- Alicia Román Rojas. Matrona. Hospital Universitario Clínico Lozano Blesa. Zaragoza. España.
- Francisco Javier Álvarez Arjonilla. Matrón. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- María Jiménez Amuedo. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Laura Santos Rodríguez. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
RESUMEN
Los embarazos de alto riesgo representan un desafío importante que va más allá de las complicaciones médicas, impactando profundamente en el bienestar emocional y psicológico de las mujeres gestantes. La incertidumbre, el miedo y la ansiedad que acompañan a estos embarazos pueden afectar la capacidad de las mujeres para tomar decisiones informadas y vivir esta etapa con calidad, lo que evidencia la necesidad de un abordaje integral que incluya el apoyo emocional.
En este sentido, las matronas juegan un papel fundamental debido a su cercanía y contacto continuo con las gestantes. Su acompañamiento no solo permite la detección temprana de necesidades psicosociales, sino que también brinda un soporte personalizado que fortalece la salud mental durante el embarazo. La integración de la dimensión emocional dentro del cuidado perinatal es esencial para ofrecer una atención completa que considere tanto el aspecto físico como el psicológico
Las mujeres en embarazos de alto riesgo suelen experimentar una mezcla compleja de emociones, donde el deseo de ser madre convive con el temor al desenlace. Sin un apoyo adecuado, estos sentimientos pueden intensificarse y generar aislamiento o malestar. Por ello, es crucial que la atención incluya espacios de escucha activa, empatía y validación emocional, creando un vínculo de confianza que permita a la mujer sentirse segura y acompañada en este proceso.
Finalmente, para mejorar los resultados tanto maternos como fetales, el cuidado debe abordar la salud mental como un componente indispensable. La formación continua de las matronas en este ámbito es clave para ofrecer una atención sensible y eficaz. Solo así se podrá garantizar un acompañamiento integral que cuide a la mujer en todas sus dimensiones durante un embarazo tan delicado y desafiante.
Complicaciones del embarazo, matrona, emociones, obstetricia.
High-risk pregnancies represent a significant challenge that goes beyond medical complications, profoundly impacting the emotional and psychological well-being of pregnant women. The uncertainty, fear, and anxiety that accompany these pregnancies can affect women’s ability to make informed decisions and experience this stage with quality, highlighting the need for a comprehensive approach that includes emotional support.
In this regard, midwives play a fundamental role due to their closeness and continuous contact with pregnant women. Their accompaniment not only allows for the early detection of psychosocial needs but also provides personalized support that strengthens mental health during pregnancy. Integrating the emotional dimension within perinatal care is essential to offer comprehensive attention that considers both physical and psychological aspects.
Women experiencing high-risk pregnancies often undergo a complex mix of emotions, where the desire to become a mother coexists with fear of the outcome. Without adequate support, these feelings can intensify and lead to isolation or distress. Therefore, it is crucial that care includes spaces for active listening, empathy, and emotional validation, creating a bond of trust that allows the woman to feel safe and supported throughout this process.
Finally, to improve both maternal and fetal outcomes, care must address mental health as an indispensable component. Ongoing training of midwives in this area is key to providing sensitive and effective care. Only then can comprehensive support be guaranteed, attending to the woman in all her dimensions during such a delicate and challenging pregnancy.
KEY WORDS
Pregnancy complications, midwifery, emotions, obstetrics.
DESARROLLO DEL TEMA
Los embarazos de alto riesgo representan un reto significativo no sólo en términos clínicos, sino también en el ámbito emocional y psicológico para las mujeres gestantes. La aparición de complicaciones, diagnósticos inesperados o condiciones que ponen en peligro la salud materno-fetal genera una carga emocional considerable, caracterizada por ansiedad, miedo y sentimientos de vulnerabilidad. Estas experiencias emocionales pueden influir negativamente en el bienestar psicológico y en la capacidad de la mujer para tomar decisiones informadas durante el embarazo, afectando su calidad de vida y la percepción del cuidado recibido1,2. La incertidumbre ante un diagnóstico inesperado, como puede ser una anomalía fetal, desencadena en muchas mujeres una serie de emociones complejas que requieren un abordaje sensible y centrado en la persona, donde el rol de los profesionales de la salud es determinante para proporcionar apoyo efectivo y minimizar el impacto emocional1.
