AUTORES
- Lidia Martínez Villar. Graduada en Enfermería. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
- Amanda Díaz Romero. Graduada en Enfermería. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
- Reyes Querol Espallargas. Graduada en Enfermería. Hospital de Alcañiz. Teruel.
- María Calvo Coscojuela. Graduada en Enfermería. Hospital de Barbastro. Huesca.
- Esther Urbón Primicia. Graduada en Enfermería. CASAR Cinco Villas. Zaragoza.
- Ainhoa Antón Fernández. Graduada en Enfermería. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
RESUMEN
El sobrepeso y la obesidad son problemas de salud pública que van en aumento. A nivel mundial, se calcula que en 2022 el 43% de los adultos tenía sobrepeso, y el 16% obesidad. Estas afecciones pueden originar otras enfermedades no infecciosas como coronariopatías, metabolopatías, accidentes cerebrovasculares… Para conseguir bajar de peso, hay personas que implementan modificaciones en la dieta. En algunos casos, estas consisten en sustituir azúcar por edulcorantes. ¿Pero son estos realmente capaces de lograr una pérdida de peso significativa?
PALABRAS CLAVE
Pérdida de peso, edulcorantes.
ABSTRACT
Overweight and obesity are growing public health problems. Globally, it is estimated that in 2022, 43% of adults will be overweight and 16% obese. These conditions can lead to other non-infectious diseases such as coronary heart disease, metabolic diseases, strokes… In order to lose weight, some people implement dietary modifications. In some cases, these consist of replacing sugar with sweeteners, but are they really capable of achieving significant weight loss?
KEY WORDS
Weight loss, sweetening agents.
INTRODUCCIÓN
Actualmente la obesidad es una de las enfermedades de origen no infeccioso más prevalentes a nivel mundial. La principal causa obedece al desequilibrio entre el aporte y el consumo de energía. Es decir, hay una creciente ingesta de alimentos con alto contenido en grasas, sal y azúcar, y, de igual forma, una disminución de la actividad física, lo que conlleva a un incremento de la grasa corporal que puede ser perjudicial para la salud1.
Para 2014, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la prevalencia global de sobrepeso y obesidad en personas >18 años era del 39% y el 13%, respectivamente, con una tendencia creciente2. Según la misma fuente, en el año 2022 se calculó que la prevalencia mundial de sobrepeso y obesidad en adultos >18 años correspondía a un 43% las personas que conviven con sobrepeso, y a un 16% aquellas que lo hacían con obesidad3.
En concordancia con el Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Encuesta Europea de Salud en España de 2020 que lleva a cabo, se obtuvieron datos de obesidad en españoles mayores de edad que demostraban que había un 16,5% de hombres con obesidad y un 15,5% de mujeres con el mismo problema de salud4.
Tal y como la literatura científica expone, se ha demostrado que el aumento de grasa corporal puede provocar grandes riesgos para la salud del individuo que se manifiestan como enfermedades no transmisibles, las cuales tienen la mayor carga de morbimortalidad en el mundo2. Entre estas afecciones, se encuentran mayor probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares, enfermedades metabólicas como la Diabetes Mellitus, accidentes cerebrovasculares, alteraciones del aparato locomotor y trastornos psicológicos1,2.
Por este motivo, existe un gran número de personas que implementan modificaciones en el estilo de vida con el fin de disminuir su peso y prevenir el desarrollo de enfermedades importantes. Estos cambios se pueden realizar a nivel de dieta o de ejercicio físico. En cuanto a la dieta, una de las alternativas más conocidas es la sustitución del azúcar por un edulcorante, en la que el presente artículo se centrará.
Teniendo en cuenta la creciente importancia de este problema de salud pública como es la obesidad y las contribución que supone para el desarrollo de otras enfermedades de origen no infeccioso1,2, sería conveniente estudiar si existe diferencia energética y de índice glucémico entre los distintos tipos de edulcorantes y el azúcar, y analizar si contribuyen a la disminución de peso en aquellos individuos que los sustituyen.
