AUTORES
- Romina Andrea Ghimes Croitoru. Graduada en Enfermería. Servicio de Medicina Interna. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Sabrina Gil Navarro. Diplomada en Enfermería. Servicio de Medicina Interna. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Alexandra Marco Bernad. Diplomada en Enfermería. Servicio de Medicina Interna. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Laura Larena Fernández. Diplomada en Enfermería. Servicio de Neonatos. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Noelia Lafuente Carrasco. Graduada en Enfermería. Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Ainhoa Leticia González Esgueda. Diplomada en Enfermería. Servicio de Urgencias. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
RESUMEN
El envejecimiento poblacional constituye uno de los mayores desafíos para los sistemas sanitarios actuales. El aumento de la esperanza de vida ha favorecido un incremento de enfermedades crónicas, síndromes geriátricos y situaciones de dependencia. Entre ellos destaca la fragilidad, un síndrome clínico caracterizado por la disminución de la reserva fisiológica y la vulnerabilidad ante acontecimientos adversos. La fragilidad se asocia con mayor riesgo de discapacidad, hospitalización, institucionalización y mortalidad. Sin embargo, se considera una condición potencialmente prevenible y reversible cuando se detecta de forma precoz.
La enfermería desempeña un papel fundamental en la promoción del envejecimiento saludable mediante intervenciones dirigidas a la prevención, detección y abordaje integral de la fragilidad. El objetivo de esta monografía es analizar la relación entre fragilidad y envejecimiento saludable, así como describir las principales actuaciones enfermeras orientadas a preservar la funcionalidad, autonomía y calidad de vida de las personas mayores.
La evidencia científica destaca la importancia de la valoración geriátrica integral, el ejercicio físico multicomponente, la prevención de la malnutrición, el control de la polifarmacia y el apoyo psicosocial como estrategias clave en el manejo de la fragilidad. Desde una perspectiva centrada en la persona, la enfermería contribuye significativamente a retrasar la dependencia y favorecer un envejecimiento activo y saludable.
PALABRAS CLAVE
Fragilidad, envejecimiento saludable, enfermería geriátrica, promoción de la salud, salud holística.
ABSTRACT
Population ageing represents one of the greatest challenges facing current healthcare systems. The increase in life expectancy has contributed to a rise in chronic diseases, geriatric syndromes, and situations of dependency. Among these, frailty stands out as a clinical syndrome characterized by a decline in physiological reserve and increased vulnerability to adverse events. Frailty is associated with a higher risk of disability, hospitalization, institutionalization, and mortality. However, it’s considered a potentially preventable and reversible condition when detected at an early stage.
Nursing plays a fundamental role in promoting healthy ageing through interventions aimed at the prevention, detection, and comprehensive management of frailty. The aim of this monograph is to analyse the relationship between frailty and healthy ageing, as well as to describe the main nursing interventions focused on preserving the functionality, autonomy, and quality of life of older adults.
Scientific evidence highlights the importance of comprehensive geriatric assessment, multicomponent physical exercise, prevention of malnutrition, management of polypharmacy, and psychosocial support as key strategies in the management of frailty. From a person-centred perspective, nursing contributes significantly to delaying dependency and promoting active and healthy ageing.
KEY WORDS
Frailty, healthy aging, geriatric nursing, health promotion, holistic health.
DESARROLLO DEL TEMA
El progresivo envejecimiento de la población constituye uno de los fenómenos demográficos más relevantes del siglo XXI. Según estimaciones internacionales, el número de personas mayores de 60 años continuará aumentando en las próximas décadas, generando importantes desafíos para los sistemas sanitarios y sociales¹.
Aunque el incremento de la esperanza de vida representa uno de los mayores logros de la humanidad, también se asocia a una mayor prevalencia de enfermedades crónicas, multimorbilidad y síndromes geriátricos². Entre estos síndromes destaca la fragilidad, considerada actualmente uno de los principales predictores de discapacidad, dependencia y mortalidad en las personas mayores³.
