Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.49.94.001
AUTORES
- Keren Elizabeth De La Cruz Perales. Médico Pasante del Servicio Social, Universidad Del Valle de México Campus Saltillo, ORCID https://orcid.org/0009-0006-0695-4237
- Nadia Alejandra Jasso Uresty. Coordinadora de Simulación Clínica, Universidad Del Valle de México Campus Saltillo, ORCID https://orcid.org/0009-0007-2526-9080
- Ana Laura Carrillo Cervantes. Jefatura de Planeación Académica, Universidad Autónoma de Coahuila ORCID https://orcid.org/0000-0003-2920-4675
- Azucena Guadalupe Garduño Covarrubias. Coordinadora de Campos Clínicos, Universidad Del Valle de México Campus Saltillo, ORCID https://orcid.org/0000-0002-3115-9159
- Francisco Xavier Olmos García. Director de Ciencias de la Salud, Universidad Del Valle de México Campus Saltillo, ORCID https://orcid.org/0000-0002-4189-6654
RESUMEN
El uso de redes sociales se ha asociado con la aparición de conductas alimentarias de riesgo en jóvenes universitarios debido a la exposición constante a ideales estéticos poco realistas que favorecen la comparación social y la insatisfacción corporal. El objetivo de este estudio fue analizar la evidencia científica disponible sobre la relación entre el uso de redes sociales y las conductas alimentarias de riesgo en población joven universitaria. Se realizó una revisión integrativa de la literatura acerca del uso de las redes sociales y la relación que tiene con las conductas alimentarias de riesgo en jóvenes en estudios encontrados en las bases de datos Google Scholar, SciELO, ScienceDirect y PubMed, utilizando para su búsqueda palabras clave relacionadas con redes sociales y conductas alimentarias de riesgo. La selección se efectuó en tres etapas: revisión de títulos, resúmenes y lectura completa de los artículos, considerando criterios de pertinencia temática. Los estudios incluidos fueron analizados y sintetizados mediante tablas basadas en el sistema SIGN, organizando la información por variables y orden cronológico.
Los estudios revisados mostraron una asociación consistente entre el uso frecuente de redes sociales y alteraciones en la percepción corporal, mayor insatisfacción corporal y aumento de conductas alimentarias de riesgo, incluyendo restricción alimentaria y episodios de atracones. La exposición a contenido visual en plataformas como Instagram y TikTok favoreció la comparación social y la internalización de ideales estéticos poco realistas. Este efecto fue más evidente en mujeres jóvenes y en usuarios con uso orientado a la validación social. Asimismo, factores como ansiedad, depresión e impulsividad se relacionaron con mayor vulnerabilidad, mientras que el apoyo familiar, la autoestima y el pensamiento crítico actuaron como factores protectores. Resaltando en el presente estudio que el uso de redes sociales constituye un factor asociado a conductas alimentarias de riesgo en jóvenes universitarios, por lo que resulta necesario desarrollar estrategias preventivas e intervenciones orientadas al fortalecimiento de factores protectores.
PALABRAS CLAVE
Trastornos de la conducta alimentaria, conductas alimentarias de riesgo, redes sociales, estudiantes universitarios.
ABSTRACT
Social media use has been associated with the emergence of risky eating behaviors in university students due to constant exposure to unrealistic beauty ideals that encourage social comparison and body dissatisfaction. The objective of this study was to analyze the available scientific evidence on the relationship between social media use and risky eating behaviors in a young university population. An integrative literature review was conducted on social media use and its relationship to risky eating behaviors in young people. Studies found in the Google Scholar, SciELO, ScienceDirect, and PubMed databases were searched using keywords related to social media and risky eating behaviors. The selection process was carried out in three stages: review of titles and abstracts, and full reading of the articles, considering criteria of thematic relevance. The included studies were analyzed and synthesized using tables based on the SIGN system, organizing the information by variables and chronological order.
The reviewed studies showed a consistent association between frequent social media use and alterations in body image, greater body dissatisfaction, and an increase in risky eating behaviors, including food restriction and binge eating episodes. Exposure to visual content on platforms like Instagram and TikTok fostered social comparison and the internalization of unrealistic aesthetic ideals. This effect was more pronounced in young women and users whose use was geared toward social validation. Furthermore, factors such as anxiety, depression, and impulsivity were associated with greater vulnerability, while family support, self-esteem, and critical thinking acted as protective factors. It is concluded that social media use is a factor associated with risky eating behaviors in university students, making it necessary to develop preventive strategies and interventions aimed at strengthening protective factors.
KEY WORDS
Eating disorders, Emotional Eating, social networks, students.
