Síndrome de piernas inquietas. Artículo monográfico

24 marzo 2026

 

AUTORES

  1. Miguel Arquillos Domínguez. Médico Interno Residente de Medicina Familiar y Comunitaria. Centro de Salud Delicias Norte, Sector III de Zaragoza, España.
  2. Irene Rabinal Martínez. Médico Interno Residente de Medicina Familiar y Comunitaria. CS Delicias Sur. Sector III de Zaragoza, España.
  3. Irenea Ara Bielsa. Médico Interno Residente de Medicina Familiar y Comunitaria. CS Delicias Sur. Sector III de Zaragoza, España.
  4. Eva María Samatán Ruiz. Médico Interno Residente de Medicina Familiar y Comunitaria. CS Oliver. Sector III de Zaragoza, España.
  5. Álvaro Laborda Pascual. Médico Interno Residente de Medicina Familiar y Comunitaria. CS Utebo. Sector III de Zaragoza, España.
  6. Lydia Corbalán Escortell. Médico Interno Residente de Dermatología. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Sector III de Zaragoza, España.

 

RESUMEN

El síndrome de piernas inquietas (SPI), o enfermedad de Willis-Ekbom, representa un desafío diagnóstico y terapéutico prevalente en las consultas de Atención Primaria. Este trastorno sensoriomotor crónico se caracteriza por una necesidad imperiosa de mover las piernas, generalmente acompañada de sensaciones parestésicas displacenteras que se exacerban durante el reposo de predominio nocturno o vespertino. Su prevalencia global se estima entre el 5% y el 10%, con una mayor afectación en mujeres y pacientes de edad avanzada, impactando drásticamente en el sueño y la salud mental. La fisiopatología se relaciona con una predisposición genética, déficit de hierro a nivel cerebral, alteración en las vías glutamatérgicas y de adenosina y una disfunción del sistema dopaminérgico caracterizada por un estado paradójico de hiperexcitabilidad. El diagnóstico es fundamentalmente clínico y debe diferenciarse de otros síntomas comunes como calambres o de insuficiencia venosa. El manejo inicial debe priorizar la corrección de los depósitos de hierro (ferritina < 75-100 ng/mL) y la higiene del sueño. En casos de síntomas persistentes, la evidencia actual ha desplazado a los agonistas dopaminérgicos hacia una segunda línea debido al riesgo de potenciación, situando a los ligandos alfa-2-delta como la opción preferente.

PALABRAS CLAVE

Síndrome de piernas inquietas, deficiencia de hierro, dopamina, gabapentina, pregabalina.

ABSTRACT

Restless legs syndrome (RLS), or Willis-Ekbom disease, presents a prevalent diagnostic and therapeutic challenge in primary care settings. This chronic sensorimotor disorder is characterized by an irresistible urge to move the legs, usually accompanied by unpleasant paresthetic sensations that worsen during rest, predominantly at night or in the evening. Its global prevalence is estimated at between 5% and 10%, with a higher incidence in women and elderly patients, impacting sleep and mental health across a range of conditions. The pathophysiology is related to a genetic predisposition, iron deficiency in the brain, alterations in the glutamatergic and adenosine pathways, and a dysfunction of the dopaminergic system characterized by a paradoxical state of hyperexcitability. Diagnosis is primarily clinical and must be differentiated from other common symptoms such as cramps or venous insufficiency. Initial management should prioritize correcting iron deficiency (ferritin < 75-100 ng/mL) and improving sleep hygiene. In cases of persistent symptoms, current evidence has relegated dopamine agonists to a second-line treatment due to the risk of potentiation, making alpha-2-delta ligands the preferred option.

KEY WORDS

Restless legs syndrome, iron deficiency, dopamine, gabapentin, pregabalin.

INTRODUCCIÓN

El Síndrome de Piernas Inquietas (SPI), también conocido como enfermedad de Willis-Ekbom, es un trastorno sensitivo motor caracterizado por sensaciones desagradables en extremidades inferiores (menos frecuente en las superiores) y urgencia o necesidad irresistible de mover las piernas que aparece o se exacerba durante el reposo, que típicamente ocurre por la tarde, la noche o con el sueño nocturno y que desaparece o mejora con el movimiento1,2.

