Aneurisma de arteria renal con fistulización al sistema excretor: causa inusual de hematuria y manejo endovascular

30 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Alicia Alierta Orduña. Servicio de Urología. Hospital Royo Villanova. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza, España.
  2. María Terrado Pueyo. Servicio de Neumología. Hospital Royo Villanova. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza, España.
  3. Berta María Mañas Lorente. Servicio de Neumología. Hospital Royo Villanova. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza, España.
  4. Patricia López Llorente. Servicio de Urología. Hospital Royo Villanova. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza, España.
  5. Minerva Hernández Agreda. Servicio de Medicina Familiar y Comunitaria. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza, España.
  6. Marta Gallego Pérez. Servicio de Medicina Familiar y Comunitaria. Hospital Royo Villanova. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza, España.

RESUMEN

El aneurisma de arteria renal con comunicación al sistema excretor es una causa excepcional de hematuria macroscópica. Presentamos el caso de una mujer de 84 años con antecedentes de diabetes mellitus tipo 2 y dislipemia que consultó por hematuria macroscópica, dolor cólico izquierdo irradiado a hipogastrio y síndrome miccional tras una caída. La tomografía computarizada abdominopélvica con contraste evidenció un aneurisma de arteria renal izquierda de 53 × 57 × 64 mm, con calcificaciones parietales y trombo mural, asociado a contenido hemático en pelvis renal y sistema calicial y hallazgos sugestivos de comunicación activa con el sistema excretor. La angiografía confirmó la opacificación precoz del sistema calicial y se realizó embolización selectiva, logrando la exclusión del aneurisma. La paciente evolucionó con resolución de la hematuria y ausencia de flujo en el control ecográfico, aunque presentó deterioro transitorio de la función renal e infección urinaria durante el ingreso. La ruptura o comunicación de un aneurisma de arteria renal con el sistema colector debe considerarse ante hematuria de probable origen vascular. El tratamiento endovascular permite, en casos seleccionados, controlar el sangrado mediante un abordaje mínimamente invasivo.

PALABRAS CLAVE

Aneurisma, arteria renal, hematuria, embolización terapéutica, procedimientos endovasculares.

ABSTRACT

Renal artery aneurysm communicating with the collecting system is an exceptional cause of gross hematuria. We present the case of an 84-year-old woman with a history of type 2 diabetes mellitus and dyslipidemia who presented with gross hematuria, left colicky pain radiating to the hypogastrium and voiding symptoms after a fall. Contrast-enhanced abdominopelvic computed tomography revealed a left renal artery aneurysm measuring 53 × 57 × 64 mm, with parietal calcifications and mural thrombus, associated with blood products in the renal pelvis and calyceal system and findings suggestive of active communication with the collecting system. Angiography confirmed early opacification of the calyceal system, and selective embolization achieved exclusion of the aneurysm. Hematuria resolved and follow-up ultrasound showed no flow within the aneurysm, although transient deterioration of renal function and a urinary tract infection occurred during admission. Rupture or communication of a renal artery aneurysm with the collecting system should be considered when hematuria is suspected to have a vascular origin. In selected cases, endovascular treatment can control bleeding through a minimally invasive approach.

KEY WORDS

Aneurysm, renal artery, hematuria, embolization, therapeutic, endovascular procedures.

INTRODUCCIÓN

Los aneurismas de arteria renal (AAR) son lesiones vasculares infrecuentes y con frecuencia se diagnostican de forma incidental1,2. Pueden manifestarse con hipertensión, dolor en flanco, hematuria o complicaciones derivadas de trombosis, embolización o ruptura1,2.

La hematuria grave secundaria a sangrado de un AAR hacia el sistema colector es una presentación poco habitual, pero potencialmente grave3,4. Se han publicado casos en los que el aneurisma o pseudoaneurisma sangra directamente al sistema urinario y el tratamiento endovascular consigue el control inmediato de la hemorragia3,4.

Las opciones terapéuticas incluyen técnicas endovasculares y cirugía abierta. La elección depende de la anatomía vascular, la localización, el tamaño, la situación clínica y la posibilidad de preservar parénquima renal1,5.

El objetivo de este trabajo es describir un caso de hematuria secundaria a un aneurisma de arteria renal con comunicación al sistema excretor y destacar el papel diagnóstico y terapéutico de la angiografía y la embolización selectiva.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Se trata de una mujer de 84 años con antecedentes personales de diabetes mellitus tipo 2, dislipemia, depresión y alergia a metformina, sin historia urológica previa de relevancia.

La paciente acudió a urgencias el 28 de agosto de 2025 tras una caída desde su propia altura, con traumatismo craneoencefálico de predominio occipital. Durante la evaluación inicial refirió dolor cólico intenso en flanco izquierdo irradiado a hipogastrio, síndrome miccional y hematuria macroscópica.

En la exploración física presentaba tensión arterial de 83/52 mmHg, frecuencia cardiaca de 81 latidos por minuto, saturación de oxígeno del 95% y temperatura normal. Pese a la hipotensión registrada, no presentaba datos clínicos de inestabilidad progresiva. La palpación abdominal mostraba dolor a la presión profunda en flanco izquierdo y la puñopercusión renal era negativa bilateralmente.

