AUTORES
- Alejandro Chicharro Parras. Médico Facultativo Especialista de Área en Medicina Física y Rehabilitación en Hospital Regional Universitario de Málaga, Málaga.
- Alejandro Martín Arrabal. Médico Facultativo Especialista de Área en Anestesiología y Reanimación en Hospital San Cecilio, Granada.
- María José Vicente Altabás. Médico Facultativo Especialista de Área en Oftalmología en Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
- Mario García Hermosín. Médico Facultativo Especialista de Área en Oftalmología en Hospital San Jorge, Huesca.
- Damián García Navarro. Médico Facultativo Especialista de Área en Oftalmología en Hospital Comarcal de Alcañiz, Teruel.
- Verónica Melguizo García. Médico Residente en Anatomía Patológica en Hospital Universitario Virgen de la Victoria, Málaga.
- Raquel Jimeno Gallego. Médico Interno Residente en Medicina Familiar y Comunitaria en Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza.
RESUMEN
El cáncer colorrectal (CCR) es el tercer tipo de cáncer más frecuente a nivel mundial y una de las principales causas de mortalidad. Su etiología está influenciada por factores genéticos y ambientales, siendo la dieta el principal factor exógeno. Se ha demostrado que los patrones dietéticos saludables, ricos en fibra, frutas, vegetales y grasas saludables, reducen el riesgo de CCR, mientras que las dietas ricas en carnes procesadas, grasas saturadas y azúcares refinados aumentan su incidencia. Los alimentos funcionales y nutracéuticos han cobrado gran interés en la prevención y tratamiento del CCR. Entre ellos, se ha estudiado el efecto de compuestos bioactivos presentes en solanáceas (4HWE de Physalis peruviana), leguminosas (polifenoles de Phaseolus vulgaris y péptidos de soja), y frutas como moras y cítricos. Estos compuestos han demostrado efectos antiproliferativos, antiinflamatorios y apoptóticos en estudios in vitro e in vivo. Este artículo revisa la evidencia científica sobre el papel de los alimentos funcionales en la prevención y tratamiento del CCR, resaltando su potencial como estrategias complementarias en la lucha contra esta enfermedad.
PALABRAS CLAVE
Nutracéuticos, alimentos funcionales, cáncer de colon, terapia, prevención.
ABSTRACT
Colorectal cancer (CRC) is the third most common cancer worldwide and one of the leading causes of mortality. Its ethology is influenced by genetic and environmental factors, with diet being the main exogenous factor. Studies have shown that healthy dietary patterns, rich in fiber, fruits, vegetables, and healthy fats, reduce CRC risk, while diets high in processed meats, saturated fats, and refined sugars increase its incidence. Functional foods and nutraceuticals have gained significant interest in CRC prevention and treatment. Bioactive compounds from solanaceous plants (4HWE from Physalis peruviana), legumes (polyphenols from Phaseolus vulgaris and soybean peptides), and fruits such as mulberries and citrus fruits have demonstrated antiproliferative, anti-inflammatory, and apoptotic effects in both in vitro and in vivo studies. This article reviews scientific evidence on the role of functional foods in CRC prevention and treatment, highlighting their potential as complementary strategies in combating this disease.
KEY WORDS
Nutraceuticals, functional foods, colon cancer, therapy, prevention.
DESARROLLO DEL TEMA
Cáncer de colon: Epidemiología y Factores de riesgo:
La palabra cáncer (según el Instituto nacional del Cáncer, NCI) es un término utilizado en medicina que hace referencia a un conjunto de enfermedades las cuales se caracterizan porque uno o varios tipos de células de nuestro organismo sufren una o varias mutaciones en su genoma, las cuales les confieren la capacidad de evadir su muerte (apoptosis), permaneciendo con vida, proliferando y dividiéndose a la vez que se siguen formando innecesariamente células nuevas1. Más específicamente este término hace referencia a aquellos tumores malignos, es decir, que originan un riesgo para la vida y salud del paciente. Actualmente la Organización Mundial de la Salud (OMS) la establece como una patología con una gran importancia debido a que es una de las principales causas de muerte a nivel mundial, y tal como se observa en los datos recogidos por GLOBOCAN seguirá aumentando tanto en incidencia (de 18.078.957 personas en 2018 a 29.532.994 personas en 2040) como en mortalidad (de 9.555.027 personas en 2018 a 16.388.459 personas en 2040)2.
