Intervenciones no farmacológicas de enfermería para el alivio del dolor y la reducción de la ansiedad durante el parto a término

7 junio 2026

AUTORES

  1. María Blanca Vizán Linés. Enfermera Generalista. Hospital Universitario San Jorge, Huesca. España.
  2. Ángela M. Sánchez Tomás. Enfermera Pediátrica. Hospital Sant Joan de Déu, Barcelona. España.
  3. Sandra Vela Durban. Enfermera Pediátrica. Hospital Universitario Cruces, Bizkaia. España.

 

RESUMEN

El dolor del parto constituye una de las experiencias más intensas y complejas de la vida reproductiva de la mujer, y su inadecuado manejo se asocia con mayor ansiedad, peores resultados obstétricos y menor satisfacción con la experiencia del nacimiento1,6. Las intervenciones no farmacológicas (INF) constituyen un conjunto heterogéneo de técnicas que el profesional de enfermería puede aplicar de forma autónoma o complementaria para aliviar el dolor, reducir la ansiedad y mejorar la experiencia global del parto, sin los efectos adversos asociados a los fármacos3,6. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en sus Recomendaciones para los cuidados durante el parto para una experiencia de parto positiva, avala explícitamente la movilidad, el acompañamiento continuo, el apoyo emocional y el acceso a métodos físicos de alivio del dolor como pilares del parto humanizado1. El presente artículo sintetiza la evidencia más actualizada sobre las INF aplicables durante el parto a término, clasifica las intervenciones según su mecanismo de acción y nivel de evidencia, y define el rol de enfermería en su implementación. Las intervenciones con mayor respaldo científico son la hidroterapia, el masaje terapéutico y la acupresión, seguidas de la musicoterapia, la aromaterapia, las técnicas de relajación y respiración, el apoyo continuo y el uso de recursos posturales como la pelota de parto y las posiciones libres3,5,10,27.

PALABRAS CLAVE

Dolor de parto, ansiedad, intervenciones no farmacológicas, enfermería obstétrica, hidroterapia, masaje, acupresión, musicoterapia, aromaterapia, parto humanizado, OMS.

ABSTRACT

Labour pain is one of the most intense and complex experiences in a woman’s reproductive life, and its inadequate management is associated with increased anxiety, poorer obstetric outcomes and lower satisfaction with the birth experience. Non-pharmacological interventions (NPIs) constitute a heterogeneous set of techniques that nursing professionals can apply autonomously or as a complement to reduce pain, decrease anxiety and improve the overall birth experience without the adverse effects associated with pharmacological analgesia. The World Health Organization (WHO), in its Recommendations for a Positive Childbirth Experience, explicitly endorses mobility, continuous support, emotional support and access to physical pain relief methods as pillars of humanised birth. This article synthesises the most up-to-date evidence on NPIs applicable during term labour, classifies interventions according to their mechanism of action and level of evidence, and defines the nursing role in their implementation. The interventions with the greatest scientific support are hydrotherapy, therapeutic massage and acupressure, followed by music therapy, aromatherapy, relaxation and breathing techniques, continuous support, and postural resources such as the birth ball and free positions.

KEY WORDS

Labour pain, anxiety, nonpharmacological interventions, obstetric nursing, hydrotherapy, massage, acupressure, music therapy, aromatherapy, humanizing birth, World Health Organization.

INTRODUCCIÓN

El dolor durante el trabajo de parto es un fenómeno universal, multidimensional y altamente individual6,30. A diferencia del dolor patológico, el dolor del parto tiene una función biológica —guía el proceso fisiológico del nacimiento mediante señales neurohormonales que coordinan la dinámica uterina, el descenso fetal y la liberación de oxitocina endógena—, pero su intensidad puede superar la capacidad de afrontamiento de muchas mujeres, especialmente en ausencia de preparación y apoyo adecuados1,30. La percepción del dolor está modulada por factores fisiológicos (dilatación cervical, duración del trabajo de parto, posición fetal, paridad), psicológicos (miedo, ansiedad, expectativas previas, experiencias anteriores) y socioculturales (creencias sobre el parto, red de apoyo, entorno asistencial)6.

