Interpretación de pruebas tiroideas en la consulta de medicina de familia: el impacto de fármacos, la alimentación y los estados metabólicos

17 abril 2026

 

AUTORES

  1. Nerea Núñez Lechuga. MIR MFyC. Centro de Salud Torre Ramona, Sector II, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
  2. Paula Gran Manero. MIR MFyC. Centro de Salud San José Norte, Sector II, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
  3. Celia Artal Marteles. MIR MFyC. Centro de Salud San Pablo, Sector II, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
  4. Alma Antoñanzas Serrano. MIR MFyC. Centro de Salud San Pablo, Sector II, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
  5. Mónica Peña Marco. MIR MFyC. Centro de Salud Torrero La Paz, Sector II, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
  6. Mar Gloria Antoñanzas Serrano. MIR MFyC. Centro de Salud Las Fuentes Norte, Sector II, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.

 

RESUMEN

El estudio de la función tiroidea a través de la medición de la hormona estimulante del tiroides (TSH) y de las hormonas tiroideas libres, constituye una de las principales pruebas analíticas solicitadas en los Centros de Salud por los Médicos de Familia. Una interpretación adecuada, es fundamental para poder realizar un diagnóstico, tratamiento y seguimiento de ésta en caso de alguna alteración en los resultados.

En la práctica clínica diaria, no obstante, encontramos numerosos factores que pueden alterar estos parámetros, lo cual puede generar resultados confusos, conduciendo a diagnósticos erróneos, tratamientos innecesarios o derivaciones evitables.

Entre estos factores, destacan principalmente, fármacos de uso habitual en atención primaria, como la amiodarona, el litio, los glucocorticoides, los anticonceptivos hormonales o los inhibidores de la bomba de protones, que pueden modificar la síntesis, secreción, transporte o metabolismo periférico de las hormonas tiroideas. De igual manera, alimentos, suplementos nutricionales o determinados hábitos dietéticos pueden también influir en la función tiroidea, así como en la interpretación de los resultados analíticos.

Por otro lado, estados metabólicos y fisiológicos frecuentes en nuestras consultas, como el embarazo, la obesidad, el envejecimiento, el ayuno prolongado o la enfermedad no tiroidea asociada a procesos agudos o crónicos, pueden producir alteraciones transitorias de la TSH y de las hormonas tiroideas sin que exista una patología tiroidea subyacente.

El objetivo de este artículo es ofrecer al Médico de Familia una visión práctica y actualizada de los principales factores farmacológicos, dietéticos y metabólicos que alteran la función tiroidea, facilitando una interpretación clínica adecuada de las pruebas analíticas y contribuyendo a una toma de decisiones con un enfoque global, para una actuación clínica más eficiente y segura.

PALABRAS CLAVE

Pruebas de función tiroidea, atención primaria, tirotropina, dieta, terapia dietética, levotiroxina.

ABSTRACT

The study of thyroid function through the measurement of thyroid-stimulating hormone (TSH) and free thyroid hormones is one of the main analytical tests requested by family doctors in health centers. Proper interpretation is essential for diagnosis, treatment, and follow-up in the event of any abnormalities in the results.

In daily clinical practice, however, we encounter numerous factors that can alter these parameters, which can generate confusing results, leading to misdiagnosis, unnecessary treatment, or avoidable referrals.

Among these factors, the most notable are drugs commonly used in primary care, such as amiodarone, lithium, glucocorticoids, hormonal contraceptives, and proton pump inhibitors, which can modify the synthesis, secretion, transport, or peripheral metabolism of thyroid hormones. Similarly, foods, nutritional supplements, or certain dietary habits can also influence thyroid function and the interpretation of test results.

On the other hand, metabolic and physiological states that are common in our consultations, such as pregnancy, obesity, aging, prolonged fasting, or non-thyroid disease associated with acute or chronic processes, can cause temporary alterations in TSH and thyroid hormones without there being any underlying thyroid pathology.