OBJETIVO
Conocer el papel de los edulcorantes en la pérdida de peso.
METODOLOGÍA
Se llevó a cabo una revisión de la literatura científica disponible.
Se realizó una búsqueda bibliográfica en varias bases de datos, como PubMed, Scopus y Web Of Science (WOS). Se hizo un filtrado de búsqueda acotando los artículos en aquellos comprendidos en el periodo de tiempo desde 2019 hasta 2024, que estuvieran tanto en inglés como en español y cuyo acceso fuera gratuito.
Los términos MeSH (Medical Subject Headings) utilizados fueron: “weight loss” y “sweetening agents”.
No se encontraron resultados con los filtros aplicados en la primera base de datos elegida, PubMed.
Por otro lado, en Scopus se obtuvieron 767 documentos relacionados con el tema. Tras aplicar los filtros expuestos anteriormente, quedaron un total de 170 artículos.
Se llevó a cabo una búsqueda idéntica en Web Of Science, encontrando en un principio un total de 83 artículos, que se redujeron a 16 tras el filtrado.
En total, quedaron disponibles 186 documentos, de los cuales 170 fueron eliminados tras leer el título, y otros 9 se descartaron tras comprobar en la lectura del resumen que no se ceñían a los objetivos de esta revisión.
Finalmente, fueron 7 artículos los que se seleccionaron para realizar este documento, todos procedentes de Scopus.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Características de los estudios:
De los 7 artículos elegidos para llevar a cabo esta revisión, 4 de ellos son revisiones, de las cuales 2 son narrativas5,6. Por el contrario, la otras dos no se especifican7,8.
También se incluye un ensayo controlado aleatorizado en el que dividieron a un total de 203 participantes en 3 grupos. Cada grupo correspondía al tipo de bebida que recibirían los participantes: el primer grupo tomaría bebidas azucaradas; el segundo, bebidas sin azúcar; y el tercero bebidas con edulcorantes artificiales. Todo ello se realizó durante 12 meses y así estudiaron determinadas características y comportamientos fisiológicos (índice de colesterol HDL, peso…)9.
Además, se añade un estudio piloto abierto de brazo único [10] que consistía en seleccionar a un grupo de personas (45 en este caso) y reemplazar los azúcares de su dieta por Stevia, acompañándolo de ejercicio físico y una dieta equilibrada. Al cabo de 30, 60 y 90 días se analizó si habían ocurrido cambios en cuanto al peso, la circunferencia de la cintura, el IMC, la hemoglobina glicosilada…
Y, por último, se inserta la continuación de una conferencia realizada en noviembre de 2018 titulada “The science behind low calorie sweeteners: where evidence meets policy”, donde 17 expertos del tema debatieron sobre el uso de edulcorantes bajos en calorías11.
Tipos de edulcorantes:
En primer lugar, es necesario comenzar teniendo en cuenta la definición de edulcorante como una sustancia natural o artificial que aporta sabor dulce a un producto o alimento12,13.
En cuanto a la clasificación de los edulcorantes, hay numerosos modos de agruparlos. Una de la manera más sencilla es dividirlos en varios tipos según su energía y su origen. Primeramente, se encuentran los edulcorantes calóricos. Estos a su vez se fraccionan en naturales, que existen dos opciones: azúcares – los que se conocen como monosacáridos y disacáridos (glucosa, fructosa y galactosa pertenecen al primer grupo, y sacarosa, maltosa y lactosa al segundo)- y por otro lado, los edulcorantes naturales calóricos como la miel, azúcar de palma, jarabe de arce… Dentro de este grupo de aquellos que aportan calorías, existen además los artificiales, que se escinden en azúcares modificados (caramelo, jarabe de maíz) y polioles (sorbitol, manitol, eritritol, xilitol…) Y, en segundo lugar, aparecen los edulcorantes acalóricos, que también se dividen en naturales (stevia, monelina, taumatina…) y artificiales (aspartamo, sucralosa, sacarina…)13.
