Prevención de lesiones por presión en pacientes adultos hospitalizados: intervenciones de enfermería basadas en la evidencia

29 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Mari Mar Marco Martín. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. Iratxe Goded Navarrete. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  3. Ainoa Albiol Falcó. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Cristina Hernández Romano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Adrián Cubas Esteban. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  6. Ines Gracia Abril. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESUMEN

Las lesiones por presión constituyen un evento adverso relacionado con la inmovilidad, la presión mantenida y otros factores de vulnerabilidad del paciente. Pueden producir dolor, infección, prolongación de la estancia y deterioro de la calidad de vida, además de incrementar la carga asistencial. Una proporción importante puede prevenirse mediante la identificación del riesgo y la aplicación consistente de medidas de cuidado.

Las intervenciones enfermeras incluyen valoración periódica de la piel, cambios posturales y movilización, manejo de humedad e incontinencia, optimización nutricional, utilización de superficies especiales y protección de zonas sometidas a presión. La evidencia reciente destaca la utilidad de abordar el problema mediante paquetes de cuidados multicomponente, aunque la certeza de los resultados varía según la intervención y el contexto.

La prevención requiere individualizar la frecuencia de las medidas según el riesgo, la tolerancia y la situación clínica. Enfermería desempeña un papel central tanto en la detección temprana de signos cutáneos como en la planificación, ejecución y registro de los cuidados preventivos. La combinación de vigilancia sistemática, juicio clínico y protocolos basados en la evidencia puede contribuir a reducir las lesiones por presión adquiridas durante la hospitalización.

PALABRAS CLAVE

Lesión por presión, prevención, cuidados de enfermería, hospitalización y seguridad del paciente.

ABSTRACT

Pressure injuries are adverse events related to immobility, sustained pressure and other patient vulnerability factors. They may cause pain, infection, prolonged hospital stay and impaired quality of life, while increasing care burden. A substantial proportion can be prevented through risk identification and consistent preventive care.

Nursing interventions include regular skin assessment, repositioning and mobilization, moisture and incontinence management, nutritional optimization, support surfaces and protection of pressure-prone areas. Recent evidence highlights multicomponent care bundles, although certainty varies across interventions and settings.

Prevention requires individualizing measures according to risk, tolerance and clinical condition. Nurses have a central role in early detection of skin changes and in planning, delivering and documenting preventive care. Combining systematic surveillance, clinical judgement and evidence-based protocols may reduce hospital-acquired pressure injuries.

KEY WORDS

Pressure injury, prevention, nursing care, hospitalization, patient safety

INTRODUCCIÓN

Las lesiones por presión son daños localizados en la piel y los tejidos subyacentes relacionados principalmente con presión intensa o prolongada, sola o combinada con fuerzas de cizalla. Su aparición depende de la interacción entre factores mecánicos y características individuales como inmovilidad, perfusión deficiente, fragilidad cutánea, humedad, desnutrición y gravedad clínica 1,2.

En el ámbito hospitalario constituyen un problema de seguridad porque pueden aparecer durante la estancia y generar consecuencias evitables. El dolor, la infección, el retraso en la recuperación y la necesidad de curas complejas repercuten sobre el paciente y sobre los recursos sanitarios. Los pacientes críticos, las personas mayores, quienes presentan movilidad muy limitada y los portadores de dispositivos médicos requieren especial vigilancia1,2.

La prevención forma parte de los cuidados básicos de enfermería. La valoración de riesgo debe complementarse con inspección directa de la piel y juicio clínico, ya que ninguna escala sustituye la observación continuada. La identificación precoz de eritema persistente, cambios de temperatura, consistencia, dolor o alteraciones en prominencias óseas permite intensificar las medidas antes de que la lesión progrese1-4.

La evidencia sobre intervenciones preventivas es amplia pero heterogénea. Revisiones sistemáticas han evaluado reposicionamiento, superficies de apoyo, protectores de talón, apósitos profilácticos, nutrición y paquetes de cuidados. Aunque algunos resultados son favorables, la certeza no siempre es alta y existen diferencias entre poblaciones y contextos2-4.

Por este motivo, las recomendaciones actuales tienden a combinar varias estrategias y adaptarlas al riesgo individual. Enfermería ocupa una posición esencial para garantizar que estas medidas se mantengan a lo largo de todos los turnos y se revisen cuando cambia la situación del paciente.

OBJETIVOS

General:

  • Analizar las intervenciones de enfermería dirigidas a prevenir lesiones por presión en pacientes adultos hospitalizados.

Específicos:

  • Identificar los principales factores de riesgo y elementos de valoración enfermera.
  • Describir las intervenciones preventivas relacionadas con piel, movilización, superficies de apoyo, humedad y nutrición.
  • Analizar la utilidad de los paquetes de cuidados y la importancia de la continuidad asistencial.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica con el propósito de analizar las intervenciones de enfermería dirigidas a prevenir lesiones por presión en pacientes adultos hospitalizados. La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo entre julio y agosto de 2026 en PubMed, CINAHL, Scopus, SciELO y Dialnet.