La ansiedad es el correlato emocional más frecuente del dolor de parto y su relación es bidireccional: la ansiedad amplifica la percepción del dolor a través de la activación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, el aumento del cortisol y las catecolaminas y la vasoconstricción periférica que reduce el flujo uteroplacentario, a su vez, el dolor intenso no controlado incrementa los niveles de ansiedad30. Este ciclo dolor-ansiedad-tensión, descrito por Grantly Dick-Read y confirmado por la neurociencia contemporánea, es el fundamento teórico de muchas de las intervenciones no farmacológicas actuales30.

La analgesia epidural es actualmente el método más efectivo para el alivio del dolor de parto, pero no está exenta de inconvenientes: tasa de fallo del 8,5 %, riesgo de fiebre intraparto, prolongación del período expulsivo, reducción del sentido de control y participación de la mujer, y costes sanitarios elevados6. Ante estas limitaciones, y en consonancia con el movimiento internacional hacia el parto humanizado, las INF han experimentado un notable impulso investigador y clínico en la última década3,7.

La Organización Mundial de la Salud, en sus Recomendaciones para los cuidados durante el parto para una experiencia de parto positiva (2018),1 define la experiencia positiva del parto como aquella que cumple o supera las expectativas personales y socioculturales de la mujer, en un entorno seguro, con apoyo emocional continuo y con participación en la toma de decisiones. En este marco, las INF no son un mero complemento, sino un componente esencial del cuidado1,6.

El profesional de enfermería —y en particular la matrona— ocupa un lugar privilegiado para implementar estas intervenciones, al ser el proveedor de atención continua durante todo el proceso del parto26. Conocer, seleccionar y aplicar con destreza las INF disponibles es, por tanto, una competencia clínica fundamental del personal de enfermería obstétrica7,16.

OBJETIVOS

El objetivo principal de este artículo es revisar y sintetizar la evidencia científica disponible sobre las intervenciones no farmacológicas que el profesional de enfermería puede aplicar para aliviar el dolor y reducir la ansiedad en la gestante a término durante el trabajo de parto.

Los objetivos específicos son:

• Describir los mecanismos neurofisiológicos del dolor y la ansiedad en el parto y su relevancia para las intervenciones no farmacológicas.

• Clasificar y caracterizar las principales INF disponibles en el ámbito obstétrico.

• Revisar la evidencia científica actualizada sobre la eficacia de cada intervención en la reducción del dolor y la ansiedad.

• Definir las consideraciones prácticas para la implementación enfermera de cada INF.

• Identificar las limitaciones de la evidencia actual y las áreas de investigación prioritarias.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa en las bases de datos PubMed/MEDLINE, Cochrane Library, CINAHL, Enfermería Global y SciELO entre enero y abril de 2025. Los descriptores MeSH y DeCS utilizados fueron: «labor pain», «labor anxiety», «non-pharmacological interventions», «obstetric nursing», «hydrotherapy labor», «massage labor», «acupressure labor», «music therapy labor», «aromatherapy labor», «relaxation techniques labor», «continuous support labor», «birth ball», «dolor parto», «ansiedad parto» e «intervenciones no farmacológicas parto». Se incluyeron ensayos clínicos aleatorizados, revisiones sistemáticas, metaanálisis y artículos de revisión publicados entre 2015 y 2025, en inglés o español. Se excluyeron estudios sobre analgesia farmacológica, anestesia regional y poblaciones de alto riesgo obstétrico. Se seleccionaron 35 referencias por relevancia, nivel de evidencia y actualidad. Se consultaron adicionalmente las Recomendaciones de la OMS para los cuidados durante el parto (2018)1 y directrices nacionales de sociedades obstétricas.