Es un trastorno neurológico crónico del movimiento relacionado con el sueño que afecta profundamente el bienestar de quienes lo padecen. Asocia disestesias que los pacientes describen como «hormigueo», «quemazón» o «tirantez». Aunque fue descrito inicialmente en el siglo XVII, sigue siendo una entidad infradiagnosticada en el ámbito de la Atención Primaria. Se debe tener en cuenta dada su alta prevalencia y su asociación con el insomnio crónico, la ansiedad y un mayor riesgo cardiovascular. Epidemiológicamente, es el trastorno del movimiento durante el sueño más prevalente, afectando aproximadamente al 5-15% de la población adulta en países occidentales 3.

Existe un claro predominio femenino, con una relación aproximada de 2:1 respecto a los hombres. Esta diferencia se atribuye en gran medida al impacto del embarazo, ya que en mujeres nulíparas la prevalencia tiende a igualarse a la masculina2. La incidencia aumenta progresivamente con la edad, aunque puede manifestarse en la infancia, donde a menudo se confunde con dolores de crecimiento o trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)3.

FISIOPATOLOGÍA:

La fisiopatología del SPI es compleja y no totalmente esclarecida, pero se sustenta principalmente en los 3 primeros puntos:

  • Déficit de hierro cerebral: El hierro es un cofactor esencial para la enzima tirosina hidroxilasa, limitante en la síntesis de dopamina. Se ha demostrado mediante estudios de neuroimagen y autopsias que los pacientes con SPI presentan niveles bajos de hierro en la sustancia negra y el tálamo, incluso cuando los niveles séricos de ferritina son aparentemente normales. Este déficit intracerebral altera la función de los receptores de dopamina1,2,3.
  • Disfunción dopaminérgica: En el SPI existe un estado de hiperdopaminergia que genera un fenómeno adaptativo compensatorio que conlleva una disminución secundaria de los receptores D2 postsinápticos. Esto genera un desequilibrio (disminución de dopamina) al final del día que favorece la hiperexcitabilidad sensitiva y motora nocturna/vespertina2.
  • Genética: Hasta el 60% de los casos presentan antecedentes familiares, habiéndose identificado polimorfismos en genes como MEIS1 y BTBD9 que aumentan la susceptibilidad al trastorno1.
  • Vías glutamatérgicas y de adenosina: Recientemente se ha identificado que el exceso de glutamato y la disfunción de los receptores de adenosina contribuyen a la fragmentación del sueño y a la hiperalgesia observada en estos pacientes2.

 

CLASIFICACIÓN:

El SPI puede clasificarse según su etiología en dos formas principales1,2:

  1. SPI Primario o idiopático: Representa la mayoría de los casos, suele tener un inicio temprano y una fuerte predisposición genética (alrededor del 50%). Suelen empeorar con la edad.
  2. SPI Secundario: Asociado a condiciones médicas que exacerban o desencadenan los síntomas. Las más relevantes son:
    • Ferropenia: La causa reversible más importante, incluso sin anemia franca.
    • Insuficiencia Renal Crónica: Con uremia elevada. Afecta hasta al 20-50% de los pacientes en diálisis.
    • Embarazo: Especialmente durante el tercer trimestre, con resolución tras el parto.
    • Fármacos: Antihistamínicos de primera generación, antipsicóticos, antiepilépticos como la fenitoína y topiramato, la metoclopramida, levotiroxina, bisoprolol, sulpirida, tramadol y ciertos antidepresivos tricíclicos o inhibidores de la recaptación de la serotonina pueden precipitar o empeorar el cuadro 2.
    • Otros: Diabetes mellitus, neuropatías periféricas1,2.

 

CARACTERÍSTICAS CLÍNICAS:

El síntoma claves es la necesidad imperiosa de mover las piernas, principalmente al anochecer, y que se alivia o mejora con el movimiento. Si esta misma sintomatología se aplica a los brazos, puede indicar una afectación más grave del síndrome. Pueden asociar movimientos periódicos de las extremidades durante el sueño, produciendo dificultad para conciliar el sueño, una peor calidad de vida y derivar en un mayor riesgo de depresión y ansiedad3.

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL:

Es vital descartar «mimetismos» del SPI para evitar tratamientos innecesarios. Hay que diferenciar con3:

  • Calambres nocturnos: Se diferencian porque el calambre es una contracción muscular dolorosa y palpable que no se alivia simplemente con el movimiento voluntario.
  • Insuficiencia venosa: El malestar suele ser más generalizado, no tiene un ritmo circadiano tan marcado y no mejora de forma inmediata con el movimiento de las piernas.
  • Acatisia: Generalmente secundaria a neurolépticos, implica una inquietud motora generalizada que no se limita a las piernas ni a la noche.
  • Neuropatía periférica: Aunque pueden coexistir, el dolor neuropático suele ser persistente y no necesariamente se alivia con el movimiento.
  • Otros: Molestias posturales, radiculopatías, polineuropatías, claudicación intermitente2.

