Accesos venosos profundos periféricos: comparativa entre PICC Y midline

24 julio 2025

 

AUTORES

  1. Sergio Lacámara Laborda. Médico Interno Residente en Anestesiología y Reanimación en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza. España.
  2. María Abadía Labena. Médico Interno Residente en Anestesiología y Reanimación en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza. España.
  3. Teresa Gorgojo Molinero. Médico Interno Residente en Anestesiología y Reanimación en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza. España.
  4. María Blesa Miedes. Médico Interno Residente en Anestesiología y Reanimación en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza. España.
  5. Diego Fernández Velasco. Médico Interno Residente en Oftalmología en el Hospital Universitario Miguel Servet. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza. España.
  6. Carlos Franco Abad. Técnico Superior en Imagen para el Diagnóstico y Medicina Nuclear. España.

 

RESUMEN

La administración de tratamientos intravenosos prolongados requiere una elección adecuada del acceso vascular, ya que de ello dependen tanto la seguridad del paciente como la eficacia del tratamiento. Entre las alternativas más utilizadas se encuentran el catéter venoso central de inserción periférica (PICC) y la línea media (midline), dispositivos que, aunque similares en su punto de acceso, presentan diferencias clave en cuanto a longitud, localización de la punta, compatibilidad con medicamentos y perfil de complicaciones.

Este artículo realiza una revisión comparativa de ambos catéteres con el objetivo de proporcionar una visión clara y actualizada sobre sus indicaciones, características técnicas, y usos clínicos más frecuentes. A partir de la revisión de estudios recientes, se analizan aspectos como la facilidad de inserción, el tipo de soluciones que pueden administrarse, la duración funcional de cada dispositivo y la incidencia de eventos adversos como trombosis, infecciones o disfunción mecánica.

Además, se examinan las implicaciones prácticas y logísticas de su uso en diferentes entornos asistenciales, así como el impacto que su elección puede tener en la calidad del cuidado, la experiencia del paciente y el uso de recursos sanitarios. Se destaca la importancia de una evaluación individualizada que tenga en cuenta no solo la duración del tratamiento, sino también el perfil del paciente y la naturaleza de la terapia intravenosa.

Dirigido a profesionales que intervienen en la toma de decisiones sobre accesos vasculares, este artículo ofrece una herramienta útil para guiar la selección del dispositivo más adecuado en cada caso, promoviendo un enfoque clínico basado en la evidencia, seguro y adaptado a las necesidades de cada entorno asistencial.

PALABRAS CLAVE

PICC, línea media, cateterización periférica.

ABSTRACT

The administration of prolonged intravenous treatments requires an appropriate selection of vascular access, as both patient safety and treatment effectiveness depend on this choice. Among the most commonly used options are the peripherally inserted central catheter (PICC) and the midline catheter, devices that, while similar in their point of insertion, differ significantly in terms of length, tip location, medication compatibility, and complication profiles.

This article presents a comparative review of both types of catheters, aiming to provide a clear and updated perspective on their indications, technical characteristics, and most frequent clinical uses. Based on recent studies, key aspects are analyzed, including ease of insertion, types of compatible infusions, functional duration, and the incidence of adverse events such as thrombosis, infections, or mechanical dysfunction.

Additionally, the practical and logistical implications of their use in different care settings are discussed, as well as the impact that device selection can have on care quality, patient experience, and healthcare resource utilization. The importance of an individualized assessment is emphasized—one that considers not only the anticipated duration of treatment but also the patient’s clinical condition and the nature of the intravenous therapy.

Intended for healthcare professionals involved in vascular access decisions, this article provides a useful tool to guide the selection of the most appropriate device in each scenario, promoting an evidence-based, safe, and context-adapted clinical approach.

KEY WORDS

PICC, midline, peripheral catheterization.

INTRODUCCIÓN

El acceso venoso seguro y eficaz constituye un pilar fundamental en la atención de pacientes hospitalizados y ambulatorios que requieren la administración prolongada de tratamientos intravenosos. En este contexto, la selección del dispositivo de acceso vascular adecuado no solo condiciona la eficacia terapéutica, sino también el confort del paciente, la prevención de complicaciones y el uso eficiente de los recursos sanitarios. Entre las opciones más utilizadas se encuentran los catéteres venosos centrales de inserción periférica (PICC) y los catéteres de línea media (midline), ambos ampliamente empleados en medicina interna, anestesiología, cuidados intensivos y oncología, entre otros ámbitos.

A pesar de compartir el mismo punto de inserción, estos dispositivos presentan diferencias anatómicas, funcionales y clínicas que determinan su indicación. El catéter PICC se introduce hasta alcanzar la vena cava superior, lo que lo convierte en un acceso venoso central1; por el contrario, la línea media se posiciona dentro de una vena periférica profunda sin llegar al sistema venoso central, situando su extremo distal generalmente a nivel de la vena axilar o subclavia proximal2.

