El papel de la fisioterapia en la enfermedad de Huntington

25 junio 2025

AUTORES

  1. Mª Luisa Aldana Gallego. Fisioterapeuta. Aragón, España.
  2. Marta López Mellado. Fisioterapeuta. Aragón, España.
  3. Víctor Pascual Gracia Paracuellos. Fisioterapeuta. Aragón, España.
  4. Fernando Jesús Gerente Mas. Terapeuta Ocupacional y Fisioterapeuta. Aragón, España.
  5. Inés Ruiz Maqueda. Fisioterapeuta. Aragón, España.

 

RESUMEN

La enfermedad de Huntington (EH) es un trastorno neurodegenerativo genético que afecta al sistema nervioso central, provocando pérdida progresiva de neuronas, especialmente en el núcleo caudado y el putamen. Sus síntomas incluyen movimientos involuntarios (corea), dificultades motoras, alteraciones cognitivas y psiquiátricas, los cuales aparecen generalmente entre los 30 y 50 años de edad. La fisiopatología de la EH está vinculada a una mutación genética en el gen HTT, que produce una proteína anómala llamada huntingtina, acumulándose en las neuronas y provocando su degeneración. Esto afecta principalmente a los ganglios basales, alterando el control del movimiento y las funciones cognitivas. La evaluación fisioterápica incluye un análisis exhaustivo de los síntomas motores, cognitivos y emocionales, así como de la capacidad funcional del paciente. El objetivo de la fisioterapia es diseñar planes de tratamiento personalizados que fomenten la autonomía y mejoren la calidad de vida, a través de ejercicios de fortalecimiento muscular, estiramientos, equilibrio, coordinación, y entrenamiento funcional, entre otros. La intervención temprana es clave para reducir el impacto de la enfermedad. La fisioterapia es esencial para la EH, ayudando a conservar la movilidad, prevenir complicaciones físicas y mejorar el bienestar general. Un enfoque personalizado y adaptado a las necesidades del paciente es fundamental para maximizar los beneficios y mejorar la calidad de vida a lo largo del curso de la enfermedad.

PALABRAS CLAVE

Enfermedades neurodegenerativas, mutación, enfermedad de Huntington.

ABSTRACT

Huntington’s disease (HD) is a genetic neurodegenerative disorder that affects the central nervous system, causing progressive loss of neurons, especially in the caudate nucleus and putamen. Its symptoms include involuntary movements (chorea), motor difficulties, cognitive and psychiatric disturbances, which generally appear between 30 and 50 years of age. The pathophysiology of HD is linked to a genetic mutation in the HTT gene, which produces an abnormal protein called huntingtin, accumulating in neurons and causing their degeneration. This mainly affects the basal ganglia, altering movement control and cognitive functions. The physiotherapeutic evaluation includes an exhaustive analysis of motor, cognitive and emotional symptoms, as well as the patient’s functional capacity. The goal of physiotherapy is to design personalized treatment plans that promote autonomy and improve quality of life, through muscle strengthening exercises, stretching, balance, coordination, and functional training, among others. Early intervention is key to reducing the impact of the disease. Physical therapy is essential for HD, helping to preserve mobility, prevent physical complications and improve overall well-being. A personalized approach tailored to the patient’s needs is essential to maximize benefits and improve quality of life throughout the course of the disease.

KEY WORDS

Neurodegenerative diseases, mutation, Huntington disease.

DESARROLLO DEL TEMA

La enfermedad de Huntington (EH) es un trastorno genético de carácter neurodegenerativo que afecta al sistema nervioso central, causando una pérdida progresiva de neuronas en regiones específicas del cerebro. Por lo general, sus primeros síntomas aparecen entre los 30 y 50 años de edad e incluyen una combinación de alteraciones motoras, cognitivas y psiquiátricas. Entre los síntomas más comunes se encuentran los movimientos involuntarios conocidos como corea, dificultades en la coordinación, trastornos del estado de ánimo y problemas en el pensamiento y la memoria. Dado su carácter progresivo, es esencial contar con un enfoque terapéutico integral para mejorar la calidad de vida de quienes la padecen. En este contexto, la fisioterapia juega un papel fundamental. Mediante planes de tratamiento adaptados a las necesidades individuales, los fisioterapeutas pueden colaborar en el mantenimiento de la movilidad, la prevención de complicaciones derivadas del sedentarismo y la promoción de la autonomía en las actividades cotidianas. Además, la atención fisioterapéutica no se limita al estado físico, sino que también considera el bienestar emocional y social del paciente. La implementación de estrategias terapéuticas adecuadas puede ser clave para reducir el impacto negativo de la enfermedad, fomentando una mayor independencia y mejorando la calidad de vida tanto de los pacientes como de sus cuidadores1.

