Riesgos disergonómicos y psicosociales en médicas residentes gestantes: una revisión bibliográfica para orientar políticas de bienestar en los posgrados de medicina en Ecuador

29 julio 2026

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.64.50.002

 

AUTORES

  1. María Lady Iza Mendoza. Médico Cirujano, Maestría en Salud y Seguridad Ocupacional. Manta, Ecuador. https://orcid.org/0009-0002-1679-4354

 

RESUMEN

Introducción: La formación médica especializada coincide con la etapa de mayor fertilidad. Las jornadas extenuantes y la cultura del presentismo exponen a las residentes gestantes a severos riesgos disergonómicos y psicosociales, evidenciando un vacío de protocolos ocupacionales en el sistema de salud ecuatoriano.

Objetivo: Analizar la evidencia científica sobre estos riesgos y contrastarla con el marco legal vigente para fundamentar lineamientos de bienestar en los posgrados de medicina de Ecuador.

Metodología: Revisión bibliográfica narrativa integradora mediante búsqueda en PubMed/MEDLINE, Scopus, SciELO y LILACS (últimos 5-10 años). Para abordar la dualidad administrativo-laboral del posgradista, se incluyó el análisis de normativa legal, literatura gris y sociológica fundacional.

Resultados: La bipedestación prolongada y la cronodisrupción por guardias de 24 horas reducen la perfusión uteroplacentaria, elevando el riesgo de preeclampsia, parto pretérmino y restricción del crecimiento intrauterino. Simultáneamente, el estigma del «muro maternal» agrava el desgaste psicosocial. En Ecuador, la bicefalia institucional (universidad-hospital) y la falta de directrices desde las oficinas técnicas dejan a la gestante en desprotección laboral.

Conclusiones: La carga de la residencia médica se asocia directamente con complicaciones obstétricas. Se urge una intervención sistémica articulada entre universidades y oficinas técnicas territoriales para proteger el binomio madre-feto sin vulnerar el desarrollo académico.

PALABRAS CLAVE

Médicas, embarazo, internado y residencia, salud laboral, estrés laboral, ergonomía.

ABSTRACT

Introduction: Specialized medical training frequently coincides with the period of highest fertility. Exhausting work hours and the culture of presenteeism expose pregnant residents to severe dysergonomic and psychosocial risks, highlighting a gap in occupational protocols within the Ecuadorian health system.

Objective: To analyze the scientific evidence on these risks and contrast it with the current legal framework to establish occupational well-being guidelines in postgraduate medical programs in Ecuador.

Methodology: An integrative narrative literature review was conducted by searching PubMed/MEDLINE, Scopus, SciELO, and LILACS (last 5-10 years). To address the administrative-labor duality of the postgraduate trainee, a qualitative analysis of legal regulations, grey literature, and foundational sociological literature was included.

Results: Prolonged standing and chronodisruption caused by 24-hour shifts reduce uteroplacental perfusion, significantly increasing the risk of preeclampsia, preterm birth, and intrauterine growth restriction. Simultaneously, the stigma of the «maternal wall» exacerbates psychosocial burnout and forces the omission of warning signs. In the Ecuadorian context, institutional duality (university-hospital) and the lack of guidelines from technical offices leave pregnant residents without occupational protection.

Conclusions: The workload of medical residency is directly associated with obstetric complications. A systemic intervention, coordinated by universities and territorially managed through the health system’s technical offices, is urgently needed to protect the mother-fetus dyad without compromising academic development.

KEY WORDS

Physicians, women, pregnancy, internship and residency, occupational health, psychosocial risks, ergonomics.

INTRODUCCIÓN

La feminización de la medicina es un fenómeno global consolidado. En las últimas décadas, la proporción de mujeres que ingresan y se gradúan de las facultades de medicina ha igualado, y en muchos países superado, a la de los hombres1. Este cambio demográfico ha trasladado una nueva realidad a los hospitales docentes: la coincidencia directa entre la etapa formativa de posgrado (la residencia médica) y los años de mayor viabilidad y deseo reproductivo de las profesionales2. A pesar de esta evolución demográfica, la estructura tradicional de los programas de especialización médica mantiene una herencia androcéntrica y militarizada, caracterizada por un nivel de exigencia física y mental que rara vez contempla las adaptaciones fisiológicas y psicológicas que demanda el embarazo3.

Durante la residencia, las médicas deben cumplir con largas horas de trabajo clínico, turnos nocturnos de hasta 24 o 36 horas continuas, guardias extenuantes y una presión académica constante. La evidencia reciente advierte que la exposición a estas condiciones de trabajo durante la gestación no es inocua. Diversos estudios han documentado que las médicas residentes presentan tasas más elevadas de complicaciones obstétricas, tales como parto pretérmino, preeclampsia, restricción del crecimiento intrauterino y abortos espontáneos, en comparación con la población general de mujeres trabajadoras e incluso frente a mujeres en otras ramas profesionales de alta exigencia4,5. Esta vulnerabilidad se explica a través de dos ejes fundamentales de riesgo ocupacional en el ámbito hospitalario: los riesgos disergonómicos y los riesgos psicosociales.

