Visión global de la fascitis plantar. Artículo monográfico

15 mayo 2024

AUTORES

  1. Patricia Ibáñez Sánchez. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud.
  2. Alberto Noguerol Pérez. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud.
  3. Mario Muñoz Ranz. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud.

 

RESUMEN

La fascitis plantar provoca dolor en el talón y es la causa más común de malestar en esta región. Aunque el término «fascitis» sugiere inflamación, estudios indican que hay microlesiones que llevan a degeneración y eventual necrosis de la fascia plantar. La fascitis plantar afecta a adultos, con mayor incidencia entre los 40 y 60 años, sin preferencia de género. Aunque suele ser autolimitada, puede durar hasta 10 meses. Factores de riesgo incluyen obesidad, pies planos o cavos, espolón calcáneo, limitación de la dorsiflexión y enfermedades como artritis. Los síntomas principales son dolor agudo en el talón, especialmente al levantarse, y rigidez en el arco del pie. El diagnóstico implica una evaluación exhaustiva de síntomas y pruebas clínicas, a veces con imágenes para descartar otras condiciones. El tratamiento conservador es exitoso en el 80-90% de los casos e incluye fisioterapia con hielo, ultrasonidos, masajes y estiramientos específicos. Por otro lado, los enfoques médicos incluyen inyecciones de esteroides o BTX-A, y las ondas de choque extracorpóreas entre otras técnicas. La cirugía es menos común y se considera en casos no responsivos a tratamientos no quirúrgicos. Es crucial diferenciar la fascitis plantar de otras condiciones similares para un tratamiento específico y efectivo.

PALABRAS CLAVE

Fisioterapia, terapia manual, fascitis plantar, traumatología.

ABSTRACT

Plantar fasciitis causes heel pain and stands as the most common reason for discomfort in this area. Despite the term «fasciitis» suggesting inflammation, studies indicate microlesions that lead to degeneration and eventual necrosis of the plantar fascia. It affects adults, with a higher incidence between 40 and 60 years old, without gender preference. While typically self-limiting, it can persist for up to 10 months. Risk factors include obesity, flat or high-arched feet, heel spurs, limited dorsiflexion, and conditions like arthritis. Key symptoms include acute heel pain, especially upon rising, and stiffness in the arch of the foot. Diagnosis involves comprehensive evaluation of symptoms and clinical tests, sometimes including imaging to rule out other conditions. Conservative treatment succeeds in 80-90% of cases and involves physiotherapy with ice, ultrasound, massages, and specific stretches. Medical approaches include steroid or BTX-A injections, while extracorporeal shockwave therapy is among other techniques. Surgery is less common and considered for cases unresponsive to non-surgical treatments. It’s crucial to differentiate plantar fasciitis from similar conditions for specific and effective treatment.

KEY WORDS

Physiotherapy, manual therapy, plantar fasciitis, traumatology.

INTRODUCCIÓN
La fascitis plantar, también conocida como talalgia plantar, se manifiesta mediante dolor localizado en la región antero-interna del hueso del talón, con posibilidad de irradiarse hacia el borde interno del pie1. Esta afección representa la causa más común de malestar en dicha área en la población adulta. La fascia plantar, una estructura fibrosa crucial que sostiene el arco longitudinal del pie, es fundamental en este padecimiento2. Aunque el término «fascitis» sugiere la inflamación de esta estructura, estudios actuales indican que esto no siempre ocurre; en cambio, la presencia de microlesiones en la fascia, generadas por traumas repetitivos, conlleva a una progresiva degeneración del colágeno, desencadenando tendinosis, deterioro de la fascia y eventual necrosis3.

ANATOMÍA:
La comprensión de la anatomía de la planta del pie es esencial, y la fascia plantar representa una estructura clave dentro de este contexto. Esta banda de tejido conectivo está compuesta por fibras de colágeno, hiluronidasa, así como corpúsculos de Paccini y Ruffini. Su punto de origen se encuentra en el hueso calcáneo, dividiéndose en tres segmentos distintos: el segmento central, primordial al dirigirse hacia las falanges proximales; el segmento lateral, conectado al quinto metatarsiano; y el segmento medial, que recubre al músculo abductor del primer dedo4. Asimismo, tiene una relación anatómica con el tríceps sural a través del tendón de Aquiles5. Esta estructura puede verse afectada de diversas maneras, dando lugar a la fascitis plantar en su forma insercional, no insercional o con la implicación de alguna de estas bandas específicas6.