ANATOMÍA:

La EH afecta principalmente regiones específicas del cerebro, lo que provoca la degeneración progresiva de las neuronas y la aparición de sus síntomas característicos. Entre las estructuras más comprometidas se encuentra el núcleo caudado, una de las áreas más afectadas en esta patología. Su degeneración está estrechamente relacionada con alteraciones en el control del movimiento, la coordinación y también con cambios en el comportamiento y las funciones mentales superiores. Otra región gravemente afectada es el putamen, que, junto con el núcleo caudado, forma parte del cuerpo estriado. Esta estructura desempeña un papel crucial en la regulación del movimiento voluntario, por lo que su daño contribuye de manera significativa a los síntomas motores típicos de la enfermedad. Aunque en menor medida, la corteza cerebral también es otra de las estructuras que muestra signos de degeneración. Los cambios en esta área pueden repercutir negativamente en funciones cognitivas complejas, como la memoria, el juicio y el pensamiento lógico. El tálamo, una estructura que actúa como centro de transmisión para la información sensorial y motora entre la corteza y otras áreas cerebrales, también puede verse comprometido. Su afectación podría agravar las dificultades relacionadas con la percepción sensorial y el procesamiento de señales motoras. Por último, la sustancia negra, implicada en la regulación del movimiento, puede presentar cierto grado de deterioro. Aunque no está tan afectada como otras zonas, su participación puede contribuir al cuadro clínico general de la enfermedad1.

FISIOPATOLOGÍA:

La fisiopatología de la EH se caracteriza por la degeneración progresiva de neuronas en zonas específicas del cerebro, principalmente en los ganglios basales, que incluyen el núcleo caudado y el putamen. Este proceso neurodegenerativo tiene un origen genético: está causado por una mutación en el gen HTT, responsable de la producción de la proteína huntingtina. En personas con esta enfermedad, dicha mutación consiste en una expansión anormal de repeticiones del triplete CAG (citosina-adenina-guanina) en el ADN. Mientras que en individuos sanos estas repeticiones suelen oscilar entre 10 y 35, en pacientes con EH superan las 36, lo que conduce a la formación de una versión anómala y tóxica de la huntingtina. La huntingtina mutada tiende a acumularse dentro de las neuronas, formando agregados proteicos conocidos como inclusiones intracelulares. Estas acumulaciones tienen efectos perjudiciales sobre la célula, contribuyendo a su disfunción y, en ocasiones, a su muerte. La presencia de esta proteína anómala desencadena una serie de procesos patológicos como el estrés oxidativo, el mal funcionamiento de las mitocondrias, alteraciones en el transporte axonal, inflamación a nivel del sistema nervioso y una pérdida neuronal selectiva. La degeneración es especialmente severa en los ganglios basales, en particular en el núcleo caudado y el putamen, lo que repercute directamente en el control del movimiento, dando lugar a síntomas característicos como la corea (movimientos involuntarios), rigidez muscular, alteraciones del equilibrio y dificultades en la coordinación2.

Aunque la fisioterapia no aborda directamente los mecanismos patológicos subyacentes de la EH, desempeña un papel esencial en el tratamiento de sus consecuencias. No se trata de una intervención que actúe sobre la causa genética o molecular de la enfermedad, pero sí puede incidir positivamente en la gestión de los efectos fisiopatológicos. Mediante intervenciones terapéuticas personalizadas, la fisioterapia busca mejorar o mantener las capacidades motoras, prevenir complicaciones asociadas a la inmovilidad y contribuir al bienestar general del paciente, aumentando así su calidad de vida2.

