AUTORES
- Diego Calvo Tesán. Graduado en Historia. Universidad de Zaragoza. Aragón, España.
- Juan Adalberto Bosque Julián.Servicio Aragonés de Salud, Aragón,España.
- María Mercedes Alonso Bueno. Aragón,España.
- Piedad Fleta Cubero. Celadora Hospital Provincial. Ntra. Señora de Gracia, Zaragoza, Aragón, España.
- Cristina Caballero García.Servicio Aragonés de Salud, Aragón,España.
RESUMEN
La fiebre amarilla es una infección viral que se transmite por el mosquito conocido como Aedes Aegypti. Es una enfermedad que se inició en la época colonial del siglo XIX afectando en mayor medida a las ciudades costeras por el clima y por el tráfico comercial. Se caracteriza por un periodo de incubación corto y su sintomatología consiste en escalofríos, fiebre elevada o cefalea entre otros. La prevención y evitación de contagios fueron las medidas principales para hacer control a la fiebre amarilla.
PALABRAS CLAVE
Fiebre amarilla, ”Aedes Aegypti”, incubación, síntomas, ciudades costeras, clima, tráfico comercial y prevención.
ABSTRACT
Yellow fever is a viral infection transmitted by the mosquito known as Aedes aegypti. The disease emerged during the colonial period of the 19th century. Coastal cities were the most affected areas due to their climate and commercial traffic. It is characterized by a short incubation period, and its symptoms include chills, high fever, and headache, among others. Prevention and the avoidance of transmission were the primary measures used to control yellow fever.
KEY WORDS
Yellow fever, “Aedes Aegypti”, incubation, symptoms, coastal cities, climate, commercial traffic, prevention.
DESARROLLO DEL TEMA
TRANSMISIÓN DE LA FIEBRE AMARILLA:
La fiebre amarilla es una infección viral cuya transmisión se dio tanto por el contacto entre seres humanos como por la picadura del mosquito Aedes Aegypti. La temperatura del año 1800 favoreció la propagación de esta enfermedad, debido a que la temperatura fue seis grados por encima a la de años anteriores. Este aspecto climatológico junto con la existencia de aguas estancadas propició un aliciente para el desarrollo de la fiebre amarilla y su propagación. El puerto de Cádiz fue el epicentro de la difusión de la enfermedad por toda Andalucía y su posterior afectación a otras zonas del país. Tanto las cifras de mortalidad como la velocidad de propagación de la enfermedad fueron muy elevadas, dando lugar a contagios rápidos y una afectación importante a nivel social. En la pequeña localidad de la Carlota, el grado de incidencia fue mayor en varones que en mujeres, pero no se percibe especial incidencia en edades muy tempranas1,2 La ciudad de Granada por su parte, atravesó un brote de esta enfermedad en el año 1804. Sin embargo, la virulencia en esta ciudad fue de poca importancia como recogen las fuentes3.
Por último, se debe hacer mención a la ciudad de Cádiz, así como otras de las ciudades del sur y el este de la península ibérica, las cuales se vieron asoladas por las múltiples oleadas acaecidas principalmente en el primer tercio del siglo XIX. En las oleadas posteriores a la del año 1800 que acaecieron en la ciudad de Cádiz se objetivaron unas cifras menos mortales gracias a la inmunización de sus habitantes1.
CONSECUENCIAS DE LA FIEBRE AMARILLA:
La fiebre amarilla fue una enfermedad que tuvo un alto porcentaje de mortalidad entre los afectados. A los pocos días de contraer la enfermedad muchos de los pacientes contagiados solían fallecer con escasa posibilidad de iniciar tratamientos para su recuperación. Se le denomina a la enfermedad “fiebre amarilla” por el cuadro que sufrían estos pacientes durante su infección, aunque uno de los síntomas principales es la febrícula, también se destaca color amarillento que tomaban parte los enfermos1. La fiebre amarilla tuvo un gran interés científico tras los episodios de los primeros años del siglo XIX3.
Tanto para la fiebre amarilla como para otro tipo de epidemias, el medio más eficiente para mantener a la población segura fueron las medidas preventivas ante los escasos medios con los que contaban en la época. Las cuarentenas portuarias, el aislamiento y el cuidado de los enfermos en los lazaretos fueron prácticas habituales para intentar frenar la propagación de esta enfermedad4. En el caso de que las medidas adoptadas no fuesen suficientes y la población se viese infectada por la enfermedad, los especialistas eran los encargados de velar por el cuidado de los pacientes. Los médicos en el siglo XIX contaban con ciertas dificultades para el diagnóstico, por lo que el recuento de enfermos era menos preciso2. Es por ello, por lo que la prevención fue el método más efectivo, aunque en el caso de enfermar los facultativos realizaban ensayos clínicos con distintos tratamientos para intentar sanar a los pacientes contagiados4.
Finalmente, es destacable diferenciar las dispares formas de hacer frente a la enfermedad. Las familias más humildes, por ejemplo, procuraron cuidados esenciales a los enfermos ya que generalmente no pudieron abandonar las ciudades y tenían que permanecer en su lugar de origen pese a la amenaza de contagio a la que se enfrentaban. Por el contrario, ciertas familias acomodadas salieron de sus lugares de residencia para alejarse hacía otras zonas de la península ibérica, las cuales se presuponían más seguras. Esta oportunidad de desplazamiento, debido al temor que provocó la fiebre amarilla en aquella época, no estuvo al alcance de toda la población, sino que sólo una minoría de pudientes pudieron realizarlo4.
CONCLUSIONES
La fiebre amarilla afectó de forma drástica a ciudadanos de diversas ciudades españolas durante el siglo XIX tras su llegada desde zonas del sur de América. Esta enfermedad se transmitió debido a la llegada del mosquito Aedes Aegypti al país. El periodo de incubación tan corto provocaba una gran difusión entre los habitantes de las poblaciones, haciendo que los contagios fuesen aumentando de manera exponencial. El miedo que provocó esta enfermedad entre los habitantes de las ciudades produjo el abandono desde las ciudades dónde se propagaban los contagios, buscando refugio en otras zonas con temperaturas menores donde la enfermedad todavía no había llegado por su menor transmisibilidad a menos grados2.
Las ciudades andaluzas fueron las más asoladas por esta enfermedad. Cádiz fue la principal afectada y con una gran virulencia. Sin embargo, por su parte Granada únicamente se vio sumergida en un brote de poca consideración1.
Destacar el gran pavor que tenían los habitantes a contagiarse y perecer debido a que en aquella época y dado el desconocimiento, no existía ningún método efectivo para curar esta enfermedad. Las medidas más eficaces para hacer frente a la fiebre amarilla fueron las preventivas recomendando las cuarentenas para evitar la propagación de contagios4.
BIBLIOGRAFÍA
- Jiménez Ortiz C. La epidemia de fiebre amarilla de 1804 en Granada. Med Hist (Barc). 1974.
- Hamer-Flores A. La epidemia de fiebre amarilla de 1800 y su impacto en La Carlota, capital de las Nuevas Poblaciones de Andalucía. Trocadero. 2018;(30):221-30.
- Luque de Lázaro VA, Sánchez Picón A, García Gómez JJ. Epidemia, economía atlántica y aprendizaje social. La fiebre amarilla en España. Investig Hist Econ. 2021;17:32–41.
- Ortiz García JA. Autoridad e imagen de la epidemia. La fiebre amarilla en la Barcelona del siglo XIX. Potestas. 2017;(11):93–110.