Justo debajo de la fascia plantar, se hallan músculos relevantes como el flexor corto de los dedos, el abductor del quinto dedo y el abductor del hallux. A mayor profundidad, encontramos el cuadrado plantar y el flexor largo de los dedos. La función principal de la fascia plantar radica en brindar soporte al arco longitudinal del pie tanto en estados estáticos como dinámicos. Durante la marcha, esta estructura experimenta elongación y contracción gracias al mecanismo de Windlass, adaptándose dinámicamente a las demandas del movimiento5.

EPIDEMIOLOGÍA:

La fascitis plantar representa una preocupación epidemiológica significativa debido a su alta frecuencia y su impacto directo en la calidad de vida de los individuos. Esta afección se posiciona como una de las causas principales de dolor en el talón y la región plantar del pie, ejerciendo su influencia en una proporción considerable de la población. En líneas generales, la fascitis plantar prevalece mayormente en adultos, mostrando una incidencia destacada en individuos de entre 40 y 60 años, si bien no excluye a ningún grupo demográfico en particular. Se estima que al menos el 10% de la población experimentará algún episodio de fascitis plantar a lo largo de su vida. Esta condición no discrimina entre géneros, afectando tanto a hombres como a mujeres sin mostrar preferencia por uno en específico.

Cabe destacar que se considera un trastorno autolimitado, dado que los síntomas desaparecen en el 80-90% de los casos en un plazo de 10 meses, este periodo resulta desafiante tanto para el paciente como para el profesional de la salud.

ETIOLOGÍA:

Los factores de riesgo asociados a la fascitis plantar abarcan tanto aspectos intrínsecos como extrínsecos. Entre los elementos intrínsecos, la edad juega un papel relevante, siendo más común esta condición entre los 40 y 60 años, y mostrando una mayor incidencia en mujeres. El sobrepeso representa otro factor crítico, ya que el exceso de peso ejerce una carga adicional sobre el pie, aumentando la tensión en la fascia y propiciando su degeneración o dolor. De hecho, cerca del 70% de los pacientes con fascitis plantar presentan obesidad, situación que también se manifiesta en mujeres embarazadas debido al aumento de peso durante la gestación.

Además, diversos factores anatómicos y biomecánicos contribuyen al desarrollo de esta afección. Condiciones como pies planos, cavos o patrones de marcha anormal interfieren con la distribución del peso en el pie, generando estrés en la fascia plantar. La presencia de espolón calcáneo y la limitación de la extensión en la articulación metatarsofalángica del primer dedo, junto con una disminución en la dorsiflexión del tobillo, pueden agravar la situación. Si el pie no alcanza los 10 grados de dorsiflexión requeridos para una marcha normal, la pronación excesiva puede aumentar la tensión en la fascia. A esto se suma el acortamiento continuo de los músculos de la planta del pie, como suele ocurrir durante largos periodos de conducción, así como la presencia de enfermedades relacionadas con artritis, como la artritis reumatoide, enfermedad de Reiter o espondilitis anquilosante.

Por otro lado, los factores extrínsecos también desempeñan un papel crucial en el desarrollo de la fascitis plantar. El uso de calzado inadecuado, especialmente el tacón, puede acortar el tendón de Aquiles, incrementando la tensión en la fascia plantar. Asimismo, el calzado plano o desgastado puede provocar un estiramiento excesivo de la fascia debido a un apoyo deficiente, induciendo la pronación del pie. Finalmente, un entrenamiento físico inadecuado, caracterizado por un aumento abrupto en la intensidad y frecuencia del ejercicio, puede ser perjudicial. Es fundamental respetar la progresión al iniciar una actividad deportiva o al regresar tras un periodo de inactividad, así como tomar los descansos necesarios para prevenir complicaciones9.

