Toxiinfecciones bacterianas de origen gastrointestinal: principales agentes etiológicos, mecanismos patogénicos y diagnóstico microbiológico

22 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. Laura Franco Fobe. FEA Microbiología y Parasitología. Sección de Microbiología. Hospital de Barbastro. Huesca. España.
  2. Alfonso José Pascual Del Riquelme Babé. FEA Microbiología y Parasitología. Sección de Microbiología. Hospital de Barbastro. Huesca. España.
  3. Valeria González Sacoto. FEA Endocrinología. Hospital de Barbastro. Huesca. España.
  4. Claudia Abadía Molina. FEA Bioquímica clínica. Servicio de Análisis Clínicos. Hospital de Barbastro. Huesca. España.
  5. Carlos Hugo Mora Cevallos. MIR Urología. Hospital Universitario Lozano Blesa. España.

 

RESUMEN

Las infecciones gastrointestinales, en particular las toxiinfecciones alimentarias, representan un importante problema de salud pública a nivel global. Según la OMS, afectan a más de 600 millones de personas al año, con mayor impacto en niños, personas mayores e individuos inmunocomprometidos. Estas infecciones son causadas principalmente por bacterias transmitidas a través del consumo de alimentos contaminados o manipulados de forma inadecuada.

Los agentes etiológicos más frecuentes incluyen Salmonella spp., Campylobacter spp., Shigella spp., Escherichia coli patógena, Yersinia enterocolitica y Aeromonas spp. Salmonella se asocia al consumo de productos animales crudos o mal cocidos, siendo una de las zoonosis más notificadas en Europa. Campylobacter es una causa habitual de diarrea, especialmente vinculada a la carne de ave insuficientemente cocinada. Shigella presenta una alta transmisibilidad debido a su baja dosis infectiva y destaca por la creciente resistencia antimicrobiana y su asociación con la transmisión entre hombres que tienen sexo con hombres. Las cepas enterohemorrágicas de E. coli pueden provocar desde cuadros leves hasta síndrome urémico hemolítico, transmitiéndose a través de carne picada o lácteos contaminados. Yersinia enterocolitica, ligada al consumo de carne de cerdo, puede producir desde gastroenteritis hasta manifestaciones inmunológicas. Aeromonas spp., presente en ambientes acuáticos y alimentos refrigerados, causa diarreas de diversa gravedad.

El diagnóstico microbiológico es esencial para identificar el agente causal, orientar el tratamiento y controlar brotes. La prevención se basa en la implementación de medidas higiénico-sanitarias rigurosas a lo largo de toda la cadena alimentaria.

PALABRAS CLAVE

Toxiinfecciones alimentarias, vigilancia epidemiológica, seguridad alimentaria.

ABSTRACT

Gastrointestinal infections, particularly foodborne illnesses, represent a major global public health concern. According to the WHO, they affect over 600 million people annually, with the highest impact on children, the elderly, and immunocompromised individuals. These infections are primarily caused by bacteria transmitted through the consumption of contaminated or improperly handled food.

The most common etiological agents include Salmonella spp., Campylobacter spp., Shigella spp., pathogenic Escherichia coli, Yersinia enterocolitica, and Aeromonas spp. Salmonella is associated with raw or undercooked animal products and is among the most frequently reported zoonoses in Europe. Campylobacter is a common cause of diarrhea, often linked to undercooked poultry. Shigella has high transmissibility due to its low infectious dose and is notable for increasing antimicrobial resistance and its association with transmission among men who have sex with men. Enterohemorrhagic E. coli strains can cause a spectrum of illnesses ranging from mild diarrhea to hemolytic uremic syndrome, typically transmitted via ground meat or contaminated dairy products. Yersinia enterocolitica, associated with pork consumption, can lead to gastroenteritis or immune-mediated complications. Aeromonas spp., found in aquatic environments and refrigerated foods, causes diarrheal illness of varying severity.

Microbiological diagnosis is essential for identifying the causative agent, guiding treatment, and controlling outbreaks. Prevention relies on the implementation of strict hygiene and sanitation measures throughout the entire food chain.