Para la estrategia de búsqueda se utilizaron términos DeCS/MeSH relacionados con el problema de estudio y con los cuidados de enfermería, combinados mediante los operadores booleanos AND y OR. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, estudios de intervención y documentos científicos directamente relacionados con la práctica enfermera.

Se estableció una acotación temporal de cinco años. Se incluyeron publicaciones en español o inglés, centradas en población adulta y con resultados aplicables al ámbito hospitalario. Se excluyeron estudios pediátricos, trabajos sin relación con intervenciones o vigilancia enfermera y publicaciones cuyo contenido no permitía responder a los objetivos planteados.

La pregunta de investigación se estructuró siguiendo el modelo PICO:

¿En pacientes adultos hospitalizados con riesgo de lesión por presión, las intervenciones preventivas estructuradas de enfermería, en comparación con los cuidados habituales, reducen la aparición de lesiones por presión adquiridas en el hospital?

  • P: pacientes adultos hospitalizados con riesgo de lesión por presión.
  • I: intervenciones preventivas de enfermería individuales o multicomponente.
  • C: cuidados habituales o estrategias preventivas no estructuradas.
  • O: reducción de incidencia, prevalencia y gravedad de lesiones por presión.

RESULTADOS

Valoración del riesgo y vigilancia de la piel:

La prevención comienza en la valoración inicial y debe repetirse cuando se producen cambios clínicos. La inmovilidad, la disminución del nivel de conciencia, la perfusión deficiente, la desnutrición, la incontinencia, la fragilidad y el uso de determinados dispositivos aumentan el riesgo. En cuidados intensivos se añaden factores como sedación, ventilación mecánica, vasopresores y dificultad para realizar cambios posturales1,4.

Las escalas de valoración ayudan a estructurar la evaluación, pero deben acompañarse de inspección cutánea. Enfermería debe revisar prominencias óseas, talones, sacro, occipucio y zonas de contacto con dispositivos. En pacientes con piel oscura, los cambios de color pueden ser menos evidentes y adquieren especial importancia el dolor, la temperatura y la consistencia tisular.

El registro permite comprobar la evolución y la aplicación de medidas. Una valoración realizada al ingreso pierde utilidad si no se actualiza tras cirugía, deterioro hemodinámico, disminución de movilidad o aparición de humedad persistente.

Reposicionamiento y movilización:

El reposicionamiento es una de las intervenciones más utilizadas para redistribuir la presión. Sin embargo, la evidencia no establece una frecuencia universal válida para todos los pacientes. Una revisión Cochrane abreviada señaló incertidumbre sobre cuál es el intervalo óptimo, por lo que la planificación debe considerar riesgo, superficie utilizada, tolerancia y estado clínico5.

Los cambios posturales deben evitar arrastre y cizalla. Es recomendable utilizar ayudas para movilización cuando sean necesarias, mantener alineación corporal y descargar completamente los talones en pacientes de alto riesgo. En personas capaces de movilizarse, fomentar cambios autónomos de posición y actividad es preferible a mantener horarios rígidos.

En pacientes críticos, la inestabilidad puede limitar temporalmente la movilización. En estas situaciones es necesario buscar microcambios posturales, optimizar la superficie de apoyo y revisar con mayor frecuencia las zonas sometidas a presión.

Superficies de apoyo y protección de talones:

Las superficies de apoyo buscan redistribuir la presión y reducir la carga mantenida sobre tejidos vulnerables. La evidencia sugiere que determinadas superficies especializadas pueden disminuir la incidencia frente a colchones estándar, aunque no siempre existen diferencias claras entre tecnologías avanzadas2,6.

Una revisión de 2023 encontró resultados favorables para superficies de baja presión constante, dispositivos de presión alternante y espumas alternativas frente a superficies estándar, si bien los autores señalaron limitaciones en la certeza global2.

En UCI, comparaciones entre modos especializados de baja pérdida de aire y presión alternante no han demostrado superioridad consistente de uno sobre otro6.

La selección debe basarse en el riesgo, la movilidad, la perfusión, el peso, la humedad y la disponibilidad. El uso de una superficie especial no sustituye la vigilancia ni la movilización. Los talones requieren medidas específicas de descarga porque soportan presión elevada sobre una pequeña superficie.

Manejo de humedad, incontinencia y cuidado cutáneo:

La humedad persistente modifica la función barrera de la piel y aumenta su vulnerabilidad frente a fricción y presión. La incontinencia urinaria o fecal, la sudoración y los exudados deben abordarse con higiene suave, secado sin fricción y productos protectores cuando estén indicados1,2.

Es importante diferenciar la lesión por presión de la dermatitis asociada a incontinencia, aunque ambas pueden coexistir. La valoración de localización, forma, profundidad y exposición a humedad ayuda a orientar los cuidados. El objetivo no es mantener la piel excesivamente seca, sino preservar su integridad y evitar maceración1-3.

Los absorbentes deben cambiarse según necesidad y no deben utilizarse como sustituto de un plan de continencia. También debe revisarse la ropa de cama para evitar pliegues, humedad y objetos que generen presión localizada2,4.

