AUTORES
- Pilar Ainara Cea Vaquero. Grado en Medicina. Zaragoza, Aragón, España.
- Julia Rubio del Río. Grado en Medicina. Zaragoza, Aragón, España.
- Ángela Alonso Blánquez. Grado en Medicina. Zaragoza, Aragón, España.
- Francisco Javier Mancebón Sierra. Grado en Medicina. Zaragoza, Aragón, España.
RESUMEN
La prevención de errores de prescripción en cuidados intensivos comienza con órdenes completas y comprensibles, y exige revisar los tratamientos según la evolución clínica. La prescripción electrónica puede mejorar la legibilidad y ofrecer alertas, mientras que la participación de farmacia clínica facilita la detección de problemas relacionados con los medicamentos. Estas medidas requieren supervisión, comunicación entre profesionales y seguimiento de las decisiones adoptadas. Para valorar su utilidad es necesario definir qué errores se miden, distinguir su gravedad y comprobar tanto los resultados como las posibles dificultades que introduce cada intervención.
PALABRAS CLAVE
Cuidados intensivos, errores de prescripción, prescripción electrónica, farmacia clínica, seguridad del paciente.
ABSTRACT
Preventing prescribing errors in intensive care begins with complete, clear orders and requires treatment to be reviewed as the patient’s condition changes. Electronic prescribing can improve legibility and provide alerts, while clinical pharmacists can help identify medication-related problems. These measures require oversight, communication among professionals, and follow-up of the decisions made. To assess their usefulness, it is necessary to define which errors are measured, distinguish their clinical severity, and examine both the outcomes and any difficulties introduced by each intervention.
KEY WORDS
Intensive care, prescribing errors, electronic prescribing, clinical pharmacy, patient safety.
DESARROLLO DEL TEMA
Los cambios de turno y los traslados. Quien recibe al paciente debe poder identificar qué medicamentos se han iniciado, por qué motivo y durante cuánto tiempo se prevé administrarlos. Dejar constancia del razonamiento clínico facilita detectar pautas mantenidas por inercia y evita que una suspensión deliberada se interprete como una omisión accidental.
Tecnología con supervisión:
La prescripción electrónica puede mejorar la legibilidad, limitar determinados errores de transcripción y ofrecer avisos sobre alergias, interacciones o dosis. Sin embargo, no garantiza por sí sola que la elección del medicamento sea adecuada. En una UCI con prescripción informatizada continuaban identificándose errores de medicación². Por ello, la introducción de un sistema electrónico debe acompañarse de seguimiento y de revisión de los incidentes que persisten.
Las alertas son útiles cuando señalan riesgos relevantes en el momento de tomar una decisión. Si aparecen demasiados avisos de escasa importancia, pueden interrumpir el trabajo y dificultar que se reconozcan los verdaderamente importantes. Su configuración debe revisarse según los problemas observados en la unidad y la respuesta de los profesionales. También conviene comprobar si una modificación informática crea nuevas dificultades, por ejemplo, al introducir dosis variables, perfusiones o cambios frecuentes de tratamiento.
El sistema debe permitir documentar el motivo de una excepción. En algunos pacientes, una pauta que genera una alerta puede estar clínicamente justificada. Registrar esa razón ayuda a distinguir una decisión deliberada de un aviso ignorado. En cualquier caso, la herramienta no sustituye la valoración de la indicación, la función de los órganos, la evolución clínica ni la respuesta al tratamiento.
Aportación de farmacia clínica:
La revisión por farmacéuticos clínicos puede identificar dosis y frecuencias inadecuadas, interacciones relevantes, duplicidades y tratamientos que han perdido su indicación. Los estudios citados describen intervenciones sobre errores en UCI y una menor utilización inadecuada de albúmina en un programa específico³,⁴. Ese resultado no demuestra por sí solo una reducción de todos los tipos de error ni permite atribuir mejoras en otros desenlaces clínicos.
La utilidad de esta participación depende de que las recomendaciones se integren en las decisiones del equipo. Identificar un problema es solo el primer paso: debe existir un canal claro para comunicarlo al profesional prescriptor, valorar conjuntamente las alternativas y comprobar qué decisión se adopta. Cuando una recomendación no se aplica, conocer el motivo también puede ayudar a mejorar el proceso o a reconocer que existía una justificación clínica no documentada inicialmente.
La revisión interdisciplinar resulta especialmente valiosa ante tratamientos complejos o cambios rápidos en el estado del paciente. El personal de enfermería puede detectar discrepancias entre la orden y su aplicación práctica; farmacia puede aportar una revisión centrada en los medicamentos; y el equipo médico puede integrar esas observaciones con los objetivos clínicos. Una comunicación breve y concreta entre profesionales facilita resolver dudas antes de que un error llegue al paciente.
Cómo evaluar una mejora:
Antes de poner en marcha una intervención conviene definir qué se considerará error y cómo se medirá. No es equivalente calcular errores por número de órdenes, por pacientes atendidos o por días de estancia. También debe distinguirse entre órdenes incompletas, errores detectados antes de la administración e incidentes que alcanzan al paciente. Sin estas precisiones, una variación en el porcentaje puede reflejar un cambio en el registro más que una mejora real.
Tras implantar una medida pueden revisarse tanto sus resultados como sus consecuencias prácticas. Interesa saber si disminuyen los errores clínicamente relevantes, pero también cuánto tiempo exige el nuevo procedimiento, si facilita la comunicación y si aparecen dificultades no previstas. Un aumento inicial de los incidentes comunicados, por ejemplo, podría deberse a una mejor detección. Interpretar las cifras requiere conocer cómo se obtuvieron y qué ha cambiado en la unidad.
Las intervenciones deben responder a los problemas observados localmente. Si predominan las órdenes incompletas, puede ser prioritario mejorar los campos de prescripción. Si se repiten errores de ajuste de dosis, resultará más útil revisar la información clínica disponible y los apoyos para tomar esa decisión. La formación, las herramientas informáticas y la revisión farmacéutica pueden combinarse y modificarse según los resultados obtenidos.
CONCLUSIÓN
La prevención comienza con una prescripción completa y continúa mediante su revisión clínica a lo largo del ingreso. La tecnología y la colaboración entre profesionales pueden ayudar a detectar errores, siempre que exista un proceso claro para comunicar hallazgos, actuar sobre ellos y evaluar sus resultados. Medir problemas definidos con precisión permite saber qué medidas funcionan en cada UCI y dónde siguen existiendo oportunidades de mejora.
Para consolidar estas mejoras, conviene revisar periódicamente los errores detectados y compartir los resultados con los profesionales de la unidad. Analizar en equipo cómo se produjo cada incidente permite identificar dificultades recurrentes en la prescripción, la comunicación o el uso de las herramientas informáticas. Las medidas adoptadas pueden ajustarse después y volver a evaluarse, en lugar de darse por eficaces tras su implantación. Este seguimiento también ayuda a reconocer los problemas antes de que causen daño y a mantener procedimientos útiles cuando cambian los tratamientos, los equipos o la organización de la UCI.
BIBLIOGRAFÍA
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- Cho I, et al. Understanding the nature of medication errors in an ICU with a computerized physician order entry system. PLoS One. 2014;9:e114243.
- Kessemeier N, et al. A new approach on assessing clinical pharmacists’ impact on prescribing errors in a surgical intensive care unit. Int J Clin Pharm. 2019;41:1184-1192.
- Buckley MS, et al. Clinical pharmacist-led impact on inappropriate albumin use and costs in the critically ill. Ann Pharmacother. 2020;54:105-112.