KEY WORDS

Foodborne infections, epidemiological surveillance, food safety.

INTRODUCCIÓN

Las infecciones gastrointestinales constituyen una de las principales amenazas para la salud pública a nivel global. Dentro de este grupo, las toxiinfecciones alimentarias—entidades clínicas derivadas de la ingestión de alimentos contaminados con bacterias patógenas o sus toxinas—representan una proporción considerable, tanto por su elevada incidencia como por su impacto sanitario y económico. Estas patologías pueden cursar con manifestaciones clínicas que van desde cuadros leves y autolimitados hasta formas graves con riesgo vital, particularmente en poblaciones vulnerables como lactantes, personas mayores, mujeres embarazadas e individuos inmunocomprometidos1.

Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se producen anualmente más de 600 millones de casos de enfermedades de transmisión alimentaria, lo que equivale a aproximadamente una de cada diez personas en el mundo, con cerca de 420.000 muertes por año. De estas, un tercio afecta a niños menores de cinco años, evidenciando la magnitud del problema en términos de morbilidad y mortalidad infantil2. En regiones de bajos ingresos, la situación se agrava debido a condiciones higiénico-sanitarias deficientes, la escasa disponibilidad de agua potable y limitaciones en los sistemas de control de la inocuidad alimentaria.

Entre los agentes etiológicos bacterianos con mayor implicación en las toxiinfecciones alimentarias se incluyen Escherichia coli (ECET, ECEA, ECEP, ECEH, ECEI), Salmonella spp., Shigella spp., Campylobacter spp., Yersinia spp. y Aeromonas spp. Estas bacterias ejercen su patogenicidad mediante diversos mecanismos: invasión del epitelio intestinal, producción de enterotoxinas, citotoxinas o superantígenos, y frecuentemente muestran resistencia a factores ambientales y tecnológicos involucrados en el procesamiento y conservación de alimentos3. Desde una perspectiva epidemiológica, estas infecciones pueden manifestarse como casos aislados o bien como brotes vinculados al consumo de alimentos contaminados en contextos comunitarios, escolares, hospitalarios o eventos masivos. La aparición de sintomatología gastrointestinal aguda en múltiples individuos tras la ingestión de un alimento común constituye un indicio epidemiológico clave.

En este escenario, el diagnóstico microbiológico adquiere un rol fundamental. La identificación del agente etiológico y de sus factores de virulencia y resistencia antimicrobiana permite instaurar una terapéutica adecuada, prevenir complicaciones y activar las medidas de control epidemiológico necesarias.

El presente artículo tiene como objetivo realizar una revisión actualizada de los principales agentes bacterianos involucrados en las toxiinfecciones alimentarias, abordando sus mecanismos patogénicos, aspectos diagnósticos y repercusiones terapéuticas, con especial énfasis en su impacto sobre la salud pública.

Salmonella spp.

El género Salmonella comprende un amplio número de serotipos, aunque no todos poseen capacidad patógena para los animales. No obstante, numerosos serotipos son de gran relevancia desde el punto de vista de la salud pública, debido a su potencial para causar infecciones en humanos. La vía de transmisión más común es la ingestión de alimentos contaminados, especialmente aquellos de origen animal5.

Los alimentos con mayor frecuencia implicados en brotes de salmonelosis comprenden huevos y productos elaborados a partir de huevo crudo o insuficientemente cocinado, carnes crudas o poco cocinadas —particularmente de aves de corral—, leche y derivados lácteos no sometidos a tratamientos térmicos adecuados, agua contaminada, así como frutas y hortalizas crudas. La contaminación puede producirse en cualquier fase de la cadena alimentaria, desde la producción primaria hasta la preparación final en el hogar o establecimientos de restauración6.

La salmonelosis constituye una de las zoonosis más notificadas en la Unión Europea. En el año 2022 se documentaron 65.208 casos, cifra que representa un incremento con respecto al año anterior. En España, la vigilancia y el control de Salmonella se desarrollan desde 1993, en conformidad con las directrices comunitarias, mediante programas nacionales que incluyen la monitorización sistemática en explotaciones ganaderas y la aplicación de medidas de control en los distintos eslabones de la cadena alimentaria5,6.

