Síndrome de Down: una revisión científica y sanitaria

29 junio 2026

 

AUTORES

  1. Esmeralda Lobera Salvatierra. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud, Aragón. España.
  2. María Dolores Azagra Sierra. TCAE en el Servicio Aragonés de Salud, Aragón. España.
  3. Azucena Palomo Gracia. TCAE en el Servicio Aragonés de Salud, Aragón. España.
  4. Eduardo Manuel Morales Collado. Enfermero en el Servicio Aragonés de Salud, Aragón. España.
  5. María Salud Bernad Bordas. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud, Aragón. España.
  6. Ursula Rodenas Ferrando. Médico en Atención Primaria en el Servicio Aragonés de Salud, Aragón. España.

 

RESUMEN

El síndrome de Down (SD) es la aneuploidía autosómica más frecuente en humanos y uno de los principales factores genéticos asociados a discapacidad intelectual de origen conocido. Se caracteriza por la presencia de una copia extra completa o parcial del cromosoma 21 y se asocia con manifestaciones clínicas multisistémicas, que van desde retraso del desarrollo y rasgos dismórficos hasta cardiopatías congénitas y mayor predisposición a enfermedades autoinmunes.

PALABRAS CLAVE

Síndrome de Down, alteración cromosómica, aneuploidia autosómica.

ABSTRACT

Down syndrome (DS) is the most common autosomal aneuploidy in humans and one of the main genetic factors associated with intellectual disability of known origin. It is characterized by the presence of a complete or partial extra copy of chromosome 21 and is associated with multisystemic clinical manifestations, ranging from developmental delay and dysmorphic features to congenital heart defects and an increased predisposition to autoimmune diseases.

KEY WORDS

Down syndrome, chromosomal abnormality, autosomal aneuploidy

DESARROLLO DEL TEMA

El síndrome de Down (SD) es la aneuploidía autosómica más frecuente en humanos y uno de los principales factores genéticos asociados a discapacidad intelectual de origen conocido. Se caracteriza por la presencia de una copia extra completa o parcial del cromosoma 21 y se asocia con manifestaciones clínicas multisistémicas, que van desde retraso del desarrollo y rasgos dismórficos hasta cardiopatías congénitas y mayor predisposición a enfermedades autoinmunes. La identificación precoz, los programas de intervención temprana y el manejo integral de las comorbilidades han mejorado sustancialmente el pronóstico y la calidad de vida de las personas con SD en las últimas décadas. Este artículo proporciona una revisión científica actualizada sobre los aspectos clínicos, genéticos, fisiopatológicos, diagnósticos y terapéuticos del SD.

Epidemiología:

La prevalencia del SD varía geográficamente y con la edad materna, pero en general se sitúa en torno a 1 por cada 700–1 000 nacidos vivos en poblaciones diversas.1 El principal factor de riesgo es la edad materna avanzada; sin embargo, más de la mitad de los casos ocurren en mujeres menores de 35 años debido a la mayor fertilidad de este grupo etario.2 La mayoría de los casos de SD son esporádicos, aunque existe un pequeño porcentaje atribuido a translocaciones heredadas.

Bases genéticas y fisiopatología:

Trisomía 21 y variants genéticas:

El SD clásico resulta de la trisomía libre del cromosoma 21 en aproximadamente el 95 % de los casos. Este exceso de material genético altera la expresión de múltiples genes localizados en el cromosoma 21, lo que desencadena una compleja cascada de efectos moleculares y celulares que impactan en el desarrollo embrionario y en la función de diversos órganos y sistemas. Otros mecanismos incluyen translocaciones Robertsonianas y casos raros de mosaicismo donde coexisten líneas celulares con 46 y 47 cromosomas.1

Los genes del cromosoma 21 codifican proteínas implicadas en el desarrollo neural, la señalización sináptica, la respuesta oxidativa y la regulación del ciclo celular. Ejemplos incluyen DYRK1A, involucrado en la proliferación neuronal y funciones cognitivas, y APP, precursor de la proteína beta amiloide asociada con la enfermedad de Alzheimer. La sobreexpresión de algunos de estos genes se relaciona con el fenotipo cognitivo y con la aparición temprana de patología neurodegenerativa tipo Alzheimer en adultos con SD.3

Mecanismos celulares y consecuencias:

A nivel celular, la presencia de material genético extra altera procesos homeostáticos básicos:

  • Estrés oxidativo incrementado, por desequilibrio de enzimas antioxidantes.
  • Disfunción mitocondrial, afectando el suministro de energía celular en tejidos de alta demanda como el cerebro.
  • Alteraciones en la neurogénesis, sinaptogénesis y plasticidad sináptica, implicando déficits cognitivos y del desarrollo motor.
  • Disregulación de la expresión génica global, con efectos en vías inmunológicas, endocrinas y del metabolismo.3

 

Estos mecanismos interactúan de manera compleja durante el desarrollo prenatal y postnatal, contribuyendo al amplio espectro fenotípico del SD.

Manifestaciones clínicas:

Características fenotípicas:

Las personas con SD presentan rasgos físicos característicos, que incluyen hipotonía muscular, facies atípicas (pliegue epicántico, puente nasal aplanado), manos y pies pequeños, y un perfil de crecimiento alterado con estatura baja. Estas características físicas, aunque variables, permiten la sospecha clínica desde el nacimiento.