The aim of this article is to offer family physicians a practical and up-to-date overview of the main pharmacological, dietary, and metabolic factors that alter thyroid function, facilitating the proper clinical interpretation of laboratory tests and contributing to decision-making with a comprehensive approach for more efficient and safer clinical practice.

KEY WORDS

Thyroid function tests, primary health care, thyrotropin, diet, diet therapy, levothyroxine.

DESARROLLO

Introducción:

La evaluación de la función tiroidea forma parte del abordaje habitual de múltiples síntomas inespecíficos en Atención Primaria, como el cansancio, el aumento o la pérdida de peso, las alteraciones del ritmo intestinal o los trastornos del estado de ánimo. La elevada disponibilidad de las pruebas tiroideas y su aparente sencillez interpretativa contrastan con la complejidad de los múltiples factores fisiológicos y patológicos que pueden modificar sus resultados. En este contexto, el médico de familia desempeña un papel central, no solo en la detección precoz de la enfermedad tiroidea, sino también en la identificación de situaciones en las que las alteraciones analíticas reflejan fenómenos adaptativos o secundarios a otras condiciones clínicas, más que una disfunción tiroidea primaria¹.

Estados metabólicos y fisiológicos que pueden alterar la función tiroidea:

Existen diferentes situaciones clínicas a las que nos podemos enfrentar en la consulta que pueden producir alteraciones analíticas a nivel tiroideo². El envejecimiento es un claro ejemplo de un estado fisiológico que produce cambios paulatinos en el eje hipotálamo-hipófisis-tiroides, disminuyendo la secreción pulsátil de TSH, así como la sensibilidad de la hipófisis a la retroalimentación negativa. Estos desajustes no siempre producen alteraciones analíticas clínicamente relevantes y, de hacerlo, el tratamiento debe ser individualizado¹.

La enfermedad renal crónica, especialmente en estadios avanzados, puede producir una disminución de la conversión periférica de T4 a T3, así como una reducción del aclaramiento del yodo³. El hígado es un órgano clave en el metabolismo y transporte de las hormonas tiroideas, por lo que su insuficiencia altera tanto el metabolismo periférico como la captación hepática de estas hormonas⁴.

Durante el embarazo, especialmente en el primer trimestre de gestación, la gonadotropina coriónica humana (hCG) estimula el receptor de la TSH, produciendo un descenso de esta hormona y un aumento de la T4. Asimismo, aumentan las necesidades de yodo, lo que debe ser tenido en cuenta en la interpretación de la función tiroidea en este contexto⁵.

En la obesidad y el síndrome metabólico, la interacción entre la función tiroidea y el tejido adiposo es compleja, mediada en parte por la leptina, que estimula la secreción hipotalámica de TRH, pudiendo observarse elevaciones leves de la TSH y cambios en la sensibilidad periférica a las hormonas tiroideas. Estas alteraciones suelen ser reversibles tras la pérdida ponderal¹.

En pacientes con trastornos de la conducta alimentaria, enfermedades crónicas con pérdida de peso significativa o estados de caquexia, puede observarse un descenso de T3 con valores normales o elevados de T4, secundario a una disminución de la conversión periférica por alteración de la actividad de la desyodasa tipo 1, junto con cambios en la secreción pulsátil de TSH². Un patrón similar puede observarse en dietas hipocalóricas muy restrictivas.

Por último, el síndrome del eutiroideo enfermo se caracteriza por alteraciones metabólicas de la función tiroidea en pacientes con enfermedades agudas o crónicas graves, como infecciones sistémicas, sepsis, insuficiencia cardíaca, traumatismos o procesos inflamatorios. Estas alteraciones se deben principalmente a la inhibición de la desyodasa tipo 1, con reducción de la conversión de T4 a T3 y aumento de la triyodotironina reversa (rT3), además de alteraciones en la secreción de TSH mediadas por citoquinas inflamatorias como IL-1, IL-6 y TNF-α².

