Abordaje clínico de la melanoniquia longitudinal en niños: un caso representativo

6 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. Carlos Nagore González. F.E.A. Pediatría. Servicio de Pediatría, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
  2. Rebeca Lanuza Marcos. F.E.A. Pediatría. Servicio de Pediatría, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
  3. Alejandra Mercedes Fuentes Vidal. Residente pediatría. Servicio de Pediatría, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
  4. Andrea Jordán Mena. Residente pediatría. Servicio de Pediatría, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
  5. Elena Castilla Torre. F.E.A. Pediatría. Servicio de Pediatría, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
  6. Carmen Segura Rosillo. Residente pediatría. Servicio de Pediatría, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.

 

RESUMEN

La melanoniquia longitudinal (ML) se define como la aparición de una banda pigmentada que se extiende longitudinalmente en la lámina ungueal, y aunque puede observarse a cualquier edad, en el contexto pediátrico supone un reto diagnóstico por su baja frecuencia y la necesidad de descartar entidades potencialmente malignas como el melanoma subungueal. En la infancia, la mayoría de las melanoniquias se deben a causas benignas, siendo el nevus melanocítico de la matriz ungueal la etiología más frecuente. No obstante, su diagnóstico y manejo requieren especial precaución, ya que los criterios clínicos e histológicos de malignidad en adultos no son directamente aplicables en niños, y la realización de biopsias en esta localización puede acarrear complicaciones funcionales y estéticas.

Presentamos el caso de un niño de 6 años con una banda pigmentada en el primer dedo de la mano, de características clínicas y dermatoscópicas compatibles con un nevus melanocítico. Dada la ausencia de signos de alarma, se optó por un manejo conservador mediante seguimiento clínico y fotográfico periódico, sin cambios evolutivos tras varios meses.

A partir del caso, se revisan las principales causas de ML en pediatría, incluyendo nevus melanocítico, pigmentaciones inducidas por fármacos, traumatismos, infecciones o pigmentaciones exógenas, así como los escasos casos descritos de melanoma subungueal infantil. Se discuten las diferencias diagnósticas respecto a la edad adulta y la utilidad de la dermatoscopia como herramienta no invasiva para orientar el manejo.

En conclusión, ante la presencia de ML en pacientes pediátricos sin signos sugestivos de malignidad, el seguimiento clínico representa una alternativa segura que evita procedimientos invasivos innecesarios. El juicio clínico individualizado y el conocimiento de los patrones benignos son claves para un abordaje adecuado en este grupo etario.

PALABRAS CLAVE

Melanoniquia longitudinal, nevus ungueal, melanoma subungueal, pediatría, dermatoscopia, diagnóstico diferencial.

ABSTRACT

Longitudinal melanonychia (LM) is defined as the appearance of a pigmented band extending along the length of the nail plate. Although it can occur at any age, in the pediatric population it presents a diagnostic challenge due to its low frequency and the need to rule out potentially malignant conditions such as subungual melanoma. In childhood, most cases of LM are caused by benign processes, with melanocytic nevus of the nail matrix being the most frequent etiology. However, diagnosis and management require special caution, as the clinical and histological criteria for malignancy in adults are not directly applicable to children, and nail biopsies in this location may result in functional and aesthetic complications.

We present the case of a 6-year-old boy with a pigmented band on the thumb of the right hand, showing clinical and dermoscopic features consistent with a melanocytic nevus. Due to the absence of alarming signs, a conservative approach was adopted, consisting of regular clinical and photographic monitoring, with no changes observed over several months.

Based on this case, the main causes of LM in pediatric patients are reviewed, including melanocytic nevi, pigmentation induced by drugs, trauma, infections, or exogenous agents, as well as the rare reports of pediatric subungual melanoma. Diagnostic differences between children and adults are discussed, along with the usefulness of dermoscopy as a non-invasive tool to guide management.