La Organización Mundial de la Salud define el envejecimiento saludable como el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar durante la vejez⁴. Este concepto trasciende la ausencia de enfermedad e incorpora dimensiones físicas, psicológicas y sociales que favorecen la autonomía y la participación activa en la comunidad.
La fragilidad constituye una amenaza directa para el envejecimiento saludable debido a que reduce la capacidad de adaptación del organismo frente a situaciones estresantes. Sin embargo, la evidencia demuestra que puede prevenirse o incluso revertirse mediante intervenciones tempranas⁵.
En este contexto, la enfermería desempeña un papel fundamental gracias a su visión integral de la persona, su proximidad a los pacientes y su capacidad para desarrollar estrategias preventivas, educativas y asistenciales en todos los niveles de atención.
En definitiva, el objetivo de este artículo es analizar el papel de enfermería en la prevención, detección e intervención de la fragilidad para promover el envejecimiento saludable en las personas mayores, teniendo en cuenta su correlación, las características de la fragilidad y su impacto, las herramientas de valoración utilizadas en la práctica enfermera y examinando las intervenciones más eficaces. Destacando la importancia de la educación para la salud y la atención integral en la población geriátrica.
La fragilidad es un síndrome geriátrico caracterizado por una disminución progresiva de las reservas fisiológicas y una mayor vulnerabilidad frente a factores estresantes internos o externos⁶.
Uno de los modelos más aceptados es el fenotipo de fragilidad descrito por Fried, que incluye cinco criterios: pérdida involuntaria de peso, agotamiento, disminución de la fuerza muscular, lentitud en la marcha y bajo nivel de actividad física⁷. La presencia de tres o más criterios establece el diagnóstico de fragilidad.
La fragilidad debe diferenciarse de la discapacidad y de la comorbilidad. Mientras que estas representan estados clínicos establecidos, la fragilidad constituye una fase previa potencialmente reversible sobre la que es posible intervenir de forma efectiva⁸.
RELACIÓN ENTRE FRAGILIDAD Y ENVEJECIMIENTO SALUDABLE:
El envejecimiento saludable se fundamenta en el mantenimiento de la capacidad funcional. Cuando aparece la fragilidad, dicha capacidad disminuye progresivamente, afectando la autonomía personal y la calidad de vida⁹.
La fragilidad se relaciona con múltiples consecuencias adversas:
- Mayor riesgo de caídas.
- Incremento de ingresos hospitalarios.
- Deterioro funcional.
- Dependencia para las actividades de la vida diaria.
- Institucionalización.
- Mortalidad prematura¹⁰.
Por ello, la detección temprana de la fragilidad constituye una prioridad en los programas de envejecimiento saludable impulsados por organismos internacionales y sistemas sanitarios nacionales.
FACTORES DE RIESGO ASOCIADOS A LA FRAGILIDAD:
- Sarcopenia.
- Desnutrición.
- Enfermedades cardiovasculares.
- Diabetes mellitus.
- Enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
- Polifarmacia¹¹.
Factores psicológicos:
Los trastornos emocionales influyen significativamente en la aparición de fragilidad. La depresión, la ansiedad y el deterioro cognitivo contribuyen a la pérdida de funcionalidad y reducen la participación social¹².
Factores sociales:
La soledad, el aislamiento social, los bajos recursos económicos y la ausencia de apoyo familiar aumentan considerablemente el riesgo de fragilidad y dependencia¹³.
PAPEL DE LA ENFERMERÍA EN LA PREVENCIÓN DE LA FRAGILIDAD:
La prevención constituye la intervención más efectiva para reducir el impacto de la fragilidad.
Promoción de la actividad física:
El ejercicio físico multicomponente es actualmente la medida con mayor evidencia científica para prevenir y revertir la fragilidad¹⁴.
La enfermería puede fomentar programas que incluyan:
- Entrenamiento de fuerza.
- Ejercicios de equilibrio.
- Actividad aeróbica moderada.
- Flexibilidad y movilidad articular.
Estas intervenciones mejoran la masa muscular, reducen el riesgo de caídas y favorecen la independencia funcional.
Prevención de la malnutrición:
La nutrición adecuada es esencial para preservar la masa muscular y la funcionalidad.