Nutrición e hidratación:

La malnutrición se relaciona con mayor vulnerabilidad tisular y menor capacidad de recuperación. Enfermería participa en el cribado nutricional, detección de pérdida de peso, dificultades para comer o beber y comunicación con el equipo cuando existe riesgo2-4.

Una overview de revisiones encontró una reducción de la incidencia con suplementación nutricional frente a dieta hospitalaria estándar, aunque la magnitud y certeza dependen de la población2. La suplementación no debe aplicarse de forma indiscriminada, sino tras valoración nutricional y de acuerdo con el plan terapéutico2-5.

La hidratación también debe vigilarse, especialmente en pacientes dependientes que no pueden acceder por sí mismos a líquidos. Las restricciones prescritas por insuficiencia cardiaca, renal u otras situaciones requieren individualización4.

Apósitos profilácticos y dispositivos médicos:

Los dispositivos médicos pueden generar presión mantenida en nariz, orejas, labios, cuello, extremidades o zonas de fijación. La prevención requiere comprobar tamaño y posición, reducir tensión, inspeccionar la piel bajo el dispositivo cuando sea posible y recolocarlo sin comprometer su función.

Los apósitos profilácticos de silicona se han estudiado como medida adicional en zonas de alto riesgo, especialmente sacro y talones. Un metaanálisis encontró reducción de lesiones con determinados apósitos de silicona, aunque deben considerarse como complemento y no como sustituto de la descarga de presión y la vigilancia1,2,6.

En decúbito prono el patrón de riesgo cambia y pueden afectarse estructuras como la cara, tórax, crestas ilíacas, rodillas y pies. Las revisiones en UCI han descrito una incidencia considerable de lesiones asociadas al prono, lo que obliga a protocolos específicos de protección y reevaluación6.

Paquetes de cuidados preventivos:

Los care bundles combinan tres o más componentes, habitualmente valoración de riesgo, inspección de piel, reposicionamiento, superficies de apoyo, protección de talones, manejo de humedad y educación. Su objetivo es reducir la variabilidad y facilitar que las medidas se apliquen de forma consistente.

Un metaanálisis de 2024 observó una reducción de la tasa de lesiones por presión adquiridas en el hospital en estudios no aleatorizados, aunque la certeza de la evidencia fue muy baja y los estudios presentaban riesgo de sesgo. Esto indica un beneficio potencial, pero también la necesidad de evitar interpretar los paquetes como una solución automática3.

El componente decisivo es la implementación: formación, disponibilidad de recursos, documentación, auditoría y comunicación entre turnos. Enfermería es responsable de gran parte de estas actuaciones y puede detectar precozmente cuándo el plan preventivo necesita intensificarse8.

DISCUSIÓN

La prevención de lesiones por presión exige combinar medidas porque ningún recurso aislado elimina el riesgo. Las revisiones recientes muestran señales de beneficio para superficies de apoyo, protección de talones, determinados apósitos y estrategias multicomponente, pero también señalan heterogeneidad y limitaciones metodológicas2-4.

El reposicionamiento sigue siendo una práctica central, aunque no existe evidencia suficiente para establecer un intervalo fijo aplicable a todos los pacientes. Este hallazgo refuerza la importancia del juicio clínico enfermero y de individualizar la frecuencia según tolerancia, riesgo y superficie de apoyo5.

Los paquetes de cuidados pueden mejorar la consistencia asistencial, pero su efectividad depende de la adherencia. Protocolos extensos que no se integran en el flujo de trabajo pueden tener menor impacto que intervenciones sencillas, registrables y revisadas en cada turno.

Una limitación de la literatura es la diversidad de definiciones, poblaciones, estadios de lesión y tecnologías estudiadas. Por ello, los resultados deben aplicarse con prudencia. Aun así, existe suficiente fundamento para considerar la prevención una responsabilidad continuada en la que la valoración de enfermería, la movilización segura y la protección de la piel son elementos esenciales7,8.

La literatura reciente refuerza además el valor de los paquetes estructurados de cuidados. Un metaanálisis de 2025 sobre bundles preventivos de lesiones por presión hospitalarias encontró resultados favorables, aunque la composición de los paquetes y los contextos asistenciales fueron heterogéneos; por ello, deben entenderse como estrategias organizadas e individualizadas y no como sustitutos de la valoración clínica9.

CONCLUSIONES

– La prevención de lesiones por presión debe iniciarse desde el ingreso y actualizarse ante cualquier cambio clínico o funcional.

– La valoración de riesgo debe complementarse con inspección sistemática de la piel y juicio clínico enfermero.

– Reposicionamiento, movilización, superficies de apoyo, control de humedad, nutrición y protección de zonas vulnerables constituyen los principales pilares preventivos.

– Los paquetes multicomponente pueden reducir lesiones adquiridas en el hospital, aunque la certeza de la evidencia disponible es variable.

– Enfermería desempeña un papel central en la planificación, ejecución, registro y reevaluación de las medidas preventivas y en la continuidad de los cuidados entre turnos.

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