Seguridad del paciente y prevención de errores de medicación: papel de enfermería

22 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Óscar Romeo Gracia. Enfermero Hospital San Jorge, Huesca. Aragón, España.
  2. Alejandro Blecua Udina. Enfermero Hospital San Jorge, Huesca. Aragón, España.
  3. Carmen Jaime Giménez. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Esther Rodríguez Terradillos. Fisioterapeuta del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Martín Blecua Udina. Fisioterapeuta Hospital de Barbastro. Aragón, España.
  6. Minerva Sabás Saludas. Terapeuta Ocupacional del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESUMEN

La seguridad del paciente constituye uno de los pilares fundamentales de la calidad asistencial y representa una prioridad para los sistemas sanitarios a nivel mundial. Entre los eventos adversos evitables, los errores de medicación continúan siendo una de las principales causas de daño asociado a la atención sanitaria, con repercusiones clínicas, económicas y sociales tanto para los pacientes como para las instituciones sanitarias. La complejidad creciente de los tratamientos farmacológicos, la sobrecarga asistencial, las interrupciones durante la administración de medicamentos y los fallos en la comunicación entre profesionales incrementan el riesgo de que se produzcan estos eventos.

La enfermería desempeña un papel esencial en la prevención de los errores de medicación, al ser el profesional responsable, en la mayoría de los casos, de la preparación, administración y vigilancia de los tratamientos prescritos. Además, participa activamente en la identificación de riesgos, la notificación de incidentes, la educación sanitaria al paciente y la implantación de prácticas seguras orientadas a minimizar los eventos adversos.

El presente trabajo monográfico tiene como objetivo revisar los principales factores implicados en los errores de medicación y analizar las estrategias preventivas basadas en la evidencia que pueden ser implementadas por los profesionales de enfermería para mejorar la seguridad del paciente. Asimismo, se aborda la importancia de promover una cultura de seguridad, fomentar la formación continuada y potenciar el trabajo multidisciplinar como elementos clave para reducir la incidencia de errores y garantizar una atención sanitaria de mayor calidad.

PALABRAS CLAVE

Seguridad del paciente, errores de medicación, enfermería, calidad de la atención sanitaria, administración de medicamentos.

ABSTRACT

Patient safety is one of the fundamental pillars of healthcare quality and a global priority for healthcare systems. Among preventable adverse events, medication errors remain one of the leading causes of patient harm, generating significant clinical, economic and social consequences for both patients and healthcare organizations. The increasing complexity of pharmacological treatments, high workload, interruptions during medication administration and communication failures among healthcare professionals contribute to a higher risk of medication errors.

Nurses play a key role in medication safety, as they are primarily responsible for preparing, administering and monitoring prescribed treatments. They also actively participate in risk identification, incident reporting, patient education and the implementation of safe practices aimed at reducing preventable adverse events.

The aim of this monographic paper is to review the main factors associated with medication errors and to analyze evidence-based preventive strategies that can be implemented by nursing professionals to improve patient safety. In addition, the importance of promoting a safety culture, continuous professional education and multidisciplinary teamwork is discussed as essential elements to reduce medication errors and improve the quality of healthcare.

KEY WORDS

Patient safety, medication errors, nursing, quality of health care, medication administration.

DESARROLLO DEL TEMA

La seguridad del paciente constituye uno de los principios fundamentales sobre los que se sustenta la calidad de la atención sanitaria. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como la reducción del riesgo de daño innecesario asociado a la atención sanitaria hasta un nivel mínimo aceptable, considerando el conocimiento científico disponible, los recursos existentes y el contexto asistencial1. A pesar de los avances alcanzados en los sistemas sanitarios, los eventos adversos continúan representando un importante problema de salud pública debido a su elevada frecuencia y a las consecuencias que generan tanto para los pacientes como para los profesionales y las instituciones sanitarias.

Entre los eventos adversos evitables, los errores de medicación constituyen una de las principales causas de daño asociado a la asistencia sanitaria2. Estos errores pueden producirse en cualquiera de las etapas del proceso farmacoterapéutico, incluyendo la prescripción, transcripción, dispensación, preparación, administración y seguimiento del tratamiento. Sus consecuencias abarcan desde la ausencia de efectos clínicos relevantes hasta la aparición de reacciones adversas graves, prolongación de la estancia hospitalaria, incremento de los costes sanitarios e incluso el fallecimiento del paciente.