Influencia de los alimentos y suplementos:

La función tiroidea también puede verse afectada por la ingesta de determinados alimentos, suplementos nutricionales y micronutrientes, que alteran tanto la síntesis como el metabolismo de las hormonas tiroideas. El yodo desempeña un papel central en la actividad tiroidea: su déficit limita la producción hormonal, mientras que su exceso —por ejemplo, mediante el consumo de algas marinas o suplementos— puede inducir hipotiroidismo por el efecto Wolff–Chaikoff o desencadenar hipertiroidismo en sujetos predispuestos (fenómeno de Jod-Basedow)⁶,⁷.

La soja es un ejemplo de alimento bocígeno, capaz de interferir con la actividad de la peroxidasa tiroidea y de reducir la absorción intestinal de levotiroxina, con relevancia clínica en pacientes con hipotiroidismo tratado. Asimismo, la toma conjunta de café, fibra o soja puede disminuir la absorción de levotiroxina. Por otro lado, la biotina, ampliamente utilizada como suplemento, puede interferir con los inmunoensayos tiroideos, generando perfiles analíticos falsamente compatibles con hipertiroidismo⁸.

Principales fármacos que alteran la función tiroidea en Atención Primaria:

Fármacos que afectan a la síntesis o liberación de hormonas tiroideas:

La amiodarona es una de las causas farmacológicas más frecuentes de alteración de la función tiroidea. Contiene una elevada carga yodada, que puede producir hipotiroidismo por el efecto Wolff–Chaikoff o hipertiroidismo en pacientes con autonomía tiroidea. Además, presenta un efecto citotóxico directo sobre el tirocito, pudiendo originar distintos tipos de tiroiditis inducida por fármacos⁷,⁹.

El litio interfiere con la liberación de T3 y T4 desde el tirocito, generando un aumento compensatorio de la TSH y pudiendo producir hipotiroidismo clínico o subclínico, especialmente en tratamientos prolongados¹⁰.

Fármacos que modifican la secreción de TSH:

Los glucocorticoides sistémicos, especialmente a dosis elevadas, inhiben el eje hipotálamo-hipófisis-tiroides, reduciendo la secreción de TRH y TSH, así como la conversión periférica de T4 a T3. Estos efectos suelen ser reversibles tras la suspensión del tratamiento. De forma similar, la dopamina y los agonistas dopaminérgicos inhiben la secreción hipofisaria de TSH, generando valores bajos sin hipertiroidismo real².

Fármacos que alteran el transporte plasmático o el metabolismo periférico:

Los estrógenos sistémicos aumentan la síntesis hepática de la globulina transportadora de tiroxina (TBG), elevando las concentraciones de T4 y T3 totales con valores normales de T4 libre. Los antiepilépticos como la fenitoína o la carbamazepina inducen el metabolismo hepático de las hormonas tiroideas. Asimismo, los betabloqueantes a dosis elevadas inhiben la conversión periférica de T4 a T3, utilizándose con fines sintomáticos en el hipertiroidismo¹⁰,¹¹.

Fármacos que interfieren con la absorción intestinal de levotiroxina:

Fármacos de uso frecuente como los inhibidores de la bomba de protones, suplementos de calcio, sales de hierro, antiácidos o resinas de intercambio iónico pueden reducir la absorción intestinal de levotiroxina, produciendo elevaciones de TSH en pacientes previamente bien controlados⁸.

CONCLUSIONES

Las alteraciones analíticas de la función tiroidea en Atención Primaria no siempre reflejan una enfermedad tiroidea primaria. Estados fisiológicos, condiciones metabólicas, alimentos, suplementos y numerosos fármacos pueden modificar los resultados analíticos. El conocimiento de estos factores permite al médico de familia realizar una interpretación más precisa de las pruebas tiroideas, optimizar el manejo clínico y evitar diagnósticos erróneos o tratamientos innecesarios.

BIBLIOGRAFÍA

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