Suplementación con magnesio en la población general: fundamentos, eficacia, seguridad y perspectivas actuales

27 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Daniel Jesús Vargas Buhigas. Graduado en Enfermería. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  2. María Iglesias Montori. Graduada Universitaria en Enfermería. Enfermera en el Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.

RESUMEN

El magnesio es un mineral esencial implicado en numerosas funciones fisiológicas, entre ellas la producción de energía, la síntesis de proteínas y ácidos nucleicos, la función neuromuscular, la regulación de la glucemia y el mantenimiento de la estructura ósea. A pesar de su importancia, la suplementación con magnesio se ha popularizado entre personas sanas con el propósito de mejorar el sueño, reducir el estrés, prevenir calambres o favorecer la salud cardiovascular. El objetivo de esta monografía es revisar críticamente la evidencia disponible sobre la suplementación con magnesio en la población general, considerando sus fuentes dietéticas, requerimientos, posibles beneficios, formas de administración, seguridad e indicaciones.

La evidencia disponible indica que la alimentación constituye la principal vía para alcanzar una ingesta adecuada y que la suplementación no está justificada de forma sistemática en personas sanas con una dieta suficiente. Los efectos potenciales sobre la presión arterial parecen ser modestos, mientras que la evidencia sobre sueño y ansiedad es limitada y heterogénea¹⁻⁴. Algunos beneficios pueden ser más relevantes en personas con ingesta insuficiente, determinadas enfermedades o situaciones fisiológicas específicas. La suplementación oral suele ser bien tolerada, aunque dosis elevadas pueden provocar diarrea y molestias gastrointestinales. Además, el riesgo de toxicidad aumenta en presencia de insuficiencia renal⁵˒⁶.

En conclusión, el uso de suplementos de magnesio debe individualizarse y no considerarse un sustituto de una alimentación equilibrada. En la población general, la prioridad debe ser garantizar una ingesta adecuada mediante alimentos ricos en magnesio y reservar la suplementación para situaciones en las que exista una necesidad razonable y un balance favorable entre beneficios y riesgos.

PALABRAS CLAVE

Magnesio, suplementos dietéticos, deficiencia de magnesio, presión sanguínea.

ABSTRACT

Magnesium is an essential mineral involved in numerous physiological functions, including energy production, protein and nucleic acid synthesis, neuromuscular function, glucose regulation, and maintenance of bone structure. Despite its physiological importance, magnesium supplementation has become increasingly popular among healthy individuals seeking to improve sleep, reduce stress, prevent muscle cramps, or promote cardiovascular health. This monograph aims to critically review the available evidence regarding magnesium supplementation in the general population, focusing on dietary sources, requirements, potential benefits, formulations, safety, and indications.

Current evidence indicates that food is the preferred source for achieving adequate magnesium intake and that routine supplementation is not justified in healthy individuals with an adequate diet. Potential effects on blood pressure appear to be modest, whereas evidence regarding sleep and anxiety remains limited and heterogeneous¹⁻⁴. Some benefits may be more relevant in individuals with inadequate dietary intake, specific diseases, or particular physiological conditions. Oral supplementation is generally well tolerated, although high doses may cause diarrhea and gastrointestinal discomfort. In addition, the risk of toxicity increases in individuals with impaired renal function⁵˒⁶.

In conclusion, magnesium supplementation should be individualized and should not be regarded as a substitute for a balanced diet. In the general population, the priority should be to ensure adequate magnesium intake through magnesium-rich foods and to reserve supplementation for situations in which there is a reasonable indication and a favorable balance between potential benefits and risks.

KEY WORDS

Magnesium, dietary supplements, magnesium deficiency, blood pressure.

INTRODUCCIÓN

El magnesio es un mineral esencial para el organismo humano y participa en centenares de reacciones bioquímicas. Interviene en procesos relacionados con el metabolismo energético, la síntesis de proteínas y material genético, la función neuromuscular, la regulación del metabolismo de la glucosa y la homeostasis mineral. También desempeña un papel importante en la estructura y el metabolismo óseo⁵.

