Uso perioperatorio de lidocaína intravenosa: eficacia analgésica y revisión de evidencia clínica

21 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. José María Martínez Garcés. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  2. Natalia Crespo Forcén. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  3. Iñaki Goiri García. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  4. Alejandro Millán Arrazola. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  5. Cristina López Esbec. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  6. Marcos Buey Aguilar. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

La lidocaína intravenosa (LIV) se ha convertido en un área de creciente interés en anestesiología debido a sus efectos analgésicos, antiinflamatorios y ahorradores de opioides. A lo largo de las últimas décadas, múltiples ensayos clínicos y metaanálisis han evaluado su utilidad en distintos tipos de cirugía. La evidencia más sólida proviene de la cirugía abdominal, donde la LIV ha demostrado reducir la intensidad del dolor postoperatorio, acelerar la recuperación del tránsito intestinal y disminuir el consumo de opioides. En otras cirugías, como la torácica, tiroidea o de mama, los resultados son más heterogéneos, aunque sugieren beneficio en términos de analgesia y reducción de complicaciones relacionadas con los opioides.

En cuanto a la seguridad, la lidocaína presenta un amplio margen terapéutico y, en las dosis recomendadas, los niveles plasmáticos se mantienen por debajo de los umbrales neuro y cardiotóxicos. Esta revisión analiza mecanismos de acción, hallazgos clínicos y repercusiones prácticas de la LIV, destacando sus beneficios comprobados y las limitaciones actuales de la evidencia. Se concluye que la lidocaína intravenosa representa una herramienta prometedora dentro de los protocolos de recuperación multimodal, aunque se requieren estudios bien diseñados que definan con mayor precisión su papel en diferentes escenarios quirúrgicos.

PALABRAS CLAVE

Lidocaína, anestesia intravenosa, analgesia postoperatoria, dolor, cirugía.

ABSTRACT

Intravenous lidocaine (IVL) has emerged as an area of increasing interest in anesthesiology due to its analgesic, anti-inflammatory and opioid-sparing effects. Over the past decades, numerous clinical trials and meta-analyses have investigated its usefulness in different types of surgery. The strongest evidence comes from abdominal surgery, where IVL has been shown to reduce postoperative pain intensity, accelerate bowel recovery and decrease opioid consumption. In other surgeries, such as thoracic, thyroid or breast procedures, results are more heterogeneous but suggest potential benefits in analgesia and reduction of opioid-related complications.

Regarding safety, lidocaine has a wide therapeutic index and, at recommended doses, plasma concentrations remain below neurotoxic and cardiotoxic thresholds. This review analyzes mechanisms of action, clinical findings and practical implications of IVL, emphasizing both its proven benefits and the current limitations of evidence. In conclusion, intravenous lidocaine represents a promising tool within multimodal recovery protocols, although further well-designed studies are needed to clearly define its role in different surgical contexts.

KEY WORDS

Lidocaine, intravenous anesthesia, postoperative analgesia, pain, surgery.

INTRODUCCIÓN

La lidocaína, sintetizada en 1942 y utilizada inicialmente como anestésico local, adquirió posteriormente un papel fundamental en el tratamiento de arritmias ventriculares cuando se administraba por vía intravenosa. Sin embargo, desde mediados del siglo XX comenzaron a explorarse sus efectos analgésicos y antiinflamatorios sistémicos¹. En los últimos años, el interés por la lidocaína intravenosa (LIV) ha aumentado significativamente, en paralelo al desarrollo de programas de recuperación intensificada tras la cirugía (ERAS, Enhanced Recovery After Surgery), cuyo objetivo es reducir la morbilidad perioperatoria, acelerar la recuperación funcional y minimizar el uso de opioides².

Los opioides, pese a ser la base tradicional de la analgesia perioperatoria, presentan múltiples efectos adversos: náuseas, vómitos, íleo paralítico, depresión respiratoria y riesgo de dependencia. En este contexto, la lidocaína intravenosa se ha posicionado como un coadyuvante prometedor, ya que combina efectos analgésicos, antihiperalgésicos y antiinflamatorios³. Su mecanismo de acción no se limita al bloqueo de los canales de sodio: también modula receptores NMDA, vías colinérgicas e inflamatorias, así como la excitabilidad neuronal central y periférica, lo que le confiere un perfil multimodal único.