La creciente complejidad de los tratamientos farmacológicos, el envejecimiento de la población, la pluripatología, la polimedicación y el aumento de la carga asistencial han incrementado el riesgo de aparición de errores de medicación. A ello se suman otros factores, como las interrupciones durante la preparación y administración de medicamentos, la sobrecarga de trabajo, la comunicación ineficaz entre profesionales y la utilización de sistemas de prescripción o registro que pueden favorecer la aparición de fallos si no se emplean de forma adecuada.

En este contexto, la enfermería desempeña un papel esencial en la prevención de los errores de medicación. Además de asumir la responsabilidad de la preparación y administración segura de los tratamientos prescritos, los profesionales de enfermería participan activamente en la identificación de riesgos, la vigilancia de posibles reacciones adversas, la educación sanitaria del paciente y su familia, la notificación de incidentes relacionados con la medicación y la implantación de estrategias orientadas a mejorar la seguridad clínica. La aplicación rigurosa de prácticas seguras, junto con una adecuada formación y una cultura organizacional basada en la seguridad del paciente, contribuye significativamente a reducir la incidencia de eventos adversos evitables.

El presente trabajo monográfico tiene como finalidad analizar la importancia de la seguridad del paciente en relación con los errores de medicación, revisar los principales factores que favorecen su aparición y exponer las estrategias de prevención que pueden ser desarrolladas desde la práctica enfermera para mejorar la calidad asistencial y garantizar una atención sanitaria más segura.

SEGURIDAD DEL PACIENTE Y ERRORES DE MEDICACIÓN:

La seguridad del paciente es un componente esencial de la calidad asistencial y constituye una prioridad para los sistemas sanitarios de todo el mundo. Su objetivo es prevenir, reducir y minimizar los riesgos derivados de la atención sanitaria mediante la implantación de prácticas seguras y la mejora continua de los procesos asistenciales. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud ha impulsado diversas iniciativas destinadas a disminuir la incidencia de eventos adversos evitables, entre las que destaca el reto mundial Medication Without Harm, orientado a reducir los daños graves relacionados con la medicación.

Los errores de medicación se definen como cualquier incidente prevenible que pueda causar daño al paciente o dar lugar a una utilización inapropiada de los medicamentos mientras estos se encuentran bajo el control de un profesional sanitario, del paciente o de un cuidador3. Estos errores pueden producirse en cualquiera de las fases del proceso farmacoterapéutico y no siempre ocasionan un daño clínico, aunque representan una importante amenaza para la seguridad del paciente.

El proceso de utilización de medicamentos comprende diferentes etapas, como la prescripción, validación, dispensación, preparación, administración y monitorización del tratamiento. La participación de distintos profesionales sanitarios en cada una de estas fases hace que la coordinación y la comunicación sean elementos fundamentales para garantizar una atención segura. Un fallo en cualquiera de estas etapas puede desencadenar un error de medicación con consecuencias de diversa gravedad.

Los errores de medicación pueden clasificarse según el momento en el que se producen. Entre los más frecuentes se encuentran los errores de prescripción, relacionados con una selección inadecuada del medicamento, la dosis o la vía de administración; los errores de dispensación, derivados de la preparación o entrega incorrecta del tratamiento; y los errores de administración, que incluyen la administración de un medicamento equivocado, una dosis incorrecta, una vía inadecuada o un horario distinto al prescrito. Asimismo, pueden producirse errores durante la monitorización del tratamiento, cuando no se detectan de forma precoz los efectos adversos o las posibles interacciones farmacológicas.

Las consecuencias de estos errores son variables y dependen de múltiples factores, como las características del paciente, el tipo de medicamento implicado o la rapidez con la que el error es detectado. En algunos casos no producen repercusiones clínicas, mientras que en otros pueden ocasionar reacciones adversas graves, prolongación de la estancia hospitalaria, incremento de los costes sanitarios e incluso comprometer la vida del paciente. Por este motivo, la prevención de los errores de medicación constituye una de las estrategias prioritarias para mejorar la calidad y la seguridad de la asistencia sanitaria.

La implantación de protocolos de actuación, sistemas de notificación de incidentes, herramientas tecnológicas y programas de formación continuada ha contribuido a disminuir la incidencia de estos eventos. No obstante, sigue siendo imprescindible fomentar una cultura de seguridad basada en el aprendizaje de los errores, la comunicación abierta entre profesionales y la mejora continua de los procesos asistenciales.

FACTORES DE RIESGO ASOCIADOS A LOS ERRORES DE MEDICACIÓN:

Los errores de medicación tienen un origen multifactorial y suelen ser el resultado de la interacción entre factores humanos, organizativos, tecnológicos y relacionados con el propio paciente4. La identificación de estos factores resulta fundamental para diseñar estrategias preventivas eficaces que permitan mejorar la seguridad del paciente y reducir la incidencia de eventos adversos evitables.