En este contexto, el papel de las matronas se torna esencial, ya que su acompañamiento emocional permite detectar precozmente necesidades psicosociales y ofrecer un apoyo personalizado que contribuye a mejorar la salud mental perinatal. Las matronas mantienen un contacto continuo y cercano con las mujeres durante el embarazo, lo que les otorga una posición privilegiada para observar cambios en el estado emocional y responder de manera oportuna mediante intervenciones adecuadas3,4. Estudios recientes han resaltado que las matronas valoran y reconocen la importancia de integrar evaluaciones psicosociales en su práctica diaria, favoreciendo un modelo de atención más holístico que considera no solo el aspecto físico, sino también la salud mental y emocional de las gestantes3.
Además, las estrategias de afrontamiento que desarrollan las mujeres en embarazos de alto riesgo requieren de un soporte efectivo que facilite su bienestar emocional y fortalezca su resiliencia5,6. Muchas mujeres experimentan sentimientos de ambivalencia, miedo y ansiedad, pero también muestran una gran capacidad de adaptación cuando cuentan con apoyo adecuado. Por ello, potenciar el acompañamiento emocional desde la matronería se presenta como una prioridad para ofrecer una atención integral centrada en la mujer, que no solo atienda las complicaciones clínicas, sino que también considere las necesidades emocionales y sociales durante este proceso vital5. La escucha activa, la empatía y el acompañamiento emocional son elementos clave para promover el bienestar psicológico y la adherencia al cuidado en embarazos de alto riesgo.
Asimismo, investigaciones recientes han puesto en evidencia la complejidad del embarazo de alto riesgo desde una perspectiva holística, reconociendo que las mujeres enfrentan simultáneamente desafíos físicos y emocionales marcados por la ambivalencia, la incertidumbre y la constante tensión entre el deseo de ser madre y el temor por el desenlace gestacional2,5. Estas vivencias suelen estar atravesadas por discursos médicos que, aunque necesarios para el manejo clínico, pueden invisibilizar las necesidades afectivas y emocionales de las gestantes, generando sentimientos de aislamiento y falta de comprensión1,6. En este sentido, se hace imprescindible adoptar modelos de atención que integren la dimensión emocional como parte central del cuidado, promoviendo espacios de escucha activa, contención y validación de las experiencias subjetivas durante el embarazo. Este enfoque no solo humaniza la atención, sino que también fortalece la alianza terapéutica entre las matronas y las mujeres, generando un entorno de mayor seguridad emocional y confianza, factores fundamentales para mejorar los resultados en salud materno-fetal3,4.
Finalmente, el cuidado emocional proporcionado por las matronas en embarazos de alto riesgo debe ser entendido como un componente esencial de la práctica clínica, donde el bienestar psicológico de la mujer se considera tan importante como los indicadores físicos. La formación continua y el desarrollo de competencias en salud mental perinatal son imprescindibles para que las matronas puedan ofrecer una atención sensible, informada y efectiva. Promover este enfoque integral representa un avance significativo en la calidad del cuidado obstétrico y en la mejora del bienestar general de las mujeres que atraviesan esta experiencia compleja y desafiante4,6.
Las experiencias emocionales y psicológicas que enfrentan las mujeres durante un embarazo de alto riesgo son tan relevantes como los aspectos clínicos y físicos de la gestación. La ansiedad, el miedo y la incertidumbre pueden afectar significativamente su bienestar y su capacidad para tomar decisiones informadas, lo que subraya la necesidad de un acompañamiento integral. En este sentido, las matronas juegan un papel fundamental como agentes de apoyo emocional, al estar en contacto directo y constante con las mujeres embarazadas. Su intervención oportuna y sensible puede marcar una diferencia importante en la manera en que las gestantes afrontan la complejidad de un embarazo de alto riesgo.
Además, es evidente que un modelo de atención que integre la dimensión emocional dentro del cuidado perinatal favorece la humanización del proceso y fortalece la relación de confianza entre la mujer y el profesional sanitario. La validación de las emociones, la escucha activa y la contención son estrategias indispensables para promover la resiliencia y el bienestar psicológico en las gestantes. Por tanto, es fundamental que las matronas dispongan de formación y recursos adecuados para identificar y responder a las necesidades psicosociales durante el embarazo.
Finalmente, para mejorar los resultados en salud materna y fetal, el abordaje del embarazo de alto riesgo debe ser multidimensional, considerando no solo los aspectos biomédicos sino también las vivencias emocionales de las mujeres. Solo a través de una atención integral, centrada en la persona, será posible apoyar de manera efectiva a las mujeres en esta etapa tan vulnerable y asegurar un cuidado de calidad que contribuya a su bienestar global.
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