Desde el punto de vista disergonómico, el trabajo hospitalario impone demandas biomecánicas severas. El embarazo induce cambios fisiológicos drásticos, incluyendo el desplazamiento del centro de gravedad por el crecimiento del útero grávido, el aumento de la lordosis lumbar y la hiperlaxitud articular mediada por la hormona relaxina, lo que reduce la estabilidad musculoesquelética6. En este estado de vulnerabilidad anatómica, la residente gestante se enfrenta a bipedestación prolongada (especialmente en especialidades quirúrgicas o áreas de cuidados críticos), adopción de posturas forzadas durante procedimientos invasivos, y el levantamiento o movilización manual de pacientes. La bipedestación superior a cuatro horas continuas y la carga física pesada reducen el flujo sanguíneo uteroplacentario, elevando el riesgo de bajo peso al nacer y contracciones uterinas prematuras7. A pesar de estos riesgos biológicos documentados, es infrecuente que los hospitales cuenten con protocolos de ergonomía adaptativa, mobiliario adecuado o pausas activas institucionalizadas para el personal en formación.

Paralelamente, los factores psicosociales representan una carga igual o mayor. La cultura médica está profundamente arraigada en el «presentismo», un fenómeno donde el profesional asiste a laborar y cumple con sus obligaciones a pesar de estar enfermo o en condiciones de vulnerabilidad física, movido por un mandato no escrito de sacrificio y negación de la propia debilidad8. En el contexto de la residente gestante, el presentismo se exacerba por el miedo al estigma. La interdependencia en los equipos de guardia provoca que la reducción de horas o la solicitud de descansos por parte de una residente embarazada recaiga directamente como una sobrecarga de trabajo para sus pares (co-residentes). Esta dinámica genera un profundo sentimiento de culpa en la gestante y, con frecuencia, hostilidad o resentimiento velado por parte de sus colegas y médicos tratantes9. Esta tensión psicosocial, sumada a la privación de sueño y la disrupción del ritmo circadiano generada por el trabajo por turnos, incrementa crónicamente los niveles de cortisol materno. La disrupción circadiana ha sido vinculada mediante metaanálisis con alteraciones en la secreción de melatonina, afectando negativamente la placentación y el desarrollo fetal10.

En el contexto específico de Ecuador, la situación de las médicas residentes gestantes se enmarca dentro de un panorama legal y administrativo complejo. Los programas de posgrado (residencias) operan bajo un modelo donde el médico en formación ostenta un doble rol: es simultáneamente estudiante de posgrado de una Institución de Educación Superior (IES) y personal asistencial en los establecimientos del Ministerio de Salud Pública (MSP) o del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Esta dualidad genera frecuentes vacíos en la aplicabilidad de los derechos de salud ocupacional. Si bien la Constitución de la República del Ecuador y normativas conexas garantizan la protección de la mujer embarazada y prohíben la discriminación o la exigencia de esfuerzos que pongan en riesgo la salud materno-fetal, la traslación de estas macropolíticas al piso del hospital docente es deficiente11.

Históricamente, el monitoreo del cumplimiento de normativas de salud en los territorios del país se realizaba a través de las direcciones distritales. Sin embargo, con las recientes reestructuraciones del sistema nacional de salud ecuatoriano, la administración, rectoría y control sanitario a nivel territorial ahora recaen sobre las oficinas técnicas (entidades que estructuralmente han reemplazado a los antiguos distritos de salud)12. Son estas oficinas técnicas las llamadas a vigilar las condiciones de salud y seguridad ocupacional en los centros de salud y hospitales de su jurisdicción. No obstante, en la práctica, la falta de directrices específicas que armonicen las exigencias académicas de las universidades con las normativas de bioseguridad del MSP provoca que la protección de la médica residente embarazada quede al arbitrio de la jefatura de docencia de cada hospital o, en el peor de los casos, dependa exclusivamente de la capacidad de resistencia individual de la médica.

La ausencia de un protocolo unificado a nivel nacional propicia inequidades; mientras algunos programas de posgrado flexibilizan las guardias nocturnas en el tercer trimestre, otros exigen el cumplimiento irrestricto de la malla operativa bajo amenaza de reprobación académica. Es imperativo abandonar la cultura de la resistencia silenciosa y transitar hacia un modelo preventivo. Para ello, es necesario fundamentar la toma de decisiones en evidencia científica rigurosa que permita a las universidades, a los hospitales docentes y a las oficinas técnicas del país articular políticas de bienestar que protejan el binomio madre-feto, sin que esto signifique un menoscabo en la calidad formativa de la futura especialista. En virtud de lo expuesto, la presente revisión narrativa busca consolidar la información científica actual respecto a estos riesgos, proporcionando un marco teórico sólido para el desarrollo de futuras normativas ocupacionales en los posgrados médicos del Ecuador.

