AUTORES
- Raúl Latorre Tomey. Residente de 5º año de Cirugía General y del Aparato Digestivo. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
- Silvia Rufas Luis. Enfermera Hospitalización Cirugía General y Digestivo. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
- Irene Baniandrés Rodríguez. Enfermera Hospitalización Cirugía General y Digestivo. Hospital Universitario San Jorge, Huesca.
- Paula Martínez Sarasa. Enfermera de Hospitalización. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
- Sara Sasal Pérez. Enfermera Hospitalización de Cirugía General y Digestivo. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
- Damià Perelló Llabrés. Residente de 3º año de Cirugía General y del Aparato Digestivo. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
RESUMEN
Las heridas complejas son aquellas que, a pesar de un tratamiento adecuado y la corrección de su causa subyacente, no presentan una evolución normal hacia la curación mediante los medios convencionales. Diversos factores intrínsecos y extrínsecos pueden influir negativamente en el proceso de cicatrización, entre ellos, las edades extremas, la malnutrición, la hipoproteinemia, la anemia, enfermedades metabólicas como la diabetes, el tabaquismo y, en el caso de heridas quirúrgicas, la falta de asepsia en el quirófano.
La infección en heridas quirúrgicas puede alterar significativamente el proceso de curación, provocando, en muchos casos, la dehiscencia de la herida. Tradicionalmente, el manejo de estas heridas implica el tratamiento por segunda intención, lo que prolonga el tiempo de cicatrización, incrementa la frecuencia de consultas médicas y de enfermería, generando un aumento en los costes sanitarios, además de contribuir a la morbilidad del paciente.
En este contexto, la terapia de presión negativa (TPN), ya sea continua o intermitente, representa una alternativa eficaz para optimizar el proceso de cicatrización. Su mecanismo de acción permite preparar el lecho de la herida para el cierre, reducir el edema, estimular la formación de tejido de granulación, mejorar la perfusión y eliminar el exudado y los materiales infecciosos.
El conocimiento y la adecuada aplicación de esta terapia resultan fundamentales en el tratamiento y seguimiento de heridas quirúrgicas complejas, mejorando los resultados clínicos y la calidad de vida del paciente.
PALABRAS CLAVE
Heridas complicadas, terapia de presión negativa, manejo de heridas, infección de heridas.
ABSTRACT
Complex wounds are those that, despite appropriate treatment and correction of their underlying cause, do not follow a normal healing process through conventional means. Various intrinsic and extrinsic factors can negatively influence the healing process, including extreme ages, malnutrition, hypoproteinemia, anemia, metabolic diseases such as diabetes, smoking, and, in the case of surgical wounds, the lack of asepsis in the operating room.
Infection in surgical wounds can significantly disrupt the healing process, often leading to wound dehiscence. Traditionally, the management of these wounds involves second-intention healing, which prolongs the healing time, increases the frequency of medical and nursing consultations, and raises healthcare costs, in addition to contributing to patient morbidity.
In this context, negative pressure therapy (NPT), whether continuous or intermittent, represents an effective alternative to optimize the healing process. Its mechanism of action prepares the wound bed for closure, reduces edema, stimulates granulation tissue formation, enhances perfusion, and removes exudate and infectious materials.
Knowledge and proper application of this therapy are essential for the treatment and follow-up of complex surgical wounds, improving clinical outcomes and enhancing the patient’s quality of life.
KEY WORDS
Complex wounds, surgical wound infection, negative-pressure wound therapy, wound healing.
INTRODUCCIÓN
Las heridas complejas pueden clasificarse de diversas formas, siendo la más habitual aquella basada en el tiempo de evolución. En este sentido, se distinguen dos grupos principales: las heridas complejas “de novo”, como las úlceras vasculares, el pie diabético, las quemaduras de alto grado o las lesiones postraumáticas graves, y aquellas que, a pesar del tratamiento adecuado, no presentan una evolución normal hacia la cicatrización debido a complicaciones como seromas, infección o dehiscencia.
El tratamiento de una herida compleja debe incluir una valoración integral del paciente, el control de la causa subyacente, cuidados generales y, finalmente, cuidados locales específicos1. La evaluación global del paciente es fundamental, ya que existen múltiples factores de riesgo que pueden afectar el proceso de cicatrización. Estos factores pueden ser generales, como la edad avanzada, alteraciones nutricionales, el uso de determinados fármacos, enfermedades metabólicas y hábitos tóxicos, o locales, como la presencia de infección, tejido necrótico o desvitalizado, exceso de humedad, agresiones recurrentes o inadecuada praxis en la cura.
Actualmente, la terapia de presión negativa (TPN) se ha consolidado como una opción terapéutica efectiva para el manejo de heridas complejas, tanto en el ámbito hospitalario como en atención primaria. Su mecanismo de acción favorece la cicatrización al preparar el lecho de la herida para el cierre, reducir el edema, estimular la formación de tejido de granulación, mejorar la perfusión y eliminar el exudado y los materiales infecciosos2.
