Medicina defensiva: causas, consecuencias y retos para el sistema sanitario

20 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. Teresa Briceño Torralba. Medicina de Familia y Comunitaria. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  2. Elena Sierra Beltrán. Radiodiagnóstico. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  3. Jorge Gómez Madrona. Radiodiagnóstico. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza. España.
  4. Diego Fernandez Velasco. Oftalmología. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  5. Paloma Briceño Torralba. Radiodiagnóstico. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  6. Natalia Martín Iranzo. Pediatría y sus áreas específicas. Hospital Río Carrión. Palencia. España.

 

RESUMEN

La medicina defensiva es una práctica creciente en la que los médicos toman decisiones motivados por el miedo a demandas legales, más que por criterios clínicos. Esto incluye tanto la realización de pruebas y tratamientos innecesarios (forma activa), como la evitación de procedimientos o pacientes complejos (forma pasiva). Originada en EE.UU., esta conducta se ha extendido a otros países y se ha normalizado en varias especialidades.

Sus causas principales son la inseguridad jurídica, una sociedad más demandante, la presión institucional y una cultura médica que penaliza el error. Las consecuencias son graves: aumento de costos, sobrecarga del sistema sanitario, pérdida de eficiencia, desgaste emocional de los profesionales y deterioro de la relación médico-paciente.

Para enfrentar este fenómeno se necesita una estrategia integral que combine reformas legales, apoyo institucional, mejor formación en habilidades no clínicas y un cambio cultural que acepte la incertidumbre como parte del ejercicio médico. Solo así será posible avanzar hacia una medicina más humana, basada en el juicio clínico, la confianza y el compromiso con el bienestar del paciente.

PALABRAS CLAVE

Medicina defensiva, sistema sanitario, sobrecarga, cultura sanitaria.

ABSTRACT

Defensive medicine is an increasingly common practice in which medical decisions are driven more by fear of legal action than by clinical judgment. It includes both unnecessary tests and treatments (active form) and the avoidance of high-risk procedures or complex patients (passive form). Originating in the U.S., this behavior has spread to other countries and has become normalized in several medical specialties.

The main causes include legal insecurity, a more demanding society, institutional pressure, and a medical culture that penalizes error. The consequences are significant: rising healthcare costs, system overload, reduced efficiency, emotional burnout among professionals, and a weakening of the doctor-patient relationship.

Addressing this issue requires a comprehensive strategy that includes legal reform, institutional support, improved training in non-clinical skills, and a cultural shift that embraces uncertainty as an inherent part of medical practice. Only through these measures can the healthcare system move toward a more humane medicine—one based on clinical judgment, trust, and a shared commitment to patient well-being.

KEY WORDS

Defensive medicine, healthcare system, overload, healthcare culture.

INTRODUCCIÓN

La medicina defensiva es un fenómeno creciente en los sistemas sanitarios contemporáneos. Es un concepto originado en EEUU al principio de los años 70 y que poco a poco se fue extendiendo al resto de continentes, incluido, entre ellos, Europa. Se define como la práctica médica motivada más por la prevención del riesgo legal que por las necesidades clínicas del paciente1. Es decir, el profesional sanitario toma decisiones —ya sea indicando pruebas, tratamientos o derivaciones innecesarias, o bien evitando ciertos procedimientos o pacientes— no con el objetivo de mejorar la salud del enfermo, sino para reducir su exposición a posibles demandas judiciales o evitar perjudicarse a sí mismo1,2.

Este comportamiento, aunque comprensible en el contexto de una creciente judicialización de la medicina, plantea serios problemas éticos, económicos y asistenciales. Lejos de ser una anomalía, la medicina defensiva se ha normalizado en muchos entornos sanitarios, especialmente en áreas como urgencias, obstetricia, o atención primaria. La medicina defensiva se relaciona con el aumento de los costes de atención médica, el tratamiento excesivo y el sobrediagnóstico, así como con la disminución de la confianza en la relación médico-paciente, lo que lleva a los pacientes a desconfiar de los motivos de los médicos y a los médicos a considerar a los pacientes como posibles demandantes1,3.

La presente revisión aborda las principales causas, formas de expresión, consecuencias y posibles estrategias para mitigar este fenómeno, que impacta tanto en la práctica médica como en la sostenibilidad del sistema de salud4.