En concreto, el cáncer colorrectal (CCR) es el tercer cáncer en incidencia a nivel mundial (tercero en hombres y segundo en mujeres), siendo más frecuente en países desarrollados frente a los subdesarrollados. Además, es el segundo en términos de mortalidad absoluta2-5.
El CCR presenta principalmente un origen esporádico, existiendo factores genéticos y hereditarios asociados a su génesis, así como factores extrínsecos sobre los que hay cada vez más evidencias de su relevancia en la etiología de la enfermedad. En relación a estos últimos, se ha demostrado que el principal factor exógeno es la dieta. Así, el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer y el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer realizaron un informe (revisión de 752 publicaciones) en el cuál establecieron los principales factores de riesgo (FR) y protectores (FP) para el CCR6. Dentro de los FP, destacó la realización de la actividad física, seguido por el consumo de una dieta rica en fibras, leche, calcio, y también otras sustancias entre las que debemos destacar las frutas, el pescado, la vitamina D… aunque las evidencias fueron menores. Por otra parte, los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINES) y especialmente el ácido acetilsalicílico parecen ser también FP que reducen la recurrencia de pólipos adenomatoso esporádicos7. Entre los FR se establecieron principalmente el consumo de alcohol (más de 30g/día), de carnes rojas y procesadas y la elevada masa corporal. También se ha demostrado que otros como el tabaco, que induce (a través de la producción de radicales libres y mutaciones genéticas) la formación de adenomas colorrectales, son precursores del CCR. Además, la enfermedad inflamatoria intestinal (enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa) y el síndrome metabólico parecen ser FR de CCR. Desde un punto de vista más genético el CCR se ha visto asociado a patologías como la Poliposis adenomatosa familiar (FAP, por mutación o pérdida del gen FAP o APC-poliposis adenomatosa-) y el Síndrome de Lynch (síndrome colorrectal hereditario no polipósico, HNPCC mutaciones de genes de reparación del ácido desoxirribonucleico (ADN), gen HNPCC)3.
Aspectos básicos clínicos, diagnósticos y terapéuticos de cáncer de colon:
En la mayoría de los casos el CCR cursa de forma asintomática o con una clínica inespecífica (pérdida de peso, molestias abdominales, cambios en el hábito digestivo, anemia…) siendo posible, en los casos más avanzados, la presencia de obstrucción mecánica intestinal, masa abdominal palpable, perforación intestinal, hemorragia, etc. Su detección y diagnóstico se ha basado en un sistema de screening a través de la sangre oculta en heces y la colonoscopia, siendo precisa la confirmación histológica mediante una biopsia tomada durante la colonoscopia. Cuando no es posible realizar una colonoscopia se debe realizar una colonoscopia virtual por tomografía computarizada (TC). El enema opaco puede ser de gran utilidad. En cuanto a los posibles marcadores biológicos para su detección, hasta la fecha, el antígeno carcinoembrionario (CEA) sigue siendo el más utilizado a pesar de su baja sensibilidad y especificidad. El tratamiento curativo de elección es la cirugía, existiendo diferentes técnicas según el tipo histológico, la localización, extensión de la patología. En determinadas circunstancias (enfermedad avanzada, metastásica) está indicado realizar un tratamiento adyuvante con quimioterapia siendo los fármacos más usados 5-fluorouracilo y la capacitabina que se suele asociar a leucovorin u oxaliplatino. A este tratamiento se le ha asociado desde hace tiempo el uso de antiangiogénicos (bevacizumab) y Ac monoclonales (cetuximab) con excelentes resultados3.
Como hemos indicado previamente, la dieta se considera el principal factor exógeno en relación a la etiología de la enfermedad, existiendo dos grandes tipos de patrones alimentarios que influyen en su desarrollo: i). Patrones saludables (fruta, vegetales, los llamados patrones prudentes, ricos en fibras y granos): están asociados de manera proporcionalmente negativa con el riesgo de este cáncer, siendo considerados un FP. Son ricos en anti-inflamatorios (fibra, ácidos grasos poliinsaturados, minerales, vitaminas, betacarotenos, isoflavonas, anthocianidinas) que han demostrado reducir la inflamación intestinal (FR de CCR). Además regulan la microbiota, aumentando los niveles de Prevotella, Firmicutes, Proteobacterias que son FP; y reduciendo los niveles de Bacteroidetes , Actinobacteria, Fusobactirum… que se consideran FR. La dieta Mediterránea (aceites de pescado, nueces, aceitunas, aceite de oliva, pescado) ha demostrado ser la más protectora. ii). Patrones no saludables (animales, grasas y sal, productos refinados como azúcares): se relacionan de manera directamente proporcional, es decir, son FR de CCR. La carne roja/procesada ha demostrado un aumento del riesgo (el pescado, vegetales y fibra tienen resultados controvertidos). Son considerados patrones proinflamatorios aquellos ricos en hidratos de carbono (HC), proteínas, grasas totales, grasas trans, colesterol y ácidos grasos saturados. Estas dietas han demostrado un efecto en la microbiota contrario al de patrones saludables5,8.