La relevancia fisiológica del magnesio ha favorecido el interés por determinar si aumentar su ingesta mediante suplementos proporciona beneficios adicionales a las personas que no presentan una deficiencia manifiesta. En las últimas décadas se ha producido un notable incremento del consumo de suplementos nutricionales y el magnesio se comercializa en numerosas formulaciones, como citrato, óxido, cloruro, lactato y otras sales.

El interés social por estos productos se relaciona con afirmaciones que atribuyen al magnesio efectos sobre el sueño, la ansiedad, los calambres musculares, el rendimiento físico, la presión arterial, la salud ósea y el metabolismo glucídico. Sin embargo, la plausibilidad biológica de un efecto no implica necesariamente que la suplementación produzca un beneficio clínicamente relevante en personas que ya tienen una ingesta adecuada.

Por ello, es necesario distinguir entre corregir una ingesta insuficiente o una deficiencia y administrar cantidades adicionales de un nutriente a una persona que ya cubre sus necesidades. Esta distinción constituye el eje central para valorar racionalmente la suplementación con magnesio.

OBJETIVO

El objetivo de este trabajo es revisar la función del magnesio, sus requerimientos nutricionales, las fuentes alimentarias, la evidencia científica sobre la suplementación en población general, sus posibles aplicaciones clínicas, los efectos adversos y las principales precauciones.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión narrativa de literatura científica y documentos técnicos relacionados con la ingesta de magnesio y su suplementación en adultos y población general. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis de ensayos clínicos, documentos de organismos sanitarios y fuentes biomédicas especializadas.

La búsqueda se orientó mediante términos relacionados con magnesium, magnesium supplementation, dietary supplements, magnesium deficiency, blood pressure, sleep, anxiety, bone health y cardiovascular disease.

El descriptor MeSH Magnesium corresponde al identificador D008274 y define este elemento como un mineral esencial para numerosas funciones enzimáticas⁷. Asimismo, Dietary Supplements, identificador D019587, comprende productos destinados a incrementar mediante administración oral la ingesta de nutrientes⁸.

DESARROLLO

FUNCIONES FISIOLÓGICAS DEL MAGNESIO:

El organismo adulto contiene aproximadamente 24-25 gramos de magnesio, distribuido principalmente en huesos y tejidos, mientras que una proporción relativamente pequeña se encuentra en el líquido extracelular. Esta distribución explica en parte por qué la concentración sérica no siempre refleja de forma perfecta las reservas corporales totales⁵.

A nivel celular, el magnesio participa en la estabilización del ATP y en numerosas reacciones que requieren energía. También interviene en la función de enzimas relacionadas con el metabolismo de carbohidratos, lípidos y proteínas.

Desde el punto de vista neuromuscular, el magnesio participa en la regulación de la excitabilidad de las células nerviosas y musculares. Además, interactúa con el calcio y otros electrolitos, contribuyendo al funcionamiento normal de músculos y nervios⁵.

El mineral también desempeña un papel estructural en el tejido óseo. Una parte importante del magnesio corporal se encuentra en el esqueleto, donde participa en la mineralización y en la regulación del metabolismo óseo.

Por otra parte, existen relaciones fisiológicas entre el magnesio, la secreción y acción de la insulina, la regulación de la presión arterial y el metabolismo cardiovascular. Estas asociaciones han constituido la base para investigar si una mayor ingesta de magnesio puede traducirse en beneficios clínicos.

REQUERIMIENTOS Y FUENTES DIETÉTICAS:

Las necesidades de magnesio varían según la edad y el sexo. Según las recomendaciones estadounidenses, los hombres adultos necesitan aproximadamente 400-420 mg diarios, mientras que las mujeres adultas requieren alrededor de 310-320 mg. Durante el embarazo las necesidades aumentan⁵.