INTRODUCCIÓN
Introducción:
Las redes sociales digitales se han consolidado en la última década como uno de los principales entornos de interacción social entre los jóvenes universitarios, influyendo de manera significativa en la construcción de la identidad, el autoconcepto y la percepción de la imagen corporal. Plataformas como Instagram, TikTok y Facebook promueven de forma constante ideales estéticos y estilos de vida que suelen ser poco realistas, favoreciendo procesos de comparación social y búsqueda de validación externa1,2. Diversos estudios han destacado que la exposición frecuente a este tipo de contenidos se asocia con mayor insatisfacción corporal, internalización del ideal de delgadez y conductas de control del peso poco saludables, particularmente en poblaciones jóvenes3,4. En este sentido, el uso intensivo de redes sociales se posiciona como un factor psicosocial relevante en el desarrollo de conductas alimentarias de riesgo, al interactuar con variables individuales y contextuales propias de la etapa universitaria.
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son alteraciones en el comportamiento relacionado a la alimentación, que conlleva a una modificación en el consumo de alimentos o en la absorción de nutrientes, ocasionando un deterioro significativo de la salud física o funcionamiento psicosocial. Estos se consideran trastornos psiquiátricos, compuestos por anorexia nerviosa (AN), bulimia nerviosa (BN), trastorno de atracones, pica, trastorno de rumiación, trastorno de evitación/restricción de ingesta alimenticia, entre otros no especificados5.
Se ha demostrado que los trastornos de la conducta alimentaria están relacionados con la sintomatología, prácticas alimentarias no saludables y percepciones no realistas de la imagen corporal. Teniendo en cuenta estos hechos, es necesario un nivel de educación nutricional y psicológico elevado para favorecer las decisiones de la población en cuanto a la elección de una dieta saludable, controlando la información de los medios de comunicación y redes sociales, evitando conductas no ideales sobre la ingesta y gasto calórico y respaldar la seguridad de los consumidores, tanto física como mentalmente, logrando un enfoque multidisciplinario para tratar estos padecimientos6.
En México se presentan porcentajes desde el 5 al 18% de conductas alimentarias de riesgo en mujeres estudiantes universitarias7, teniendo como incidencia para los TCA una edad de 14-17 años. Se estima que el 25% de la población mexicana adolescente padece algún grado de trastorno alimenticio, en su mayoría asociado con problemas de salud mental, aunado a redes sociales y un estereotipo de cuerpo establecido por la industria de la moda.
JUSTIFICACIÓN
Las redes sociales y las conductas alimentarias son cuestiones de impacto impostergable que deben ser observados desde la psicología, nutrición y medicina. De acuerdo con las estadísticas dadas por de la Organización Mundial de la Salud en el año 2024, los trastornos alimentarios afectan con más frecuencia a las mujeres, y cada vez aumenta el porcentaje de hombres que desarrollan algún tipo de conducta alimentaria de riesgo, teniendo presente la incidencia de 0.6% en los y las adolescentes de 10 a 14 años, y un 2.3% de 15 a 19 años. Dichas cifras son el resultado de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 20228.
La secretaría de salud coincide con la epidemiología de la Organización Mundial de la Salud, teniendo en México una incidencia máxima de los trastornos mencionados hasta los 25 años9. Se destaca que la población de riesgo se encuentra en etapas que reflejan búsqueda de identidad y conciencia de la imagen corporal, en los cuales actualmente influyen los medios de comunicación, redes sociales y los estándares culturales sobre la imagen corporal10.
MATERIAL Y MÉTODO
Objetivo general:
Identificar los datos que refiere la literatura y acerca de la relación de las redes sociales con las conductas alimentarias de riesgo en jóvenes
Se realizó una revisión bibliográfica de la literatura acerca del uso de redes sociales y la relación que tiene con las conductas alimentarias de riesgo en jóvenes. Estableciendo de este modo el alcance del presente documento, se utilizaron palabras claves como Trastornos de la conducta alimentaria, conductas alimentarias de riesgo, redes sociales, estudiantes universitarios utilizando bases de datos como Google Academy, Scielo, SciencieDirect, PubMed, se seleccionaron los estudios que brindaran información acerca del consumo de redes sociales en jóvenes, conductas alimentarias de riesgo y consumo de redes sociales asociado a las conductas alimentarias de riesgo considerando de manera inicial los títulos posteriormente los resúmenes y por último la lectura completa de los artículos seleccionados para confirmar la relevancia.
En un tercer momento se realizó el análisis y la síntesis de dichos estudios elaborando tablas utilizando el sistema SING (Scottish Intercollegiate Guidelines Network) agrupando y sintetizando los hallazgos de las variables mencionadas.
Se realizó la redacción del documento considerando el objetivo central del estudio organizando la información por variable y en orden cronológico para resumir posteriormente los hallazgos y las implicaciones para la investigación.
Concepto:
El estudio analiza cómo el uso intensivo de plataformas digitales (Instagram, TikTok, etc.) y la exposición a ideales estéticos influyen en las conductas alimentarias de riesgo (CAR).
Diseño de investigación:
Revisión Bibliográfica de la Literatura.