Entre los factores humanos, la sobrecarga asistencial constituye una de las principales causas de error. El aumento de la presión asistencial, la escasez de profesionales, las jornadas laborales prolongadas y la fatiga física y mental favorecen la disminución de la atención y aumentan la probabilidad de cometer equivocaciones durante el proceso de utilización de medicamentos. Asimismo, las interrupciones frecuentes durante la preparación y administración de la medicación representan un importante factor de riesgo, ya que dificultan la concentración del profesional y favorecen la aparición de errores.

La comunicación ineficaz entre los miembros del equipo multidisciplinar también desempeña un papel relevante. La transmisión incompleta o incorrecta de la información durante los cambios de turno, las órdenes verbales poco precisas o los errores en el registro de la historia clínica pueden dar lugar a fallos en la prescripción, dispensación o administración de los tratamientos5.

En relación con los factores organizativos, la ausencia de protocolos normalizados, la falta de programas de formación continuada y la existencia de sistemas de trabajo poco estructurados incrementan el riesgo de errores. Del mismo modo, un clima laboral inadecuado o una cultura organizacional basada en la culpabilización de los profesionales dificulta la notificación de incidentes y limita las oportunidades de aprendizaje y mejora.

Los factores tecnológicos también pueden contribuir a la aparición de errores cuando los sistemas de prescripción electrónica, dispensación automatizada o registro clínico presentan deficiencias en su diseño o cuando los profesionales no reciben una formación adecuada para su utilización. No obstante, cuando estas herramientas se implantan correctamente, constituyen un importante elemento de apoyo para incrementar la seguridad durante el proceso farmacoterapéutico.

Por otra parte, determinadas características del paciente aumentan la probabilidad de sufrir errores de medicación. Entre ellas destacan la edad avanzada, la pluripatología, la polimedicación, el deterioro cognitivo, la insuficiencia renal o hepática y las situaciones de urgencia clínica, circunstancias que incrementan la complejidad del tratamiento y requieren una vigilancia más estrecha por parte de los profesionales sanitarios.

Finalmente, las características propias de los medicamentos también pueden favorecer la aparición de errores. La existencia de fármacos con nombres o envases similares, medicamentos de alto riesgo, dosis complejas o diferentes vías de administración obliga a extremar las medidas de seguridad durante todo el proceso asistencial.

El conocimiento de estos factores de riesgo permite establecer intervenciones preventivas dirigidas a reducir su impacto y constituye la base para el desarrollo de estrategias de mejora continua orientadas a garantizar una atención sanitaria más segura y de mayor calidad.

PAPEL DE ENFERMERÍA EN LA PREVENCIÓN DE LOS ERRORES DE MEDICACIÓN:

La enfermería desempeña un papel fundamental en la seguridad del paciente, especialmente en la prevención de los errores de medicación. Debido a su contacto directo y continuado con los pacientes, los profesionales de enfermería son responsables de la preparación, administración y seguimiento de los tratamientos farmacológicos, además de participar activamente en la identificación de riesgos y en la implantación de medidas preventivas destinadas a minimizar los eventos adversos.

Una de las principales responsabilidades de enfermería consiste en garantizar una administración segura de los medicamentos mediante la aplicación sistemática de los denominados «cinco correctos»: paciente correcto, medicamento correcto, dosis correcta, vía y momento correctos6. En la actualidad, numerosos autores amplían este concepto incorporando otros principios, como el registro correcto, la indicación correcta, la respuesta del paciente y el derecho del paciente a recibir información sobre su tratamiento, reforzando así la seguridad durante todo el proceso farmacoterapéutico.

La correcta identificación del paciente constituye una medida esencial para evitar errores. La utilización de pulseras identificativas, la comprobación de la identidad mediante al menos dos identificadores y la verificación de la prescripción antes de administrar cualquier medicamento forman parte de las prácticas seguras recomendadas por los organismos nacionales e internacionales.

Asimismo, la preparación de la medicación debe realizarse en un entorno que favorezca la concentración del profesional, minimizando las interrupciones y distracciones. La revisión de la prescripción médica, la comprobación de posibles alergias, interacciones farmacológicas y contraindicaciones, así como la adecuada conservación de los medicamentos, representan actuaciones imprescindibles para garantizar una administración segura.