 

DIAGNÓSTICO:

El diagnóstico del SPI es eminentemente clínico. No se requiere de pruebas de sueño (polisomnografía) de rutina a menos que haya dudas diagnósticas3. Deben cumplirse los cinco criterios esenciales establecidos por el International Restless Legs Syndrome Study Group (IRLSSG)2:

  1. Necesidad imperiosa de mover las piernas, a menudo acompañada de sensaciones desagradables.
  2. Los síntomas comienzan o empeoran durante periodos de reposo o inactividad.
  3. Los síntomas se alivian total o parcialmente con el movimiento (caminar, estirar).
  4. Los síntomas son más graves por la tarde o noche que durante el día.
  5. Los síntomas no pueden explicarse por otra condición médica o conductual (p. ej., calambres, edema).

 

En la evaluación inicial en Primaria, es obligatorio solicitar un perfil de hierro completo (hierro, ferritina, transferrina e índice de saturación). Una ferritina por debajo de 75 ng/mL o una saturación de transferrina menor al 20% son indicadores de que el hierro puede estar contribuyendo significativamente a la clínica. Habría que solicitar también función hepática, VSG y PCR, bilirrubina, ácido úrico, vitaminas y hormonas tiroideas1,2.

TRATAMIENTO NO FARMACOLÓGICO:

Antes de iniciar medicación específica, se deben implementar medidas conductuales y corregir factores precipitantes1,2,4:

  • Higiene del sueño: Establecer rutinas, evitar el uso de pantallas antes de dormir y asegurar un ambiente fresco y oscuro. La privación del sueño agrava los síntomas del SPI.
  • Abstinencia de excitantes: Evitar cafeína, tabaco y alcohol, especialmente en las horas previas al descanso.
  • Ejercicio físico: La actividad aeróbica moderada y los estiramientos de las extremidades inferiores han demostrado reducir la gravedad de los síntomas.
  • Revisión de la medicación habitual: Si el paciente toma fármacos que bloquean la dopamina, antidepresivos u otros fármacos mencionados anteriormente que exacerban el SPI, se debe valorar su sustitución.

 

Hay terapias complementarias alternativas, pero la evidencia es baja y el número de ensayos que respaldan una sola terapia es bajo4:

  • Yoga y acupuntura: estrategias de bajo riesgo que pueden tener algún beneficio.
  • Estimulación bilateral del nervio peroneo: Mejoría a partir de las 4 semanas en los pacientes con síntomas molestos. Ensayos con buenos resultados, pero de momento solo utilizado en algunas regiones de Estados Unidos.

 

TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO:

El tratamiento farmacológico se inicia cuando los síntomas afectan significativamente la calidad de vida, el sueño o el funcionamiento diurno.

  • Suplementación con Hierro: Es el primer paso terapéutico si la ferritina es < 75-100 ng/mL (o IST <20%)1,2.
    • Hierro Oral: Sulfato ferroso diario o en días alternos para mejorar la tolerancia, administrado con vitamina C para aumentar la absorción y las recomendaciones habituales.
    • Hierro Intravenoso (IV): Indicado si hay malabsorción, intolerancia al hierro oral o síntomas graves que requieren respuesta rápida. La carboximaltosa férrica ha demostrado una eficacia superior en la reposición de los depósitos centrales.
  • Medicamentos de primera línea: Ligandos Alfa-2-Delta Fármacos como la gabapentina y la pregabalina son actualmente la opción de preferencia inicial. Su mecanismo de acción reduce la liberación de glutamato, mejorando tanto las sensaciones del SPI como la calidad del sueño profundo. Tienen la gran ventaja de no causar potenciación o fenómeno de aumento (augmentation). En la tabla 12 de anexos se muestra la dosificación de los fármacos disponibles, tanto de primera línea como el resto2,4.
  • Segunda Línea: Agonistas dopaminérgicos: Aunque fueron el tratamiento estándar durante años, fármacos como el pramipexol, ropinirol y rotigotina (parche) se han desplazado a la segunda línea o a dosis muy bajas. Su uso prolongado provoca que los síntomas aparezcan más temprano en el día, se extiendan a los brazos o aumenten en intensidad, fenómeno conocido como potenciación, fenómeno de aumento o augmentation2,4.