RESULTADOS
Estudios relacionados:
En este mismo sentido Padín en España, tuvieron como objetivo Identificar las psicopatologías de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, relacionándolo con el uso de las redes sociales (RS). Analizaron 19 artículos científicos del 2011 al 2019; 17 fueron estudios correlacionales y 3 longitudinales. Casi la mitad de los estudios fueron participantes de Estados Unidos, y los restantes de Australia, Canadá, Corea, Tailandia, Inglaterra, Singapur y Países Bajos. 68.4% fueron únicamente muestras femeninas y 6 estudios fueron muestras masculinas. Los estudios tenían un rango de edad entre 10 a 64 años. Dichos estudios fueron seleccionados de bases de datos principales: Web of Science, Scopus, PubMed y PsycINFO. Se identificaron 5 categorías: tiempo dedicado a las redes sociales, uso e interacción a través de las redes sociales, influencia sociocultural, influencia de género, autoestima y satisfacción con la imagen corporal. Los resultados indican una asociación significativa entre el tiempo dedicado a las redes sociales, las interacciones centradas en la imagen, como compartir fotos y buscar «likes», y el aumento de la insatisfacción corporal y síntomas de TCA. Se identificó que la comparación social y la internalización de ideales de delgadez son mecanismos clave que afectan negativamente la autoestima. Los autores concluyen que las RS son un factor de riesgo relevante para el desarrollo y mantenimiento de los TCA, subrayando la necesidad de estrategias preventivas y de futuras investigaciones longitudinales que incluyan muestras más diversas, especialmente hombres y poblaciones clínicas11.
En el año 2021, Ojeda-Martín, tuvieron como objetivo tratar de comprobar si existe una relación entre el uso de redes sociales y el riesgo de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. Realizaron un estudio transversal correlacional con una encuesta anónima online en 108 jóvenes españoles de 18 a 30 años. A través de la prueba EAT-26, se determinó que tanto la alta frecuencia de uso como las experiencias negativas en plataformas digitales incrementan significativamente el riesgo de desarrollar estos trastornos. Los resultados mostraron, en cuanto a la edad y el riesgo de padecer TCA, una relación significativa inversa entre esa variable y el riesgo global de padecer trastornos (p = .001). En cuanto al IMC, se encontró una relación directa con la subescala de bulimia (p = .024) y una relación inversa entre el IMC y el control oral. Asimismo, encontraron una relación directa entre el uso de redes sociales y el riesgo global de padecer trastornos de la conducta alimentaria (p = .028), resaltando que los jóvenes de menor edad son más vulnerables y que Twitter, debido a su menor control de contenidos, presenta una asociación de riesgo mayor que otras redes sociales. El estudio concluye que las redes sociales son un factor de riesgo relevante que requiere mayor vigilancia e investigación12.
En España, Pérez y Morales, en el año 2022 tuvieron como finalidad dar a conocer como es el uso de las redes sociales y el riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes de ambos sexos durante la pandemia de COVID-19, así como factores asociados en el autoestima y satisfacción corporal, en una muestra de 245 adolescentes de 12 a 18 años. Los principales hallazgos mostraron que el 16.7% presentaban riesgo, el 25.7% tienen autoestima baja y el 42.4% satisfacción corporal baja. El sexo se relaciona de manera estadistamente significativa, siendo las mujeres las que presentan mayor riesgo de TA, menor satisfaccion corporal y autoestima baja. En este sentido, también se mostró que un mayor tiempo y un uso más activo en estas plataformas se asocian significativamente con un incremento en el riesgo de trastornos alimenticios, así como con una disminución en la autoestima y la satisfacción con la imagen corporal, principalmente en mujeres. El artículo concluye que el entorno digital actual, exacerbado por el confinamiento, actuó como un factor de vulnerabilidad que requiere intervenciones preventivas inmediatas para proteger el desarrollo saludable de los jóvenes13.
En Estados Unidos, en 2023, Xu investigó cómo 42 jóvenes de 18 a 26 años de Estados Unidos e India, con el objetivo de entender cómo los jóvenes navegan la información sobre salud y alimentación, centrándose en evidencias autodeclaradas con trastornos de la alimentación, además del efecto o la influencia cultural. El estudio tuvo 4 fases de recolección de datos: fase 1, revisión de la literatura; fase 2, etnografía presencial; y fase 3, síntesis de datos y entrevistas de seguimiento, logrando con ello identificar en qué información confían y por qué, y cómo las culturas de salud moldean sus trayectorias, encontrando que la confianza se deposita en creadores «afines», los cuales tienen el mismo cuerpo y mentalidad, por encima de expertos científicos. Los autores revelan que los usuarios persiguen «la buena vida», una apariencia de salud holística y sin esfuerzo que a menudo encubre conductas alimentarias desordenadas bajo un lenguaje de bienestar aceptable. El artículo concluye que las redes sociales actúan como un espejo de presiones culturales profundas y que los jóvenes evalúan la veracidad de la información mediante la experimentación directa en sus propios cuerpos, ignorando la probabilidad científica14.