Las actuaciones enfermeras incluyen:
- Cribado nutricional periódico.
- Educación alimentaria.
- Seguimiento del peso corporal.
- Identificación de dificultades para la alimentación.
- Coordinación con nutricionistas y médicos¹⁵.
Prevención de caídas:
Las caídas representan una de las complicaciones más frecuentes de la fragilidad.
La enfermería interviene mediante:
- Valoración del riesgo de caídas.
- Educación sanitaria.
- Recomendaciones sobre adaptación del domicilio.
- Revisión de ayudas técnicas.
- Fomento de programas de equilibrio y fortalecimiento muscular¹⁶.
DETECCIÓN PRECOZ DE LA FRAGILIDAD:
La detección temprana permite instaurar intervenciones antes de que aparezca la discapacidad.
Valoración geriátrica integral:
La valoración geriátrica integral constituye una herramienta multidimensional que analiza aspectos funcionales, cognitivos, nutricionales, emocionales y sociales¹⁷.
Esta evaluación permite identificar problemas ocultos, establecer prioridades asistenciales y diseñar planes individualizados de cuidados.
Herramientas de cribado:
Entre los instrumentos más utilizados destacan:
- Escala FRAIL.
- Clinical Frailty Scale.
- Short Physical Performance Battery.
- Fenotipo de Fried.
- Índice de Fragilidad¹⁸.
La aplicación sistemática de estas herramientas en atención primaria y hospitalaria facilita la identificación de personas en situación de riesgo.
INTERVENCIÓN ENFERMERA EN PACIENTES CON FRAGILIDAD:
Programas de ejercicio terapéutico:
Los programas estructurados de ejercicio son considerados la intervención de referencia en el manejo de la fragilidad¹⁹.
La enfermería participa en:
- Valoración inicial.
- Educación sobre actividad física.
- Supervisión de la adherencia.
- Prevención de complicaciones.
Revisión de la medicación
La polifarmacia incrementa el riesgo de efectos adversos, caídas y deterioro funcional²⁰.
La enfermería desempeña un papel esencial en:
- Detección de problemas relacionados con medicamentos.
- Educación terapéutica.
- Promoción de la adherencia.
- Coordinación interdisciplinar.
Educación para la salud
La educación sanitaria constituye una herramienta fundamental para fomentar el autocuidado.
Los contenidos educativos deben abordar:
- Alimentación saludable.
- Ejercicio físico.
- Prevención de caídas.
- Hidratación.
- Adherencia terapéutica.
- Participación social²¹.
Apoyo psicosocial
La atención integral de la persona mayor requiere considerar las dimensiones emocionales y sociales.
La enfermería puede contribuir mediante:
- Escucha activa.
- Detección de soledad no deseada.
- Promoción de redes comunitarias.
- Apoyo a cuidadores.
- Derivación a recursos sociales²².
TRABAJO INTERDISCIPLINAR:
La complejidad de la fragilidad exige la participación coordinada de diferentes profesionales sanitarios y sociales²³.
La enfermería actúa como elemento integrador del equipo multidisciplinar, favoreciendo la continuidad asistencial y la coordinación de cuidados entre los distintos niveles de atención.
CONCLUSIÓN
La fragilidad constituye uno de los principales retos asociados al envejecimiento poblacional debido a su elevada prevalencia y a sus consecuencias sobre la funcionalidad, autonomía y calidad de vida de las personas mayores. Su carácter potencialmente reversible convierte la prevención y la detección precoz en objetivos prioritarios para los profesionales sanitarios. En este contexto, la enfermería ocupa una posición estratégica gracias a su capacidad para desarrollar intervenciones preventivas, educativas y asistenciales centradas en la persona.
La promoción de la actividad física, la prevención de la malnutrición, la valoración geriátrica integral, el control de la polifarmacia y el apoyo psicosocial constituyen pilares fundamentales en el abordaje de la fragilidad.
El fortalecimiento de las competencias enfermeras en geriatría y la implantación de modelos de atención centrados en la persona contribuirán a favorecer un envejecimiento saludable, retrasar la dependencia y mejorar la calidad de vida de la población mayor.
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