Diversos estudios experimentales han demostrado que la LIV puede disminuir la hiperalgesia secundaria a lesión tisular, modular la respuesta inflamatoria sistémica y mejorar parámetros de recuperación intestinal. Ensayos clínicos aleatorizados han confirmado su eficacia principalmente en cirugía abdominal, y metaanálisis recientes han apoyado estos hallazgos⁴⁻⁵. No obstante, la literatura muestra heterogeneidad en cuanto a dosis, duración de infusión y tipos de cirugía evaluados.

OBJETIVO

Revisar la evidencia disponible resulta clave para definir mejor las indicaciones clínicas de la lidocaína intravenosa, su papel en la analgesia multimodal y su contribución a reducir complicaciones perioperatorias y la dependencia de opioides

MATERIAL Y MÉTODO

Se realizó una revisión narrativa de la literatura biomédica sobre lidocaína intravenosa en contexto perioperatorio. Se incluyeron estudios experimentales, ensayos clínicos aleatorizados, revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados en PubMed, Embase y Cochrane Library. El artículo de Beaussier et al. (2018)⁴ se consideró fuente principal de referencia. Se evaluaron mecanismos de acción, eficacia analgésica, consumo de opioides, recuperación intestinal, seguridad y efectos adversos. Se priorizó la información relativa a cirugía abdominal, aunque también se incluyeron datos de otros contextos quirúrgicos

RESULTADOS

La evidencia disponible sobre la lidocaína intravenosa (LIV) en el contexto perioperatorio es extensa y abarca múltiples tipos de cirugía, con diferencias significativas en la magnitud de los beneficios reportados.

Cirugía abdominal:

La cirugía abdominal mayor, tanto abierta como laparoscópica, constituye el escenario donde más se ha evaluado la LIV y donde los resultados son más consistentes. Diversos metaanálisis confirman que la administración perioperatoria de lidocaína se asocia a:

Disminución significativa del dolor postoperatorio en reposo y en movimiento durante las primeras 24–48 horas⁵,⁶.

Reducción del consumo de opioides en un rango del 20–40 % respecto a placebo, con menor necesidad de analgesia de rescate⁵.

Aceleración de la recuperación intestinal, con un acortamiento de 6–12 horas en el tiempo hasta la primera emisión de gases o heces, lo que se traduce en menor incidencia de íleo paralítico⁵,⁶.

Reducción de complicaciones gastrointestinales (náuseas, vómitos, distensión abdominal) en comparación con el manejo analgésico convencional.

Menor estancia hospitalaria, con diferencias promedio cercanas a un día en estudios de cirugía colorrectal y de resección gástrica⁶.

Estos beneficios han sido replicados en múltiples ensayos clínicos y son la principal razón por la que la LIV ha sido incluida en protocolos ERAS en cirugía abdominal.

Cirugía laparoscópica:

En procedimientos mínimamente invasivos, como colecistectomía y cirugía bariátrica, la lidocaína intravenosa mantiene efectos favorables, aunque de menor magnitud que en la cirugía abierta. Se observa:

Menor dolor postoperatorio inmediato y mejor tolerancia a la movilización temprana⁷.

Reducción en el consumo de analgesia complementaria, incluyendo AINEs y opioides.

Mejora de la calidad de la recuperación global en las primeras 24 horas, valorada con escalas de satisfacción y recuperación funcional⁷.

En pacientes con obesidad sometidos a cirugía bariátrica, los efectos analgésicos y antiinflamatorios parecen más pronunciados, probablemente debido a la mayor respuesta inflamatoria basal de esta población.

Cirugía ginecológica:

Los resultados en cirugía ginecológica son más variables. En histerectomía abdominal, varios ensayos muestran menor dolor y menor uso de opioides en pacientes tratados con LIV, aunque otros estudios no confirman diferencias significativas. En laparoscopia ginecológica, los efectos son modestos, pero tienden a favorecer la recuperación intestinal y la reducción de náuseas y vómitos postoperatorios⁶.

Cirugía de mama:

La LIV ha sido evaluada en mastectomías y lumpectomías. Los principales hallazgos son:

Efecto limitado en el dolor agudo postoperatorio (no siempre superior al placebo).

Reducción de la incidencia de dolor crónico a los 3–6 meses, sugiriendo un efecto preventivo sobre la sensibilización central y el dolor neuropático postquirúrgico⁸.

Disminución del consumo acumulado de opioides en las primeras 24 horas, aunque sin impacto clínicamente relevante en todas las series.