En 2023, Lerman, en Estados Unidos, analiza el crecimiento de las comunidades pro-trastornos alimentarios en Twitter bajo el marco de la radicalización en línea, utilizando una base de datos de más de 2.5 millones de publicaciones. Se buscaron palabras claves en twitter relacionadas a trastornos alimenticios, realizando un análisis acerca de los términos que promovieron dichas conductas, por ejemplo, el término thinspo, pro-ana y pro-mia, los cuales se refieren trastornos alimenticios como la inspiración delgada (thinspo), anorexia (pro-ana), bulimia (pro-mia) entre otros. Después examinaron los resultados y buscaron ketodiet, weigthloss (pérdida de peso) y términos que favorecen la cultura anti dietética, utilizando en una larga lista de términos recolectada en twitter que describen perfiles, imágenes y contenido acerca de trastornos alimenticios y son utilizadas también como hashtags, evadiendo los términos establecidos, ya que promueven conductas dañinas. Utilizaron métodos que describen el análisis de las conversaciones acerca de los trastornos alimenticios en la dinámica social en línea. Los investigadores demuestran que estas comunidades se integran sutilmente en temas de salud y fitness, atrapando a usuarios vulnerables en cámaras de eco donde se normalizan conductas extremas bajo una apariencia de apoyo emocional y positividad. El estudio concluye que el uso de modelos de inteligencia artificial para la moderación de contenido es una estrategia clave para mitigar el impacto de estas redes y proteger la salud mental de los jóvenes15.
En 2024, en Perú, Céspedes et al. Analizaron cómo la adicción a las redes sociales se vincula con el riesgo de trastornos alimentarios en 388 universitarios, cuyas edades oscilaban entre los 18 a 27 años. Utilizaron un diseño no experimental de tipo transversal, se realizó un muestreo no probabilístico por conveniencia. Como resultados, se encontró el uso excesivo de redes sociales (M=13.8) y la obsesión por las redes sociales (M=11.7); se encontraron correlaciones entre el uso de redes sociales y la obsesión con las mismas con bulimia y preocupación por la comida (rho=.337; p<.01). Los hallazgos mostraron que niveles altos de obsesión y falta de control en el uso de redes sociales se asocian significativamente con conductas de bulimia y una excesiva preocupación por la comida. Además, resalta que las mujeres son más propensas a realizar dietas restrictivas influenciadas por los estándares de belleza digitales16.
En Pakistán, Anjum, en el año 2024, tuvo como objetivo examinar la prevalencia del uso de las redes sociales y el impacto en el desarrollo académico y el bienestar, además de examinar las diferencias de estudiantes hombres y mujeres. La población del estudio estuvo compuesta por 329 estudiantes entre 14 a 18 años, analizando posteriormente en SPSS versión 25, encontrando en su mayoría jóvenes de 17 años; del total de la muestra, 56% eran mujeres que utilizaban principalmente el Tik Tok e Instagram y, por último, Facebook, encontrando una correlación negativa de (-0.046) en el nivel de impacto de las redes sociales en el rendimiento académico. Concluyendo que las redes sociales pueden ofrecer recursos educativos y apoyo social, pero su uso excesivo se asocia con una disminución leve en el rendimiento académico y alteraciones en el sueño. El estudio resalta que no existe un impacto negativo inherente al bienestar por el simple uso de internet, sino que los resultados dependen de los hábitos de consumo individuales, destacando la mediación de madres y docentes para fomentar un equilibrio saludable17.
Los autores Hidalgo y Silva, en el año 2024, en Ecuador, tuvieron como objetivo evaluar el riesgo de la conducta alimentaria y el estado nutricional en adolescentes de la Unidad Educativa Los Arrayanes en el 2023. La muestra fue conformada por 52 adolescentes mujeres de 14 a 17 años, a las cuales se les realizaron evaluaciones antropométricas y se les aplicó el cuestionario EAT-40. Se determinó que, aunque el 86,54% de las jóvenes tenía un peso normal, el 13.46% tenía sobrepeso y casi una cuarta parte (23,1%) presentaba conductas de riesgo para desarrollar un TCA, manifestando preocupaciones excesivas por la grasa corporal y el control de la ingesta. Debido a que no se halló una relación significativa entre el IMC y el riesgo psicológico, los autores concluyen que es imperativo implementar programas de prevención temprana y seguimiento escolar que aborden la salud mental y la imagen corporal, independientemente del estado nutricional físico de las estudiantes2.
