Tomografía axial computarizada cerebral en el ACV: importancia diagnóstica y utilidad clínica. Trabajo monográfico

12 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Mario Soro Arroyo. Técnico en Imagen para el Diagnóstico y Medicina Nuclear del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. Ylenia Caballero Casanova. Enfermera del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
  3. Susana Serrano Gaspar. Enfermera del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. María Paz Arroyo Clemente. Enfermera del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Jorge Bárcena Ferruz. Técnico de Laboratorio Clínico y Biomédico del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.
  6. Irene Arner Dobón. Enfermera del Sistema Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESUMEN

El accidente cerebrovascular (ACV) es una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo, por lo que un diagnóstico oportuno es esencial para mejorar el pronóstico de los pacientes. En este sentido, durante la evaluación inicial, la tomografía axial computarizada (TAC) cerebral es el estudio de imagen de primera elección debido a su rapidez, amplia disponibilidad y elevada capacidad para diferenciar un evento isquémico de uno hemorrágico. Esta permite orientar el tratamiento desde las primeras horas de inicio de los síntomas y reducir el riesgo de complicaciones asociadas a intervenciones inadecuadas. La TAC, además de orientar el diagnóstico inicial, aporta datos sobre la localización de la lesión, la extensión del daño cerebral, la existencia de edema, efecto de masa o complicaciones hemorrágicas. Con los avances tecnológicos se han introducido técnicas complementarias, como la angiografía por tomografía computarizada y la perfusión cerebral, que permiten identificar la oclusión vascular y valorar el tejido cerebral potencialmente recuperable. El presente trabajo estudia el papel de la TAC cerebral en el manejo del ACV, con sus fundamentos, indicaciones, ventajas, limitaciones y aplicaciones actuales. Asimismo, se revisa la evidencia científica que sustenta su utilización como herramienta indispensable en los protocolos de atención al paciente con sospecha de accidente cerebrovascular. La revisión señala que una correcta interpretación de los hallazgos tomográficos permite una mayor precisión en las decisiones terapéuticas, mejora los resultados clínicos y optimiza el uso de los recursos sanitarios. Actualmente, el desarrollo de las técnicas de diagnóstico por imágenes ha modificado la forma de tratar el ACV. De ellas, la tomografía axial computerizada cerebral ocupa un lugar central por su rapidez de adquisición, disponibilidad en la mayoría de los hospitales y capacidad para diferenciar de manera inmediata un evento hemorrágico de uno isquémico.

PALABRAS CLAVE

Accidente cerebrovascular, tomografía computarizada, isquemia cerebral, hemorragia intracerebral, diagnóstico por imágenes.

ABSTRACT

Stroke is one of the leading causes of death and disability worldwide; therefore, a timely diagnosis is essential to improve patient prognosis. In this regard, during the initial evaluation, a brain computed tomography (CT) scan is the imaging modality of choice due to its speed, widespread availability, and high ability to distinguish between ischemic and hemorrhagic events. It allows for the guidance of treatment from the very first hours after symptom onset and reduces the risk of complications associated with inappropriate interventions. In addition to guiding the initial diagnosis, CT provides information on the location of the lesion, the extent of brain damage, the presence of edema, mass effect, or hemorrhagic complications. Technological advances have led to the introduction of complementary techniques, such as computed tomography angiography and cerebral perfusion imaging, which allow for the identification of vascular occlusion and the assessment of potentially salvageable brain tissue. This study examines the role of cerebral CT in the management of stroke, including its principles, indications, advantages, limitations, and current applications. It also reviews the scientific evidence supporting its use as an indispensable tool in care protocols for patients with suspected stroke. The review indicates that a correct Interpretation of imaging findings allows for greater precision in treatment decisions, improves clinical outcomes, and optimizes the use of healthcare resources. Currently, advances in diagnostic imaging techniques have changed the way stroke is treated. Among these, cerebral computed tomography plays a central role due to its rapid acquisition time, availability in most hospitals, and ability to immediately distinguish between hemorrhagic and ischemic events.