La prevención de la salmonelosis requiere la implementación de medidas higiénicas estrictas en todas las etapas de la cadena alimentaria. Estas incluyen una cocción adecuada de carnes y huevos, la prevención de la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocinados, el lavado minucioso de frutas y hortalizas, y una correcta higiene en la manipulación y conservación de los alimentos. Asimismo, los programas oficiales de vigilancia epidemiológica permiten la detección precoz y el control de posibles brotes, contribuyendo a la protección de la salud pública6.

La salmonelosis continúa siendo una preocupación prioritaria en el ámbito de la seguridad alimentaria. La cooperación entre los distintos actores del sistema alimentario productores, distribuidores, autoridades sanitarias y consumidores resulta fundamental para reducir el riesgo de transmisión y garantizar la inocuidad de los alimentos.

Campylobacter spp.

La campilobacteriosis constituye una de las enfermedades diarreicas de origen alimentario más prevalentes tanto en España como a nivel global. Es causada por bacterias del género Campylobacter, siendo C. jejuni y C. coli las especies más frecuentemente implicadas en la patología humana. No obstante, otras especies como C. lari y C. upsaliensis también han sido identificadas en casos clínicos esporádicos. Estas bacterias son bacilos Gram negativos con morfología espiralada o curva, presentan elevada motilidad y requieren condiciones microaerófilas para su crecimiento7.

A escala mundial, Campylobacter spp. se encuentra entre los cuatro principales agentes etiológicos bacterianos de gastroenteritis. Se estima que genera alrededor de 550 millones de casos anuales, de los cuales aproximadamente 220 millones afectan a niños menores de cinco años7. En España, según datos del Centro Nacional de Epidemiología (Instituto de Salud Carlos III), en el año 2023 se notificaron 28.782 casos confirmados, lo que representa una tasa de incidencia de 60,7 casos por 100.000 habitantes, situándose como una de las zoonosis más notificadas en el país8.

La principal vía de transmisión es el consumo de alimentos contaminados, especialmente carne de ave cruda o insuficientemente cocinada, leche cruda y agua sin tratamiento. Asimismo, puede producirse transmisión por contacto directo con animales infectados o por contaminación cruzada durante la manipulación de alimentos7,8.

Desde el punto de vista clínico, la infección suele manifestarse como un cuadro de gastroenteritis aguda caracterizado por diarrea (frecuentemente con sangre), fiebre, dolor abdominal, náuseas y vómitos. El período de incubación oscila entre 1 y 3 días, y la duración de los síntomas raramente supera los 10 días. En la mayoría de los casos, la evolución es autolimitada. Sin embargo, pueden presentarse complicaciones poco frecuentes pero significativas, como bacteriemia, artritis reactiva o síndrome de Guillain-Barré, este último asociado a mecanismos inmunológicos postinfecciosos vinculados a C. jejuni7,8.

El diagnóstico se fundamenta en el aislamiento del microorganismo a partir de muestras de heces, complementado en ocasiones con técnicas moleculares. El tratamiento suele ser sintomático, enfocado en la rehidratación oral. En casos graves, prolongados o en pacientes vulnerables, se recomienda tratamiento antibiótico, siendo macrólidos como eritromicina o azitromicina los fármacos de elección. Cabe destacar el incremento en las tasas de resistencia a fluoroquinolonas, lo cual limita su utilidad como tratamiento empírico7,8.

Las estrategias preventivas se basan en la adopción de buenas prácticas de higiene alimentaria: cocción adecuada de la carne de ave, evitación del consumo de leche no pasteurizada, lavado riguroso de manos tras la manipulación de productos crudos o animales, y prevención de la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocidos (7,8).

Desde el ámbito institucional, se implementan programas de vigilancia y control zoonótico, los cuales incluyen inspecciones sanitarias en la cadena de producción alimentaria, monitoreo en explotaciones ganaderas y análisis epidemiológico de brotes en humanos (9). A pesar de estas acciones, la elevada prevalencia de Campylobacter en aves de corral continúa representando un desafío relevante para la salud pública.

Shigella spp.