DESARROLLO

FUNDAMENTOS NEUROFISIOLÓGICOS DEL DOLOR Y LA ANSIEDAD EN EL PARTO

4.1. Mecanismos del dolor de parto

El dolor del trabajo de parto tiene dos componentes distintos según la fase6. Durante la primera etapa (dilatación), el dolor es predominantemente visceral, generado por las contracciones uterinas y la distensión cervical. Las señales nociceptivas viajan a través de fibras C y Aδ amielínicas por los nervios simpáticos hacia los segmentos torácicos T10-L1, lo que explica la localización hipogástrica, lumbar y en flancos del dolor de dilatación6. Durante la segunda etapa (expulsivo), el componente somático se añade al visceral: la distensión del canal del parto, el periné y los tejidos pélvicos activa fibras somáticas que transmiten el dolor por el nervio pudendo hacia los segmentos S2-S4, produciendo la sensación de presión, ardor y deseo imperioso de pujar6,9.

La Teoría de la Puerta de Control de Melzack y Wall (1965), aunque revisada, sigue siendo el marco de referencia para comprender la modulación del dolor: los estímulos no dolorosos (táctiles, propioceptivos, térmicos) transmitidos por fibras Aβ de mayor velocidad de conducción pueden inhibir la transmisión de señales dolorosas en el asta dorsal de la médula espinal, cerrando la «puerta» al dolor6. Este mecanismo sustenta intervenciones como el masaje, el calor local, la acupresión y el TENS5,8,19. Además, la activación del sistema opioide endógeno mediante técnicas de relajación, respiración profunda y ejercicio aeróbico suave favorece la liberación de beta-endorfinas, encefalinas y dinorfinas con efecto analgésico central4,16.

Relación entre ansiedad y dolor

La ansiedad activa el sistema nervioso simpático y el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, con liberación de catecolaminas que producen vasoconstricción de los vasos uterinos, reducción del aporte de oxígeno al miometrio, mayor duración e irregularidad de las contracciones y aumento de la percepción del dolor30. Este ciclo vicioso puede perpetuarse y desembocar en un trabajo de parto disfuncional. Inversamente, la reducción de la ansiedad mediante el apoyo continuo, la información, la sensación de control y las técnicas de relajación activa el sistema parasimpático, facilita la liberación de oxitocina endógena y beta-endorfinas, y mejora tanto el bienestar subjetivo como los resultados obstétricos objetivos1,2,4.

Relevancia a las 39 semanas

A las 39 semanas de gestación, el feto ha alcanzado la madurez óptima de todos sus sistemas orgánicos, minimizando los riesgos neonatales1. Las INF no plantean riesgos para la madurez fetal ni interfieren con la dinámica uterina en condiciones normales, lo que las hace especialmente adecuadas en este contexto de parto de bajo riesgo a término6,16.

CLASIFICACIÓN DE LAS INTERVENCIONES NO FARMACOLÓGICAS:

Las INF aplicables durante el parto pueden agruparse en cinco categorías según su mecanismo de acción principal:3,6

• Intervenciones físicas y térmicas: hidroterapia, termoterapia, crioterapia, masaje terapéutico, reflexología, pelota de parto y posiciones libres5,10,19.

• Técnicas de estimulación de puntos: acupresión y auriculoterapia17,27.

• Intervenciones mente-cuerpo: técnicas de respiración, relajación muscular progresiva, visualización guiada, yoga, hipnosis y mindfulness4,14,21,22.

• Terapias sensoriales: musicoterapia y aromaterapia13,15,18.

• Intervenciones relacionales y contextuales: apoyo continuo, presencia terapéutica, comunicación efectiva y humanización del entorno2,26.

DESCRIPCIÓN Y EVIDENCIA DE LAS PRINCIPALES INTERVENCIONES:

Hidroterapia: inmersión en agua y ducha caliente

La hidroterapia consiste en el uso de agua caliente —en forma de ducha, bañera de inmersión o piscina de parto— durante el trabajo de parto10. Su mecanismo de acción es múltiple: el calor del agua reduce el espasmo muscular, favorece la vasodilatación periférica, disminuye la producción de catecolaminas, actúa sobre los receptores térmicos cutáneos generando un efecto de «puerta de control» sobre los estímulos dolorosos, y el efecto de flotación reduce la carga gravitacional sobre la pelvis y columna, aliviando la percepción del dolor lumbar10,12,20.