Estos datos hacen pensar que la lidocaína podría jugar un papel más relevante en la prevención de complicaciones dolorosas a largo plazo que en la analgesia inmediata de estos procedimientos.

Cirugía tiroidea:

En pacientes sometidos a tiroidectomía, la LIV ha mostrado:

Reducción significativa del dolor en las primeras horas tras la cirugía.

Disminución en biomarcadores inflamatorios como proteína C reactiva y citocinas proinflamatorias⁹.

Mejoría subjetiva de la calidad de recuperación en comparación con placebo.

Cirugía torácica:

El dolor postoperatorio tras toracotomía es de alta intensidad y difícil control, lo que confiere especial relevancia a alternativas analgésicas multimodales. Los estudios disponibles sugieren que la LIV:

Reduce el dolor en reposo y con la tos durante las primeras 48 horas⁹.

Disminuye el uso de opioides y, en consecuencia, la incidencia de depresión respiratoria y náuseas postoperatorias.

Podría contribuir a mejorar la función respiratoria postquirúrgica, aunque los datos en este punto son todavía limitados.

Cirugía ortopédica y espinal:

La evidencia es menos concluyente. Algunos estudios iniciales mostraron beneficios en la reducción del consumo de opioides y en la recuperación funcional temprana, pero ensayos posteriores han reportado resultados heterogéneos, sin beneficios consistentes⁸. La falta de estandarización en dosis, duración de la infusión y criterios de inclusión podría explicar esta variabilidad.

Seguridad y efectos adversos:

En la mayoría de los estudios, los niveles plasmáticos de lidocaína permanecen muy por debajo del umbral tóxico. Los efectos adversos descritos son escasos y suelen ser leves y transitorios: mareo, somnolencia, parestesias o sabor metálico. La toxicidad sistémica (manifestaciones neurológicas o arritmias) es excepcional y se asocia a dosis elevadas o infusiones prolongadas sin monitorización adecuada¹⁰.

En resumen, los resultados muestran una eficacia sólida en cirugía abdominal, un beneficio moderado en laparoscópica, torácica, tiroidea y de mama, y evidencia insuficiente en cirugía ortopédica y espinal. En todos los contextos, la lidocaína intravenosa mantiene un perfil de seguridad favorable.

Los datos disponibles consolidan a la lidocaína intravenosa como una herramienta de valor en el manejo multimodal del dolor perioperatorio. Su eficacia en cirugía abdominal es indiscutible: reduce dolor, consumo de opioides y complicaciones gastrointestinales, contribuyendo a una recuperación más rápida⁵,⁶. Estos hallazgos coinciden con los principios de los programas ERAS, que buscan optimizar la recuperación postoperatoria y minimizar la morbilidad asociada a la cirugía²,⁴.

En otros contextos quirúrgicos, los beneficios son más variables. En cirugía torácica y tiroidea, la evidencia es alentadora y justifica su inclusión en protocolos selectivos, aunque aún se requieren ensayos clínicos de mayor tamaño. En cirugía de mama, el potencial papel de la LIV en la prevención del dolor crónico resulta especialmente atractivo, ya que este síndrome afecta a un porcentaje significativo de pacientes tras mastectomía⁸.

La ausencia de resultados consistentes en cirugía ortopédica y espinal pone de relieve la necesidad de estandarizar protocolos de administración y de diseñar estudios que evalúen no solo el dolor agudo, sino también resultados funcionales y de calidad de vida.

En cuanto a mecanismos de acción, la lidocaína combina efectos sobre la conducción nerviosa, la modulación central y la inflamación, lo que le confiere un perfil multimodal difícil de encontrar en otros fármacos. Este espectro de acción la convierte en un complemento ideal para reducir la dependencia de opioides, un objetivo cada vez más relevante en la práctica clínica actual³.

CONCLUSIONES

En conclusión, la lidocaína intravenosa representa una opción eficaz, segura y coste-efectiva para determinados escenarios quirúrgicos, con beneficios bien demostrados en cirugía abdominal y potencial prometedor en otros procedimientos. Su incorporación a los protocolos de recuperación multimodal está justificada en contextos donde la evidencia es más sólida. No obstante, persiste la necesidad de estudios multicéntricos, con poblaciones amplias y protocolos homogéneos, que definan con mayor precisión las indicaciones, dosis óptimas y duración de la infusión.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Beaussier M, Delbos A, Maurice-Szamburski A, Ecoffey C, Mercadal L. Perioperative use of intravenous lidocaine. Drugs. 2018;78(12):1229–1246.
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