La analítica urgente mostró leucocitos 16.200/μL (82% neutrófilos), proteína C reactiva 2,75 mg/L, procalcitonina 0,17 ng/mL, creatinina 1,18 mg/dL, filtrado glomerular estimado 43 mL/min, hemoglobina 11,2 g/dL, hematocrito 32,8%, plaquetas 186.000/μL y coagulación dentro de la normalidad.

Se activó el protocolo de traumatismo craneoencefálico y las pruebas de imagen descartaron lesiones intracraneales significativas. Ante la clínica abdominal y la hematuria, se amplió el estudio con tomografía computarizada toracoabdominal con contraste, que mostró un aneurisma de arteria renal izquierda de 53 × 57 × 64 mm, con calcificaciones parietales y trombo mural, asociado a contenido hemático en pelvis renal y sistema calicial, sugestivo de comunicación activa con el sistema excretor.

Se realizó angiografía renal izquierda, que confirmó un aneurisma gigante prebifurcación con opacificación precoz del sistema calicial. En el mismo procedimiento se efectuó embolización selectiva mediante radiología intervencionista, consiguiéndose la exclusión angiográfica del aneurisma.

Durante el ingreso la hemoglobina descendió hasta aproximadamente 9 g/dL y se administró hierro intravenoso; al alta era de 10 g/dL. La función renal se deterioró durante la estancia, con creatinina de hasta 2 mg/dL y un valor al alta de 2,23 mg/dL.

El 1 de septiembre presentó fiebre y urocultivo positivo para Enterococcus faecalis, por lo que recibió tratamiento antibiótico. Además, se diagnosticó una fractura no desplazada de rama isquiopubiana izquierda, valorada por traumatología.

La paciente fue dada de alta el 6 de septiembre de 2025. En la consulta de control del 6 de noviembre de 2025 se encontraba asintomática. La ecografía de control mostró el aneurisma embolizado, sin flujo en su interior. Se planificó control con ecografía Doppler al año.

DISCUSIÓN-CONCLUSIONES

Los AAR son infrecuentes y una proporción importante se detecta de forma incidental1,2. Las manifestaciones descritas incluyen hipertensión, dolor abdominal o lumbar y hematuria; la ruptura constituye una complicación potencialmente grave1,2.

La hematuria masiva puede producirse cuando un aneurisma o pseudoaneurisma renal sangra hacia el sistema colector. Esta forma de presentación está documentada en casos clínicos, pero la literatura disponible no permite sostener con rigor una cifra acumulada concreta de «menos de 20 casos» de AAR verdaderos fistulizados al sistema excretor3,4. Por este motivo, en este trabajo se evita cuantificar el número mundial de casos.

La tomografía computarizada con contraste permite caracterizar el aneurisma, valorar la presencia de sangre en el sistema colector y planificar el abordaje. La angiografía aporta una definición anatómica precisa y puede ser simultáneamente diagnóstica y terapéutica3,4. En nuestra paciente, la opacificación precoz del sistema calicial confirmó la comunicación activa.

El tratamiento de los AAR sintomáticos debe individualizarse. Las técnicas endovasculares, entre ellas la embolización selectiva y el uso de stents en anatomías apropiadas, constituyen alternativas menos invasivas a la cirugía abierta y pueden preservar mayor cantidad de parénquima renal1,5. La cirugía continúa siendo necesaria cuando la anatomía no es favorable, el tratamiento endovascular fracasa o la situación clínica exige un control quirúrgico1,5.

Existen precedentes de hematuria potencialmente mortal por AAR con sangrado al sistema colector tratados satisfactoriamente mediante embolización3,4. En nuestro caso, la embolización logró resolver la hematuria y excluir el aneurisma en el control ecográfico.

En conclusión, las causas vasculares deben formar parte del diagnóstico diferencial de la hematuria macroscópica cuando los hallazgos clínicos o radiológicos sugieren un origen renal vascular. La combinación de tomografía con contraste y angiografía permite establecer el diagnóstico y planificar el tratamiento. La embolización selectiva es una opción eficaz en pacientes seleccionados, aunque el seguimiento debe incluir la valoración de la función renal y la exclusión persistente del aneurisma.

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ANEXOS

Anexo 1. Claves diagnósticas y terapéuticas:

1. Considerar una etiología vascular ante hematuria macroscópica con hallazgos renales vasculares en las pruebas de imagen.

2. La tomografía con contraste permite caracterizar el aneurisma y valorar la presencia de sangre en el sistema colector.

3. La angiografía define la anatomía vascular y puede confirmar una comunicación activa con el sistema colector.

4. La embolización selectiva puede controlar el sangrado y evitar una cirugía abierta en anatomías favorables.

5. El seguimiento debe valorar tanto la exclusión del aneurisma como la evolución de la función renal.

6. La cirugía abierta conserva un papel en casos no tratables por vía endovascular, fracaso técnico o determinadas situaciones de urgencia.

DECLARACIÓN ÉTICA:

La paciente fue informada de que su caso clínico iba a ser tratado de manera confidencial y presentado para publicación, prestando su consentimiento por escrito para la difusión del mismo. Se han respetado en todo momento los criterios éticos establecidos, garantizando la no identificación de la paciente mediante el uso de datos anonimizados.

 

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