En relación con las redes sociales, en 2025, García y Quiles, en España, se centraron en analizar la relación entre las conductas alimentarias de riesgo, ansiedad e insatisfacción corporal con el uso de las redes sociales. Utilizarán una muestra de 144 participantes residentes en España, 53 hombres y 91 mujeres, con un promedio de edad de 23 años. Utilizaron los cuestionarios EAT-26, Body Shape Questionnaire (BSQ), State-Trait Anxiety Inventory (STAI), Test de Adicción a las Redes Sociales (TARS). Los participantes reportaron que el 93.5% de los participantes usaron WhatsApp muy frecuentemente, el 90.4% usaban Instagram, 58.3% YouTube y el 44.45 TikTok. El 92.4% refiere utilizar las redes sociales para comunicarse y el 63.9% para ver fotos de gente. Se observó que el 52.1% de los participantes visitan perfiles y cuentas relacionadas con alimentación saludable, el 66.6% afirma que antes de subir una nueva publicación revisa que su figura y su rostro se vea bien en la foto. Los autores determinaron que redes como Instagram y TikTok fomentan la comparación social, lo que se relaciona directamente con la insatisfacción corporal, la ansiedad y el riesgo de desarrollar trastornos alimentarios, especialmente en las mujeres. El estudio concluye que la exposición constante a estándares de belleza irreales en estas plataformas influye negativamente en la autopercepción de los jóvenes, alterando sus hábitos de vida18.
En 2025, Casanova-Garrigós En España realizaron un estudio observacional descriptivo, evaluando variables cuantitativas y cualitativas relacionadas con los hábitos alimentarios, el uso de las redes sociales, autoestima e imagen corporal. Su muestra estuvo compuesta por 115 estudiantes de 12 a 17 años en un colegio en Córdoba, España. Los resultados refieren una alarmante prevalencia de riesgo de TCA (43.5%), ligada al uso excesivo de plataformas digitales, considerando en ello más de 3 horas diarias, generando con ello baja autoestima e insatisfacción con la imagen corporal, siendo el 54% de este grupo mujeres. La investigación concluye que las redes sociales exacerban la vulnerabilidad de los jóvenes al promover estándares estéticos inalcanzables, subrayando la necesidad urgente de programas educativos que fortalezcan el autoconcepto y la capacidad crítica frente al contenido digital para prevenir el desarrollo de patologías alimentarias en etapas tempranas19.
En relación con las conductas alimentarias de riesgo en Colombia, el estudio de Mercado et al. (2022) se centró en analizar la relación entre síntomas internalizados y riesgo de trastornos de la conducta alimentaria en una muestra de 791 adolescentes entre 14 a 19 años de Sincelejo-Sucre, Colombia. Mediante un diseño cuantitativo, correlacional y transversal, se identificó que 61% de adolescentes masculinos con un nivel socioeconómico medio bajo (34.8%), medio (18.7%) y medio alto (25.7%). Además, se clasificaron por tipo de colegio: 69,3% público y 30,7% privado. El 32.7% presentro riesgo de presentar trastorno de la conducta alimentaria, sin diferencias significativas por sexo o tipo de institución educativa. Los resultados mostraron una asociación positiva entre el riesgo de TCA, los síntomas depresivos y de ansiedad generalizada, mientras que la ansiedad social no se encontró relevancia significativa. Los hallazgos resaltan la importancia de integrar la evaluación de la salud emocional en la detección temprana de TCA y de desarrollar estrategias preventivas orientadas al bienestar mental de los adolescentes20.
La revisión narrativa, descriptiva y cualitativa de Ruiz et al. en España (2022), “Autoestima, imagen personal y acoso escolar en los trastornos de la conducta alimentaria”, tuvo como objetivo describir los términos antes mencionados, realizando un análisis crítico de la relación entre la baja autoestima, la insatisfacción con la imagen corporal y el acoso escolar como precursores de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). A través de esta revisión bibliográfica, se destaca que las víctimas de acoso y burlas relacionadas con el peso tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar conductas alimentarias alteradas, con efectos que pueden persistir hasta la edad adulta. El estudio concluye que las intervenciones escolares multisesión promueven el pensamiento crítico y una imagen corporal flexible, lo cual puede ayudar a desarrollar herramientas eficaces y necesarias para reducir la incidencia de los TCA y mejorar la resiliencia psicológica de los adolescentes21.
En el 2022, Etchegaray y Bustos evaluaron la asociación de los hábitos alimentarios, conductas alimentarias familiares, estilos de vida y percepción del estado nutricional con el riesgo de sobrepeso y obesidad en niños adolescentes durante la pandemia por COVID-19 en Chile. Realizaron un estudio transversal considerando una muestra inicial de 1081 niños y adolescentes de 2 a 18 años, obtuvieron posteriormente una submuestra de 661 que sus padres reportaron peso y estatura para la evaluación del estado nutricional, encontrando una alta prevalencia de malnutrición por exceso (37,5%). Dormir las horas recomendadas y mantener conductas alimentarias familiares saludables actuaron como factores protectores (49,9%) respectivamente. Mientras que la percepción distorsionada del estado nutricional (OR 4,5) y el aumento de peso (OR 8,5) percibido por los padres incrementaron significativamente el riesgo. Los resultados y conclusiones subrayan la importancia del entorno familiar y la percepción parental en la prevención del sobrepeso y obesidad infantil22.
