AUTORES
- Gloria Jiménez Cevidanes. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Concepción López Hinojosa. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Ana López Hinojosa. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Rocío López Montesinos. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Gema Castillo Castillo. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Ana Fernández García. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
RESUMEN
La fractura de diáfisis femoral es la pérdida de continuidad ósea en la porción media del fémur, situada entre la región subtrocantérea y la supracondílea distal del fémur. Debido a que el fémur es el hueso más largo y resistente del cuerpo, estas fracturas suelen producirse por traumatismos de alta energía y constituyen una lesión potencialmente grave por el riesgo de hemorragia y complicaciones asociadas.
Los principales síntomas incluyen dolor intenso en el muslo, deformidad, acortamiento y rotación de la extremidad, incapacidad para la marcha, inflamación e impotencia funcional. En los casos más graves puede aparecer shock hipovolémico debido a pérdidas sanguíneas de hasta 1-1.5 L, especialmente en pacientes politraumatizados.
La etiología presenta una distribución bimodal. En adultos jóvenes predominan los traumatismos de alta energía, como accidentes de tráfico, caídas y lesiones deportivas, En personas mayores, las fracturas suelen producirse por traumatismos de baja energía relacionados con osteoporosis y fragilidad ósea, principalmente tras caídas desde la propia altura.
El tratamiento comienza con la estabilización del paciente, el control del dolor y la inmovilización precoz de la extremidad mediante férula de tracción, siempre que no existan contraindicaciones, con el objetivo de reducir el sangrado, aliviar el dolor y limitar el desplazamiento de los fragmentos óseos. El tratamiento definitivo es habitualmente quirúrgico mediante enclavado intramedular, técnica que proporciona una elevada tasa de consolidación, permite la movilización precoz y presenta un bajo riesgo de complicaciones cuando se realiza correctamente.
PALABRAS CLAVE
Fémur, fractura ósea, fracturas femorales, tracción, férulas.
ABSTRACT
Femoral shaft fracture is defined as the loss of bony continuity in the middle portion of the femur, located between the subtrochanteric region and the distal supracondylar region. As the femur is the longest and strongest bone in the human body, these fractures are usually caused by high-energy trauma and represent a potentially life-threatening injury due to the risk of hemorrhage and associated complications.
The main symptoms include severe thigh pain, deformity, shortening and rotation of the affected limb, inability to bear weight or walk, swelling, and functional impairment. In the most severe cases, hypovolemic shock may occur due to blood loss of up to 1–1.5 L, particularly in polytrauma patients.
The etiology follows a bimodal distribution. In young adults, high-energy trauma, such as road traffic accidents, falls from height, and sports injuries, is the predominant cause. In older adults, these fractures are usually the result of low-energy trauma associated with osteoporosis and bone fragility, most commonly following falls from standing height.
Treatment begins with patient stabilization, pain control, and early immobilization of the affected limb using a traction splint, provided there are no contraindications, in order to reduce bleeding, relieve pain, and minimize displacement of the bone fragments. Definitive treatment is usually surgical, consisting of intramedullary nailing, a technique that provides a high union rate, allows early mobilization, and carries a low risk of complications when performed appropriately.
KEY WORDS
Femur, bone fracture, femoral fractures, traction, splints.
DESARROLLO DEL TEMA
La fractura de diáfisis femoral se define como la pérdida de continuidad ósea en la porción media del fémur, comprendida entre la región subtrocantérea y la supracondílea distal. El fémur constituye el hueso más largo, resistente y voluminoso del cuerpo humano, diseñado para soportar las elevadas cargas mecánicas derivadas de la bipedestación y la marcha. Debido a estas características, las fracturas diafisarias femorales suelen asociarse a traumatismos de alta energía y representan una lesión de gran relevancia en traumatología por la complejidad de su abordaje, la elevada necesidad de tratamiento quirúrgico y el riesgo de complicaciones potencialmente mortales. Asimismo, presentan un importante impacto funcional y socioeconómico, ya que en pacientes jóvenes ocasionan pérdida temporal de autonomía y productividad laboral, mientras que en personas mayores incrementan el riesgo de dependencia, institucionalización y mortalidad1-4.
ETIOLOGÍA:
La etiología de la fractura de diáfisis femoral presenta una distribución bimodal. En adultos jóvenes predominan los traumatismos de alta energía, siendo los accidentes de tráfico, las caídas desde grandes alturas y las lesiones deportivas las principales causas. Por el contrario, en personas mayores estas fracturas suelen producirse tras traumatismos de baja energía, especialmente caídas desde la propia altura, debido a la presencia de osteoporosis y fragilidad ósea. Esta distribución explica la mayor incidencia observada en varones jóvenes y mujeres de edad avanzada, así como las diferencias en el pronóstico y la recuperación funcional entre ambos grupos poblacionales1-3.