EVALUACIÓN FISIOTERÁPICA:

El proceso diagnóstico para implementar fisioterapia en pacientes con EH se fundamenta en una evaluación completa que abarca tanto aspectos clínicos como funcionales. Antes de diseñar un plan de tratamiento, el fisioterapeuta debe llevar a cabo una historia clínica detallada, recopilando información sobre el diagnóstico confirmado de EH, antecedentes familiares de la enfermedad y tratamientos previos que el paciente haya recibido. A continuación, se realiza una evaluación integral de los síntomas. En cuanto a los síntomas motores, se identifican manifestaciones como la corea (movimientos involuntarios), rigidez, problemas de coordinación y alteraciones del equilibrio. También se consideran las dificultades cognitivas, como la pérdida de concentración y memoria, así como los aspectos psiquiátricos, incluyendo cambios en el estado de ánimo, ansiedad o depresión. La evaluación funcional permite conocer el nivel de autonomía del paciente. En esta fase, el fisioterapeuta observa la capacidad del individuo para caminar, movilizarse y realizar transferencias básicas (como levantarse de una silla). Se aplican pruebas específicas para analizar el equilibrio, tanto en reposo como en movimiento, y se mide la fuerza muscular en distintos grupos para detectar posibles debilidades. También se examina el rango de movimiento de las articulaciones con el fin de identificar restricciones o contracturas3.

Otro aspecto relevante es la evaluación del dolor, donde se registra su localización, intensidad y frecuencia. Esta información es crucial para ajustar el enfoque terapéutico y evitar intervenciones que puedan generar incomodidad o agravar el malestar. Aunque no es responsabilidad directa del fisioterapeuta, tener en cuenta el estado emocional y cognitivo del paciente puede ser útil, ya que influye en su nivel de participación y adherencia a la terapia. Finalmente, es recomendable el uso de instrumentos estandarizados para medir la evolución funcional y la calidad de vida. Entre ellos se encuentran la Functional Assessment Scale, que evalúa el impacto de los síntomas en las actividades cotidianas, y el Timed Up and Go Test, una herramienta que mide el tiempo que una persona tarda en levantarse de una silla, caminar tres metros, girar, regresar y volver a sentarse, proporcionando así una referencia objetiva del nivel de movilidad3.

FISIOTERAPIA:

Los ejercicios de fisioterapia en personas con EH tienen como objetivo principal tratar los síntomas motores, conservar la funcionalidad y favorecer una mejor calidad de vida. A continuación, se describen distintos tipos de ejercicios terapéuticos que pueden ser de gran utilidad en esta enfermedad4:

  1. Ejercicios de fortalecimiento muscular: Su finalidad es conservar o incrementar la fuerza, lo cual resulta fundamental para mantener la movilidad y realizar las actividades diarias. Estos ejercicios pueden incluir el uso de bandas elásticas para trabajar brazos y piernas, así como pesas ligeras que ayuden a fortalecer la musculatura del tronco y las extremidades.
  2. Ejercicios de estiramiento: Están destinados a preservar la flexibilidad muscular y prevenir la aparición de contracturas. Se recomienda realizar estiramientos suaves y controlados, enfocados en los músculos de las extremidades, el cuello y la zona lumbar.
  3. Ejercicios para el equilibrio: Tienen como objetivo mejorar la estabilidad corporal y reducir el riesgo de caídas. Pueden incluir prácticas como mantenerse sobre un solo pie (con apoyo progresivo si es necesario), caminar en línea recta o utilizar superficies inestables para desafiar el equilibrio. También se pueden incorporar desplazamientos laterales con ayuda de una pared o barra como soporte.
  4. Ejercicios de coordinación: Este tipo de actividades busca fomentar tanto la coordinación motora fina como la gruesa. Ejemplos incluyen lanzar y atrapar pelotas, pasar objetos de una mano a otra, o realizar movimientos rítmicos acompañados de música, como marchar en el lugar o tocar instrumentos simples.
  5. Ejercicios de flexibilidad articular: Importantes para mantener el rango de movimiento y prevenir rigideces. Se pueden realizar estiramientos enfocados en grupos musculares como los isquiotibiales, cuádriceps, hombros y espalda. También se aconsejan movimientos circulares suaves en las articulaciones, como muñecas, tobillos y hombros.
  6. Entrenamiento funcional: Estos ejercicios reproducen movimientos cotidianos para mejorar la autonomía. Incluyen prácticas como sentarse y levantarse de una silla, trasladarse de la cama a la silla o caminar sorteando obstáculos, lo cual ayuda a desarrollar agilidad y seguridad en la movilidad.
  7. Ejercicio aeróbico: Esencial para mantener la salud cardiovascular, la resistencia física y el bienestar general. Se pueden recomendar actividades como caminar (con o sin ayuda de bastones o andador), utilizar una bicicleta estática, hacer ejercicios acuáticos o nadar, ya que el agua reduce el impacto en las articulaciones. También son válidas las clases de ejercicios de bajo impacto, el baile suave o el uso de pelotas grandes como la pelota suiza para ejercicios dinámicos y de equilibrio.
  8. Técnicas de relajación: Incorporar actividades como respiración profunda, estiramientos lentos o yoga adaptado puede ayudar a reducir la tensión muscular, mejorar el enfoque mental y aumentar la sensación de bienestar.