OBJETIVOS

Objetivo General:

Analizar la evidencia científica disponible en los últimos 10 años sobre los riesgos disergonómicos y psicosociales que enfrentan las médicas residentes durante su etapa de gestación, con el fin de proponer un marco referencial que oriente la formulación de políticas de bienestar y salud ocupacional en los programas de posgrado de medicina en Ecuador.

Objetivos Específicos:

  1. Describir las principales demandas biomecánicas y riesgos disergonómicos en el entorno hospitalario formativo y su impacto fisiopatológico en la salud materno-fetal.
  2. Identificar los factores de riesgo psicosocial asociados a la residencia médica, enfatizando en la carga mental, la privación de sueño y el fenómeno del presentismo laboral.
  3. Contextualizar los hallazgos internacionales frente a la realidad del sistema sanitario ecuatoriano, proponiendo áreas de articulación entre las instituciones de educación superior, los hospitales docentes y las oficinas técnicas de salud territoriales.

METODOLOGÍA

Para el desarrollo del presente artículo se diseñó una revisión bibliográfica de tipo narrativa e integradora, orientada a la síntesis crítica tanto de literatura científica empírica como del marco normativo-legal pertinente. La estrategia de recuperación de información se dividió en dos fases complementarias:

Fase 1: Revisión de evidencia clínica y epidemiológica

La búsqueda documental exhaustiva de artículos primarios se llevó a cabo en las principales bases de datos indexadas de ciencias de la salud: PubMed/MEDLINE, Scopus, SciELO (Scientific Electronic Library Online) y LILACS. Para garantizar la precisión, se utilizaron combinaciones de términos estandarizados del Medical Subject Headings (MeSH) y Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS), incluyendo: Physicians, Women (Médicas); Pregnancy (Embarazo); Internship and Residency (Internado y Residencia); Occupational Health (Salud Laboral); Ergonomics (Ergonomía); y Burnout, Professional / Occupational Stress (Agotamiento Profesional). Se incluyeron artículos originales, revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados en inglés, español y portugués. Para esta fase clínica, se aplicó un filtro temporal riguroso priorizando los estudios de los últimos 5 a 10 años (2014-2024), con el fin de capturar la evidencia fisiopatológica y epidemiológica más actualizada sobre el impacto del trabajo hospitalario en la gestación.

Fase 2: Análisis normativo y literatura fundacional

Dado que el objetivo central de esta revisión es orientar políticas de bienestar en los posgrados de medicina en Ecuador, limitar la búsqueda exclusivamente a artículos clínicos recientes resultaba metodológicamente insuficiente e invisibilizaba el entramado jurídico que regula la práctica médica. Por lo tanto, se incluyeron intencionalmente documentos normativos, literatura gris y gacetas gubernamentales, sin restricción temporal estricta, siempre y cuando mantuvieran vigencia legal o pertinencia teórica ineludible.

Bajo este criterio, se incorporaron:

  1. Documentos legales y registros oficiales: La Constitución de la República del Ecuador (2008), la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES), resoluciones del Consejo de Educación Superior (CES), y normativas estructurales del Ministerio de Salud Pública (como la reestructuración territorial hacia el modelo de oficinas técnicas). Estos documentos son indispensables para analizar la dualidad institucional (estudiante-trabajador) de la residente médica en el país.
  2. Directrices de entidades globales: Documentos emitidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) y el Accreditation Council for Graduate Medical Education (ACGME), utilizados como marco referencial comparativo para políticas de retención y bienestar materno.
  3. Literatura sociológica fundacional: Se incluyeron tratados y textos clásicos con más de 10 años de antigüedad que acuñaron terminología imprescindible para este análisis (ej. el «currículo oculto» o el «muro maternal»), dado que estos conceptos siguen siendo el marco teórico dominante para explicar el presentismo y el estigma laboral en la cultura médica actual.

Todos los documentos y artículos seleccionados fueron sometidos a lectura crítica y triangulación de datos cualitativos, logrando así una síntesis que aborda el problema desde sus mecanismos biológicos (Fase 1) hasta sus determinantes administrativos y legales (Fase 2).

RESULTADOS

Fisiopatología del estrés físico y riesgos disergonómicos en la gestación:

El análisis de los riesgos ocupacionales en médicas residentes gestantes debe fundamentarse, en primer lugar, en la comprensión profunda de las adaptaciones fisiológicas, anatómicas y hemodinámicas que exige el embarazo. Durante la gestación, el cuerpo materno experimenta una transformación sistémica orientada a sostener el desarrollo fetal; sin embargo, estos mismos cambios incrementan drásticamente la vulnerabilidad biomecánica de la profesional en el entorno hospitalario. Desde el primer trimestre, el aumento sostenido en la secreción de progesterona y, particularmente, de la hormona relaxina, induce una remodelación del colágeno que resulta en la hiperlaxitud de los ligamentos pélvicos y espinales13. Si bien este proceso es evolutivamente necesario para facilitar el ensanchamiento de la sínfisis púbica y las articulaciones sacroilíacas de cara al parto, en el contexto laboral genera una inestabilidad articular severa.

