- Ana Guajardo Iguaz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
- Laura Llovera García. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
- María Camats Artaso. Unidad de Hospitalización Psiquiátrica A del Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Sandra Oliver Hernández. Unidad Psiquiatría Hospital Reina Sofía Tudela. Navarra, España.
- Rocío Esteve Ibáñez. Centro de Salud Mental Lezkairu.Navarra, España.
- Paula García Ozcoz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
RESUMEN
Se describe el caso de una mujer de 42 años que presenta un cuadro de trastorno de estrés postraumático complejo derivado de una historia prolongada de violencia de género. El caso evidencia las dificultades diagnósticas y terapéuticas, así como la necesidad de un abordaje multidisciplinar que incluya intervención psicológica, tratamiento farmacológico y acompañamiento sanitario. Se subraya el papel fundamental de la red de apoyo social y el acompañamiento en la recuperación.
PALABRAS CLAVE
Trastorno de estrés postraumático complejo, violencia de género, abordaje multidisciplinar, intervención psicológica, red de apoyo social.
ABSTRACT
The case of a 42-year-old woman presenting with complex post-traumatic stress disorder resulting from a prolonged history of gender-based violence is described. The case highlights the diagnostic and therapeutic difficulties, as well as the need for a multidisciplinary approach that includes psychological intervention, pharmacological treatment, and medical support. The fundamental role of the social support network and counseling in recovery is emphasized.
KEY WORDS
Complex post-traumatic stress disorder, gender-based violence, multidisciplinary approach, psychological intervention, social support network.
INTRODUCCIÓN
El trastorno de estrés postraumático complejo (TEPT-C) es una entidad clínica reconocida en la CIE-11, que surge tras la exposición prolongada a eventos traumáticos repetidos, como el abuso infantil, la tortura o la violencia de género. A diferencia del TEPT clásico, el TEPT-C incluye síntomas adicionales como disociación, alteraciones en la autoimagen, dificultades en la regulación emocional y problemas interpersonales persistentes. La violencia de género constituye un factor de riesgo significativo para el desarrollo de este trastorno, y el impacto en la salud mental es profundo y duradero. El abordaje terapéutico requiere estrategias combinadas y sostenidas en el tiempo, en las que el equipo medico y enfermero desempeña un rol clave en la detección precoz, la continuidad asistencial y el acompañamiento emocional.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Se trata de una mujer de 38 años, sin antecedentes psiquiátricos previos, que acude a la unidad de salud mental derivada desde atención primaria. Refiere haber sido víctima de violencia de género durante más de diez años, incluyendo episodios de maltrato físico, psicológico y sexual. Desde hace aproximadamente tres años, la paciente experimenta síntomas de insomnio grave, pesadillas recurrentes vinculadas a los episodios de maltrato, hipervigilancia intensa, así como sentimientos de culpa y vergüenza persistentes.
Durante la entrevista clínica, la paciente relató que había dejado de trabajar y de mantener vínculos sociales por temor a ser encontrada por su expareja, manifestando aislamiento social casi completo. Actualmente reside con su hermana, quien se ha convertido en su principal apoyo emocional.
Se aplicaron instrumentos psicométricos para la evaluación: la escala CAPS-5 (Clinician-Administered PTSD Scale) arrojó puntuaciones compatibles con TEPT severo, mientras que la escala DERS (Difficulties in Emotion Regulation Scale) evidenció graves dificultades para la regulación emocional. Asimismo, se observaron síntomas de disociación episódica y un marcado deterioro en la autoestima.
Tras la valoración, se estableció diagnóstico de TEPT complejo según criterios de la CIE-11. El plan de tratamiento inicial consistió en un abordaje combinado: terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma con enfoque en fases (estabilización, procesamiento del trauma e integración), además de tratamiento farmacológico con un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS). El equipo de enfermería desempeñó un papel clave en el acompañamiento, promoviendo estrategias de autocuidado, adherencia al tratamiento y contacto con grupos de apoyo locales para mujeres víctimas de violencia.
DISCUSIÓN
Este caso ejemplifica la complejidad diagnóstica y terapéutica del TEPT complejo en el contexto de violencia de género. A diferencia del TEPT clásico, en el complejo se incluyen síntomas de desregulación afectiva, autopercepción negativa y dificultades en la construcción de relaciones interpersonales, lo que genera un cuadro clínico más grave y resistente al tratamiento¹.
Diversos estudios han señalado la necesidad de adaptar los modelos de intervención, incorporando terapias de fases que prioricen la seguridad y la estabilización emocional antes de la exposición directa al trauma². En este sentido, la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma y la terapia de procesamiento cognitivo han demostrado eficacia en mujeres víctimas de violencia de género, especialmente cuando se acompañan de una red de apoyo sólido³.
El tratamiento farmacológico, basado principalmente en ISRS y, en algunos casos, en estabilizadores del ánimo o antipsicóticos atípicos, resulta útil en el control de síntomas ansiosos y depresivos asociados, aunque su efectividad es limitada frente a las alteraciones disociativas y emocionales del TEPT complejo⁴. Por ello, la psicoterapia y el trabajo psicosocial se consideran el núcleo del tratamiento.
El rol del equipo médico y de enfermería es fundamental en todas las fases del proceso. La literatura española subraya la necesidad de reforzar la detección precoz desde la atención primaria, dado que muchas víctimas consultan inicialmente por síntomas somáticos o ansiosos sin verbalizar la situación de violencia⁵. Además, el acompañamiento enfermero en la adherencia terapéutica y en la conexión con recursos comunitarios permite reducir el aislamiento, uno de los principales factores de riesgo de cronificación.
Finalmente, la integración de protocolos sanitarios en España, como el Protocolo Común de Actuación Sanitaria ante la Violencia de Género, destaca el valor de una atención multidisciplinar donde médicos, psicólogos y enfermeros colaboran de manera coordinada para ofrecer un abordaje integral⁶.
BIBLIOGRAFÍA
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- Ministerio de Sanidad. Protocolo común para la actuación sanitaria ante la violencia de género. Madrid: Gobierno de España; 2021.