Esta diferencia tiene implicaciones importantes, especialmente, de cara a las soluciones que permiten administrar cada uno de los tipos de catéter. Mientras el PICC permite la infusión de soluciones hiperosmolares, vesicantes o irritantes (como quimioterapia, nutrición parenteral o antibióticos de alto espectro), la línea media está indicada para terapias intravenosas de duración intermedia con sustancias de menor agresividad endotelial3. No obstante, en los últimos años, las líneas medias han ganado protagonismo gracias a su menor tasa de complicaciones, inserción más sencilla, menor coste y menor tasa de retirada precoz por complicaciones relacionadas con el acceso, especialmente en entornos de cuidados intermedios y pacientes con dificultad para accesos periféricos convencionales4.

A pesar de ello, persiste cierta confusión en la práctica clínica sobre cuál es la mejor elección en situaciones concretas. La abundante literatura existente incluye estudios observacionales, ensayos clínicos y revisiones sistemáticas que comparan ambos dispositivos desde distintas perspectivas: duración funcional, tasa de complicaciones infecciosas y trombóticas, coste-efectividad y nivel de satisfacción del paciente y del personal sanitario.

OBJETIVO

El presente artículo tiene como objetivo analizar comparativamente las características clínicas de los catéteres PICC y las líneas medias, revisando la evidencia disponible sobre sus indicaciones, eficacia, duración, complicaciones y rendimiento clínico general, con el fin de ofrecer al profesional sanitario una guía clara, basada en la evidencia, para la toma de decisiones racionales en el uso de accesos venosos de media y larga duración.

MATERIAL Y MÉTODO

Se realizó una revisión narrativa de la literatura mediante una búsqueda estructurada en la base de datos biomédica PubMed. Se incluyeron artículos originales, revisiones sistemáticas y guías clínicas publicados entre 2015 y 2025, en inglés o español. Los términos empleados en la búsqueda incluyeron combinaciones del término MeSH “Catheterization, Peripheral” y búsqueda libre “PICC” y “midline catheter”.

RESULTADOS

La revisión de la literatura revela que los catéteres venosos centrales de inserción periférica (PICC) y los catéteres de línea media representan dos de las alternativas más utilizadas para el acceso venoso prolongado en pacientes que requieren administración continua o intermitente de fluidos, fármacos o nutrición parenteral. Aunque ambos dispositivos comparten la técnica de inserción por vía periférica, habitualmente a través de las venas del brazo como la basílica, cefálica o braquial, difieren significativamente en longitud, localización de la punta del catéter, capacidad terapéutica, duración de uso y perfil de complicaciones1.

Los catéteres PICC se consideran accesos venosos centrales, ya que tras su introducción periférica, su extremo distal se posiciona en la unión de la vena cava superior con la aurícula derecha. Tienen una longitud que puede variar entre 40 y 60 cm, dependiendo de la anatomía del paciente y del sitio de punción. La inserción se realiza generalmente bajo guía ecográfica, y se recomienda confirmar la localización final mediante radiografía de tórax o técnica ECG guiada para evitar malposición o arritmias1,5. Gracias a su ubicación central, los PICC permiten la infusión segura de soluciones hiperosmolares (osmolaridad >900 mOsm/L), vesicantes y fármacos con pH extremos (<5 o >9), como nutrición parenteral total (NPT), quimioterápicos, antibióticos como vancomicina o anfotericina B, agentes vasoactivos o soluciones hipertónicas. Son también adecuados para la extracción de muestras sanguíneas seriadas y para monitorización hemodinámica si es necesario3,6. Su vida útil puede alcanzar varias semanas o incluso meses, siempre que no existan complicaciones que requieran su retirada5.

En contraposición, las líneas medias tienen una longitud más corta, habitualmente entre 8 y 25 cm, y su extremo distal se sitúa en una vena profunda del brazo, generalmente en la vena axilar o la subclavia proximal, sin llegar al sistema venoso central, por lo que se consideran accesos venosos periféricos profundos6. Su inserción es también ecoguiada, pero no requiere verificación radiológica posterior, lo que representa una ventaja logística importante en servicios con alta rotación de pacientes o recursos limitados. Las líneas medias están indicadas para terapias intravenosas de duración intermedia, de entre 5 y 14 días, aunque algunos estudios reportan duraciones funcionales superiores en pacientes seleccionados7. Están recomendadas para la administración de soluciones no vesicantes y de osmolaridad moderada (<900 mOsm/L), como soluciones salinas, glucosa al 5%, antibióticos de bajo riesgo, así como para infusión de líquidos, analgésicos intravenosos o profilaxis antibiótica. No deben utilizarse para nutrición parenteral total, quimioterapia citotóxica, fármacos vasopresores ni para la extracción frecuente de sangre6,7.

En lo que respecta a las complicaciones, los catéteres PICC y las líneas medias presentan perfiles distintos pero complementarios. Un estudio observacional prospectivo realizado en una unidad de cuidados intensivos encontró que la complicación más frecuente asociada a los PICC fue la sospecha de infección, con una incidencia del 17,36% y una tasa confirmada de infecciones del 6,25% (5,5 por 1000 días de catéter), destacando el papel del Staphylococcus epidermidis como germen predominante. Además, la flebitis presentó una incidencia del 9,03% (7,9 por 1000 días)8. Del mismo modo, un meta-análisis determinó que la incidencia de infecciones del torrente sanguíneo asociadas a la inserción de un catéter resultaba inferior con el empleo de catéteres de línea media que con el uso de PICC, por lo que en igualdad de condiciones, para infusión de terapia intravenosa, se recomendaba el uso de los primeros9.