Las infecciones ocasionadas por bacterias del género Shigella, denominadas en conjunto como shigelosis, constituyen un importante problema de salud pública, especialmente en entornos caracterizados por condiciones de hacinamiento, higiene deficiente o contacto interpersonal estrecho. La elevada transmisibilidad de estas bacterias se debe, en gran medida, a su extremadamente baja dosis infecciosa (10–100 unidades formadoras de colonia), lo que facilita su rápida propagación en contextos epidémicos o comunidades cerradas1.

El género Shigella comprende cuatro especies principales con diferenciación bioquímica y distribución geográfica diversa: S. sonnei, S. flexneri, S.boydii y S. dysenteriae. En los países industrializados, S. sonnei es la especie predominante, mientras que S. flexneri se asocia mayoritariamente a regiones en vías de desarrollo. Por su parte, S. dysenteriae destaca por su elevada virulencia y su implicación en epidemias severas, debido a la producción de toxina Shiga, una citotoxina potente con potencial letal1.

Desde el punto de vista fisiopatológico, la infección se caracteriza por la invasión del epitelio colónico, desencadenando procesos inflamatorios, necrosis y ulceración, que se traducen clínicamente en diarrea (frecuentemente mucosanguinolenta), fiebre, tenesmo y dolor abdominal. La duración habitual del cuadro clínico oscila entre 4 y 7 días, aunque puede prolongarse en ausencia de tratamiento adecuado1.

Según la Evaluación Rápida de Riesgo del Ministerio de Sanidad (2024), se ha observado un aumento significativo en la incidencia de shigelosis en España durante los años 2023 y 2024. En 2023 se notificaron 1.005 casos, lo que representa un incremento del 86 % respecto al año anterior, y se prevé que esta tendencia continúe en ascenso10.

Un aspecto epidemiológico relevante es la distribución de los casos por sexo y edad, con un claro predominio en varones (razón hombre/mujer: 3,4), edad media de 36 años y mayor incidencia en el grupo etario de 25 a 44 años. Este perfil sugiere una proporción significativa de transmisiones en el contexto de prácticas sexuales entre hombres (HSH). De hecho, esta vía se reconoce actualmente como emergente en la transmisión de Shigella en Europa, especialmente en cepas multirresistentes de S. sonnei y S. flexneri10.

Uno de los principales desafíos actuales lo representa la creciente aparición de cepas multirresistentes (MDR) e incluso extensamente resistentes (XDR), particularmente entre los serotipos mencionados. Estas cepas exhiben resistencia frente a múltiples clases de antimicrobianos, incluyendo fluoroquinolonas, azitromicina y cefalosporinas de tercera generación. En casos extremos, se han documentado cepas con resistencia a todos los tratamientos empíricos habituales, lo que limita drásticamente las opciones terapéuticas y obliga al uso de tratamientos dirigidos conforme a los resultados del antibiograma10.

Escherichia coli:

Las toxiinfecciones alimentarias ocasionadas por cepas patógenas de Escherichia coli representan un problema de salud pública de considerable magnitud, debido a la diversidad de patotipos capaces de provocar desde cuadros diarreicos autolimitados hasta formas graves, como el síndrome urémico hemolítico (SUH). E. coli es un bacilo Gram negativo, anaerobio facultativo, que forma parte de la microbiota intestinal normal de humanos y animales. No obstante, determinadas cepas poseen factores de virulencia que las convierten en patógenos potencialmente peligrosos para el ser humano.

Entre las variantes patógenas clínicamente relevantes se encuentran E. coli enterohemorrágica (ECEH), enterotoxigénica (ECET), enteropatógena (ECEP), enteroagregativa (ECEA) y enteroinvasiva (ECEI). De estos, las cepas ECEH —en particular el serotipo O157:H7— son las más relevantes desde el punto de vista clínico y epidemiológico, debido a su capacidad para producir toxinas Shiga (Stx), responsables de colitis hemorrágica y, en casos graves, del desarrollo de SUH. Este síndrome se caracteriza por insuficiencia renal aguda, anemia hemolítica microangiopática y trombocitopenia1,11.

