AUTORES
- Sheila Minguillón Montes. TCAE en Hospital de Alcañiz, España.
- Aranzazu Ariño Borraz. Enfermera en Hospital de Alcañiz, España.
- Marta Villanueva Camús. Enfermera en Hospital de Alcañiz, España.
- Celia Biel Guerrero. Enfermera en Hospital de Alcañiz, España.
- Edurne Ferrer García. Enfermera en Hospital de Alcañiz, España.
- Ana Izquierdo Royo. Enfermera en Hospital de Alcañiz, España.
RESUMEN
En este artículo abordaremos la importancia de la movilización en el paciente encamado, una práctica fundamental dentro del cuidado sanitario, especialmente en el ámbito hospitalario y sociosanitario. La movilización no solo contribuye al bienestar físico y emocional del paciente, sino que también constituye una herramienta clave en la prevención de complicaciones derivadas de la inmovilidad, como las úlceras por presión, la rigidez articular o la pérdida de masa muscular.
A lo largo del texto, se tratarán los principios básicos de la movilización, su finalidad y los beneficios que aporta tanto al paciente como al equipo de cuidados. También se abordarán aspectos esenciales sobre la técnica adecuada para movilizar, poniendo especial atención en cómo proteger nuestro propio cuerpo durante la realización de estos movimientos. Como profesionales sanitarios, es fundamental conocer las posturas correctas y aplicar técnicas seguras, no solo para evitar lesiones en el paciente, sino también para preservar nuestra integridad física y prevenir lesiones musculoesqueléticas.
PALABRAS CLAVE
Movilización temprana, paciente encamado, prevención de úlceras por presión, técnicas de movilización.
ABSTRACT
In this article, we will address the importance of mobilization in bedridden patients, a fundamental practice in healthcare, especially within hospital and long-term care settings. Mobilization not only contributes to the physical and emotional well-being of the patient, but also serves as a key tool in preventing complications derived from immobility, such as pressure ulcers, joint stiffness, or muscle loss.
Throughout the text, we will explore the basic principles of mobilization, its purpose, and the benefits it brings to both the patient and the healthcare team. Essential aspects regarding the proper technique for mobilization will also be discussed, with particular focus on how to protect our own bodies during these movements. As healthcare professionals, it is crucial to know the correct postures and apply safe techniques—not only to prevent injury to the patient, but also to preserve our own physical integrity and avoid musculoskeletal injuries.
KEY WORDS
Early mobilization, bedridden patient, pressure ulcer prevention, mobilization techniques.
DESARROLLO DEL TEMA
Para la elaboración de este trabajo, se ha realizado una revisión bibliográfica de artículos de investigación publicados en las bases de datos de PubMed, Scielo y Google Scholar. Las palabras clave para realizar dicha búsqueda han sido: duelo, familiar y acompañamiento. La búsqueda en PubMed arrojó varios resultados, utilizando entre el resto de las bases ya citadas un total de 3 referencias bibliográficas para la elaboración de este trabajo.
La movilización del paciente encamado es una de las tareas más comunes dentro del trabajo diario de los profesionales sanitarios, especialmente para quienes ejercemos como Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). Esta actividad, aunque rutinaria, requiere de conocimientos específicos y una ejecución cuidadosa para garantizar tanto la seguridad del paciente como la del propio profesional. Por eso, es fundamental conocer y aplicar principios de ergonomía que nos permitan movilizar correctamente sin comprometer nuestra salud física. Adoptar posturas adecuadas y emplear técnicas seguras no solo previene lesiones musculoesqueléticas en el personal, sino que también asegura un cuidado más respetuoso y eficaz hacia el paciente.
Además, la movilización frecuente y los cambios posturales son esenciales para mantener la integridad del estado físico del paciente. Permanecer inmóvil durante periodos prolongados puede provocar múltiples complicaciones, entre ellas úlceras por presión, rigidez muscular, disminución de la capacidad respiratoria y alteraciones circulatorias. Por ello, el cambio postural no debe verse como una simple tarea, sino como una intervención preventiva clave que forma parte del plan de cuidados individualizado.