En México, el estudio de Escobar et al. (2023) analizó la relación entre resiliencia y conductas alimentarias de riesgo en una muestra de 201 mujeres jóvenes mexicanas entre 18 a 25 años, considerando únicamente mujeres que no tuvieran trastornos de la conducta alimentaria diagnosticada. El promedio de edad fue de 22 años y acudieron de manera voluntaria; la mayoría contaba con licenciatura (82,2%) y 79,2% tenía nivel socioeconómico medio-alto. A través del uso de instrumentos EAT-26 y RESI-M, el estudio encontró que mayores niveles de resiliencia están asociadas con menor presencia de conductas alimentarias de riesgo, como dieta restrictiva, preocupación por la comida y conductas bulímicas. Las participantes tuvieron alta fortaleza y confianza en asimismo (M=3,4), así como altos niveles de competencia social (M=3,2) y apoyo familiar (M=3,5). Los resultados sugieren que dichos factores funcionan como elementos protectores. El estudio concluye que fortalecer la resiliencia puede ser una estrategia efectiva de prevención de trastornos de la conducta alimentaria en mujeres jóvenes23.
Campos de Aldana et al. en el año 2023, en Colombia, analizaron la relación entre el riesgo de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y el estado nutricional en 471 adolescentes entre 10 y 19 años de edad del colegio público de Bucaramanga. Realizando un estudio descriptivo y transversal, utilizando el test EAT-26 y mediciones antropométricas según la OMS, se encontró que más de una quinta parte de los estudiantes (21,9%) presenta riesgo de TCA; 59,1% se encontraban en estado nutricional normal, 30,4% desea aumentar y 51,1% desea disminuir su peso. En cuanto a la distorsión de la percepción del peso, el 43,3% se perciben con mayor peso al que tienen y 29,5% se perciben con menor peso al que tienen, siendo este riesgo significativamente mayor en jóvenes con obesidad, sobrepeso o desnutrición severa. Los hallazgos resaltan una alta insatisfacción con la imagen corporal y la necesidad urgente de intervenciones preventivas multidisciplinarias que involucren a instituciones educativas y familias, para fomentar hábitos saludables y proteger la salud mental y física de los adolescentes24.
Jóvenes Alimentación y TCA:
En Alemania, Filippone et al. en 2022 estudiaron los procesos psicológicos y alimenticios a través de los cuales se pueden desarrollar conductas alimentarias problemáticas y desarrollo de antojos de comida por el uso de redes sociales. Su muestra fue de 103 adultos jóvenes: 88 mujeres y 15 hombres, cuyas edades oscilaban entre los 18 a 61 años. Respondieron la escala de impulsividad de Barrat, hábitos alimenticios, antojos y tiempo de exposición a redes sociales. Se analizó por SPSS v.26, utilizando estadística descriptiva y análisis de correlación, encontrando correlaciones entre el tiempo de exposición a las redes sociales y las variables alimentarias. Se encontró una relación directa significativa entre la impulsividad cognitiva y las puntuaciones de antojo de comida (p=0.002). En este sentido, la impulsividad cognitiva estaba relacionada de manera positiva con el tiempo de relación a las redes sociales (p=0.02). La impulsividad cognitiva también se relaciona positivamente con la alimentación descontrolada (p<0.001). Mediante modelos de mediación, los autores demostraron que pasar más tiempo en plataformas digitales se asocia con una mayor impulsividad cognitiva, la cual actúa como un puente hacia el desarrollo de antojos intensos por la comida. Además, se observa que la impulsividad puede llevar a las personas a intentar restringir su alimentación voluntariamente, lo que, irónicamente, termina aumentando el deseo irresistible por comer25.
Dumlu et al. en Alemania en el año 2024, tuvieron como objetivo analizar la relación entre el uso de redes sociales, el comportamiento alimentario y el deseo por comer, no por necesidad fisiológica, sino por placer (hambre hedónica), en 860 estudiantes universitarios de entre 18 a 39 años de edad de Turquía. Los resultados revelaron que la red social más utilizada fue Instagram (60,1%) siendo las mujeres quienes pasan más tiempo en redes sociales que los hombres (pag<0.001). Los estudiantes que pasarón más de 2 horas en redes sociales tuvieron un mayor puntaje en la escala de los Efectos de las Redes Sociales en la Conducta Alimentaria que aquellos que pasaron 2 horas o menos al día (pag=0.015). Los autores concluyeron que las redes sociales actúan como un estímulo visual constante que incrementa el deseo por alimentos procesados, sugiriendo la necesidad de intervenciones educativas para mitigar estos efectos en la salud nutricional de la población joven5.
