- Pilar Ainara Cea Vaquero. Grado en Medicina. Zaragoza, Aragón, España.
- Julia Rubio del Río. Grado en Medicina. Zaragoza, Aragón, España.
- Ángela Alonso Blánquez. Grado en Medicina. Zaragoza, Aragón, España.
- Francisco Javier Mancebón Sierra. Grado en Medicina. Zaragoza, Aragón, España.
RESUMEN
Los errores de prescripción en cuidados intensivos adoptan formas distintas: elección de un fármaco inadecuado, dosis o vía incorrectas, órdenes incompletas y omisión de tratamientos indicados. Esta síntesis deriva de una revisión exploratoria realizada en enero de 2024 sobre estudios publicados entre 2000 y 2023. De 465 registros recuperados, el trabajo incluyó 39 estudios sobre UCI de adultos. La heterogeneidad de definiciones impide interpretar una cifra única de prevalencia. Revisar la indicación, la dosis, la vía y la duración en cada transición asistencial constituye una respuesta práctica a ese riesgo.
PALABRAS CLAVE
Cuidados intensivos, errores de prescripción, seguridad del paciente, uso seguro de medicamentos, conciliación de la medicación.
ABSTRACT
Prescribing errors in intensive care take various forms: selection of an inappropriate drug, incorrect dosage or route, incomplete orders, and omission of indicated treatments. This summary is based on a scoping review conducted in January 2024 covering studies published between 2000 and 2023. Out of 465 retrieved records, the analysis included 39 studies focused on adult ICUs. The heterogeneity of definitions makes it impossible to determine a single prevalence figure. Reviewing the indication, dosage, route, and duration at every care transition serves as a practical response to this risk.
KEY WORDS
Intensive care, prescribing errors, patient safety, medication safety, medication reconciliation.
DESARROLLO DEL TEMA
De qué error hablamos:
Un error de prescripción se produce cuando la orden de tratamiento no responde adecuadamente a las necesidades del paciente o contiene información incorrecta o insuficiente. Puede consistir en elegir un medicamento inadecuado, indicar una dosis, vía o frecuencia erróneas, prolongar un tratamiento más de lo necesario o no prescribir un fármaco indicado. También deben considerarse las duplicidades y las interacciones clínicamente relevantes que podrían haberse evitado. El concepto abarca, por tanto, tanto los tratamientos innecesarios como las omisiones.
Es importante distinguir estos problemas de los errores que ocurren durante la preparación o la administración. Cada fase del proceso tiene sus propios riesgos, aunque están relacionados: una orden ambigua o incompleta puede dar lugar a interpretaciones diferentes y favorecer un error posterior. Por ello, la calidad de la prescripción depende no solo de elegir el tratamiento adecuado, sino también de dejar constancia clara de cómo y durante cuánto tiempo debe utilizarse.
En una unidad de cuidados intensivos (UCI), esta tarea resulta especialmente compleja. Los pacientes suelen presentar enfermedades graves, reciben varios medicamentos a la vez y pueden experimentar cambios clínicos en pocas horas. La función renal o hepática puede modificarse y hacer necesario ajustar dosis que antes eran apropiadas. Además, las perfusiones continuas, los tratamientos iniciados con urgencia y las frecuentes modificaciones de la pauta exigen revisar cada decisión en función de la situación actual, sin dar por válida una indicación solo porque figuraba en la prescripción del día anterior.
Cómo se manifiestan los errores:
Algunos errores son fáciles de reconocer, como una dosis que no corresponde a la pauta prevista o una vía de administración incompatible con la presentación del medicamento. Otros son menos evidentes. Una orden puede indicar el fármaco correcto, pero omitir su concentración, frecuencia o duración. También puede mantenerse un tratamiento cuya indicación ha desaparecido tras la mejoría del paciente. En sentido contrario, suspender una medicación habitual durante la fase aguda puede ser adecuado, pero olvidarla cuando deja de existir el motivo de suspensión constituye una posible omisión.