Las principales fuentes alimentarias incluyen frutos secos, semillas, legumbres, cereales integrales, verduras de hoja verde y determinados alimentos enriquecidos. El patrón dietético es, por tanto, fundamental para alcanzar una ingesta adecuada.

La evidencia disponible favorece la obtención del magnesio a partir de alimentos. Además de aportar el mineral, los alimentos ricos en magnesio suelen formar parte de patrones dietéticos caracterizados por una mayor presencia de fibra, vegetales, proteínas vegetales y otros micronutrientes.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha señalado que las ingestas dietéticas de magnesio en adultos europeos presentan una amplia variabilidad, dependiendo de la edad, el sexo y el patrón alimentario⁹. Esto pone de manifiesto que una proporción de la población puede presentar ingestas relativamente bajas sin que ello implique necesariamente una deficiencia clínica.

INGESTA INSUFICIENTE Y DEFICIENCIA DE MAGNESIO:

La deficiencia sintomática de magnesio en personas sanas es relativamente infrecuente, debido a mecanismos renales y gastrointestinales que contribuyen al mantenimiento de la homeostasis. Sin embargo, pueden producirse situaciones de déficit o insuficiencia en determinados grupos.

Entre los factores asociados con un mayor riesgo se encuentran enfermedades gastrointestinales que afectan a la absorción, alcoholismo crónico, diabetes mellitus en determinadas circunstancias, algunas enfermedades renales y el uso prolongado de determinados medicamentos⁵.

Los síntomas de una deficiencia importante pueden incluir pérdida de apetito, náuseas, debilidad, alteraciones neuromusculares, temblor y, en casos graves, arritmias o convulsiones⁵.

No obstante, estos síntomas son inespecíficos y no deben atribuirse automáticamente a una falta de magnesio. La evaluación clínica debe considerar otras causas y, cuando corresponda, realizar pruebas analíticas.

Un aspecto importante es que la concentración sérica de magnesio tiene limitaciones como indicador aislado del estado corporal. Una concentración normal no excluye necesariamente alteraciones en los depósitos intracelulares, mientras que una concentración baja debe interpretarse dentro del contexto clínico⁵.

FORMAS DE LOS SUPLEMENTOS DE MAGNESIO:

Los suplementos contienen distintas sales de magnesio, y no todas proporcionan la misma cantidad de magnesio elemental ni presentan idéntica biodisponibilidad.

Entre las formas comercializadas se encuentran el óxido, citrato, cloruro, lactato y otras sales. El óxido de magnesio posee una elevada proporción de magnesio elemental, pero generalmente presenta una absorción relativa menor que algunas sales orgánicas.

El citrato de magnesio suele presentar una biodisponibilidad superior al óxido y se utiliza frecuentemente en complementos alimenticios. Sin embargo, la elección de una formulación debe considerar el objetivo, la dosis elemental proporcionada, la tolerancia gastrointestinal y las características individuales.

Por ello, comparar únicamente los miligramos de la sal indicada en la etiqueta puede resultar engañoso. Para evaluar una dosis es fundamental comprobar cuánto magnesio elemental aporta realmente el producto.

EFECTOS SOBRE LA PRESIÓN ARTERIAL Y LA SALUD CARDIOVASCULAR:

La relación entre el magnesio y la presión arterial ha sido ampliamente estudiada. Desde el punto de vista fisiológico, el mineral podría influir en el tono vascular y en diferentes mecanismos relacionados con la regulación de la presión arterial.

Un metaanálisis reciente de ensayos clínicos aleatorizados incluyó 38 estudios y 2709 participantes. La suplementación se asoció con una reducción media aproximada de 2,8 mmHg en la presión arterial sistólica y de 2,1 mmHg en la diastólica. Los efectos fueron mayores en determinados subgrupos, especialmente en personas hipertensas tratadas y en individuos con hipomagnesemia¹⁰.