En este contexto, también cobra especial relevancia la observación continua de la piel. Detectar de forma temprana cualquier signo de enrojecimiento, calor o alteración cutánea permite actuar de manera rápida y eficaz, evitando la evolución hacia lesiones más graves. La piel es un indicador fundamental del bienestar del paciente, y su vigilancia constante debe ser una parte inseparable del proceso de movilización y posicionamiento.
En definitiva, movilizar a un paciente no es solo mover un cuerpo, sino atender a su dignidad, prevenir riesgos y actuar con profesionalismo. Este artículo tiene como objetivo ofrecer una visión completa sobre esta práctica esencial, integrando la teoría con el compromiso ético y humano del cuidado.
El principal objetivo de este artículo es profundizar en la importancia de la movilización del paciente encamado como una práctica esencial en los cuidados sanitarios, tanto para favorecer el bienestar del paciente como para prevenir complicaciones asociadas a la inmovilidad prolongada. Uno de los pilares fundamentales en este proceso es la ergonomía, ya que conocer y aplicar posturas correctas durante las movilizaciones no solo protege al paciente, sino que también evita lesiones físicas en los profesionales sanitarios, especialmente a nivel lumbar y articular¹.
Además, se pretende destacar que existen ayudas técnicas como grúas, discos giratorios, arneses o sábanas deslizantes que facilitan significativamente la movilización, mejorando la seguridad del procedimiento y reduciendo el esfuerzo físico del profesional². La correcta utilización de estos dispositivos no solo favorece la autonomía parcial del paciente, cuando es posible, sino que también optimiza el tiempo de intervención y disminuye el riesgo de accidentes laborales.
Otro de los objetivos fundamentales es resaltar la importancia de los cambios posturales regulares, los cuales deben realizarse de manera programada e individualizada, teniendo en cuenta la condición clínica del paciente y sus necesidades específicas. Estos cambios no solo ayudan a mantener la movilidad articular y prevenir contracturas, sino que son una de las estrategias más eficaces en la prevención de úlceras por presión³.
En este contexto, se abordará también la necesidad de una observación continua del estado de la piel, ya que es la herramienta principal para detectar de forma precoz signos de deterioro cutáneo, como enrojecimientos persistentes, zonas calientes o zonas con pérdida de sensibilidad. Una valoración cuidadosa, acompañada de una higiene adecuada y el uso de productos protectores, puede evitar la aparición de lesiones más graves⁴.
Finalmente, se buscará concienciar sobre el valor de la movilización no solo como una técnica física, sino como una intervención que fomenta la dignidad, la comunicación y el contacto humano, elementos esenciales en el proceso de recuperación y en la calidad de vida del paciente encamado².
CONCLUSIONES
La movilización del paciente encamado no es solo una técnica, sino un acto de cuidado profundo que refleja el compromiso ético y humano del profesional sanitario. Muchas veces, estos pacientes no pueden valerse por sí mismos, y es precisamente ahí donde nuestra labor cobra todo su sentido. A través de nuestras manos, nuestra atención y nuestra capacidad de observación, se les brinda confort, dignidad y la posibilidad de prevenir complicaciones que, de no intervenir a tiempo, podrían afectar gravemente su salud y su calidad de vida.
Aplicar cambios posturales, observar el estado de la piel, proteger zonas de apoyo y utilizar las herramientas adecuadas para movilizar de forma segura no solo previene úlceras por presión o rigidez muscular, sino que también transmite al paciente que está siendo cuidado con respeto y profesionalidad. No se trata de mover cuerpos, sino de acompañar procesos vulnerables con humanidad y conciencia. Nuestra mirada clínica, nuestro juicio profesional y nuestra sensibilidad son claves para detectar pequeñas señales que pueden marcar una gran diferencia.
En definitiva, cuidar bien es movilizar bien. Y movilizar bien es prevenir, aliviar y dignificar. Porque cuando el paciente no puede moverse, somos nosotros quienes debemos actuar con criterio, empatía y responsabilidad.
BIBLIOGRAFÍA
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