KEY WORDS

Stroke, computed tomography, cerebral ischemia, intracerebral hemorrhage, diagnostic imaging.

DESARROLLO DEL TEMA

El accidente cerebrovascular constituye una emergencia médica tiempo-dependiente que requiere una evaluación rápida y precisa desde el momento en que el paciente ingresa en el servicio de urgencias. Cada minuto transcurrido sin restablecer el flujo sanguíneo cerebral favorece la pérdida irreversible de millones de neuronas, lo que incrementa el riesgo de discapacidad permanente o fallecimiento¹.

En la actualidad, el desarrollo de las técnicas de diagnóstico por imágenes ha transformado el abordaje del ACV. Entre ellas, la tomografía axial computarizada cerebral ocupa un lugar central por su rapidez de adquisición, disponibilidad en la mayoría de los hospitales y capacidad para diferenciar de manera inmediata un evento hemorrágico de uno isquémico². Esta información resulta indispensable para seleccionar el tratamiento más apropiado, especialmente cuando se considera la administración de trombólisis intravenosa o la realización de trombectomía mecánica.

Aunque la resonancia magnética presenta una mayor sensibilidad para detectar lesiones isquémicas muy precoces, la TAC continúa siendo el método inicial recomendado por las principales guías internacionales debido a que puede realizarse en pocos minutos y permite descartar contraindicaciones para la terapia de reperfusión³.

Accidente cerebrovascular: conceptos generales:

El accidente cerebrovascular es una alteración neurológica de súbita aparición que es producido por la interrupción del flujo sanguíneo cerebral o por la ruptura de un vaso intracraneal⁴. Según su mecanismo fisiopatológico, hay dos grandes tipos de accidente cerebrovascular: isquémico y hemorrágico.

El ACV isquémico representa aproximadamente el 85 % de los casos y ocurre cuando un trombo o un émbolo obstruyen una arteria cerebral, reduciendo el aporte de oxígeno y nutrientes al tejido nervioso. En contraste, el ACV hemorrágico se produce por la ruptura de un vaso sanguíneo, con extravasación de sangre hacia el parénquima cerebral o el espacio subaracnoideo⁵.

Los principales factores de riesgo son hipertensión arterial, diabetes mellitus, fibrilación auricular, dislipidemia, tabaquismo, obesidad y sedentarismo. Identificar estos factores es indispensable para poner en marcha estrategias de prevención primaria y secundaria⁶.

Desde el punto de vista clínico, los pacientes suelen presentar déficit neurológico focal de instauración brusca, caracterizado por debilidad de una extremidad o de un hemicuerpo, alteraciones del lenguaje, pérdida visual, trastornos de la sensibilidad, alteración del equilibrio o disminución del nivel de conciencia7. La rapidez con la que se reconocen estos síntomas influye directamente en las posibilidades de recuperación funcional.

Fundamentos de la tomografía axial computarizada cerebral:

La tomografía axial computarizada utiliza rayos X y algoritmos computacionales para obtener imágenes transversales del encéfalo con alta resolución anatómica⁸. Su principal ventaja radica en la rapidez con que puede realizarse, generalmente en menos de cinco minutos, permitiendo iniciar el tratamiento sin demoras innecesarias.

Durante la evaluación inicial del paciente con sospecha de ACV, el estudio recomendado es la TAC cerebral simple, sin administración de contraste intravenoso. Esta modalidad permite identificar con elevada sensibilidad la presencia de hemorragia intracraneal, hidrocefalia, tumores, hematomas subdurales u otras lesiones que puedan explicar el cuadro clínico⁹.

En el ACV isquémico hiperagudo, las primeras imágenes pueden parecer normales debido a que los cambios estructurales todavía son mínimos. Sin embargo, un observador experimentado puede reconocer signos precoces, entre ellos la pérdida de diferenciación entre sustancia gris y blanca, el borramiento de los surcos corticales, la disminución de la densidad del núcleo lenticular y el denominado signo de la arteria cerebral media hiperdensa, que refleja la presencia de un trombo intraluminal¹⁰.