La transmisión de E. coli patógena se produce, en la mayoría de los casos, por el consumo de alimentos contaminados. Entre los productos de mayor riesgo se incluyen carne de vacuno cruda o insuficientemente cocinada (especialmente carne picada), leche cruda y productos lácteos sin pasteurizar, vegetales frescos (como brotes germinados) y zumos no sometidos a tratamiento térmico. La transmisión también puede ocurrir mediante contacto directo con animales infectados, personas portadoras o por contaminación cruzada durante la manipulación de alimentos. La baja dosis infecciosa de algunas cepas facilita la aparición de brotes, tanto en el ámbito doméstico como institucional11.

Las manifestaciones clínicas dependen del patotipo implicado. En el caso de las cepas ECEH, el periodo de incubación oscila entre 2 y 10 días. El cuadro clínico típico incluye diarrea acuosa, dolor abdominal intenso, fiebre moderada y, en fases más avanzadas, diarrea sanguinolenta. Aunque la mayoría de los casos se resuelven sin necesidad de tratamiento específico en un periodo de 7 a 10 días, ciertos grupos de riesgo —como lactantes, personas mayores o inmunocomprometidas— pueden evolucionar hacia complicaciones graves, incluido el SUH1,11.

Desde una perspectiva epidemiológica, E. coli ECET constituye la cuarta zoonosis más notificada en la Unión Europea. En 2020, se registraron 4.446 casos en la UE, de los cuales 74 fueron notificados en España. Esta cifra representa un descenso respecto a años previos, posiblemente relacionado con las restricciones implementadas durante la pandemia de COVID-19. No obstante, el riesgo persiste, y los brotes pueden surgir en presencia de fallos en la cadena alimentaria o deficiencias en las prácticas higiénicas, tanto a nivel individual como industrial (11).

Las estrategias de prevención se basan en la aplicación rigurosa de medidas de higiene alimentaria: cocción completa de carnes (especialmente carne picada), evitación del consumo de leche cruda y productos no pasteurizados, lavado exhaustivo de frutas y hortalizas, y correcta higiene durante la preparación y manipulación de los alimentos. En el ámbito agroalimentario e industrial, es esencial cumplir con la normativa sanitaria vigente y aplicar sistemas de autocontrol basados en el análisis de peligros y puntos críticos de control, con el fin de minimizar el riesgo de contaminación microbiológica11.

Yersinia spp.

La yersiniosis es una infección entérica de origen zoonótico causada principalmente por dos especies del género Yersinia: Yersinia enterocolitica, cuyos bioserogrupos 4/O:3 y 2/O:9 son los más prevalentes en Europa, y Yersinia pseudotuberculosis, especie que afecta esporádicamente al ser humano. Todas las especies del género Yersinia son zoonóticas, y su transmisión al ser humano ocurre fundamentalmente a través del consumo de alimentos contaminados, siendo el cerdo el principal reservorio de Y. enterocolitica. Por su parte, Y. pseudotuberculosis se encuentra asociada a aves y mamíferos, tanto salvajes como domésticos, con especial prevalencia en roedores y pequeños mamíferos. La vía de transmisión es fecal-oral, mediante la ingesta de alimentos o agua contaminados, o bien por contacto directo con personas o animales infectados o portadores. La mayoría de las infecciones por Y. enterocolitica del bioserogrupo 4/O:3 se han vinculado al consumo de carne de cerdo cruda o insuficientemente cocinada. En cuanto a Y. pseudotuberculosis, se han documentado casos asociados al contacto con perros y gatos enfermos, así como, en menor medida, episodios de transmisión nosocomial o por transfusión sanguínea a partir de donantes asintomáticos o con sintomatología digestiva leve1,12.