El conocimiento adecuado de esta herramienta, sus indicaciones y su correcto funcionamiento resulta esencial para profesionales médicos y de enfermería. Su adecuada aplicación no solo optimiza los resultados clínicos, sino que también contribuye a la reducción del tiempo de hospitalización, disminuye las visitas a los centros de salud, mejora la calidad de vida de los pacientes y reduce los costos sanitarios.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Paciente de 76 años con antecedentes de HTA, obesidad, DM-II y dislipemia. Independiente para ABVD. Bajo nivel socioeconómico, analfabeta. Escasa red social y familiar. Intervenida de forma urgente de una eventración infraumbilical incarcerada, realizándose laparotomía con adhesiolisis y eventroplastia posterior en mismo acto quirúrgico con malla de polipropileno a nivel suprafascial, sin complicaciones postoperatorias, dada de alta al 4º día postoperatorio con control por parte de Atención Primaria.
En el 9º día postoperatorio, la paciente acude a curas por enfermería de su centro de salud con eritema a nivel de la herida quirúrgica, realizándose cura simple y tras ser valorada por su médico de atención primaria se pauta antibiótico (amoxicilina/ clavulánico 875/125 mg durante 7 días).
A los 12 días post-intervención se evidencia empeoramiento de la herida presentando infección profunda (supuración, eritema y esfacelos). La paciente refiere que no ha sabido leer las recomendaciones de curas al alta y no ha podido comprar el antibiótico.
Exploración física:
Paciente con buen estado general, afebril y eupneica en reposo. A la exploración abdominal, abdomen blando, depresible, levemente doloroso a la palpación de herida quirúrgica, con dehiscencia de las suturas, material necrótico y supuración abundante, con eritema y calor local, así como exposición de la malla. No se palpan masas ni abscesos.
Juicio clínico:
Infección de herida quirúrgica con probable afectación del material protésico.
Evolución:
Dado el alto riesgo de complicación, por mala adherencia terapéutica y dificultad para realización de curas de forma correcta, se decide derivación a urgencias, donde se realiza desbridamiento y posteriormente colocación de VAC (Vacuum Assisted Closure). Se realizaron 3 cambios de esponjas de TPN con un tiempo total de cura de 9 días y posteriormente se realizó un cierre con puntos sueltos de material no reabsorbible a nivel de la piel que se retiraron a los 7 días completando el tratamiento con cierre de la herida.
DISCUSIÓN
El tratamiento de las heridas complejas no solo requiere una valoración local de la herida, sino también una evaluación integral del paciente. En este caso, se pudo observar que la paciente, debido a su incapacidad para leer y la falta de apoyo social, presentó un tratamiento postquirúrgico deficiente. Esta situación provocó una evolución desfavorable de la herida quirúrgica, ya que no seguía adecuadamente los cuidados domiciliarios recomendados en el informe, lo cual se atribuye a su dificultad lectora. Como resultado, se produjo una intervención tardía tanto por parte del equipo médico como del personal de enfermería comunitaria, evidenciando la falta de una atención integral y global a la paciente.
Tras su atención en el centro de salud, se evaluó la aplicación de terapia de presión negativa (TPN), dado que la paciente no cumplía con el tratamiento adecuado para la herida quirúrgica. Esta intervención permitió una recuperación satisfactoria y un tratamiento eficaz de la herida, con resultados positivos.
El conocimiento de las indicaciones y los momentos adecuados para la colocación de estos dispositivos es fundamental. Aunque no existen contraindicaciones absolutas, sí existen contraindicaciones relativas. Estas incluyen la presencia de enfermedad tumoral activa en la zona de la herida, pacientes psiquiátricos que no puedan tolerar el dispositivo, heridas con hemorragia activa o, en algunos casos (a pesar de la existencia de diferentes tipos de esponjas3), la imposibilidad de aplicar el dispositivo sobre tejidos nobles, como el intestino, hueso u otros órganos.
La introducción de esta terapia no excluye el tratamiento convencional de las heridas. Es decir, el control del tejido no viable en las heridas puede requerir, en ocasiones, el desbridamiento de las mismas. Además, es necesario llevar a cabo el control de la infección, en caso de que exista, así como el manejo adecuado de la humedad, manteniendo niveles óptimos en la herida y controlando el exudado. También es fundamental el control de los bordes epiteliales, con el objetivo de restablecer el epitelio y la funcionalidad de la piel2.
CONCLUSIÓN
En conclusión, la terapia de presión negativa ha llegado para mantenerse como una herramienta adicional en el control, cuidado y tratamiento de las heridas, tanto quirúrgicas como no quirúrgicas.
BIBLIOGRAFÍA
- Allué Gracia, M., 2012. Heridas Crónicas. [Huesca]: Colegio Oficial de Enfermería de Huesca.
- Infomecum Heridas- Guía del manejo de heridas y úlceras por presión y vasculares.com [Internet]. Infomecumcom; 2017 [actualizado Febrero 2017; citado 2 Junio 2017]. Disponible en: http://www.infomecum.com/tratamientos/showproduct/id/56
- Keenan C, Obaidi N, Neelon J, Yau I, Carlsson AH, Nuutila K. Negative Pressure Wound Therapy: Challenges, Novel Techniques, and Future Perspectives. Adv Wound Care (New Rochelle). 2025 Jan;14(1):33-47. doi: 10.1089/wound.2023.0157. Epub 2024 Mar 27. PMID: 38441029.