 

Es crucial que todos estos ejercicios se adapten a las capacidades y necesidades del paciente, y que se realicen bajo la supervisión de un fisioterapeuta especializado en trastornos neurológicos. Considerar las preferencias personales del paciente y fomentar su implicación activa en el tratamiento también es clave para maximizar los beneficios terapéuticos5.

 

CONCLUSIONES

La fisioterapia cumple un rol esencial en el tratamiento y abordaje de la EH, ya que contribuye de manera significativa a preservar la calidad de vida de quienes la padecen. Permite mantener y mejorar la movilidad, la fuerza muscular y la funcionalidad en las tareas cotidianas, lo que favorece una mayor independencia durante el curso de la enfermedad. Mediante la implementación de rutinas de ejercicio adaptadas, la fisioterapia ayuda a prevenir complicaciones frecuentes en esta población, como la debilidad muscular, la aparición de contracturas y los problemas respiratorios, los cuales suelen derivarse de la inactividad física prolongada. Es fundamental que los programas de intervención sean diseñados de forma personalizada, atendiendo a las particularidades de cada paciente, así como a la fase evolutiva de la enfermedad y a la variedad de síntomas que pueden manifestarse. Además del aspecto físico, la fisioterapia también puede brindar apoyo emocional y social, ayudando a los pacientes a sobrellevar los retos psicológicos que acompañan a esta enfermedad neurodegenerativa. La educación tanto del paciente como de su entorno familiar juega un papel relevante, ya que fomenta una mayor comprensión del proceso patológico y mejora la adherencia al tratamiento. En resumen, la fisioterapia es una herramienta valiosa y necesaria que no solo actúa sobre los síntomas físicos, sino que también favorece el bienestar general. Un enfoque individualizado, preventivo y centrado en la persona puede marcar una gran diferencia en la forma en que los pacientes enfrentan el avance de la enfermedad.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Franch Valverde JI. La enfermedad de Huntington. 1. ed. Valladolid: Ediciones Universidad de Valladolid; 1992.
  2. Roos RA. Huntington’s disease: a clinical review. Orphanet J Rare Dis. 2010; 5:40.
  3. Fritz NE, Rao AK, Kegelmeyer D, Kloos A, Busse M, Hartel L, Carrier J, Quinn L. Physical therapy and exercise interventions in Huntington’s disease: a mixed methods systematic review. J Huntingtons Dis. 2017;6(3):217–235.
  4. Quinn, L., Kegelmeyer, D., Kloos, A., Rao, A. K., Busse, M., & Fritz, N. E. (2020). Clinical recommendations to guide physical therapy practice for Huntington disease. Neurology94(5), 217–228.
  5. Moita dos Santos H, Dinis A, Guerra M. La persona con la enfermedad de Huntington: Evaluación funcional. Saarbrücken: Editorial Académica Española; 2022.

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