Causas de la medicina defensiva:

La principal causa de la medicina defensiva es el miedo al litigio. En muchas jurisdicciones, el profesional sanitario se enfrenta a la posibilidad de ser demandado civil, penal o administrativamente por un acto médico que el paciente o sus familiares consideren lesivo, incluso cuando se haya actuado conforme a la lex artis. Esta inseguridad jurídica genera un ambiente de temor constante que modifica profundamente el modo de ejercer la profesión3.

A esta presión legal se suma una sociedad cada vez más demandante, que ha transformado su relación con los profesionales de la salud. La percepción del paciente como cliente, junto con una creciente disponibilidad de información médica en medios y redes sociales, ha elevado las expectativas asistenciales. Probablemente no sea casualidad que el término “medicina defensiva” haya nacido en EE.UU., donde las demandas por negligencia y las acciones legales son muy frecuentes, al ser un sistema sanitario totalmente privatizado. Ante cualquier desenlace desfavorable, incluso si es inherente al curso natural de la enfermedad o a los límites del conocimiento actual, se busca un responsable1,2.

En tercer lugar, el propio entorno institucional y organizativo favorece las prácticas defensivas. La sobrecarga asistencial, la presión por cumplir indicadores de actividad o la falta de respaldo legal por parte de las administraciones agravan la vulnerabilidad del médico. También la cultura médica influye: la formación centrada en la certeza diagnóstica, la exigencia de perfección técnica y la escasa tolerancia al error empujan al facultativo hacia decisiones que protejan su carrera antes que al paciente. Dos estudios europeos de 2020 concluyen que los debates sobre la medicina defensiva son tanto «confusos» como «escurridizos», lo que subraya la complejidad de la misma. Una mayor comprensión de la medicina defensiva, así como de los factores sociales y culturales que han contribuido a su existencia, es esencial para aumentar el nivel de conciencia en los clínicos sobre por qué actúan de manera defensiva1,3.

Formas de expresión de la medicina defensiva:

La medicina defensiva adopta principalmente dos formas: la comisión por exceso (activa) y la omisión por precaución (pasiva). La primera consiste en la solicitud de pruebas complementarias innecesarias, ingresos hospitalarios preventivos, tratamientos redundantes o derivaciones a otros especialistas sin justificación clínica. Estas actuaciones buscan documentar exhaustivamente el proceso asistencial y transferir responsabilidades ante eventuales complicaciones2.

Por el contrario, la omisión se manifiesta como la evitación de procedimientos complejos, de pacientes con alto riesgo de complicaciones o de situaciones clínicamente inciertas. Algunos profesionales optan por rehuir cirugías difíciles, tratamientos de alto riesgo o casos sociales complejos, para evitar una exposición legal que puede volverse personal y emocionalmente devastadora1.

Ambas modalidades suponen un alejamiento de la medicina basada en la evidencia, sustituyéndola por una medicina burocrática, protocolizada y despersonalizada.

Impacto sobre el sistema de salud:

Las consecuencias de la medicina defensiva son múltiples. En primer lugar, representa un sobrecoste económico importante. Las pruebas y tratamientos innecesarios aumentan el gasto sanitario sin aportar valor en términos de salud. A pesar de la dificultad para cuantificar el coste de la medicina defensiva, diversos estudios han estimado que entre el 5% y el 10% del gasto sanitario en países desarrollados podría atribuirse a esta práctica. Más allá de los gastos directos, se deben considerar también los indirectos, que están relacionados con el estrés de los médicos, la pérdida de tiempo y la reputación. Las demandas legales pueden dañar la reputación de los médicos, y la enorme cantidad de tiempo dedicado a las reclamaciones puede reducir su productividad1,2,3.

En segundo lugar, produce una sobrecarga del sistema asistencial, al incrementar el número de derivaciones, reconsultas y exploraciones, lo que reduce la eficiencia y retrasa la atención a los casos realmente prioritarios. A su vez, la evitación de pacientes complejos puede llevar a inequidades en el acceso a la atención médica, especialmente en poblaciones vulnerables2.

Además, la medicina defensiva genera un profundo desgaste emocional en los profesionales, al fomentar un ejercicio de la medicina basado en el miedo, la sospecha y la presión constante. Este clima afecta la satisfacción laboral, favorece el burnout y deteriora la relación de confianza con el paciente4.