Alimentos funcionales y nutracéuticos:
Los alimentos funcionales fueron definidos por primera vez en Japón en la década de los 80, como Foods for Special Health Use (FOSHU), o alimento directamente involucrado en la modificación de sistemas fisiológicos, como el inmune, endocrino, nervioso, circulatorio o digestivo9. A lo largo de la historia se le han dado diversas definiciones, no existiendo una que sea exacta, pero se podría decir que son alimentos naturales o procesados que aparte de su contenido nutritivo tienen ingredientes con una actividad específica en las funciones fisiológicas del organismo (crecimiento y desarrollo, protección cardiovascular, hepática, prevención de enfermedades degenerativas…) favoreciendo la capacidad física y el estado mental9-12. El concepto más aceptado actualmente es el emitido en el documento de consenso Functional Food Science in Europe (FUFOSE), por el International Life Science Institute (ILSI) en 1999 que especifica que un alimento se considera funcional cuando además de su efecto nutricional propio tiene un efecto positivo sobre una o varias funciones del organismo, ayudando a prevenir enfermedades y mejorando el bienestar y la salud de las personas que los consumen. No obstante, al ser alimentos, deben demostrar que tienen efecto cuando son administrados en las cantidades normales de ingesta o cuando se consumen regularmente. Así, pueden ser considerados alimentos funcionales todos aquellos a los cuales se les realiza una modificación en la naturaleza o biodisponibilidad de uno o varios de sus componentes, aumentando sus efectos beneficiosos para la salud y reduciendo los perjudiciales. Estas modificaciones en sus componentes incluyen: mejorarlos, añadir nuevos beneficiosos o eliminar perjudiciales, modificarlos químicamente, aumentar su biodisponibilidad o una combinación de todo lo anterior12,13. La American Dietetic Association (ADA) en 2014 los definió como aquellos con potenciales efectos beneficiosos ingeridos junto con una dieta variada, a niveles efectivos, incluyéndose aquí los alimentos integrales, fortificados, enriquecidos o mejorados (diseñados), no obstante la definición actualmente aceptada en Europa es la de ILSI13.
Los nutracéuticos no tienen una definición clara. DeFelice el creador del término, en una entrevista con Sheldon Baker (28 de octubre de 2011), lo definió como: un alimento o parte de este que aporta un beneficio médico o en la salud, incluyendo la prevención y el tratamiento de enfermedades9. Sin embargo, ha sido definido de otras múltiples formas. Así de una manera general, se puede decir que es un compuesto o suplemento dietético, presentado en forma de píldoras, cápsulas, polvo, etc., (siendo una sustancia natural bioactiva concentrada), presente generalmente en los alimentos, que tiene un efecto beneficioso para la salud, superior al que tendría en su alimento de base debido a que se encuentra en mayores concentraciones. Mientras el alimento funcional tiene que ser un alimento de consumo común, el nutracéutico no es el alimento sino uno de sus componentes aislado y concentrado. Se diferencian de los medicamentos en que tienen un origen biológico natural (los medicamentos suelen ser sintéticos) y de los extractos e infusiones de hierbas en que estos no tienen porqué tener un efecto terapéutico9-12.
El objetivo del presente artículo es exponer los el efecto de los alimentos funcionales en el tratamiento y prevención del CCR, una enfermedad que por su incidencia representa un auténtico problema de salud y sobre la que se los avances a todos los niveles, incluidos los relacionados con la actividad de determinados alimentos, puede redundar en la mejora del pronóstico de los pacientes.
Numerosos estudios han ensayado utilizando diferentes modelos experimentales la actividad que algunos de ellos poseen en CCR. En base a los tipos de alimentos, expondremos de forma resumida los principales logros obtenidos.