Aunque estos resultados sugieren un efecto favorable, la magnitud media observada es modesta. Por tanto, el magnesio no debe considerarse sustituto de las intervenciones de eficacia demostrada para el tratamiento de la hipertensión, como la pérdida de peso cuando está indicada, la actividad física, la reducción del sodio dietético, una alimentación saludable y los medicamentos antihipertensivos cuando sean necesarios.

Asimismo, una mayor ingesta dietética de magnesio se ha asociado en estudios observacionales con determinados resultados cardiovasculares favorables. Sin embargo, las asociaciones epidemiológicas no permiten establecer que la suplementación sea responsable directa de dichos beneficios¹¹.

MAGNESIO Y METABOLISMO DE LA GLUCOSA:

El magnesio participa en procesos relacionados con la acción de la insulina y el metabolismo de la glucosa. Esto ha generado interés en su posible papel en la prevención y tratamiento de alteraciones metabólicas.

Los estudios observacionales han encontrado asociaciones entre una mayor ingesta de magnesio y un menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Una revisión general de la evidencia encontró que esta relación es más consistente para la ingesta dietética que para demostrar un beneficio terapéutico universal de la suplementación¹¹.

La interpretación debe ser prudente porque las personas con dietas ricas en magnesio suelen presentar otros hábitos saludables. Por tanto, parte de la asociación podría explicarse por el patrón dietético global.

En personas con diabetes o alteraciones metabólicas, la corrección de una deficiencia documentada puede ser razonable. Sin embargo, no existe evidencia suficiente para recomendar suplementos de magnesio indiscriminadamente a toda la población con el objetivo de prevenir la diabetes.

MAGNESIO, SUEÑO Y ANSIEDAD:

El uso de suplementos de magnesio como ayuda para dormir se ha extendido considerablemente. Se ha planteado que el mineral podría influir sobre mecanismos neurológicos relacionados con la relajación y la regulación de la excitabilidad neuronal.

Sin embargo, la evidencia clínica sigue siendo limitada. Una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos en adultos mayores con insomnio identificó únicamente tres ensayos aleatorizados con 151 participantes. Aunque encontró una reducción de aproximadamente 17 minutos en la latencia del sueño, la calidad global de la evidencia fue baja o muy baja debido, entre otros factores, al reducido tamaño de las muestras y al riesgo de sesgo¹².

Una revisión sistemática posterior sobre suplementación con magnesio y ansiedad y calidad del sueño también señaló que la evidencia disponible no permite establecer conclusiones firmes¹³.

Por tanto, aunque algunas personas pueden experimentar una mejoría subjetiva, no es apropiado presentar el magnesio como tratamiento demostrado para el insomnio o los trastornos de ansiedad en la población general.

MAGNESIO Y CALAMBRES MUSCULARES:

Los calambres musculares constituyen uno de los motivos más frecuentes para el consumo de suplementos de magnesio. La explicación fisiológica resulta aparentemente plausible debido a la participación del mineral en la función neuromuscular.

Sin embargo, los ensayos clínicos no han demostrado de forma consistente un beneficio relevante en personas sin deficiencia. En particular, una revisión Cochrane concluyó que es poco probable que la suplementación con magnesio proporcione un beneficio clínicamente significativo para los calambres musculares asociados al ejercicio en adultos mayores¹⁴.

Esto es importante porque atribuir cualquier calambre a una supuesta deficiencia de magnesio puede conducir a tratamientos innecesarios. La causa del síntoma debe evaluarse de acuerdo con el contexto clínico.

MAGNESIO Y SALUD ÓSEA:

El magnesio interviene en el metabolismo del hueso y se encuentra estrechamente relacionado con otros nutrientes, especialmente calcio y vitamina D. Una ingesta adecuada forma parte de una alimentación compatible con una buena salud ósea.

Algunos estudios observacionales han encontrado asociaciones entre una mayor ingesta de magnesio y una mayor densidad mineral ósea. Sin embargo, la evidencia sobre el efecto de los suplementos de magnesio sobre fracturas u otros resultados clínicos importantes es insuficiente para recomendar su uso universal con finalidad preventiva.