SÍNTOMAS:

El síntoma principal es el dolor agudo o punzante en la parte inferior del talón, especialmente al dar los primeros pasos por la mañana o después de periodos prolongados de inactividad. Esta molestia tiende a disminuir a medida que el pie se calienta, pero puede volver a intensificarse después de largos períodos de actividad física. En términos anatómicos, el dolor se localiza típicamente en el punto donde la fascia plantar se une al hueso del talón (calcáneo), conocido como la tuberosidad plantar medial. Esta área puede volverse sensible al tacto y puede producir una sensación de ardor o inflamación. Además, los individuos con fascitis plantar también pueden experimentar rigidez y malestar en el arco del pie, especialmente después de estar de pie durante períodos prolongados o al realizar actividades que involucren carga en los pies, como correr, caminar largas distancias o estar de pie sobre superficies duras. En suma, al dolor localizado, algunos pacientes pueden experimentar hinchazón leve en el área afectada, lo que puede contribuir a la sensación de incomodidad y limitación de movimientos. Este cuadro clínico puede afectar significativamente la calidad de vida de quienes lo padecen, limitando su capacidad para llevar a cabo actividades cotidianas y participar en ejercicios físicos.

DIAGNÓSTICO:

El diagnóstico preciso de la fascitis plantar requiere una evaluación exhaustiva de los síntomas del paciente y pruebas clínicas específicas. En primer lugar, se recopila una historia clínica detallada, indagando sobre la duración de los síntomas, las actividades desencadenantes o aliviadoras del dolor, y el historial médico del paciente. Posteriormente, se lleva a cabo un examen físico minucioso, focalizado en el área afectada del pie, la sensibilidad táctil en el talón y el arco, así como la evaluación de la marcha y la postura.

Aunque no siempre son indispensables para el diagnóstico, las pruebas de imagen como radiografías, ecografías o resonancias magnéticas pueden resultar útiles para descartar otras afecciones, como fracturas, espolones óseos u otras lesiones similares que podrían manifestar síntomas similares a los de la fascitis plantar 10. Estos estudios también son valiosos para detectar cambios degenerativos en la fascia plantar. En determinados casos, se pueden realizar pruebas adicionales, como análisis biomecánicos o pruebas de presión plantar, con el fin de evaluar la distribución de la carga en los pies y descartar problemas estructurales que puedan contribuir al dolor.

Es crucial diferenciar la fascitis plantar de otras condiciones que puedan presentar síntomas similares, como la bursitis del talón o la tendinitis aquílea, para garantizar un tratamiento específico y efectivo.

TRATAMIENTO:

El tratamiento de la fascitis plantar ha sido objeto de diversos estudios que evalúan sus respuestas a diferentes terapias. En general, los enfoques conservadores resultan exitosos en el 80-90% de los pacientes por lo que no será común el uso de técnicas quirúrgicas11.

Los tratamientos médicos incluyen, entre otras intervenciones, inyecciones de esteroides, que pueden brindar alivio a largo plazo, aunque suelen ser dolorosas y no aptas para todos los pacientes. Otras alternativas, como la inyección de BTX-A, han demostrado mejoras significativas en el dolor y la respuesta a la presión. Por otro lado, la terapia con ondas de choque extracorpóreas tiene resultados controvertidos, con algunos estudios que encuentran mejoras y otros que no las respaldan. En el caso de tratamientos quirúrgicos, estos son menos comunes debido a la alta efectividad de las opciones conservadoras. Sin embargo, se consideran cuando los enfoques no quirúrgicos no logran resultados positivos. La cirugía para liberar la fascia tensa e inflamada puede acarrear riesgos como infecciones, lesiones nerviosas, falta de mejora en el dolor o incluso la ruptura de la fascia plantar.

Volviendo al tratamiento conservador, el enfoque fisioterapéutico será una parte fundamental, especialmente considerando la efectividad de los métodos conservadores. Durante la fase aguda, el uso de hielo en intervalos controlados se recomienda para reducir la inflamación. Los ultrasonidos también se emplean en la fase post aguda para reducir el dolor y mejorar la circulación, mostrando buenos resultados en atletas. En suma, el masaje profundo, ejercicios con pelotas y estiramientos específicos de la fascia plantar han demostrado beneficios en la recuperación, siendo estos últimos más efectivos 12. Además, pueden aplicarse técnicas como el vendaje neuromuscular para aliviar rápidamente los síntomas descargando la presión sobre la región.

 

BIBLIOGRAFÍA

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  12. Digiovanni BF, Nawoczenski DA, Malay DP, Graci PA, Williams TT, Wilding GE, et al. Plantar fasciaspecific stretching exercise improves outcomes in patients with chronic plantar fasciitis. A prospective clinical trial with twoyear follow-up. J Bone Joint Surg. 2006; 88(8):1775–1781.

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