Desde el punto de vista clínico, la yersiniosis puede presentarse con un espectro amplio de manifestaciones, incluyendo gastroenteritis aguda, enterocolitis, adenitis mesentérica, ileítis terminal, septicemia, faringitis, y cuadros inmunomediados como artritis reactiva o el síndrome de Reiter. Las formas clínicas más frecuentes son la yersiniosis aguda y el denominado síndrome de pseudoapendicitis. El diagnóstico microbiológico se basa en el cultivo en medios selectivos y diferenciales, como el agar CIN, que permite la recuperación de colonias características. No obstante, el crecimiento lento del microorganismo a 37 °C puede dificultar su detección. El diagnóstico se complementa con estudios de serotipado y biotipado, dado que las cepas patógenas en humanos pertenecen principalmente a serogrupos específicos (O:1, 2a, 3, O:3, O:5,27, O:8 y O:9), siendo el serogrupo O:3 el predominante en España. La presencia del plásmido de virulencia pYV y de genes como yadA, yop, inv y ail es determinante en la capacidad invasiva de las cepas. Algunas de estas, como las pertenecientes a los serogrupos O:3 y O:9, producen ß-lactamasas que confieren resistencia a aminopenicilinas y cefalosporinas de primera y segunda generación. Por el contrario, las cepas del serogrupo O:8 suelen ser sensibles a ampicilina1.

Epidemiológicamente, en España durante el año 2023 se notificaron 1297 casos de yersiniosis confirmados, con una incidencia acumulada de 2,90 casos por 100.000 habitantes, lo que representa una tendencia ascendente desde 2020 y supera la incidencia registrada antes de la pandemia de COVID-19. La especie predominante en las infecciones fue Y. enterocolitica, representando más del 99% de los casos con identificación, mientras que Y. pseudotuberculosis fue poco frecuente y afectó a pacientes de mayor edad12.

Durante el año 2023 se notificaron nueve brotes de yersiniosis en cinco comunidades autónomas, que involucraron un total de 22 casos y dos hospitalizaciones. La mayoría de los brotes se originaron en el ámbito del hogar privado y estuvieron asociados al consumo de carne de cerdo cruda o poco cocinada, aunque también se identificaron otros alimentos como vehículos de transmisión. En seis de los brotes, se logró identificar la presencia de Y. enterocolitica como agente etiológico12. La calidad de la vigilancia epidemiológica es adecuada en lo que respecta a variables básicas como edad y sexo, si bien persisten limitaciones en la notificación de hospitalizaciones y de la asociación de casos con brotes.

En conclusión, la yersiniosis constituye una zoonosis de creciente relevancia en España, con una especial afectación en la población pediátrica y una estrecha vinculación epidemiológica con el consumo de carne de cerdo y sus derivados. El diagnóstico microbiológico requiere métodos específicos y un enfoque integral para la diferenciación de cepas patógenas. Las estrategias preventivas deben centrarse en evitar el consumo de productos cárnicos crudos o insuficientemente cocinados, así como en mantener adecuadas prácticas higiénicas durante la manipulación de alimentos, a fin de reducir la transmisión de la enfermedad1,12.

Aeromonas spp.

Las infecciones gastrointestinales causadas por bacterias del género Aeromonas constituyen un problema relevante en salud pública. Estas bacterias son bacilos Gram negativos, oxidasa positivos, y presentan una amplia distribución en ambientes acuáticos y alimentos, destacando su presencia en agua dulce, mariscos, pescados y productos agrícolas irrigados con agua contaminada. Aeromonas es un género oportunista, capaz de provocar tanto infecciones gastrointestinales como extraintestinales, que incluyen cuadros cutáneos y septicemias, principalmente en pacientes inmunocomprometidos o con factores predisponentes.

En el contexto de las infecciones gastrointestinales, Aeromonas se asocia a episodios de diarrea aguda, que pueden manifestarse desde formas leves y autolimitadas hasta cuadros más severos con diarrea acuosa, mucoide o incluso hemorrágica. Asimismo, se ha descrito un síndrome similar a la disentería, caracterizado por fiebre, dolor abdominal y tenesmo, por lo que la infección por Aeromonas debe incluirse en el diagnóstico diferencial de enteritis bacterianas1,13.

El género Aeromonas comprende múltiples especies, siendo las más frecuentemente implicadas en infecciones humanas A. hydrophila, A. caviae y A. veronii. La transmisión se produce fundamentalmente a través del consumo de alimentos contaminados, especialmente productos marinos crudos o mal cocinados, agua potable o alimentos manipulados sin las condiciones higiénicas adecuadas. Estas bacterias poseen la capacidad de sobrevivir y multiplicarse a temperaturas de refrigeración, lo que incrementa el riesgo de infección en productos almacenados inapropiadamente13.