In conclusion, in the absence of clinical signs suggestive of malignancy, conservative clinical monitoring is a safe and effective alternative in pediatric patients with LM, helping to avoid unnecessary invasive procedures. Individualized clinical judgment and recognition of benign patterns are key to appropriate management in this population group.

KEY WORDS

Longitudinal melanonychia, nail matrix nevus, subungual melanoma, pediatrics, dermoscopy, differential diagnosis.

INTRODUCCIÓN

La melanoniquia longitudinal (ML) hace referencia a la aparición de una banda de coloración marrón, grisácea o negra que se extiende a lo largo de la lámina ungueal, pudiendo llegar a ocupar la totalidad de la misma (melanoniquia total)1,2. Esta entidad puede observarse en todas las edades, pero adquiere una connotación especial en la edad pediátrica por su baja frecuencia y la importancia de llevar a cabo un adecuado diagnóstico diferencial y descartar entidades potencialmente malignas como el melanoma subungueal. En los niños, la mayor parte de los casos se deben a procesos benignos, siendo el nevus melanocítico de la matriz ungueal la etiología más frecuente2.

Su valoración y manejo representan un reto clínico, ya que el diagnóstico diferencial de este tipo de lesiones es amplio, con peculiaridades específicas de la edad pediátrica que dificultan su manejo2. El amplio diagnóstico diferencial incluye desde melanoniquias por traumatismos, infecciones, medicamentos, hasta el temido melanoma de la matriz ungueal2,3.

Por otro lado, la realización de biopsias ungueales para confirmar el diagnóstico no se encuentra exento de riesgos. La realización de una biopsia ungueal en edad pediátrica puede desembocar en una distrofia ungueal, por lo que no es infrecuente un retraso diagnóstico incluso en aquellos casos que sí lo precisan. Además, la valoración histológica de las lesiones ungueales pediátricas también conlleva una dificultad añadida, ya que la presencia de características histopatológicas atípicas no implica necesariamente el diagnóstico de un melanoma subungueal2,3.

Es por ello por lo que el reconocimiento de los patrones clínicos y dermatoscópicos benignos es condición necesaria para un adecuado manejo de este tipo de lesiones, permitiendo evitar procedimientos invasivos innecesarios. El objetivo de este estudio es el de llevar a cabo un análisis de dichos patrones y su diagnóstico diferencial a raíz de un caso clínico, exponiendo las principales características de este tipo de lesiones así como los puntos clave a tener en cuenta para su correcto manejo.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Paciente varón de 6 años, sin antecedentes personales ni familiares de interés, que consulta en el servicio de urgencias por aparición de una banda pigmentada en el primer dedo de la mano derecha, de dos meses de evolución. No refiere traumatismo previo, exposición a nuevos fármacos ni presencia de síntomas asociados como dolor, sangrado o inflamación local.

A la inspección se observa una banda pigmentada longitudinal de color marrón-grisáceo homogéneo, que se extiende desde el pliegue proximal hasta el borde libre de la uña. La banda tiene aproximadamente 2 mm de anchura, con bordes bien definidos, sin heterocromía ni interrupciones (figura 1). No se aprecia afectación de la piel periungueal (signo de Hutchinson negativo) ni de otras uñas o regiones corporales.

La dermatoscopia revela un patrón pigmentario regular, paralelo, homogéneo, sin zonas de pigmentación variable ni estructuras atípicas. En conjunto, los hallazgos clínicos y dermatoscópicos orientan hacia un nevus melanocítico de la matriz ungueal, con bajo riesgo de malignidad.

Ante la ausencia de signos de alarma, se decide seguimiento clínico mediante controles seriados cada 3-6 meses, con documentación fotográfica. La lesión mantiene sus características, sin cambios en el tamaño, color o patrón, por lo que se consolida el manejo conservador.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Las lesiones melanocíticas subungueales representan un reto clínico por la necesidad de distinguir lesiones benignas de aquellas potencialmente malignas. En niños, el reto es incluso mayor, ya que presentan peculiaridades que dificultan su diagnóstico.