Hoy en día, el uso de edulcorantes no calóricos ha acrecentado debido a que se utilizan como sustitutivos del azúcar14.
Diferencia energética e índice glucémico (IG):
Según la bibliografía, la glucosa tiene un poder calorífico de 4 kcal/g y se usa como referencia para medir el índice glucémico (rapidez con la que un alimento provoca un aumento de glucosa en sangre)15, ya que es de 100. De igual forma, se sabe que la sacarosa, otro azúcar calórico natural, tiene el mismo contenido energético y su índice glucémico se sitúa entre 70-80, por lo que se considera elevado13.
En el caso de los polioles, éstos contienen menos calorías por gramo que el azúcar (ya que se metabolizan parcialmente) y además, su IG es muy bajo. Por ejemplo, el xilitol muestra un poder energético de 1,5-3 kcal/g y un IG de 125,13.
Sin embargo, la Stevia, un edulcorante natural, carece tanto de contenido calorífico como de índice glucémico. Es por ello que se suele usar como sustituto del azúcar ya que sus derivados (steviosida, rebaudiósido A…) tienen un dulzor hasta 480 veces más potente que el azúcar. De la misma manera, la sacarina, principal representante de los edulcorantes acalóricos artificiales, aporta 0 kcal/g a quien la consume y su IG es nulo. Tal y como expone la literatura científica, es el que más se utiliza a nivel mundial desde que se descubrió. Su fama es debida a las características mencionadas anteriormente, y a que es 300 veces más dulce que el propio azúcar13.
Uso de edulcorantes y cambios en el peso corporal:
De acuerdo con la evidencia, para poder conseguir una reducción de peso, son varios los factores a tener en cuenta: una dieta equilibrada acompañada de ejercicio físico, y un balance de energía que sea negativo7,10. Una de las herramientas más utilizadas por las personas que se proponen disminuir su peso corporal es la sustitución de azúcares por edulcorantes6. Sin embargo, no cualquier edulcorante se considera adecuado. Los más utilizados son aquellos que no aportan calorías, de tal manera que la reducción de energía que ello conlleva resulte efectiva para lograr bajar de peso7.
Según O’Connor et al.6, el uso de edulcorantes acalóricos en lugar de azúcar puede contribuir a la pérdida de peso ya que reducen el contenido energético de la dieta y no producen un aumento compensatorio del apetito o de la ingesta de alimentos. Este argumento es apoyado por el estudio de Rogers et al.16, que demostró que al sustituir sacarosa por otro edulcorante (no especificado), se producía una significante pérdida de peso en los individuos. De la misma manera, en el ensayo controlado aleatorizado10 manifestó que durante los 90 días que reemplazaron el azúcar por Stevia, se produjo una reducción de peso en personas sanas además de un descenso del perímetro abdominal o circunferencia de la cintura. Por último, el comité de expertos de la International Sweeteners Association (ISA)11 y el estudio de Laviada-Molina et al.17 también avalan que el reemplazo del azúcar por edulcorantes bajos o sin calorías reducen la energía neta ingerida y colaboran en el control de peso.
Por el contrario, también hay evidencia que se opone a estas afirmaciones. Existen estudios que sugieren una relación positiva entre la ganancia de peso y el uso de estos edulcorantes, ya que explican estos edulcorantes no consiguen saciar tanto como el azúcar, por lo que las personas tienen la necesidad de volver a ingerir otro alimento con tal fin, generando, por lo tanto, una posible adicción al sabor dulce e indirectamente un aumento de peso7.
Por lo tanto, ya que las causas de la obesidad son multifactoriales, una sustitución de edulcorantes podrá contribuir a la reducción de peso, pero no de manera aislada, sino que deberá acompañarse de otros cambios significativos en la alimentación además de ejercicio físico.
Debido a la controversia entre los diferentes estudios, se hace necesaria una investigación con mayor nivel de evidencia que pueda clarificar si los edulcorantes no calóricos contribuyen a una reducción del peso y la grasa corporal.
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