Desde un punto de vista ético, la medicina defensiva socava los principios de beneficencia, justicia y autonomía, al condicionar las decisiones clínicas a intereses ajenos al bienestar del paciente1.

Estrategias para afrontarla:

Para reducir la medicina defensiva se requieren intervenciones multidimensionales. En el plano legal, es necesario avanzar hacia modelos de responsabilidad profesional que distingan claramente entre el error no negligente —propio de toda actividad humana— y la mala praxis. La creación de sistemas de compensación extrajudicial o de seguros colectivos institucionales puede reducir la presión sobre el profesional individual1-4.

Desde el ámbito institucional, resulta fundamental garantizar respaldo jurídico y ético al personal sanitario, incluyendo asesoramiento legal preventivo y acompañamiento en situaciones conflictivas. También es clave mejorar la formación en comunicación clínica, gestión del riesgo y resolución de conflictos, áreas habitualmente descuidadas en los programas de grado y posgrado3.

Investigar la interrelación entre el sistema médico-legal y la medicina defensiva en futuras investigaciones podría contribuir a una mejor comprensión de cómo estos sistemas influyen en los motivos para practicar la medicina defensiva. Se necesitan más diseños de estudio cualitativos que utilicen diferentes tipos de métodos de generación de datos, por ejemplo, observación de la interacción clínico-paciente en la consulta, entrevistas individuales o entrevistas en grupos focales con médicos de distintas especialidades y/o con pacientes, con el fin de investigar las interpretaciones del término y las consecuencias percibidas de la medicina defensiva para la relación médico-paciente y la satisfacción laboral del médico4.

En el plano cultural, se necesita una transformación profunda: aceptar la incertidumbre como parte inherente al acto médico, recuperar la confianza en el juicio clínico y valorar la toma de decisiones compartida con el paciente. Esto implica promover una medicina centrada en la persona1,4.

En general, despenalizar los errores médicos y gestionarlos por medio de organizaciones médicas o en tribunales civiles debería ayudar a limitar la medicina defensiva. Se espera que un entorno legal justo límite la limite, principalmente la positiva, las estrategias legales más recomendadas apuntan a reducir la responsabilidad médica por errores no intencionados a través de métodos alternativos de resolución de conflictos. Idealmente, los daños a los pacientes deberían ser cofinanciados también por los empleadores sanitarios, aunque sus intereses no siempre coinciden, y un clima de responsabilidad equilibrado debería traducirse en compensación poco probable para los pacientes que presentan demandas frívolas y restitución adecuada para los pacientes realmente perjudicados debido a negligencia médica grave4.

CONCLUSIÓN

La medicina defensiva, cada vez más común, refleja un sistema sanitario en crisis. Aunque su origen es comprensible, hoy genera distorsiones en la atención médica, eleva los costos, sobrecarga los servicios y debilita la relación médico-paciente. Afrontarla requiere ir más allá de sancionar sus efectos y actuar sobre causas legales, estructurales y culturales. Es fundamental un debate público y profesional para impulsar una estrategia integral: reformas legales equilibradas, apoyo institucional, mejor formación en habilidades no clínicas y un cambio cultural que asuma la incertidumbre médica. Solo así se podrá reemplazar la medicina del miedo por una medicina basada en el juicio, la responsabilidad compartida y el compromiso con el paciente.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Baungaard, N., Skovvang, P. L., Assing Hvidt, E., Gerbild, H., Kirstine Andersen, M., & Lykkegaard, J. (2022). How defensive medicine is defined in European medical literature: a systematic review. BMJ Open, 12(1), e057169. https://doi.org/10.1136/bmjopen-2021-057169.
  2. Garattini, L., & Padula, A. (2020). Defensive medicine in Europe: a “full circle”? The European Journal of Health Economics: HEPAC: Health Economics in Prevention and Care, 21(4), 477–482. https://doi.org/10.1007/s10198-019-01151-1
  3. Pischedda, G., Marinò, L., & Corsi, K. (2023). Defensive medicine through the lens of the managerial perspective: a literature review. BMC Health Services Research, 23(1), 1104. https://doi.org/10.1186/s12913-023-10089-3.
  4. Abduljawad A, Al-Assaf AF. Incentives for better performance in health care. Sultan Qaboos Univ Med J. 2011;11(2):201–6.

 

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