A medida que el útero grávido se expande, el centro de gravedad de la mujer se desplaza hacia la región anterior. Para evitar la caída y mantener la bipedestación, el sistema musculoesquelético adopta una postura de compensación caracterizada por una hiperlordosis lumbar y una inclinación pélvica anterior14. Esta alteración en el eje biomecánico somete a los músculos erectores de la columna y a las carillas articulares lumbares a una tensión continua. En la práctica clínica, y muy especialmente en especialidades quirúrgicas, obstétricas y de cuidados críticos, las residentes se ven obligadas a adoptar posturas estáticas prolongadas, flexión anterior del tronco sobre las mesas de quirófano o camas de pacientes, y a realizar la movilización manual de cargas. Estudios ergonómicos han cuantificado el impacto de esta alteración del brazo de palanca: el levantamiento de apenas 4.5 kg (10 libras) a cierta distancia del cuerpo genera aproximadamente 68 kg (150 libras) de presión sobre la columna lumbar en una mujer en su noveno mes de embarazo15.

El entorno del quirófano y las salas de procedimientos invasivos presentan barreras ergonómicas adicionales. El aumento del diámetro abdominal incrementa la distancia obligatoria entre la cirujana y la mesa operatoria. Para alcanzar el campo quirúrgico, la residente gestante debe someter sus miembros superiores a una abducción y flexión sostenida del hombro, lo que acelera dramáticamente la fatiga del manguito rotador y aumenta el riesgo de trastornos musculoesqueléticos16. En procedimientos que requieren protección radiológica (traumatología, cardiología intervencionista, cirugía vascular), el uso de delantales de plomo—que pueden pesar hasta 7 kg—añade una carga axial extrema sobre una columna vertebral ya hiperlordótica y ligamentosamente inestable, precipitando discopatías y dolor pélvico crónico.

Más allá del daño musculoesquelético, el estrés físico sostenido tiene un impacto directo en la hemodinámica materno-fetal. La bipedestación prolongada, definida como permanecer de pie por más de tres o cuatro horas continuas sin pausas, provoca el secuestro venoso de sangre en las extremidades inferiores. Durante el embarazo, el retorno venoso ya se encuentra mecánicamente comprometido por la compresión del útero grávido sobre la vena cava inferior (síndrome de hipotensión supina y compresión aortocava). La conjunción de bipedestación prolongada y compresión de la cava reduce significativamente la precarga cardíaca y el volumen sistólico materno17. Para mantener la presión arterial sistémica, el organismo responde con vasoconstricción periférica mediada por el sistema simpático. Sin embargo, la circulación uteroplacentaria carece de autorregulación vascular efectiva, por lo que esta caída en el gasto cardíaco se traduce casi inmediatamente en una reducción del flujo sanguíneo hacia el espacio intervelloso18.

Esta hipoperfusión placentaria episódica y crónica induce un estado de estrés oxidativo en el sincitiotrofoblasto. Como respuesta a la hipoxia, la placenta isquémica libera a la circulación materna altos niveles de factores antiangiogénicos, principalmente la tirosina quinasa 1 soluble similar a fms (sFlt-1) y la endoglina soluble (sEng), los cuales se unen y neutralizan a los factores proangiogénicos esenciales como el factor de crecimiento placentario (PlGF) y el factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF)19. Este disbalance angiogénico causa disfunción endotelial sistémica, constituyendo la vía fisiopatológica central para el desarrollo de trastornos hipertensivos del embarazo, preeclampsia y restricción del crecimiento intrauterino (RCIU).

La evidencia epidemiológica respalda contundentemente esta cascada fisiopatológica. Investigaciones retrospectivas masivas, como las publicadas en JAMA Surgery, han revelado que las cirujanas y residentes de especialidades quirúrgicas tienen 1.7 veces más probabilidades de sufrir complicaciones mayores en el embarazo en comparación con la población general o incluso con sus parejas femeninas no cirujanas20. Los datos son alarmantes: operar o mantenerse en bipedestación activa por más de 12 horas a la semana durante el último trimestre del embarazo incrementa de forma crítica el riesgo de parto pretérmino y desprendimiento prematuro de placenta. A pesar de esto, se documenta que más del 57% de las residentes quirúrgicas gestantes laboran rutinariamente más de 60 horas a la semana20.