La identificación de estos hallazgos permite estimar la extensión del tejido afectado y orientar la selección de pacientes candidatos a terapias de reperfusión.

El objetivo principal de la TAC en el accidente cerebrovascular isquémico consiste en excluir una hemorragia intracraneal antes de administrar tratamiento trombolítico¹¹. Posteriormente, la interpretación de las imágenes permite valorar la extensión del infarto mediante escalas estandarizadas como el Alberta Stroke Program Early CT Score (ASPECTS), ampliamente utilizada para seleccionar pacientes con oclusión de la circulación anterior candidatos a trombectomía mecánica¹².

Cuando la TAC simple se complementa con angiografía por tomografía computarizada, es posible identificar de forma directa la arteria ocluida, determinar la circulación colateral y planificar el tratamiento endovascular¹³.

Por otra parte, la tomografía de perfusión aporta información funcional al diferenciar el núcleo del infarto del tejido cerebral en riesgo, conocido como penumbra isquémica. Esta técnica ha permitido ampliar la ventana terapéutica en pacientes cuidadosamente seleccionados, aumentando las posibilidades de recuperación neurológica incluso varias horas después del inicio de los síntomas.

Papel de la TAC en el ACV hemorrágico:

La tomografía axial computarizada (TAC) es el método diagnóstico de referencia para confirmar un accidente cerebrovascular hemorrágico en la fase aguda14. La sangre reciente presenta una alta densidad en las imágenes tomográficas, lo que facilita su identificación desde los primeros minutos posteriores al inicio del sangrado. Gracias a esta característica, la TAC permite distinguir con rapidez una hemorragia intracerebral de un infarto cerebral, situación fundamental porque ambas entidades requieren tratamientos completamente diferentes.

Además de confirmar la presencia de hemorragia, la TAC proporciona información relevante sobre la localización, el volumen del hematoma y su posible extensión hacia el sistema ventricular o el espacio subaracnoideo15. Estos hallazgos ayudan a estimar el pronóstico del paciente y orientan la conducta terapéutica, ya sea conservadora o quirúrgica.

Otro aspecto importante es la valoración del efecto de masa, el desplazamiento de la línea media y la presencia de hidrocefalia aguda, complicaciones que incrementan la presión intracraneal y pueden comprometer rápidamente la vida del paciente14. La identificación temprana de estas alteraciones permite implementar medidas neuroquirúrgicas oportunas cuando están indicadas.

En algunos casos, la TAC con contraste o la angiografía por tomografía computarizada contribuyen a identificar la causa del sangrado, como aneurismas, malformaciones arteriovenosas o lesiones vasculares poco frecuentes.

Angiografía por TAC y tomografía de perfusión:

La evolución tecnológica ha ampliado considerablemente las posibilidades diagnósticas de la tomografía computarizada. Actualmente, además de la TAC simple, es posible realizar estudios vasculares y funcionales que complementan la evaluación inicial del paciente con sospecha de ACV.

La angiografía por tomografía computarizada (AngioTAC) consiste en la adquisición rápida de imágenes tras la administración de contraste intravenoso. Su principal utilidad es visualizar el árbol arterial cerebral, identificar la arteria ocluida y valorar el estado de la circulación colateral16. Esta información resulta indispensable para seleccionar candidatos a trombectomía mecánica y planificar el procedimiento endovascular.

Por otra parte, la TAC de perfusión evalúa parámetros hemodinámicos como el flujo sanguíneo cerebral, el volumen sanguíneo cerebral y el tiempo medio de tránsito. Estos datos permiten diferenciar el núcleo del infarto —tejido ya irreversible— de la penumbra isquémica, donde las neuronas aún conservan viabilidad y pueden recuperarse mediante una reperfusión precoz.

Diversos estudios clínicos han demostrado que la incorporación de estas técnicas permite ampliar la selección de pacientes para tratamientos de reperfusión incluso entre las 6 y las 24 horas posteriores al inicio de los síntomas, siempre que exista tejido cerebral potencialmente recuperable17.