Alimentos Funcionales:
– Solanáceas. Las solanáceas son una familia de plantas que se han utilizado a lo largo de la historia en la alimentación por sus aspectos beneficiosos para la salud, observándose que pueden tener un papel importante en la regulación del CCR. Se conoce que el 4-β-Hidroxiwithanólido (4HWE) es un esteroide encontrado en ciertas plantas de esta familia, concretamente en Physalis peruviana, Physalis cinerascens , Physalis angulate Physalis pruinosa, que parece ser el principal responsable de los efectos beneficiosos sobre el CCR. Así, recientemente Park y cols. estudia cómo esta sustancia puede presentar una acción terapéutica y preventiva en el CCR, concretamente en las células HT-29, sobre las que se obtuvo un potente efecto antiproliferativo. En los resultados de dicho estudio se observó cómo dosis bajas (0,5-1 µM) eran responsables de la detención del ciclo celular en G0/G1 de las células tumorales y a dosis superiores (5-10 µM) indujeron apoptosis (a través de la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS)), junto con la regulación de una compleja serie de proteínas oncogénicas, debido a la inhibición de la expresión de la proteína Hsp90 y a modificaciones epigenéticas (como la disminución de la acetilación de la histona H3) . Estos resultados demuestran su acción preventiva y terapéutica en el CCR14.
– Leguminosas. Esta familia de plantas presenta unas semillas utilizadas a lo largo de la historia en múltiples países como alimento cotidiano, mostrando posibles efectos en el CCR, motivo por el cual han sido objeto de numerosos estudios científicos. Así, la Phaseolus vulgaris L. (judías pintas) son consideradas un potente alimento funcional por su riqueza en fenoles, flavonoides, vitaminas, almidón resistente, fructooligosacárido, entre otros. Se ha demostrado que algunas de estas sustancias poseen un papel en la protección de numerosas patologías (principalmente protegiendo del estrés oxidativo) entre las que se encuentra CCR y la EII. Su capacidad antioxidante reside principalmente en la actividad de los fenoles y la antiinflamatoria en la actuación de sus vitaminas y flavonoides. Su actividad antitumoral se le atribuye a sus componentes fenólicos que protegen a los lípidos, proteínas y ácidos nucleicos de la acción de ROS. Oomah y cols. demostró que esta sustancia poseía gran capacidad inhibitoria de ciclooxigeasa-1 (COX-1), ciclooxigenasa-2 (COX-2) y lipooxigenasa (LOX)15. Estos resultados han sido apoyados por Hangen y cols. quiénes observaron un 50% de reducción de la incidencia de CCR en ratones alimentados con judías blancas y negras. Además, se ha demostrado que estas sustancias inducen la apoptosis, inhiben la angiogénesis, la proliferación celular, la movilización linfocitaria. Por otro lado, los almidones resistentes (a la digestión) presentes en estos alimentos se relacionan con un aumento en la síntesis de ácidos grasos de cadena corta (SCFA), ya que sirven de sustrato para su síntesis por bacterias intestinales. Los SCFA, especialmente el butirato, han demostrado una actividad antineoplásica induciendo la parada del ciclo celular y la apoptosis de las células del CCR. También se ha visto que estas judías presentan polisacáridos sin almidón que tienen un papel regulador de la microbiota intestinal16.
Otros estudios usando Phaseolus vulgaris (judías blancas) han demostrado resultados similares a los anteriores, como es el caso del estudio de Baxter y cols. quienes demostraron que su consumo regula las principales vías metabólicas, como los esteroles, las lisinas, los ácidos grasos, el grupo amino y el metabolismo del inositol, protegiendo del desarrollo del CCR. Las judías, en resumen, tienen un gran número de componentes (2-aminoadipato, oftalmato, ácido eicosapentaenoico, escilo-inositol, gamma-glutamilglutamina, N-metilpipecolato, piperidina…) que han mostrado actividad antitumoral en CCR17.