Otra función relevante de enfermería es la vigilancia clínica del paciente tras la administración del tratamiento. La monitorización de la respuesta terapéutica permite detectar de forma precoz posibles reacciones adversas, efectos secundarios o complicaciones relacionadas con la medicación, facilitando una actuación inmediata cuando sea necesario.

La educación sanitaria constituye igualmente una intervención fundamental. Informar al paciente y a sus familiares sobre la finalidad del tratamiento, la forma correcta de administración, la importancia de la adherencia terapéutica y los posibles efectos adversos favorece un uso seguro de los medicamentos y reduce la probabilidad de errores tanto durante el ingreso hospitalario como tras el alta7.

Además, los profesionales de enfermería desempeñan un papel activo en la notificación de incidentes relacionados con la medicación. Los sistemas de notificación permiten identificar las causas que originan los errores, analizar los factores implicados e implantar medidas de mejora que contribuyan a prevenir su repetición. Para ello, resulta imprescindible promover una cultura de seguridad basada en el aprendizaje de los errores y no en la culpabilización de los profesionales.

Finalmente, la formación continuada y la actualización permanente de conocimientos son elementos esenciales para mantener una práctica clínica segura. La incorporación de nuevas tecnologías, la evolución constante de los tratamientos farmacológicos y la creciente complejidad de los pacientes hacen necesaria una formación continua que permita a los profesionales de enfermería desarrollar una atención basada en la mejor evidencia científica disponible.

En conjunto, todas estas intervenciones sitúan a la enfermería como uno de los pilares fundamentales en la prevención de los errores de medicación y en la promoción de una cultura de seguridad que contribuya a mejorar la calidad de la asistencia sanitaria y los resultados en salud de los pacientes.

ESTRATEGIAS PARA MEJORAR LA SEGURIDAD DEL PACIENTE:

La prevención de los errores de medicación requiere la implantación de estrategias dirigidas tanto a los profesionales sanitarios como a la organización de los sistemas asistenciales. Estas medidas deben orientarse a disminuir los factores de riesgo identificados, fortalecer la cultura de seguridad y promover una atención sanitaria basada en la mejora continua de la calidad.

Una de las estrategias más eficaces es el desarrollo e implantación de protocolos y procedimientos normalizados de trabajo. La estandarización de los procesos relacionados con la preparación, administración y seguimiento de los tratamientos farmacológicos reduce la variabilidad en la práctica clínica y favorece una actuación más segura y homogénea entre los profesionales.

La incorporación de tecnologías de la información ha supuesto un importante avance en la prevención de los errores de medicación. La prescripción electrónica asistida, los sistemas automatizados de dispensación, la utilización de códigos de barras para la identificación del paciente y de los medicamentos, así como la historia clínica electrónica, contribuyen a disminuir los errores derivados de una identificación incorrecta, problemas de legibilidad o fallos en la comunicación entre los distintos profesionales sanitarios8.

La formación continuada constituye otro de los pilares fundamentales para mejorar la seguridad del paciente. La actualización periódica de los conocimientos sobre farmacología, medicamentos de alto riesgo, nuevas recomendaciones clínicas y procedimientos seguros permite a los profesionales desarrollar una práctica asistencial basada en la evidencia científica y adaptada a los avances del sistema sanitario.

La comunicación efectiva entre los miembros del equipo multidisciplinar desempeña igualmente un papel esencial. La utilización de herramientas estandarizadas para la transmisión de información durante los cambios de turno, la conciliación de la medicación en las transiciones asistenciales y la participación conjunta de médicos, enfermeras y farmacéuticos favorecen la detección precoz de posibles errores y mejoran la continuidad de los cuidados.

Otra estrategia de gran relevancia consiste en fomentar una cultura de seguridad no punitiva. Los profesionales deben disponer de sistemas de notificación de incidentes que permitan comunicar errores o eventos adversos sin temor a represalias. El análisis de estos incidentes facilita la identificación de las causas que los originan y favorece la implantación de medidas correctoras dirigidas a evitar su repetición, promoviendo una mejora continua de la calidad asistencial9.

Asimismo, la participación activa del paciente se ha convertido en un elemento clave para incrementar la seguridad durante el proceso farmacoterapéutico. Informar al paciente sobre los medicamentos prescritos, comprobar que comprende el tratamiento y fomentar su implicación en la toma de decisiones contribuye a mejorar la adherencia terapéutica y facilita la detección precoz de posibles errores.