Ventajas de la TAC cerebral en el ACV:

La TAC continúa siendo el estudio de imagen más utilizado en la evaluación inicial del accidente cerebrovascular debido a múltiples ventajas clínicas18.

En primer lugar, su rapidez permite completar el examen en pocos minutos, aspecto decisivo cuando el tratamiento depende del tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas. Asimismo, la mayoría de los hospitales cuentan con equipos de tomografía disponibles durante las 24 horas, lo que favorece una atención inmediata.

Otra ventaja importante es su elevada sensibilidad para detectar hemorragias intracraneales agudas. Además, permite identificar otras patologías que pueden simular un ACV, como tumores cerebrales, abscesos, hematomas subdurales o encefalitis19.

La TAC también facilita el seguimiento evolutivo del paciente. Estudios seriados permiten valorar el crecimiento del hematoma, la aparición de edema cerebral, la transformación hemorrágica de un infarto o la respuesta al tratamiento instaurado.

Desde el punto de vista económico, representa una técnica más accesible y menos costosa que la resonancia magnética, lo que favorece su implementación en hospitales de diferentes niveles de complejidad.

Limitaciones de la TAC cerebral:

A pesar de sus múltiples beneficios, la TAC presenta algunas limitaciones que deben ser consideradas durante la interpretación de los resultados.

Su principal inconveniente es la menor sensibilidad para detectar infartos cerebrales muy precoces, especialmente durante las primeras horas del evento isquémico20. En estas circunstancias, una TAC normal no excluye completamente el diagnóstico clínico.

Asimismo, la técnica utiliza radiación ionizante, aunque la dosis empleada es relativamente baja y los beneficios diagnósticos superan ampliamente los riesgos en situaciones de urgencia.

Cuando se administra contraste intravenoso para realizar AngioTAC o estudios de perfusión, existe un pequeño riesgo de reacciones alérgicas o deterioro de la función renal, particularmente en pacientes con enfermedad renal previa21.

Finalmente, la interpretación de algunos hallazgos sutiles requiere experiencia por parte del médico radiólogo y del equipo especializado en enfermedades cerebrovasculares.

CONCLUSIONES

La integración de protocolos conocidos como «Código Ictus» ha permitido disminuir significativamente el tiempo transcurrido entre el ingreso hospitalario y el inicio del tratamiento, utilizando la TAC como eje central del algoritmo diagnóstico.

La combinación de equipos de alta resolución, software avanzado y atención multidisciplinaria ha contribuido a mejorar la supervivencia y la recuperación funcional de los pacientes con accidente cerebrovascular.

La tomografía axial computarizada cerebral constituye la técnica de imagen de primera elección en la evaluación inicial del paciente con sospecha de accidente cerebrovascular debido a su rapidez, disponibilidad y elevada capacidad para diferenciar el ACV isquémico del hemorrágico.

Su utilización permite orientar de manera inmediata las decisiones terapéuticas, identificar complicaciones potencialmente graves y seleccionar a los pacientes candidatos a terapias de reperfusión. La incorporación de la angiografía por TAC y la tomografía de perfusión ha ampliado las posibilidades diagnósticas, facilitando una evaluación más precisa del estado vascular y de la viabilidad del tejido cerebral.

Aunque presenta limitaciones para detectar algunos cambios isquémicos muy tempranos, continúa siendo una herramienta indispensable en los servicios de urgencias y en las unidades especializadas en enfermedad cerebrovascular.

En conclusión, la TAC cerebral no solo contribuye al diagnóstico oportuno del ACV, sino que también desempeña un papel decisivo en la planificación terapéutica, el seguimiento evolutivo y la mejora del pronóstico clínico. Su adecuada interpretación, integrada con la evaluación clínica y los protocolos de atención vigentes, representa uno de los pilares fundamentales de la medicina moderna en el manejo del accidente cerebrovascular.

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