que limita su extrapolación directa a contextos con menor disponibilidad de recursos o cobertura.

CONCLUSIONES

El embarazo modifica la respuesta de los tejidos orales, pero no condena a la mujer a padecer gingivitis, caries o pérdida dentaria: las hormonas actúan sobre un entorno en el que siguen siendo decisivos el biofilm, la dieta, la exposición ácida, la higiene y el acceso a la atención profesional.

La gingivitis gestacional es frecuente y tiende a intensificarse conforme avanza el embarazo; el control de placa y la profilaxis profesional permiten reducirla.

La periodontitis debe diagnosticarse y tratarse por sus consecuencias sobre la salud oral materna; su posible relación con resultados obstétricos no debe presentarse como causalidad demostrada ni utilizarse para generar alarma.

La atención odontológica necesaria puede realizarse durante toda la gestación: la anestesia local y las radiografías justificadas presentan un perfil de seguridad favorable, y las urgencias no deben aplazarse.

El segundo trimestre puede ofrecer mayor comodidad para tratamientos programados, pero no constituye la única ventana terapéutica disponible.

Incorporar preguntas sencillas sobre salud oral en el seguimiento prenatal y facilitar la derivación odontológica ayudaría a superar creencias que todavía alejan a las gestantes de la consulta, más allá de cualquier avance tecnológico.

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