En la literatura científica se han descrito diversos ítems que pueden orientar hacia la malignidad de este tipo de lesiones. En el paciente adulto, la aparición de bandas de coloración heterogénea y de bordes mal definidos, el desarrollo repentino de la lesión, la presencia de una banda pigmentada ancha (mayor de 5 mm) o de melanoniquia total, la pigmentación del eponiquio y/o del hiponiquio (signo de Hutchinson), el ensanchamiento o el oscurecimiento rápido de la banda, las melanoniquias con morfología triangular (más anchas en la base proximal que en la distal), la distrofia ungueal, así como la localización en el pulgar, el índice o el primer dedo del pie, son todos signos clínicos de alarma que justificarían la realización de una biopsia para descartar la presencia de un melanoma subungueal2,4,5.

En pediatría, en cambio, varios de los hallazgos previamente descritos pueden orientar hacia una falsa malignidad de este grupo de lesiones. Un ejemplo de ello es el llamado signo de pseudo Hutchinson, el cual se trata de una pigmentación aparente del pliegue ungueal proximal debido a una transparencia a través de la cutícula2,4. Además, en niños puede observarse con relativa frecuencia la presencia de bandas pigmentadas anchas (superiores a 5 mm) y de aspecto heterogéneo, con múltiples tonalidades, e incluso puede presentarse distrofia ungueal debido a fenómenos relacionados con el crecimiento normal de la lámina ungueal. Una melanoniquia que se ensancha hacia la base (con morfología triangular, más ancha en la parte proximal que en la distal) indica crecimiento de la lesión en la matriz ungueal; sin embargo, este hallazgo no se considera necesariamente un signo de alarma en niños2,4-6.

A pesar de lo previamente descrito, sí que existe cierto consenso en la importancia de la valoración de la evolución de la lesión en la edad pediátrica como herramienta para valorar la realización de una biopsia para descartar malignidad. La aparición de modificaciones muy bruscas, la progresión rápida de una melanoniquia longitudinal a una melanoniquia total (especialmente si adquiere un tono marrón oscuro o negro), o presentaciones clínicas marcadamente llamativas, como una pigmentación intensa de los tejidos periungueales, serían criterios para plantearse una biopsia en el paciente pediátrico2,4,5.

Como se indicaba previamente en el apartado de introducción, la biopsia ungueal puede conllevar complicaciones como deformidades ungueales permanentes o infecciones. En el caso presentado, la ausencia de signos clínicos y dermatoscópicos de alarma permitió optar por un manejo conservador, evitando riesgos innecesarios. En el caso de llevarse a cabo, es necesario conocer también las peculiaridades del paciente pediátrico. Estudios recientes indican que proliferaciones melanocíticas lentiginosas subungueales aparecidas en la infancia, las cuales presentaban hallazgos histopatológicos atípicos no tuvieron un comportamiento agresivo, por lo que se plantea la posibilidad de que las hiperplasias melanocíticas lentiginosas atípicas que se desarrollan en la infancia no poseen el mismo potencial maligno que las observadas en pacientes adultos2,7,8.

Para favorecer la identificación de las principales lesiones ungueales que pueden propiciar la aparición de melanoniquias longitudinales en este grupo poblacional, se procede a describir las principales entidades que pueden dar lugar a este tipo de lesiones:

  • El nevus melanocítico de la matriz ungueal es la causa más frecuente de melanoniquia longitudinal en la infancia. Se origina por una proliferación benigna de melanocitos en la matriz ungueal, lo cual produce una banda pigmentada longitudinal en la lámina ungueal. Clínicamente, estas bandas suelen ser regulares, de color homogéneo marrón claro a oscuro, con bordes bien definidos y sin otros signos de alarma. Sin embargo, como ya se ha indicado previamente, en la edad pediátrica su diagnóstico puede ser dificultoso por las superposiciones clínicas con el melanoma subungueal 2,5. Su abordaje es conservador, optando por el seguimiento evolutivo.
  • El melanoma subungueal pediátrico es infrecuente en la edad pediátrica. La mayoría de los casos descritos se tratan de melanomas in situ, siendo excepcionales los melanomas invasivos. Su diagnóstico en la infancia se mantiene controvertido, fundamentalmente por su baja frecuencia y la falta de criterios histopatológicos uniformes que lo delimiten con claridad2,5,7,9.
  • Pigmentación ungueal causada por hiperpigmentación epitelial: estas situaciones se caracterizan por un aumento de la producción de melanina por parte de melanocitos no neoplásicos. Entre las causas frecuentes en pediatría se encuentran la exposición a ciertos fármacos (como la zidovudina o la quimioterapia), pequeños traumatismos recurrentes, déficit de vitamina B12, afecciones sistémicas como enfermedades endocrinas o inflamatorias, y la melanoniquia racial observada en niños de fototipos más oscuros10. A diferencia de los nevus, estas bandas suelen ser múltiples, delgadas, pudiendo afectar a varios dedos, y sin progresión en el tiempo. Generalmente no requieren biopsia si el contexto clínico es claro.
  • Por otra parte, deben considerarse causas no melanocíticas de pigmentación ungueal. Entre ellas destacan las hemorragias subungueales, que pueden confundirse con melanoniquia por su aspecto lineal, aunque típicamente son de color más oscuro (negruzco o rojizo) y migran distalmente con el crecimiento de la uña. Las pigmentaciones exógenas, por contacto con sustancias como tinta, henna o agentes químicos, también pueden simular melanoniquia. Finalmente, algunas infecciones fúngicas o bacterianas pueden provocar cambios cromáticos ungueales y, aunque su abordaje puede ser complicado en función de la entidad que los haya provocado, las lesiones ungueales desaparecen frecuentemente tras su tratamiento10.

 

El seguimiento periódico mediante fotografías clínicas o dermatoscópicas permite detectar cambios evolutivos sutiles que podrían justificar una reevaluación de la actitud diagnóstica o terapéutica. Esta estrategia resulta especialmente últil en niños, donde como se indicaba previamente, la prevalencia de patología maligna es baja y la tolerancia a procedimientos invasivos debe sopesarse cuidadosamente.

En conclusión, la melanoniquia longitudinal (ML) en la infancia, en la gran mayoría de los casos, corresponde a procesos benignos, siendo el más frecuente el nevus de la matriz ungueal. A diferencia de lo que ocurre en la edad adulta, donde este tipo de lesiones puede generar una mayor sospecha de malignidad, en pacientes pediátricos las lesiones melanocíticas subungueales presentan características clínicas e histológicas particulares. Estas diferencias hacen que el enfoque diagnóstico y terapéutico no pueda ser el mismo en ambas etapas de la vida. Para establecer un diagnóstico adecuado, es fundamental realizar una historia clínica dirigida, que incluya el tiempo de evolución de la lesión, posibles antecedentes familiares o personales de melanoma, exposición a traumatismos y el uso de medicamentos. La exploración física minuciosa y el apoyo de herramientas como la dermatoscopia permiten valorar patrones específicos de pigmentación que pueden ayudar a diferenciar entre lesiones benignas y aquellas que requieren una evaluación más exhaustiva. En ausencia de signos clínicos sugestivos de malignidad desde el incio, el seguimiento clínico periódico constituye una alternativa segura y razonable. Esta actitud expectante evita la realización de biopsias innecesarias, especialmente en una zona anatómica tan delicada como la matriz ungueal, donde intervenciones quirúrgicas pueden dejar secuelas funcionales o estéticas. Por tanto, ante la aparición de una lesión pigmentada ungueal en un paciente pediátrico, se impone una valoración cuidadosa que combine el juicio clínico con herramientas diagnósticas no invasivas, priorizando el seguimiento en los casos que no presenten signos de alarma evidentes.

 

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ANEXOS

Figura 1: Banda pigmentada longitudinal de color marrón-grisáceo homogéneo, que se extiende desde el pliegue proximal hasta el borde libre de la uña.

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