La evidencia respalda firmemente la hidroterapia. Las revisiones sistemáticas Cochrane y los metaanálisis más recientes demuestran que la inmersión en agua durante la primera etapa del parto se asocia con reducción significativa de la intensidad del dolor en la escala visual analógica (EVA), menor uso de analgesia epidural, mayor satisfacción materna y menor ansiedad, sin incremento de complicaciones maternas ni neonatales10,28. La temperatura del agua debe mantenerse entre 36 y 37,5 °C para evitar hipertermia materna o fetal10,20.

El papel de enfermería incluye: valorar la idoneidad de la paciente, preparar y mantener la temperatura correcta del agua, asegurar la privacidad y comodidad de la mujer, monitorizar periódicamente la frecuencia cardíaca fetal y los signos vitales maternos, y acompañar a la mujer durante la inmersión10,26.

Masaje terapéutico y reflexología:

El masaje durante el trabajo de parto consiste en la manipulación sistemática de los tejidos blandos —principalmente espalda, zona lumbo-sacra, hombros, cuero cabelludo y extremidades— para reducir la tensión muscular, mejorar la circulación local, estimular la liberación de endorfinas y activar el mecanismo de la puerta de control a nivel medular5,8. La revisión sistemática Cochrane de Smith et al. incluyó estudios que demostraron una reducción estadísticamente significativa de la intensidad del dolor en la fase de dilatación en el grupo de masaje frente al grupo control de atención estándar5. El masaje sacro es especialmente eficaz para el dolor de la primera etapa del parto, que se manifiesta predominantemente en la región lumbar8. El masaje perineal durante el expulsivo se asocia además con menor riesgo de desgarro y episiotomía5.

Desde la perspectiva enfermera, el masaje es una intervención directamente accesible, sin necesidad de equipamiento especial ni formación avanzada más allá de una capacitación básica7,26. La enfermera puede enseñar técnicas sencillas al acompañante de la mujer para que pueda aplicarlas de forma continua, extendiendo así el beneficio de la intervención más allá de los momentos de presencia directa del profesional2,16.

Acupresión:

La acupresión es una técnica procedente de la medicina tradicional china que consiste en aplicar presión manual sostenida sobre puntos específicos del cuerpo sin el uso de agujas17,27. Los puntos más estudiados durante el parto son el punto Bazo 6 (SP6), el punto Intestino Grueso 4 (LI4 o Hegu) y el punto Vejiga 32 (BL32)17,27.

Varios ensayos clínicos aleatorizados y metaanálisis han demostrado que la acupresión en el punto SP6 durante las contracciones reduce significativamente la intensidad del dolor y la ansiedad en la primera etapa del parto, en comparación con la presión en puntos falsos o la atención estándar17,27. El metaanálisis en red de Hu et al3. situó la acupresión entre las INF con mayor eficacia para el manejo del dolor de parto. La presión en SP6 se aplica con el pulgar durante 1-3 minutos en cada contracción, bilateralmente, con una presión de intensidad moderada-fuerte pero tolerable para la mujer17.

La acupresión puede ser aplicada por el profesional de enfermería tras una formación específica relativamente breve, o bien enseñada al acompañante de la mujer26. Es una intervención de bajo coste, sin efectos adversos documentados en gestantes a término y aplicable en cualquier posición17.

Calor local y crioterapia:

La aplicación de calor local —mediante compresas calientes, bolsas de agua caliente o mantas térmicas— actúa de forma similar al componente térmico de la hidroterapia, pero de modo más localizado y sencillo de aplicar19. Varios ensayos clínicos aleatorizados han demostrado que la compresa caliente reduce significativamente la duración del trabajo de parto, la intensidad del dolor y el traumatismo perineal19. La temperatura de la compresa debe mantenerse entre 40 y 45 °C, con interposición de una tela para evitar quemaduras19.