Finalmente, la evaluación periódica de los indicadores de calidad y seguridad permite conocer la eficacia de las medidas implantadas e identificar nuevas oportunidades de mejora. La monitorización de los errores de medicación, la realización de auditorías clínicas y el análisis de los eventos adversos constituyen herramientas fundamentales para avanzar hacia una asistencia sanitaria más segura, eficiente y centrada en el paciente.

La combinación de estas estrategias, junto con el compromiso de las instituciones sanitarias y la implicación activa de los profesionales de enfermería, resulta imprescindible para reducir la incidencia de los errores de medicación y consolidar una auténtica cultura de seguridad del paciente.

CONCLUSIONES

La seguridad del paciente constituye un elemento esencial para garantizar una atención sanitaria de calidad y minimizar la aparición de eventos adversos asociados a la asistencia. Entre ellos, los errores de medicación continúan representando uno de los principales desafíos para los sistemas sanitarios debido a su elevada frecuencia, su carácter potencialmente prevenible y las importantes repercusiones clínicas, económicas y sociales que pueden ocasionar.

Los errores de medicación tienen un origen multifactorial y pueden producirse en cualquiera de las etapas del proceso farmacoterapéutico. Factores como la sobrecarga asistencial, las interrupciones durante la administración de medicamentos, la comunicación ineficaz entre profesionales, la complejidad de los tratamientos y determinadas características de los pacientes incrementan el riesgo de que estos eventos ocurran.

La enfermería desempeña un papel fundamental en la prevención de los errores de medicación al participar activamente en la preparación, administración y monitorización de los tratamientos, así como en la identificación precoz de riesgos, la educación sanitaria, la notificación de incidentes y la implantación de prácticas seguras. La aplicación rigurosa de procedimientos estandarizados y el mantenimiento de una formación continuada permiten reforzar la seguridad durante todo el proceso asistencial.

Asimismo, la implantación de estrategias organizativas, el uso adecuado de tecnologías sanitarias, el fortalecimiento de la comunicación interdisciplinar y la promoción de una cultura de seguridad basada en el aprendizaje y la mejora continua constituyen herramientas esenciales para disminuir la incidencia de errores de medicación y mejorar los resultados en salud.

En definitiva, la prevención de los errores de medicación requiere un abordaje multidisciplinar en el que la enfermería desempeña un papel protagonista. El compromiso de los profesionales sanitarios y de las instituciones con la seguridad del paciente resulta imprescindible para avanzar hacia una asistencia cada vez más segura, eficaz y centrada en las necesidades de las personas10.

BIBLIOGRAFÍA

  1. World Health Organization. Patient safety [Internet]. Geneva: World Health Organization; 2023 [citado 18 jul 2026]. Disponible en: https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/patient-safety
  2. World Health Organization. Medication without harm: global patient safety challenge on medication safety [Internet]. Geneva: World Health Organization; 2017 [citado 18 jul 2026]. Disponible en: https://www.who.int/initiatives/medication-without-harm
  3. National Coordinating Council for Medication Error Reporting and Prevention. About medication errors [Internet]. Rockville (MD): NCC MERP; 2024 [citado 18 jul 2026]. Disponible en: https://www.nccmerp.org/about-medication-errors
  4. Institute for Safe Medication Practices. ISMP list of high-alert medications in acute care settings [Internet]. Horsham (PA): ISMP; 2024 [citado 18 jul 2026]. Disponible en: https://www.ismp.org/recommendations/high-alert-medications-acute-list
  5. Joint Commission. National Patient Safety Goals® Hospital Program [Internet]. Oakbrook Terrace (IL): The Joint Commission; 2025 [citado 18 jul 2026]. Disponible en: https://www.jointcommission.org/standards/national-patient-safety-goals/
  6. Potter PA, Perry AG, Stockert PA, Hall AM. Fundamentos de enfermería. 10.ª ed. Barcelona: Elsevier; 2021.
  7. Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud. Prácticas seguras para el uso de los medicamentos en hospitales [Internet]. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2022 [citado 18 jul 2026].
  8. Ministerio de Sanidad. Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud 2025-2035 [Internet]. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2025 [citado 18 jul 2026].
  9. Agency for Healthcare Research and Quality. Surveys on Patient Safety Culture [Internet]. Rockville (MD): AHRQ; 2024 [citado 18 jul 2026]. Disponible en: https://www.ahrq.gov/sops/index.html
  10. Organización Mundial de la Salud. Plan de acción mundial para la seguridad del paciente 2021-2030 [Internet]. Ginebra: OMS; 2021 [citado 18 jul 2026]. Disponible en: https://www.who.int/teams/integrated-health-services/patient-safety/policy/global-patient-safety-action-plan

 

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