Las abreviaturas ambiguas y las instrucciones imprecisas dificultan la interpretación de las órdenes, especialmente cuando intervienen distintos profesionales o se producen cambios de turno. Para valorar un posible error es necesario conocer el contexto clínico: una misma dosis puede ser adecuada para un paciente e inapropiada para otro. Por eso, el objetivo de la revisión no es aplicar reglas de forma automática, sino comprobar que existe una justificación para cada tratamiento y que la pauta expresa con claridad la decisión tomada.
Tampoco todos los errores tienen la misma repercusión. Algunos se detectan antes de llegar al paciente; otros pueden contribuir a una respuesta insuficiente al tratamiento o a efectos adversos. La posibilidad de daño depende del medicamento, de la magnitud del error y de las características del paciente. Reconocer esta diversidad ayuda a priorizar las situaciones que requieren una corrección inmediata, sin dejar de atender los problemas aparentemente menores que pueden repetirse o acumularse.
Dónde concentrar la revisión:
Una revisión diaria estructurada puede comenzar por cuatro preguntas: ¿sigue existiendo una indicación para el medicamento?, ¿son adecuadas la dosis y la vía para el estado actual del paciente?, ¿están definidas la frecuencia y la duración?, ¿hay un plan para mantener, modificar o suspender el tratamiento? Estas preguntas son útiles tanto para los medicamentos iniciados durante el ingreso como para los que el paciente tomaba previamente.
Merecen especial atención los momentos en que cambia la situación clínica. Una variación de la función renal, el inicio de nutrición enteral, la retirada de la ventilación mecánica o el paso de una perfusión a una pauta intermitente pueden exigir ajustes. También conviene reevaluar los tratamientos indicados en una urgencia: una medida apropiada en las primeras horas quizá necesite otra dosis, otra vía o una fecha de finalización una vez superada esa fase. Registrar el motivo de los cambios permite que el equipo comprenda el plan y facilita detectar discrepancias.
El número de medicamentos y la duración de la estancia aumentan las ocasiones en que una pauta puede quedar desactualizada. En lugar de asumir que determinados grupos farmacológicos presentan siempre el mismo riesgo, conviene dirigir la atención a las prescripciones que requieren ajustes frecuentes, tienen instrucciones complejas o pueden causar consecuencias relevantes si se utilizan incorrectamente. La revisión debe adaptarse a los tratamientos concretos y a la evolución de cada paciente.
La importancia de las transiciones:
El traslado fuera de la UCI es un momento particularmente sensible. Pueden mantenerse por inercia tratamientos que ya no se necesitan, desaparecer del plan medicamentos que deberían reintroducirse o quedar sin resolver dudas sobre la duración de una pauta. La conciliación de la medicación permite comparar el tratamiento previo al ingreso, el administrado durante la estancia en UCI y el previsto tras el traslado.
Para que esa comparación sea útil, el informe debe precisar qué medicamentos continúan, cuáles se han modificado o suspendido y por qué. También debe señalar los ajustes pendientes y cuándo corresponde revisarlos. Una comunicación clara entre los equipos que atienden al paciente favorece la continuidad de las decisiones terapéuticas y evita que una orden adecuada en un momento determinado se mantenga sin reevaluación.
La prevención de los errores de prescripción requiere, en definitiva, tratar la orden médica como una decisión dinámica. Prescribir con claridad, revisar cada pauta según la evolución clínica y comunicar los cambios en las transiciones asistenciales permite identificar tanto tratamientos excesivos como omisiones. Ese proceso complementa el juicio clínico y contribuye a una atención más segura y coherente durante todo el ingreso.
CONCLUSIÓN
La variación entre estudios aconseja describir con precisión qué se considera error y sobre qué órdenes o pacientes se calcula. Una prescripción completa y revisada diariamente facilita detectar tanto tratamientos excesivos como omisiones, sin sustituir el juicio clínico individual.
BIBLIOGRAFÍA
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