Por otra parte, el Glycine max (haba de soja) es otra leguminosa que ha demostrado un efecto protector en el CCR. Presenta en su composición moléculas bioactivas (péptidos, saponinas, isoflavonas…) que le confieren efectos quimiopreventivos para el cáncer ya que interactúan con cascadas enzimáticas y vías metabólicas controlando la proliferación, crecimiento y diferenciación de las células tumorales. En el estudio de González-Montoya y cols. se consiguió aislar estos componentes demostrando un efecto citotóxico en células de cáncer de colon humano Caco-2, HT-29, HCT-116 en las que se obtuvo una concentración inhibitoria 50 (IC50), o sea la concentración de péptidos obtenidos de la soja necesaria para reducir in vitro el crecimiento poblacional de estas células un 50%, de 10,3 mg/ml, 14,9 mg/ml y 15,2 mg/ml, respectivamente. También poseen un papel antiinflamatorio reduciendo la respuesta inflamatoria causada por lipopolisacáridos en macrófagos RAW 264.7. La IC50 (en este caso concentración de péptidos necesarios para reducir en un 50% la producción de óxido nítrico (NO, factor inflamatorio) para estas células) fue de 1,03±0,02mg/ml. Además, un pretratamiento con 10 mg/ml de estas sustancias demostró (p˂0,05) una reducción de ~45% de la producción de NO. Los componentes más potentes parecen ser la β-conglicinina y los fragmentos de glicinina ricos en glutaminal18.
– Frutas. Múltiples frutas han sido estudiadas como posibles elementos preventivos y/o tratamientos contra el CCR. Destacaremos los más importantes, siendo la Morus alba L, los cítricos en general y la Musa spp. (plátanos).
En el estudio realizado de Qian y cols. con Morus alba L. (mora) in vitro e in vivo utilizando ratones, se demostró que los extractos de esta fruta presentan una actividad antiinflamatoria sobre los macrófagos RAW 264.7 (macrófagos estimulados por lipopolisacáridos) y sobre la colitis ulcerosa (CU) (en ratones inducidos con sulfato de dextrano sódico (DSS)) así como una actividad antitumoral contra en CCR (ratones Mucina (MUC)”-/-). Su actividad antiinflamatoria se relacionó con varios efectos. Así, por un lado, produjeron una reducción de la producción de NO inducida por lipopolisacáridos (LPS) debido a una inhibición del óxido nítrico sintetasa (iNOS) y el efecto sobre los macrófagos estimulados por LPS se debió a una acción inhibitoria sobre la COX-2, interleucina-4 (IL-4) y interleucina-1β (IL-1β). Por otro lado, se obtuvo el extracto de diclorometano (MBF-DE) el cual también tienen efecto antiinflamatorio actuando sobre los macrófagos a través de sus principales componentes, el ácido linoleico y el linolenato de etilo, que bloquean la translocación nuclear del factor nuclear potenciador de las cadenas ligeras kappa de las células B activadas / proteína 65 (NF-κB/p65) y la fosforilación de la proteína quinasa activada por mitógenos (pERK / MAPK). En ratones MUC-2 que desarrollan CCR de forma constitutiva, se observó que consumiendo un 5% o 10% de moras en su dieta, disminuyó la incidencia de cáncer en un 20 y 10% respectivamente. Esto muestra el potencial de estos alimentos en la prevención y tratamiento del CCR19.
Por otra parte, los cítricos (naranjas, limones, limas, mandarinas…) son otro de los alimentos estudiados por su posible efecto contra el CCR. Son frutas ricas en flavonoides (principal fuente de estos en la dieta) y vitaminas que han demostrado ser FP de esta y otras neoplasias. Estos flavonoides cítricos han demostrado una acción quimiopreventiva y quimioterapéutica solos o en combinación con otros fármacos20. Así por ejemplo el zumo de Citrus Reticulata (mandarina), especialmente cuando está enriquecido con criptoxantina y hesperidina (flavonoides), tal y como demostraron Tanaka y cols. es capaz de inhibir la carcinogénesis en colon21. Por otro lado, el estudio de Fan y cols. mostró la capacidad de las polimetoxiflavonas de inhibir la carcinogénesis intestinal en ratones APC (min/+)22. .Se ha observado que estos flavonoides actúan a diversos niveles en el CCR que podemos resumir de la siguiente forma: i) inhiben la fase de inicio del CCR por la inhibición de múltiples moléculas intracelulares (quinasas, topoisomerasas, fosfodiesterasas…) que lleva a una modulación de la expresión de los genes implicados en el cáncer (presentan acción antiproliferativa, antioxidante y antimutagénica) (en este sentido, destaca la apigenina que revierte las depleciones genotóxicas producidas por el benzo(α)pireno; ii) Inhiben el desarrollo del tumor, inhiben la proliferación de las células HT-29 al bloquear la progresión del ciclo celular en la fase G1 (no apoptosis) lo cual lo hacen a través de la inhibición de las enzimas quinasa dependiente de ciclina 2 (Cdk2) y quinasa dependiente de ciclina 4 (Cdk4), acompañado de un incremento del inhibidor de cdk p21 y p27, en este mecanismo destacan el targeretin y el nobiletin; iii) por último también inhiben la progresión tumoral actuando sobre la metastatización y la angiogénesis20.