En el año 2025, Aslan tuvo como objetivo examinar la relación entre la adicción a las redes sociales y el hambre hedónica, analizando si el género y la alimentación emocional actuaron como moderadores. Consideró una muestra de 930 estudiantes universitarios en Turquía entre 2023 y 2024, aplicando la Social Media Addiction Scale-Adult Form y la Power of Food Scale. Se realizaron los análisis estadísticos en SPSS, encontrando una relación positiva significativa entre el formulario de la escala de adicciones a las redes sociales y la escala del poder de la comida (B=0,61, pag<0,01). La alimentación emocional moderó significativamente esta relación (B=−0,24, pag<0,01). Los estudiantes que percibían sus conocimientos nutricionales como inadecuados, reportaron hábitos alimentarios desequilibrados o se consideraban con sobrepeso u obesidad mostraron consistentemente puntuaciones más altas en ambas escalas (pag<0,05). Se descubrió que la alimentación emocional modera significativamente esta relación, indicando que las personas que comen en respuesta a sus emociones son más vulnerables a los estímulos alimentarios digitales, mientras que el género no mostró un efecto moderador significativo. El estudio resalta la necesidad de intervenciones que combinen la regulación emocional, la alfabetización nutricional y la conciencia mediática para proteger la salud dietética de los jóvenes adultos frente a la exposición digital.
Las redes sociales y la alimentación:
En China, Zhang et al. en 2021 brindó referencias acerca del manejo y las intervenciones alimentarias del comportamiento relacionados a las redes sociales. Realizó un metaanálisis con estudios entre 2010 y 2020; en el criterio de selección tenía 87 muestras de 22 estudios, utilizando posterior al análisis el modelo de metaanálisis de tercer nivel de métodos aleatorios, encontrando una correlación positiva entre el uso de las redes sociales y los comportamientos alimentarios irregulares r = 0.09 (95% CI: 0.06, 0.11; p < 0.001). Después del análisis de los moderadores, como índice de masa corporal (r = −0.032; 95% CI: −0.058, −0.006; p = 0.019) y (r = 0.089; 95% CI: 0.049, 0.129; p < 0.001). En este sentido, este metaanálisis confirma que el uso excesivo de redes sociales está asociado con un aumento en el desarrollo de conductas alimentarias de riesgo26.
En 2023, el autor Mushtaq realizó un estudio en Pakistán con 350 jóvenes de entre 14 y 25 años, teniendo como objetivo evaluar la prevalencia de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y su relación con la adicción a las redes sociales. Utilizó las escalas EAT-26 y Social Networking Addiction Scale (SNAS), encontrando un 42% para riesgo de TCA y un 41.7% para adicción a redes sociales. Los hallazgos revelan que las oportunidades de tener trastornos de la conducta alimentaria son mayores en jóvenes que viven en lugares separados, fuman y tienen una historia familiar de trastornos alimenticios (p ≤ 0.05). Los resultados mostraron una correlación positiva débil pero significativa entre la adicción a las redes y el desarrollo de TCA (r = 0.133, p ≤ 0.01) y bulimia/preocupación por la comida (r = 0.173, p ≤ 0.001). El estudio subraya la necesidad urgente de intervenciones educativas y de salud pública dirigidas a esta población para promover un uso saludable de los medios digitales27.
Ye, en Estados Unidos, en 2023 realizó una revisión de la literatura donde analizó la relación entre el auge de las redes sociales y el incremento de los trastornos de la conducta alimentaria, especialmente en adolescentes. A través de la revisión de diversos estudios, la autora explica cómo elementos como la comparación social, los estándares de belleza irreales y la búsqueda de validación online fomentan la insatisfacción corporal y conductas de riesgo. Si bien destaca que las plataformas pueden ofrecer apoyo comunitario, concluye que es vital implementar intervenciones de alfabetización mediática y fomentar una mentalidad de crecimiento para proteger la salud mental de los usuarios ante el contenido desencadenante28.
En Kenia, Mulenga et., al en 2023, tuvieron como objetivo explorar la relación entre el uso de redes sociales y el desarrollo de trastornos alimenticios en 282 estudiantes universitarios de Nairobi, Kenia. Mediante pruebas diagnósticas Eating Attitudes Test (EAT-26), Social Networking Usage Scale (SNUS), Brief Resilient Coping Scale (BRC). Se analizaron los resultados en SPSS v. 26 el consumo de redes sociales de menos de 1 hora a la semana tuvo una correlación negativa (-.194, p = .003,); de 1 a 3 horas a la semana tuvo una correlación positiva y significativa (.020, p = .767); de 3 a 5, una relación positiva significativa (.230, p = .000); y > 5 horas tuvo una correlación positiva moderada (.457, p < .001). Se encontró que el uso excesivo de plataformas (>5 horas al día) y la exposición a contenidos de entretenimiento e información sobre dietas aumentan la insatisfacción corporal y las conductas alimentarias de riesgo. Los autores resaltan que aunque plataformas como Twitter e Instagram facilitan la interacción social, también actúan como espacios de comparación constante con estándares de belleza irreales, lo que requiere intervenciones universitarias urgentes enfocadas en la resiliencia y la alfabetización digital29.