La crioterapia —aplicación de frío local— ha mostrado evidencia preliminar en la reducción del dolor lumbar durante las contracciones. El metaanálisis de Shirvani y Ganji demostró que la aplicación de compresas frías en la zona lumbo-sacra reduce la intensidad del dolor en la escala EVA de forma significativa7. La combinación de calor y frío de forma alterna puede ser especialmente efectiva en algunas mujeres19.

Pelota de parto y posiciones libres:

La pelota de parto o fitball permite a la mujer adoptar posiciones verticales o semivertebrales con apoyo, facilitando la movilidad pelviana, la rotación fetal y el descenso de la presentación, y reduciendo la presión sobre la columna lumbar9. Su uso durante el trabajo de parto se ha asociado con reducción del dolor, menor duración de la primera etapa, mayor satisfacción materna y menor tasa de episiotomía9.

Las posiciones libres y la movilidad activa durante el parto son recomendadas explícitamente por la OMS1. La posición vertical favorece el descenso fetal por acción de la gravedad, mejora la oxigenación uteroplacentaria y reduce la compresión aortocava9. La posición en cuadrupedia es especialmente eficaz para aliviar el dolor lumbar posterior causado por la presentación occipitoposterior, muy frecuente al inicio del trabajo de parto9.

El papel de enfermería es facilitar y promover activamente la movilidad, retirar barreras físicas innecesarias y orientar a la mujer y su acompañante sobre las posiciones disponibles y sus beneficios26.

Técnicas de respiración y relajación:

Las técnicas de respiración consciente y relajación muscular progresiva actúan principalmente sobre el componente ansioso del dolor4. La respiración lenta y diafragmática activa el sistema nervioso parasimpático, reduce la frecuencia cardíaca y la presión arterial, disminuye la producción de cortisol y catecolaminas, y favorece un estado de calma que interrumpe el ciclo dolor-tensión-ansiedad4,30. La revisión sistemática Cochrane de Smith et al. sobre técnicas de relajación para el manejo del dolor en el parto, que incluyó 15 ensayos clínicos con 1.731 mujeres, mostró que la relajación, el yoga y la musicoterapia pueden reducir la intensidad del dolor4. La hipnosis prenatal ha mostrado resultados prometedores en la reducción del uso de analgesia y en la mejora de la experiencia subjetiva del parto21.

Estas técnicas se pueden enseñar durante el período prenatal en las sesiones de preparación al parto y reforzarse durante el trabajo de parto16,22. El mindfulness ha demostrado reducir la catastrofización del dolor y mejorar la tolerancia al mismo en estudios recientes4.

Musicoterapia:

La musicoterapia durante el parto consiste en la escucha de música seleccionada —preferentemente por la propia mujer— durante el trabajo de parto13,18. Sus mecanismos de acción incluyen la distracción cognitiva del estímulo doloroso, la activación del sistema de recompensa dopaminérgico, la reducción de la actividad del eje HPA y la modulación emocional positiva13,18. La revisión sistemática de Smith et al. mostró una reducción significativa de la intensidad del dolor durante la fase latente del parto en el grupo de música frente al grupo control4. Otros estudios han demostrado reducción de la ansiedad medida mediante el STAI y mayor satisfacción con la experiencia del parto18. La musicoterapia es especialmente efectiva como complemento de otras INF16.

La implementación por parte de enfermería es sencilla: preparar con antelación una lista de reproducción personalizada con la mujer, facilitar los equipos de audio necesarios y evaluar periódicamente el efecto de la intervención26.