 

El fenómeno de aumento es la principal complicación de la terapia dopaminérgica a largo plazo y consiste en un empeoramiento paradójico de la gravedad de los síntomas con dosis crecientes de medicación, incluyendo aparición más temprana de los síntomas, aumento de intensidad de los mismos, menos duración de acción del fármaco y aumento de los síntomas a otras partes o extremidades previas no afectados4.

  • Casos Refractarios: En pacientes que no responden a las opciones anteriores o presentan una potenciación grave, se pueden considerar los opioides de baja potencia (como tramadol) o de alta potencia (oxicodona). También se podría hacer uso de bezodiacepinas y nuevos tratamientos en estudio como el perampanel o dipiridamo2,4.

 

CONCLUSIONES

El abordaje del síndrome de piernas inquietas desde la Atención Primaria permite una intervención temprana que previene el deterioro funcional del paciente. El reconocimiento de los criterios clínicos esenciales y la evaluación sistemática del estado del hierro son los pilares del éxito diagnóstico. Preferencia en el uso de ligandos alfa-2-delta sobre los dopaminérgicos representa un avance crucial para evitar la cronicidad de la potenciación. Una gestión adecuada de las expectativas del paciente y un seguimiento estrecho de la suplementación con hierro son fundamentales para garantizar una mejoría sostenida en la calidad de vida de estos pacientes.

BIBLIOGRAFÍA

1. Mathur A, Bhat A, Gohar A. Restless Legs Syndrome in Adult Primary Care. Cureus. 2025,17(8):6-11.

2. Castillo-álvarez F, Eugenia M. Síndrome de piernas inquietas. Fisiopatología, diagnóstico y tratamiento. Medicina Clinica [Internet]. 2025,164(2):84-90. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.medcli.2024.05.026

3. Avidan AY. Clinical features and diagnosis of restless legs syndrome and periodic limb movement disorder in aduts. 2026,1-31. Disponible en: https://www.uptodate.com/contents/clinical-features-and-diagnosis-of-restless-legs-syndrome-and-periodic-limb-movement-disorder-in-adults?search=sindrome de piernas inquietas&source=search_result&selectedTitle=3~131&usage_type=default&display_rank=3

4. Avidan AY. Management of restless legs syndrome and periodic limb movement disorder in adults. 2026,1-38. Disponible en: https://www.uptodate.com/contents/management-of-restless-legs-syndrome-and-periodic-limb-movement-disorder-in-adults?search=sindrome de piernas inquietas&source=search_result&selectedTitle=2~131&usage_type=default&display_rank=2

 

ANEXOS

Tabla 1: Dosis recomendadas estándares en el tratamiento del síndrome de piernas inquietas2.

FÁRMACO DOSIS INICIAL INTERVALO HABITUAL AJUSTE DE DOSIS SI INSUFICIENTE OBSERVACIONES
Ligandos α2δ
Gabapentina 300 mg 900-2400 mg Aumentar 300 cada 5-7 días 2 horas antes del inicio de síntomas
Pregabalina 75 mg 150-450 mg Aumentar 75 cada 5-7 días 2 horas antes del inicio de síntomas
Agonistas dopaminérgicos
Pramipexol 0,125 mg 0,25-0,7 mg Doblar dosis cada 2-3 días De liberación inmediata
Ropinirol 0,25 mg 2-4 mg Doblar dosis cada 2-3 días De liberación inmediata
Rotigotina 1 mg 2-3 mg Aumentar un 1 mg a la semana Parches de liberación prolongada
Opiáceos
Oxicodona/naloxona 5/2,5 mg 5-40/2,5-20 mg Ajuste prudente de dosis Retirada paulatina
Metadona 2,5 mg 5-20 mg Ajuste como corresponde a opiáceos Retirada como corresponde a opiáceos
Codeína 30 mg 60-180 mg
Tramadol 50 mg 50-100 mg
Otros
Zolpidem 5 mg 5-10 mg Ajuste prudente de dosis Retirada prudente de dosis
Temazepam 15 mg 15-30 mg
Perampanel 2 mg 2-4 mg Incrementos semanales Media hora antes de ir a dormir
Dipiridamol 100 mg 200-300 mg Incrementos semanales

 

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