En el año 2024, en Estados Unidos, Bickham et al. investigaron la prevalencia de los evasores de moderación en una plataforma de TikTok y lo contrastaron con el uso y valor emocional. Revisaron cómo los usuarios de Tik Tok utilizan hashtags en tendencia, encontrando que los evasores de la moderación aparecen juntos, por lo cual los usuarios pueden entrar de manera inadvertida en el contenido por dichos términos modificados. El objetivo central de dichos evasores de moderación son compartir videos relacionados con trastornos de la conducta alimentaria, evitando así los filtros de la plataforma. Dicho análisis se realizó en más de 14,000 videos y medio millón de comentarios. Por lo cual, en este estudio refleja los resultados que la mayoría del contenido es positivo, pero que las etiquetas evasoras esconden comportamientos de emociones negativas y conductas de riesgo en la alimentación30.
En 2024, Bai et al., en Japón, investigaron las relaciones entre los desórdenes alimenticios y el uso de redes sociales. Relacionaron los desórdenes alimenticios identificando la severidad de sus síntomas; investigaron la relación entre los tipos de desórdenes alimenticios, la frecuencia del uso de redes sociales y el estigma corporal mediante el rol de la autoestima. Tuvieron un total de 564 estudiantes universitarios entre 18 y 22 años de Japón y China. Aplicaron la encuesta EAT-26, la escala para investigar el consumo de redes sociales, la escala de autoestima para adolescentes y adultos, el cuestionario de salud en los pacientes, PHQ-9, y la escala de ansiedad generalizada. En cuanto a los resultados, las mujeres chinas y japonesas tuvieron puntajes mayores en la escala EAT-26; los hombres chinos (M ± SD = 24.51 ± 4.73) y las mujeres (M ± SD = 25.04 ± 5) reportaron puntajes más altos en la escala que evalúa el consumo de redes sociales que la parte japonesa. En cuanto a la escala de estima corporal para adolescentes y adultos, el puntaje fue mayor en hombres chinos (M ± SD = 52.13 ± 10.32) y en mujeres (M ± SD = 50.07 ± 12.45) Que la parte japonesa; en la parte japonesa, los hombres (M ± SD = 39.55 ± 12.04) y las mujeres (M ± SD = 31.83 ± 14.27); y, por último, en la escala de salud no se encontraron diferencias significativas. Los resultados revelaron un aumento significativo en las tendencias de TCA en ambos países en comparación con años anteriores; en China se observó que un uso más intenso estaba vinculado a una mayor estima corporal, actuando como un factor protector31.
En Perú, en 2024, Estrada-Araoz et al. tuvieron como objetivo el determinar la relación entre la adicción que se tiene a las redes sociales y los trastornos alimentarios, realizando un estudio cuantitativo correlacional y transversal de 297 universitarios peruanos seleccionados por muestreo probabilístico, administrando el cuestionario de adicción a redes sociales y la encuesta EAT-26. En cuanto a los resultados, se encontró que el nivel de adicción a las redes sociales de 47.1% fue moderado y 2.1% fue alto; no se encontraron relaciones o asociaciones significativas en relación a las variables sociodemográficas; en relación con los trastornos alimentarios, 23.9% se encuentra en riesgo. En cuanto a la correlación de spearman entre las variables adicción a redes sociales y trastornos alimentarios, fue de 0.295 (P<0.01), lo que indica una relación significativa entre ambas, por lo cual el uso problemático de plataformas digitales está vinculado con una mayor vulnerabilidad hacia trastornos como la anorexia o la bulimia32.
CONCLUSIONES
La revisión de la literatura muestra que el uso de redes sociales se encuentra estrechamente vinculado con la forma en que los jóvenes construyen su percepción corporal y sus prácticas alimentarias. Diversos estudios realizados en contextos culturales distintos coinciden en que la exposición frecuente a contenidos visuales, especialmente en plataformas como Instagram y TikTok, favorece la comparación social y la aceptación de ideales estéticos poco realistas. Esta dinámica se ha relacionado con una mayor insatisfacción corporal, disminución de la autoestima y presencia de conductas alimentarias de riesgo, tales como la restricción alimentaria, la preocupación excesiva por el peso, los atracones y la alimentación guiada por factores emocionales más que por necesidades fisiológicas. Asimismo, se ha identificado que el uso intensivo y problemático de las redes sociales, así como la interacción activa centrada en la imagen y la validación social, incrementan la vulnerabilidad psicológica, particularmente en mujeres jóvenes y población universitaria.
Por otra parte, la evidencia señala que las conductas alimentarias de riesgo no pueden explicarse de manera aislada, sino que responden a la interacción de múltiples factores individuales y sociales. Variables como la ansiedad, los síntomas depresivos, el acoso escolar y la dificultad para pensar antes de actuar (impulsividad cognitiva) aparecen de manera recurrente como elementos que aumentan el riesgo, mientras que el apoyo familiar, la autoestima y el desarrollo de habilidades críticas frente al contenido digital funcionan como factores protectores. En este sentido, las redes sociales pueden actuar como un amplificador de dichas vulnerabilidades al normalizar discursos dañinos bajo el lenguaje del bienestar, el querer estar de buena forma física (fitness) o la autoaceptación, e incluso facilitar el acceso a comunidades que refuerzan conductas alimentarias disfuncionales.
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