Por último, Musa spp. (plátanos) también son otro alimento con potencial para ser utilizados en el CCR. Esta actividad se debe a la acción de varios de sus componentes tales como los fructooligosacáridos (FOS), polifenoles, inulina, minerales como el calcio (Ca) y el magnesio (Mg)23. Así, por ejemplo, los FOS tienen múltiples funciones siendo las más relevantes las siguientes: actúan mejorando la absorción intestinal de Ca y Mg, reducen el riesgo CCR24, y tal y como demostraron Do Espirito Santo y cols.25 en su estudio sirven como nutrientes para probióticos como Bifidobacterias y Lactobacilos (que como veremos más adelante, protegen del CCR); los polifenoles (presentes principalmente en la piel, aunque también en la pulpa) su parte como mostró el estudio de Babbar y cols.26 tienen como principal característica su gran capacidad antioxidante, lo que como hemos visto tiene un efecto sobre las EII y sobre el CCR propiamente dicho; en la misma dirección, otro de sus componentes la inulina, fue estudiada por Kolida y cols. que objetivaron su actividad como prebiótico y como tal al regular la flora intestinal además de regular el sistema inmune tendrá un papel relevante en el CCR27.
– Quínoa. La chenopodium quínoa willd (quínoa) es un alimento originario de los Andes y que cada vez es más consumida en el resto del mundo. Es un alimento rico en flavonoides, ácidos fenólicos y saponinas, sustancias que se utilizan como nutracéuticos como ya ha sido descrito anteriormente y que se ha visto que tienen una gran actividad antioxidante y antitumoral. Se han detectado hasta 17 péptidos bioactivos en este alimento (destaca el 2,2-difenil-1- picrilhidracilo (DPPH)) los cuales, tal y como demuestra Vilcacundo y cols., poseen poder quimiopreventivo y una potente actividad in vitro inhibitoria de la viabilidad celular del CCR. La capacidad preventiva se basa en la actividad antioxidante determinada mediante la capacidad de absorción de RL (ORAC). Para los péptidos de la quínoa digeridos durante 60min la ORAC fue de 2.22±0,07 µmol–equivalentes de Trolox/ mg proteína. Un resultado no significativamente diferente (p˂0,05) fue obtenido en las digeridas 120min, lo que demuestra su actividad antioxidante. Respecto a la actividad citotóxica se usaron 3 tipos de líneas tumorales (Caco-2, HT-29 y HCT-116) observándose la máxima actividad inhibitoria de la viabilidad celular en Caco-2 con un 82% de inhibición. Este estudio avala pues la utilización de este alimento en la prevención y tratamiento del CCR28.
CONCLUSIONES
- Los alimentos funcionales tienen potenciales efectos beneficiosos en la prevención y terapia del CCR y muchas otras patologías. Son muchos los estudios que se han realizado utilizando estas armas terapéuticas obteniéndose en la inmensa mayoría de los casos resultados muy positivos y esperanzadores, lo que nos obliga a que debamos de seguir profundizando en su estudio.
- El hecho de que al ser productos de origen natural resulta mucho más atrayente para toda la población, que además presenta la gran ventaja de que se puede realizar este tratamiento solamente modificando la dieta general de la población.
- El hecho de que presenten acción tanto preventiva como terapéutica también potencia la necesidad del avance en el estudio de estas sustancias pues con un solo tipo de producto podríamos actuar a nivel poblacional previniendo la aparición de la patología y a la vez trataremos a las personas que ya presentan dicha afectación.
- A día de hoy todavía es necesario realizar más estudios en personas para conocer el efecto real y las dosis necesarias para obtener los efectos deseados pero el futuro en este campo es prometedor.
Todavía es necesario un estudio más en profundidad, siendo necesario principalmente la realización de investigaciones in vivo en seres humanos ya que a día de hoy los estudios siguen siendo mayoritariamente in vitro e in vivo con ratones. No obstante, se divisa un gran futuro, además el hecho de la cada vez mayor importancia en la salud pública del cáncer de colon obliga a buscar nuevas alternativas al tratamiento actual para intentar erradicar dicha patología.
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