Por tanto, la estrategia más adecuada continúa siendo garantizar una alimentación equilibrada y cubrir los requerimientos de calcio, vitamina D, proteínas y otros nutrientes, además de realizar ejercicio con carga y adoptar otras medidas de prevención de la osteoporosis cuando estén indicadas.

MAGNESIO Y MIGRAÑA:

La suplementación con magnesio posee una situación diferente en personas que padecen determinados tipos de migraña. Algunos ensayos y revisiones han encontrado resultados favorables sobre la frecuencia o intensidad de los episodios.

Una revisión general de metaanálisis encontró evidencia considerada fuerte, según criterios GRADE, de una reducción de la frecuencia e intensidad de las recurrencias de migraña con suplementación de magnesio¹¹.

No obstante, este resultado corresponde a una población clínica específica y no significa que la suplementación deba recomendarse como intervención preventiva universal para personas sanas. En pacientes con migraña, su utilización puede valorarse individualmente junto con otras estrategias preventivas.

SEGURIDAD Y EFECTOS ADVERSOS:

El magnesio procedente de los alimentos presenta un amplio margen de seguridad en personas con función renal normal. Los problemas aparecen principalmente con cantidades elevadas procedentes de suplementos o medicamentos⁵˒⁶.

Los efectos adversos más habituales son gastrointestinales. Las dosis altas pueden producir diarrea, náuseas y cólicos abdominales. La intensidad depende de la cantidad ingerida y de la forma química utilizada.

En Estados Unidos, el límite superior tolerable establecido para adultos es de 350 mg diarios de magnesio procedente de suplementos y medicamentos, sin incluir el magnesio naturalmente presente en los alimentos⁵˒⁶. Este límite no debe confundirse con la ingesta diaria recomendada, que incluye todas las fuentes dietéticas y es superior.

La situación es diferente en Europa. La EFSA mantiene un nivel máximo tolerable de 250 mg/día para magnesio procedente de suplementos fácilmente disociables y determinados alimentos enriquecidos en adultos¹⁵. Las diferencias entre organismos derivan de criterios regulatorios y metodológicos diferentes.

Una ingesta excesiva puede producir hipermagnesemia. En personas con insuficiencia renal, el riesgo es mayor porque los riñones tienen menor capacidad para eliminar el mineral. Los casos graves pueden provocar hipotensión, alteraciones neuromusculares, trastornos del ritmo cardíaco y, excepcionalmente, paro cardíaco⁵˒⁶.

INTERACCIONES CON MEDICAMENTOS:

El magnesio puede interferir con la absorción de algunos medicamentos cuando se administran simultáneamente. Entre ellos se encuentran determinadas tetraciclinas y fluoroquinolonas, así como los bisfosfonatos⁵.

Por este motivo, cuando una persona toma medicamentos de forma crónica debe comprobarse si existe alguna interacción relevante antes de iniciar un suplemento.

También debe prestarse especial atención a las personas con enfermedad renal, ya que una disminución de la eliminación puede aumentar significativamente el riesgo de acumulación.

La utilización de suplementos no debe considerarse inocua únicamente porque se trate de un nutriente. La dosis, la formulación, el estado de salud y las medicaciones concomitantes determinan el perfil de seguridad.

¿DEBE SUPLEMENTARSE CON MAGNESIO LA POBLACIÓN GENERAL?

La evidencia disponible no respalda la recomendación de suplementar sistemáticamente con magnesio a todas las personas sanas.

El primer paso debe ser evaluar la alimentación. Una dieta que incluya frutos secos, semillas, legumbres, cereales integrales y verduras de hoja verde puede proporcionar cantidades importantes del mineral⁵.

La suplementación puede tener mayor sentido en circunstancias concretas: deficiencia documentada o altamente probable, determinadas enfermedades que alteren la absorción o eliminación, utilización de medicamentos que afecten al estado de magnesio o algunas indicaciones clínicas específicas.