En el contexto organizativo y legal del Ecuador, la supervisión de estos factores biomecánicos y la implementación obligatoria de intervenciones ergonómicas (como pausas activas, provisión de taburetes quirúrgicos, instrumentos de trinquete para reducir la fuerza de agarre, o chalecos de enfriamiento) deberían ser reguladas por las unidades de docencia y salud ocupacional de cada hospital. A su vez, la rectoría y auditoría de estos estándares laborales en el territorio recae sobre las oficinas técnicas del Ministerio de Salud Pública. No obstante, la ausencia de una normativa nacional específica que limite las horas de bipedestación continua para las residentes gestantes deja a las profesionales en un estado de vulnerabilidad institucional, donde su salud depende de la flexibilidad coyuntural del jefe de guardia y no de una política sanitaria de Estado.

Impacto de las guardias de 24 horas y el trabajo nocturno:

El segundo pilar de riesgo ocupacional en la formación médica especializada radica en la arquitectura temporal de los programas: el sistema de guardias nocturnas y turnos rotativos de 24 a 36 horas continuas. La exposición a estos horarios durante el embarazo desencadena un fenómeno biológico severo conocido como cronodisrupción, que actúa sinérgicamente con la privación aguda y crónica del sueño para comprometer la viabilidad gestacional21.

El reloj circadiano maestro de los mamíferos reside en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, el cual sincroniza los ritmos biológicos periféricos en respuesta al ciclo de luz-oscuridad del entorno. Durante el trabajo nocturno en el ambiente hospitalario (fuertemente iluminado por luz artificial blanca o azul), se suprime drásticamente la secreción de melatonina por parte de la glándula pineal. En el contexto de la gestación, la melatonina trasciende su rol clásico como inductora del sueño; es un antioxidante extraordinariamente potente y un depurador de radicales libres que atraviesa libremente la barrera placentaria22. El feto, que aún carece de un ritmo circadiano endógeno maduro, depende absolutamente de los picos nocturnos de melatonina materna para programar su propio reloj biológico y proteger los tejidos embrionarios en desarrollo del daño oxidativo. La cronodisrupción de la residente gestante genera un estado hipomelatoninérgico que priva a la placenta de este escudo antioxidante, exacerbando la apoptosis celular y la disfunción endotelial desencadenada por el estrés biomecánico previamente descrito23.

Sumado a la supresión de melatonina, el trabajo nocturno y las guardias de 24 horas inducen una privación severa de sueño. La restricción del sueño actúa como un estresor fisiológico agudo que hiperactiva el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HPA) y el sistema nervioso simpático. Esta hiperactivación se traduce en niveles séricos persistentemente elevados de cortisol y catecolaminas maternas (adrenalina y noradrenalina)24. El exceso de catecolaminas produce una vasoconstricción potente y sostenida de las arterias uterinas y espirales, limitando críticamente el aporte de oxígeno y nutrientes al feto, lo cual explica la alta incidencia de restricción del crecimiento intrauterino observada en médicas residentes.

Paralelamente, la privación de sueño desencadena una respuesta inmunológica de fase aguda. Se ha demostrado que las residentes sometidas a privación de sueño posterior a una guardia de 24 horas presentan una sobreexpresión sistémica de citoquinas proinflamatorias, incluyendo la interleucina-6 (IL-6), el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y la proteína C reactiva (PCR)25. En la fisiología obstétrica, la inflamación sistémica no es un hallazgo benigno. Estas citoquinas proinflamatorias cruzan la interfase materno-fetal, estimulando la producción de metaloproteinasas de matriz (que degradan el colágeno cervical, causando borramiento prematuro) y aumentando la síntesis de prostaglandinas (PGE2 y PGF2α) en la decidua y las membranas fetales. Las prostaglandinas son los mediadores primarios de la contractilidad miometrial, por lo que su elevación crónica inducida por el agotamiento laboral es el mecanismo molecular que precipita el parto pretérmino espontáneo26.

Los estudios cuantitativos en poblaciones de residentes confirman la letalidad de esta carga temporal. Investigaciones fundamentales han demostrado que las residentes médicas que realizan más de seis guardias nocturnas al mes presentan una tasa de complicaciones obstétricas abrumadoramente superior (49.3%) frente a aquellas que realizan seis guardias o menos (26.4%)27. Estas complicaciones incluyen estados hipertensivos del embarazo, amenaza de parto inmaduro y aborto espontáneo. Es imperativo resaltar que más de un tercio (37%) de las mujeres en programas de residencia quirúrgica continúan realizando más de seis guardias nocturnas al mes durante su embarazo, impulsadas por las exigencias insoslayables del programa académico20.

Esta exposición sostenida a riesgos biológicos es incomprensible sin analizar el sustrato psicosocial que la sostiene: la cultura del presentismo. En los posgrados de medicina, la identidad profesional se construye sobre el sacrificio personal y la negación de las propias necesidades fisiológicas. La residente embarazada se encuentra atrapada en un dilema moral e institucional constante. Debido a la falta de personal de reemplazo («pool» de cobertura), cualquier ausencia, descanso o exoneración de guardias recae directamente como una sobrecarga laboral punitiva sobre sus propios compañeros (co-residentes). Esta dinámica estructural engendra resentimiento colectivo y somete a la gestante a una intensa presión coercitiva para mantenerse operativa al mismo ritmo que sus pares no gestantes28.