Retraso del desarrollo y función cognitiva:

El retraso global del desarrollo es una característica universal del SD, con variabilidad significativa entre individuos. Las funciones cognitivas suelen estar moderadamente afectadas, con un perfil de fortalezas y debilidades específicas: habilidades visuales y sociales relativamente preservadas en comparación con las funciones del lenguaje y la memoria de trabajo.4

Comorbilidades médicas:

Las personas con SD tienen mayor riesgo de múltiples afecciones médicas:

  • Cardiopatías congénitas: defectos septales, atrioventriculares comunes y otras anomalías estructurales, presentes en aproximadamente 40–50 % de los casos.1
  • Trastornos endocrinológicos: especialmente hipotiroidismo congénito o adquirido.5
  • Trastornos hematológicos: mayor riesgo de leucemia mieloide aguda y leucemia linfoblástica aguda.
  • Problemas gastroenterológicos: atresias, reflujo gastroesofágico y celiaquía.
  • Alteraciones sensoriales: hipoacusia y defectos refractivos.
  • Enfermedad de Alzheimer temprana: acumulación de placas beta amiloides relacionada con sobreexpresión de APP.3

 

La presencia de estas comorbilidades requiere un enfoque clínico proactivo para la detección temprana y el manejo adecuado, lo que ha demostrado mejorar resultados en salud y desarrollo.

Diagnóstico:

Diagnóstico prenatal:

El diagnóstico prenatal del SD puede realizarse mediante:

  • Screening bioquímico y de marcadores ecográficos en el primer y segundo trimestre.
  • Pruebas genéticas invasivas: amniocentesis o biopsia de vellosidades coriónicas para análisis cromosómico estándar y cariotipo.
  • Pruebas genéticas no invasivas (NIPT) basadas en ADN fetal libre en sangre materna, con alta sensibilidad y especificidad para aneuploidías comunes incluyendo la trisomía 21.1

 

Diagnóstico postnatal:

El diagnóstico postnatal se basa en la confirmación citogenética mediante cariotipo en sangre periférica, que evidencia la presencia de una trisomía del cromosoma 21. En casos de mosaicismo, estudios más detallados pueden requerirse con técnicas como FISH (hibridación in situ fluorescente).1

Manejo y tratamiento:

El SD requiere un manejo multidisciplinario que aborde las múltiples esferas de la salud y el desarrollo.

Intervención temprana:

Los programas de intervención temprana son esenciales y se centran en estimular el desarrollo cognitivo, del lenguaje, motor y social desde los primeros meses de vida. Estos programas incluyen terapia del habla y lenguaje, fisioterapia y educación especial adaptada.4

Atención médica preventiva y terapéutica:

  • Control cardiológico: ecocardiogramas en neonatal para detectar y tratar cardiopatías congénitas.
  • Evaluación endocrina: tamizaje periódico para hipotiroidismo.5
  • Hematología y oncología: vigilancia de alteraciones hematológicas y evaluación de signos clínicos sugestivos de neoplasia.
  • Audición y visión: evaluaciones rutinarias para corregir déficits sensoriales.
  • Apoyo nutricional y vigilancia del crecimiento, teniendo en cuenta mayor prevalencia de sobrepeso en la edad escolar y adulta.

 

Educación y apoyo psicosocial:

El apoyo familiar y educativo es fundamental. Las estrategias basadas en evidencia para potenciar habilidades adaptativas y sociales contribuyen a la inclusión educativa y comunitaria. El asesoramiento genético para padres y familias ofrece información esencial sobre el riesgo reproductivo y las implicaciones de un diagnóstico de SD.

Perspectivas futuras:

La investigación actual se dirige hacia terapias que modulen la expresión génica, reduzcan estrés oxidativo y mejoren funciones neuronales específicas. Ensayos clínicos con compuestos que interactúan con vías neuromoduladoras o apoyo antioxidante han mostrado resultados preliminares prometedores en aspectos cognitivos y conductuales, aunque todavía requieren validación extensa.3

El uso de tecnologías genómicas avanzadas para identificar factores modificadores del fenotipo también aporta nuevas rutas para personalizar intervenciones terapéuticas y pronosticar el desarrollo a largo plazo.

CONCLUSIÓN

El síndrome de Down es una condición genética compleja con manifestaciones multisistémicas y una amplia variabilidad clínica. Los avances en diagnóstico prenatal, manejo clínico integral y programas de intervención temprana han mejorado significativamente los resultados en salud y calidad de vida de las personas con SD.5 Sin embargo, persisten desafíos importantes en la optimización de intervenciones terapéuticas y en la comprensión de los mecanismos biológicos que median la variabilidad fenotípica. Un enfoque sanitario basado en evidencia, coordinado y centrado en la persona sigue siendo la piedra angular para maximizar el desarrollo y la participación social de quienes viven con esta condición.

BIBLIOGRAFÍA

  1. De Graaf G, Buckley F, Skotko BG. Estimates of the live births, natural losses, and elective terminations with Down syndrome in the United States. Am J Med Genet A. 2015;167A(4):756–767.
  2. Weijerman ME, de Winter JP. Clinical practice. The care of children with Down syndrome. Eur J Pediatr. 2010;169(12):1445–1452.
  3. Antonarakis SE, Skotko BG, Rafii MS, et al. Down syndrome. Nat Rev Dis Primers. 2020;6(1):9.
  4. Carr J, Jan JE. A review of Turner syndrome, fragile X syndrome, and Williams syndrome. J Dev Behav Pediatr. 2021;42(5):373–382.
  5. Bittles AH, Petterson BA, Sullivan SG. Population-based study of Down syndrome in Western Australia. Bull World Health Organ. 2007;85(7):528–533.

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