En cambio, utilizar dosis elevadas con la expectativa de mejorar de forma general la energía, el sueño, el rendimiento físico o la salud cardiovascular no está suficientemente respaldado por evidencia clínica.

Este principio es especialmente importante porque la popularidad de los suplementos puede generar la percepción de que cuanto mayor sea la dosis, mayor será el beneficio. En el caso del magnesio, la relación no es necesariamente lineal: una ingesta adecuada es beneficiosa, pero superar las necesidades no garantiza beneficios adicionales y puede incrementar los efectos adversos.

CONSIDERACIONES PRÁCTICAS:

Desde una perspectiva de salud pública, pueden establecerse varias recomendaciones generales.

En primer lugar, debe priorizarse una alimentación variada que aporte suficiente magnesio. En segundo lugar, cuando se utiliza un suplemento debe revisarse la cantidad de magnesio elemental, no solamente el peso total de la sal. En tercer lugar, conviene evitar la combinación innecesaria de múltiples productos que contengan magnesio, incluyendo algunos laxantes y antiácidos.

También debe valorarse la función renal antes de utilizar dosis elevadas o prolongadas en personas con enfermedades crónicas⁵˒⁶.

Finalmente, el suplemento debe considerarse una herramienta complementaria y no un sustituto de las intervenciones con mayor evidencia para la prevención cardiovascular, metabólica o musculoesquelética.

LIMITACIONES DE LA EVIDENCIA DISPONIBLE:

La interpretación de la literatura sobre suplementación con magnesio presenta varias dificultades. Los estudios utilizan diferentes sales, dosis, duraciones y poblaciones, lo que limita la comparación directa.

Además, algunos ensayos incluyen personas con ingestas basales bajas o concentraciones reducidas de magnesio, mientras que otros estudian individuos sin déficit. Es razonable esperar que el efecto de suplementar sea diferente en ambos grupos.

También existe heterogeneidad en los resultados utilizados. Algunos estudios se centran en biomarcadores, mientras que otros evalúan resultados clínicos como presión arterial, sueño, dolor o calidad de vida.

Por último, las asociaciones observadas en estudios epidemiológicos no deben confundirse con efectos causales de la suplementación. Una alimentación rica en magnesio suele formar parte de un patrón dietético saludable y puede estar acompañada de otros factores protectores.

CONCLUSIONES

El magnesio es un mineral esencial para el funcionamiento normal del organismo y participa en numerosos procesos metabólicos, neuromusculares, cardiovasculares y óseos. Una ingesta suficiente es necesaria para mantener la salud, pero ello no implica que todas las personas se beneficien de ingerir cantidades adicionales mediante suplementos.

La alimentación constituye la principal estrategia para garantizar un aporte adecuado. La suplementación tiene mayor justificación cuando existe una ingesta insuficiente, una deficiencia o una situación clínica concreta en la que exista evidencia razonable de beneficio.

Los estudios disponibles sugieren posibles efectos modestos sobre la presión arterial y resultados prometedores en determinados grupos, como las personas con migraña. En cambio, la evidencia sobre sueño, ansiedad, calambres musculares, prevención cardiovascular y metabolismo glucídico es heterogénea o insuficiente para recomendar una suplementación universal¹¹⁻¹⁴.

El perfil de seguridad es generalmente favorable cuando se utilizan dosis apropiadas en personas con función renal normal. Sin embargo, las dosis elevadas pueden producir efectos gastrointestinales y la insuficiencia renal incrementa el riesgo de toxicidad⁵˒⁶.

En consecuencia, la suplementación con magnesio en la población general debe basarse en una valoración individualizada y no en la idea de que los suplementos son necesariamente beneficiosos por el mero hecho de ser nutrientes. Una alimentación equilibrada, actividad física, sueño adecuado y las medidas preventivas específicas para cada persona continúan siendo los pilares fundamentales de la promoción de la salud.

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