El impacto psicológico de este entorno hostil es devastador. Datos recientes revelan que las médicas cirujanas sufren una tasa de aborto espontáneo del 42%, una cifra que duplica la prevalencia de la población general. Más alarmante aún es el hecho de que el 75% de estas médicas no se toma un solo día de descanso tras sufrir la pérdida gestacional, regresando inmediatamente a las salas de operaciones o a cubrir sus turnos de guardia20. Este comportamiento subraya un fallo sistémico en la salud laboral hospitalaria. El estrés psicológico derivado de la culpa, el miedo al retraso académico y la hostilidad encubierta del entorno actúan como retroalimentación positiva sobre el eje HPA, manteniendo los niveles de cortisol materno en niveles patológicos que amenazan la integridad de cualquier gestación subsecuente.

En síntesis, la conjunción de las demandas biomecánicas extremas y la arquitectura temporal de las guardias de 24 horas convierte a los programas de posgrado médico en escenarios de altísimo riesgo biológico para la mujer embarazada. La fisiopatología del daño materno-fetal está claramente dilucidada en la literatura moderna, dejando sin justificación médica o ética la inacción institucional para reformar estas condiciones.

Riesgos psicosociales, estigma y cultura organizacional en el posgrado:

Para comprender a cabalidad el riesgo ocupacional de la médica residente gestante, es indispensable trascender el análisis netamente biológico y adentrarse en la sociología de las instituciones de salud. Los hospitales docentes operan bajo un «currículo oculto», un sistema no oficial de valores, normas y creencias que se transmite implícitamente a los médicos en formación29. En el núcleo de este currículo subyace la figura del médico idealizado: un profesional con disponibilidad absoluta, inmune a la fatiga, cuyas necesidades biológicas o familiares están estrictamente subordinadas al cuidado del paciente y a la jerarquía del servicio. Cuando una residente se embaraza, su realidad fisiológica entra en colisión frontal con este constructo, generando una profunda disonancia cognitiva y desencadenando lo que la sociología médica denomina el «muro maternal» (maternal wall)30.

El muro maternal se manifiesta como un sesgo sistémico e institucional mediante el cual las médicas gestantes son percibidas, consciente o inconscientemente, como menos comprometidas con su especialidad, menos competentes o como una «carga» logística para el servicio31. Esta percepción hostil cristaliza en una penalización informal durante la residencia. Estudios cualitativos recientes han documentado que las residentes embarazadas reportan ser excluidas sistemáticamente de procedimientos quirúrgicos complejos, se les relega a tareas administrativas de menor valor académico o, paradójicamente, se les exige un rendimiento superior al de sus pares para «demostrar» que la gestación no ha mermado su capacidad clínica32. Esta necesidad constante de validación frente a la jefatura de docencia y los médicos tratantes añade una capa de estrés psicológico devastador.

El motor de este sufrimiento psicosocial es la exacerbación de la cultura del presentismo, previamente descrita8, 28. En el ecosistema cerrado de una residencia médica, la carga de trabajo es un juego de suma cero: el descanso de un individuo se traduce matemáticamente en el sobreesfuerzo de otro. Debido a la falta de plantillas de reemplazo u holgura en el recurso humano de los hospitales, cuando una residente gestante requiere una adaptación de sus horarios, una reducción de sus guardias nocturnas o experimenta una complicación obstétrica que exige reposo, sus responsabilidades son transferidas inmediatamente a sus co-residentes. Esta dinámica estructural es perversa, ya que fomenta la hostilidad horizontal, el resentimiento y las microagresiones entre pares33.

Para evitar el estigma y la culpa asociada con «abandonar a su equipo», las médicas gestantes recurren a conductas de riesgo extremo: ocultan su embarazo durante el primer trimestre (el periodo de mayor riesgo teratogénico y de aborto espontáneo), rechazan solicitar bajas médicas aun cuando presentan signos de alarma obstétrica, e ignoran las recomendaciones de sus propios obstetras34. La literatura psiquiátrica ocupacional advierte que esta sobrecarga de roles y la supresión emocional crónica son predictores directos del síndrome de desgaste profesional (burnout), ansiedad generalizada y depresión clínica. Investigaciones en Norteamérica y América Latina muestran que la incidencia de depresión posparto y trastorno de estrés postraumático (TEPT) en médicas que sufrieron complicaciones obstétricas durante la residencia es alarmantemente superior a la de la población general, condicionando incluso el abandono temprano de la especialidad35.