Aromaterapia:

La aromaterapia consiste en el uso de aceites esenciales —principalmente mediante inhalación o aplicación tópica diluida— con fines terapéuticos15,29. Los aceites más estudiados en el contexto del parto son la lavanda, el jazmín, la salvia romana, la bergamota y el incienso15,29. Un metaanálisis de 2023 que incluyó 14 ensayos clínicos aleatorizados demostró una reducción estadísticamente significativa de la intensidad del dolor en las distintas fases del trabajo de parto15,24. En el ámbito de la ansiedad, los estudios incluidos en diversas revisiones sistemáticas respaldan un beneficio en la reducción de la ansiedad15,25. El aceite de lavanda inhalado es el que cuenta con mayor evidencia acumulada29.

La implementación enfermera requiere formación básica en aromaterapia, conocimiento de los aceites contraindicados en el embarazo y verificación de posibles alergias15. La inhalación directa mediante un difusor o compresas impregnadas es la vía más segura y práctica29.

Apoyo continuo y presencia terapéutica:

El apoyo continuo durante el parto —definido como la presencia ininterrumpida de una persona de apoyo que ofrece soporte emocional, información, guía física y defensa de la mujer— es la intervención con el mayor nivel de evidencia de entre todas las INF2. La revisión Cochrane de Bohren et al., que incluyó 27 ensayos clínicos con más de 15.000 mujeres, demostró que el apoyo continuo se asocia con reducción significativa del uso de analgesia, menor tasa de cesárea y parto instrumental, duración más corta del trabajo de parto, mayor satisfacción materna y mejores resultados neonatales2. La OMS lo clasifica como una recomendación fuerte1.

Las funciones del apoyo continuo incluyen: proporcionar información clara y adaptada en cada fase del parto, validar y normalizar las emociones de la mujer, ofrecer presencia física reconfortante, facilitar el acceso a las INF disponibles, abogar por los deseos de la mujer ante el equipo sanitario y fomentar la participación activa de la mujer en las decisiones2,26.

Realidad virtual:

La realidad virtual (RV) es una intervención emergente que consiste en la inmersión sensorial en entornos digitales tridimensionales mediante gafas o cascos de RV, que generan una distracción cognitiva potente capaz de reducir la atención al estímulo doloroso11,23. Una revisión integradora publicada en Pain Management Nursing en 2024, que sintetizó los resultados de 10 ensayos clínicos aleatorizados, demostró la eficacia consistente de la RV en la reducción del dolor de parto y, en menor medida, de la ansiedad23. Su uso está contraindicado en mujeres con epilepsia fotosensible, náuseas intensas o claustrofobia23.

ROL DE ENFERMERÍA EN LA IMPLEMENTACIÓN DE LAS INTERVENCIONES NO FARMACOLÓGICAS:

El profesional de enfermería es el agente central en la implementación de las INF durante el parto26. Su rol abarca cuatro dimensiones fundamentales:7,16

• Dimensión evaluadora: Valorar de forma individualizada y continua el nivel de dolor (mediante escalas validadas como la EVA o la Escala Numérica), el nivel de ansiedad, las preferencias y expectativas de la mujer, el progreso del trabajo de parto y la respuesta a las intervenciones aplicadas3,26.

• Dimensión educativa y de preparación prenatal: Informar a la mujer y su acompañante, durante las visitas prenatales y las sesiones de educación maternal, sobre las INF disponibles, su mecanismo de acción, su evidencia y cómo solicitarlas durante el parto16.

• Dimensión terapéutica: Aplicar directamente las INF (masaje, acupresión, calor local, guía de respiración y relajación, etc.), facilitar el acceso a los recursos disponibles (bañera, pelota, música) y coordinar la participación del acompañante en las INF5,10,17.

• Dimensión organizativa y de defensa: Crear un entorno favorecedor (iluminación tenue, temperatura adecuada, privacidad, reducción de ruidos e interrupciones), abogar por los derechos y preferencias de la mujer en el equipo multidisciplinar, y promover el parto humanizado en la cultura organizativa de la unidad1,26.