CLÍNICA:
La clínica se caracteriza por dolor intenso en el muslo, deformidad evidente de la extremidad, acortamiento, rotación externa e impotencia funcional, con incapacidad para la deambulación. Debido al importante compartimento músculo-vascular del muslo, estas fracturas pueden provocar pérdidas sanguíneas de hasta 1-1,5 litros incluso en fracturas cerradas, incrementando el riesgo de shock hipovolémico, especialmente en pacientes politraumatizados4. Entre las complicaciones agudas destacan la embolia grasa, que puede aparecer entre las 24 y 72 horas posteriores al traumatismo con insuficiencia respiratoria, alteraciones neurológicas y petequias, así como otras lesiones asociadas derivadas del mecanismo de alta energía 5. A medio y largo plazo pueden desarrollarse trombosis venosa profunda, tromboembolismo pulmonar, infección, pseudoartrosis, alteraciones funcionales del miembro afectado, lesiones vasculares o nerviosas y síndrome compartimental, comprometiendo significativamente la calidad de vida del paciente5,6 .
DIAGNÓSTICO:
El diagnóstico es inicialmente clínico y debe realizarse siguiendo la valoración sistemática del paciente traumatizado. La presencia de dolor intenso, deformidad, acortamiento e impotencia funcional de la extremidad permite sospechar la fractura desde el ámbito prehospitalario. En esta fase resulta fundamental valorar la existencia de lesiones asociadas y descartar contraindicaciones para la aplicación de la férula de tracción, como fracturas de pelvis o lesiones articulares. Posteriormente, el diagnóstico se confirma mediante estudios radiográficos, que permiten identificar el tipo de fractura y planificar el tratamiento quirúrgico definitivo4,7.
COMPLICACIONES:
En relación a las complicaciones asociadas, se pueden diferenciar en fase aguda, a medio y a largo plazo. En primera instancia, destaca el shock hipovolémico asociado a una gran hemorragia, derivados del sangrado intramuscular del muslo explicado con anterioridad 4. Además, existe un riesgo evidente de embolia grasa, la cual puede manifestarse a las 24-72 horas después del traumatismo con dificultad respiratoria y afectación neurológica y cutánea (aparición de petequias), se reconoce como compromiso vital si no se detecta de forma precoz y puede ser mortal hasta en un 15% de los pacientes 5,6. En contexto de politrauma, las fracturas diafisarias de fémur coexisten con otras afectaciones sistémicas derivadas del trauma de alta energía 3. A medio y largo plazo pueden aparecer trombosis venosa profunda (TVP) y tromboembolismo pulmonar (TEP) debidas a la inmovilización prolongada. Además, el riesgo de infección, la pseudoartrosis y/o alteraciones en el miembro afectado constituyen secuelas funcionales influyentes en la calidad de vida del paciente9. Otras complicaciones poco frecuentes pueden ser la parálisis del nervio, complicaciones vasculares o síndrome compartimental6.
TRATAMIENTO:
El tratamiento comienza en el entorno prehospitalario con la estabilización hemodinámica del paciente, el control del dolor y la inmovilización precoz de la extremidad. La férula de tracción constituye el método de inmovilización temporal de elección siempre que no existan contraindicaciones, ya que reduce el sangrado, limita el desplazamiento de los fragmentos óseos, disminuye el espasmo muscular y mejora el confort del paciente durante el traslado al hospital4,7. El tratamiento definitivo es habitualmente quirúrgico mediante enclavado intramedular, considerado el procedimiento de referencia por proporcionar una elevada estabilidad, favorecer la movilización precoz y alcanzar tasas de consolidación cercanas al 98 %, con una baja incidencia de complicaciones cuando se realiza correctamente. La elección del tratamiento debe individualizarse según la edad del paciente, el patrón de fractura y su estado clínico general7,8.
IMPORTANCIA DE LA INMOVILIZACIÓN PRECOZ:
La inmovilización precoz es uno de los objetivos fundamentales de la intervención de urgencia. El movimiento incontrolado de los fragmentos óseos durante la atención y el transporte del paciente puede llegar a incrementar el sangrado intramuscular, elevar el dolor y favorecer la aparición de lesiones secundarias. Varios estudios indican que la inmovilización temprana de la extremidad ayuda a reducir la respuesta fisiológica, disminuyendo las catecolaminas y el consumo metabólico asociado al dolor6.
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