La penalización de la maternidad no culmina con el parto. El retorno a las actividades hospitalarias está marcado por la presión para acortar las licencias de maternidad. Muchas residentes se ven obligadas a regresar prematuramente debido al temor de no cumplir con el número mínimo de meses de rotación exigidos por las universidades para la promoción de año, o frente a la amenaza de extender la duración total de su programa de especialización (lo que implica un costo económico y una penalización temporal no remunerada). El resultado es un retorno laboral donde la lactancia materna exclusiva se vuelve logísticamente imposible, perpetuando un ciclo de estrés y vulneración de derechos tanto para la madre como para el recién nacido36.

Vacíos normativos y el contexto ecuatoriano:

Al transpolar esta crisis global a la realidad sanitaria de Ecuador, la vulnerabilidad de las médicas residentes gestantes se exacerba exponencialmente debido a un complejo vacío jurídico e institucional. El diseño administrativo de los posgrados médicos en Ecuador impone a la residente un estatus dual o híbrido: por un lado, es una estudiante de cuarto nivel matriculada en una Institución de Educación Superior (IES) regida por la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES); por otro lado, ejerce funciones asistenciales en las unidades del Ministerio de Salud Pública (MSP) o del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), a menudo bajo la figura de contratos de servicios ocasionales o convenios de beca, sujeta a la Ley Orgánica del Servicio Público (LOSEP) o al Código del Trabajo37.

Esta bicefalia institucional crea una «zona gris» en materia de salud y seguridad ocupacional. Cuando una residente gestante requiere protección ergonómica o exención de guardias nocturnas, las universidades suelen argumentar que la organización de los turnos y la bioseguridad dependen directamente de la gerencia del hospital receptor. A su vez, las coordinaciones de docencia hospitalarias justifican las jornadas extenuantes basándose en el cumplimiento estricto de las mallas curriculares y las horas de práctica exigidas por la universidad. En este fuego cruzado administrativo, la responsabilidad se diluye y la médica gestante queda desamparada, dependiendo exclusivamente de la discrecionalidad y el nivel de empatía de su jefe de guardia o tutor académico38.

La Constitución de la República del Ecuador es taxativa en la protección de los derechos reproductivos y laborales de la mujer. En su articulado, prohíbe la discriminación laboral por embarazo y garantiza que no se exija a la mujer gestante la realización de esfuerzos físicos que pongan en riesgo su salud o la del feto (Art. 332). De igual forma, los tratados internacionales suscritos por Ecuador frente a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) respaldan estas protecciones. Sin embargo, en el ámbito de la formación médica especializada, estas normativas macro carecen de un instrumento técnico-legal que las aterrice a la operatividad clínica de las guardias de 24 horas y el trabajo en quirófanos y áreas críticas39.

En el rediseño estructural y territorial del Sistema Nacional de Salud del Ecuador, la vigilancia, control y rectoría de las políticas sanitarias en los territorios han sido delegadas a las oficinas técnicas, entidades que reemplazaron administrativamente a los antiguos distritos de salud12. Son precisamente estas oficinas técnicas las dependencias facultadas legalmente para auditar y garantizar que los establecimientos de salud de su jurisdicción cumplan con los estándares de salud ocupacional y bienestar laboral del talento humano. No obstante, las oficinas técnicas operan bajo una limitación técnica severa: la inexistencia de una Norma Técnica o protocolo nacional específico emitido por el nivel central del MSP que regule las condiciones laborales, ergonómicas y psicosociales exclusivas de las médicas residentes gestantes y en periodo de lactancia40.

Al contrastar esta realidad con la evidencia regional, el panorama latinoamericano muestra esfuerzos dispares, pero iluminadores. En México, a pesar de que la Norma Oficial Mexicana NOM-007 protege a las trabajadoras gestantes, estudios en hospitales de tercer nivel de la Ciudad de México revelan que las residentes sufren coacciones para realizar guardias tipo A (A B C, es decir, guardias cada tercer día) hasta el tercer trimestre, demostrando que la ley por sí sola no transforma la cultura médica41. En contraste, en países como Colombia, tras la promulgación de la «Ley de Residentes» (Ley 1917 de 2018), se han iniciado debates estructurales para estandarizar el componente de bienestar, prohibiendo explícitamente las represalias académicas por el ejercicio de la maternidad y promoviendo la creación de salas de lactancia obligatorias en los hospitales docentes42.

Para resolver esta crisis en Ecuador, es imperativo diseñar e implementar una política pública de salud ocupacional con aplicabilidad directa en los posgrados de medicina. Esta política no puede gestarse aisladamente; requiere la articulación vinculante entre el Consejo de Educación Superior (CES), el Ministerio de Salud Pública, el IESS y el Ministerio del Trabajo. A nivel operativo territorial, las oficinas técnicas deben asumir el rol de garantes y veedores del cumplimiento de estas directrices en los hospitales docentes, actuando como mediadores con capacidad sancionatoria ante casos de vulneración del bienestar materno-fetal43.