Desde una perspectiva epidemiológica, la incidencia de infecciones por Aeromonas varía según la región y las condiciones ambientales, siendo reconocidas como una causa significativa de gastroenteritis bacteriana, particularmente en países con climas cálidos o donde el control sanitario de agua y alimentos es limitado. La infección afecta a individuos de todas las edades, con mayor prevalencia en niños pequeños y pacientes inmunocomprometidos. Aunque la enfermedad suele ser autolimitada, en ocasiones requiere tratamiento antibiótico, especialmente en casos graves o en presencia de comorbilidades13.

Las cepas de Aeromonas presentan diversos factores de virulencia, entre ellos la producción de toxinas enterotóxicas, citotóxicas y hemolisinas, que contribuyen a la patogenia mediante la adhesión, invasión y daño celular en el tracto gastrointestinal, además de facilitar la evasión de la respuesta inmune del huésped. Asimismo, algunas cepas pueden exhibir resistencia a antibióticos comunes, lo que subraya la importancia de realizar pruebas de sensibilidad antimicrobiana para guiar el tratamiento en casos complejos1,13.

En cuanto a la prevención, se recomienda una manipulación y cocción adecuadas de los alimentos, especialmente pescados y mariscos, así como garantizar el suministro de agua potable libre de contaminantes. Mantener condiciones higiénicas óptimas en la cadena alimentaria y evitar el consumo de alimentos crudos o mal conservados resultan medidas esenciales, en particular para los grupos poblacionales más vulnerables. La vigilancia epidemiológica y el diagnóstico precoz son elementos clave para la detección oportuna de brotes y para minimizar la carga de estas infecciones1,13.

En resumen, las infecciones gastrointestinales causadas por Aeromonas representan una causa significativa de diarrea bacteriana, con amplia distribución ambiental y diversidad de especies involucradas. A pesar de que muchas infecciones cursan de forma leve y autolimitada, la capacidad de estas bacterias para producir toxinas y resistir condiciones adversas las posiciona como patógenos oportunistas de importancia, especialmente en poblaciones vulnerables. El diagnóstico microbiológico específico, el conocimiento epidemiológico local y la implementación de medidas preventivas son fundamentales para su adecuado control y manejo clínico1,13.

CONCLUSIONES

Las toxiinfecciones alimentarias bacterianas representan un desafío significativo para la salud pública a nivel global, dada su elevada incidencia, diversidad etiológica y el potencial de gravedad, especialmente en grupos poblacionales vulnerables como lactantes, personas de edad avanzada y sujetos inmunocomprometidos. Entre los principales agentes etiológicos se destacan Salmonella spp., Campylobacter spp., Shigella spp., Escherichia coli patógena, Yersinia spp. y Aeromonas spp., cada uno caracterizado por mecanismos patogénicos específicos y diversas vías de transmisión, estrechamente vinculadas a la contaminación alimentaria y a prácticas higiénicas insuficientes.

Las vigilancias epidemiológicas combinadas con el diagnóstico microbiológico constituyen herramientas imprescindibles para la identificación rápida y precisa de los agentes causales, facilitando así un abordaje terapéutico adecuado y el control efectivo de brotes. En este contexto, la creciente resistencia antibiótica, especialmente en Shigella spp. y Campylobacter spp., plantea un reto clínico importante que demanda un manejo terapéutico fundamentado en pruebas de sensibilidad antimicrobiana.

Las estrategias preventivas resultan esenciales para disminuir la incidencia de estas infecciones, e incluyen la implementación estricta de medidas higiénicas en las etapas de producción, manipulación y cocción de alimentos, así como la ejecución de programas institucionales de control y educación sanitaria dirigidos tanto a consumidores como a profesionales del sector alimentario.

En suma, la colaboración coordinada entre autoridades sanitarias, productores alimentarios y consumidores es fundamental para garantizar la inocuidad alimentaria y mitigar el impacto clínico y social asociado a las toxiinfecciones bacterianas.

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