La implementación efectiva de las INF requiere superar barreras identificadas en la literatura: falta de formación específica del personal, elevada carga de trabajo, cultura organizativa centrada en la medicalización y ausencia de recursos materiales7,26. La formación continuada, la simulación clínica y el liderazgo de matronas comprometidas con el parto humanizado son los principales motores del cambio7.

DISCUSIÓN

La revisión de la evidencia disponible confirma que las intervenciones no farmacológicas son herramientas eficaces, seguras y accesibles para el alivio del dolor y la reducción de la ansiedad durante el parto a término3,6. Su implementación está respaldada por las principales organizaciones internacionales de salud y es coherente con el paradigma del parto humanizado y el enfoque de derechos de la mujer en la atención obstétrica1.

El masaje terapéutico, la acupresión y la hidroterapia son las intervenciones con mayor respaldo científico en términos de reducción del dolor medido objetivamente3,5,10,27. El apoyo continuo es la intervención con mayor impacto global, al mejorar simultáneamente el dolor, la ansiedad, la satisfacción materna y los resultados obstétricos2. Las técnicas de relajación y respiración, la musicoterapia y la aromaterapia muestran resultados positivos, especialmente en la reducción de la ansiedad, aunque con niveles de evidencia más variables4,15,18. La realidad virtual representa la innovación más prometedora de los últimos años23.

Una limitación relevante de la evidencia actual es la heterogeneidad metodológica de los estudios: variabilidad en los protocolos de intervención, en los instrumentos de medida del dolor y la ansiedad, en las fases del parto evaluadas y en las características de las poblaciones estudiadas3,7. Los estudios de metaanálisis en red, como el de Hu et al.,3 representan avances metodológicos importantes para comparar la eficacia relativa de distintas intervenciones.

Desde una perspectiva práctica, la eficacia de las INF no es universal: la respuesta individual es altamente variable y está condicionada por factores como la paridad, la cultura, las expectativas previas, la intensidad del trabajo de parto y las preferencias personales6. La individualización del plan de cuidados y la combinación de varias INF —por ejemplo, hidroterapia + música + apoyo continuo— puede ser más efectiva que cualquier intervención aislada16.

 

CONCLUSIONES

Las intervenciones no farmacológicas constituyen un componente esencial e insustituible del cuidado enfermero durante el parto a término. Las conclusiones principales de esta revisión son:

• El masaje terapéutico, la acupresión y la hidroterapia son las INF con mayor nivel de evidencia para la reducción del dolor de parto, el apoyo continuo es la intervención con mayor impacto global sobre el bienestar materno y los resultados obstétricos2,3,5,10.

• La musicoterapia y la aromaterapia son intervenciones seguras, accesibles y efectivas especialmente en la reducción de la ansiedad durante la primera etapa del parto, el aceite de lavanda es el más estudiado y respaldado4,15,18,29.

• Las técnicas de respiración, relajación y visualización interrumpen el ciclo dolor-ansiedad-tensión y mejoran la capacidad de afrontamiento de la mujer, su enseñanza prenatal potencia su efectividad intraparto4,16,22.

• Las posiciones libres, la movilidad activa y el uso de la pelota de parto son recomendadas por la OMS y tienen un respaldo creciente en la literatura, el profesional de enfermería debe promoverlas activamente y eliminar las barreras físicas y organizativas que las dificultan1,9.

• La realidad virtual es una innovación prometedora con evidencia emergente positiva, su implementación en unidades obstétricas requiere inversión, protocolos específicos y formación del personal23.

• La individualización del plan de cuidados, la valoración continua de la respuesta y la combinación de varias INF son más efectivas que la aplicación aislada de una única técnica3,16.

• La formación específica en INF, la creación de protocolos institucionales y el liderazgo enfermero comprometido con el parto humanizado son los principales factores de cambio para garantizar el acceso real de todas las mujeres a estas intervenciones7,26.

CONFLICTO DE INTERESES

Los autores declaran no tener conflicto de intereses.

FINANCIACIÓN

Este trabajo no ha recibido financiación específica.

 

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