Entre las intervenciones urgentes que la evidencia científica internacional y regional sugiere implementar en Ecuador, destacan:

  1. Exención obligatoria de guardias de 24 horas y turnos nocturnos: Implementar la restricción absoluta de laborar turnos nocturnos y guardias superiores a 12 horas a partir de las 24 o 28 semanas de gestación, medida que ha demostrado reducir dramáticamente la incidencia de preeclampsia y parto pretérmino en otros sistemas sanitarios44.
  2. Ergonomía adaptativa mandatoria: Establecer protocolos de bioseguridad y ergonomía que incluyan sillas quirúrgicas, limitación de levantamiento manual de cargas (pacientes) y control estricto de la exposición a radiación ionizante y gases anestésicos para las residentes.
  3. Eliminación de la penalización académica: Las IES deben flexibilizar sus mallas curriculares, permitiendo a las residentes diferir rotaciones de alta exigencia física para el periodo de posparto, o implementar estrategias de simulación clínica y telemedicina que permitan la adquisición de competencias teóricas durante el tercer trimestre, sin que esto implique la extensión punitiva o no remunerada del programa de formación45.

El sistema de salud ecuatoriano no puede seguir sosteniendo su funcionamiento operativo sobre el sacrificio biológico y psicosocial de las médicas en formación. La institucionalización de estas políticas a través de las oficinas técnicas no es un acto de concesión, sino una obligación ética, jurídica y médica ineludible. La normalización del sufrimiento y del riesgo materno-fetal en los posgrados debe ser erradicada mediante regulaciones que prioricen la vida y el bienestar por encima del dogma del presentismo, garantizando así un relevo generacional de especialistas que no tengan que elegir entre su vocación médica y su derecho a una maternidad segura.

CONCLUSIONES

La presente revisión bibliográfica demuestra de manera contundente que la residencia médica, bajo su diseño estructural tradicional, constituye un entorno de alto riesgo ocupacional para la mujer gestante. Las médicas en formación enfrentan un doble embate biomecánico y psicosocial, cuyas consecuencias trascienden el cansancio transitorio y se materializan en patologías obstétricas documentadas y severas, tales como preeclampsia, parto pretérmino y restricción del crecimiento intrauterino. La evidencia es inequívoca: la bipedestación sostenida (superior a cuatro horas), la manipulación de cargas (pacientes o equipos pesados en el quirófano), la privación aguda de sueño por guardias de 24 horas y la cronodisrupción inducen directamente la reducción de la perfusión uteroplacentaria, disfunción endotelial, estrés oxidativo y estados proinflamatorios que comprometen el desarrollo materno-fetal.

Paralelamente, el análisis de la cultura organizacional revela que gran parte del daño se perpetúa por el «currículo oculto» de la medicina y la cultura del presentismo. El estigma asociado al embarazo (el muro maternal), el miedo a la penalización informal en las evaluaciones y la culpa generada por la sobrecarga laboral que asumen sus co-residentes cuando la gestante requiere descanso, obligan a las profesionales a ocultar síntomas de alarma. Esta resistencia forzada agudiza el síndrome de desgaste profesional (burnout) y eleva drásticamente las tasas de depresión y ansiedad posparto en este gremio.

En Ecuador, la persistencia sistemática de estos riesgos obedece a un vacío técnico-jurídico. La bicefalia institucional de la residente —como estudiante de cuarto nivel bajo las Instituciones de Educación Superior (IES) y personal operativo en hospitales del IESS o del Ministerio de Salud Pública (MSP)— fomenta la dilución de la responsabilidad patronal frente a la bioseguridad del binomio madre-feto.

Para resolver esta crisis, se recomiendan las siguientes directrices estructurales:

  1. Regulación y rectoría territorial: El nivel central del MSP debe emitir de urgencia un protocolo de salud ocupacional específico para los posgrados. La vigilancia y auditoría de la correcta implementación de estas normas en los hospitales (exención de guardias a partir de las 24 semanas de gestación y adaptación ergonómica obligatoria) debe ser ejecutada por las oficinas técnicas en cada territorio, otorgándoles capacidad sancionatoria si las jefaturas de docencia vulneran el bienestar de las residentes.
  2. Flexibilidad curricular no punitiva: Las universidades (IES), en coordinación con el Consejo de Educación Superior, deben reformar los reglamentos de evaluación. Es mandatorio permitir a la residente diferir las rotaciones de alta carga física para la etapa de posparto e incorporar la simulación clínica o telemedicina durante el tercer trimestre, garantizando la adquisición de competencias sin que esto se traduzca en una prolongación no remunerada de su especialización.

El rigor académico en la formación de especialistas no puede erigirse sobre el sacrificio biológico y mental de sus médicos. Proteger la maternidad en el quirófano y en la guardia es una exigencia legal, ética y científica ineludible para el sistema sanitario ecuatoriano.

 

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