Por otro lado, un estudio retrospectivo comparativo con más de 2500 dispositivos demostró que los catéteres de línea media presentaron un mayor riesgo de trombosis relacionada con el catéter (11,88%) frente al 6,88% en los PICC. Las líneas medias mostraron un mayor riesgo tanto de trombosis venosa profunda (7,04% vs. 4,72%) como de tromboflebitis superficial (4,84% vs. 2,16%), siendo estos hallazgos estadísticamente significativos. Estas diferencias se intensificaban con el uso de catéteres de doble luz (5F) y, por lo tanto, de mayor diámetro, con tasas de trombosis del 13,5% frente al 6,9% en los de luz única (4F)4.

Por último, investigaciones recientes han resaltado que las complicaciones trombóticas, infecciosas y de oclusión están íntimamente relacionadas con la biocompatibilidad de los materiales utilizados en los catéteres. Los dispositivos fabricados con biomateriales hidrofílicos han demostrado una menor adherencia celular y formación de biopelículas, lo que podría traducirse en una reducción significativa de estas complicaciones en comparación con los catéteres tradicionales de poliuretano10.

La comparación entre ambos dispositivos revela que ninguno de ellos es superior de forma absoluta, sino que su utilidad depende del contexto clínico. El PICC es más versátil y seguro para terapias complejas, prolongadas o potencialmente irritantes, pero exige mayores recursos técnicos, mayor monitorización y presenta mayor tasa de complicaciones graves. En cambio, la línea media es más sencilla de colocar, más rentable en términos de coste y recursos, y suficiente para la mayoría de tratamientos de duración intermedia con soluciones compatibles, aunque tiene mayor tasa de disfunción y menor tolerancia a medicamentos agresivos11.

Diversos estudios comparativos coinciden en que el uso racional y protocolizado de ambos dispositivos puede mejorar notablemente la seguridad del paciente, reduciendo eventos adversos y optimizando los tiempos de hospitalización5. La elección del acceso debe individualizarse en función de la duración prevista del tratamiento, el tipo de fármaco, el estado vascular del paciente y la disponibilidad institucional de equipos especializados en inserción y mantenimiento de líneas vasculares.

DISCUSIÓN

El análisis comparativo entre los catéteres PICC y las líneas medias pone de relieve la necesidad de una toma de decisiones individualizada en el ámbito del acceso venoso, especialmente en contextos clínicos donde la duración del tratamiento, las características del fármaco y el perfil del paciente son variables determinantes. Si bien ambos dispositivos comparten el acceso periférico como vía de inserción, las diferencias funcionales entre ellos generan implicaciones clínicas que van más allá de la simple elección técnica.

Uno de los aspectos más relevantes extraídos de la revisión es la versatilidad terapéutica del PICC, que lo convierte en la opción preferente en tratamientos prolongados y complejos. La posibilidad de infundir fármacos hiperosmolares, soluciones vesicantes y nutrición parenteral total confiere al PICC un rol protagonista en pacientes oncológicos, críticos o con terapias de larga duración6. Sin embargo, esta versatilidad se acompaña de una mayor exigencia técnica y logística, así como de un perfil de complicaciones más significativo1. La trombosis venosa profunda, la infección del torrente sanguíneo y la necesidad de confirmación radiológica son factores que limitan su uso indiscriminado, especialmente en entornos con recursos limitados o en pacientes con riesgo trombótico elevado4,8.

En contraposición, las líneas medias ofrecen una alternativa más sencilla, segura y económica para aquellos pacientes que requieren tratamientos de duración intermedia con soluciones compatibles con la vía periférica4. Su inserción rápida y su menor tasa de complicaciones graves las convierten en una herramienta valiosa en unidades de hospitalización convencional, urgencias o en pacientes ambulatorios. Sin embargo, su menor durabilidad funcional y la limitada gama de fármacos que pueden administrarse a través de ellas suponen una barrera en escenarios clínicos más complejos6.

Una de las conclusiones más importantes es que la elección entre un PICC y una línea media no debe estar basada únicamente en la duración esperada del tratamiento, sino también en la naturaleza del fármaco, la posibilidad de acceso venoso periférico, el riesgo trombótico individual y la infraestructura disponible3. Por ejemplo, un tratamiento antibiótico de 10 días con ceftriaxona puede manejarse de forma segura con una línea media, mientras que una quimioterapia citotóxica durante una semana requiere obligatoriamente un acceso central como el PICC, independientemente del tiempo.

Además, el análisis de complicaciones sugiere que la calidad en la inserción y el mantenimiento del dispositivo es un factor determinante en la aparición de eventos adversos, más allá del tipo de catéter empleado. La formación del personal, el uso de técnicas ecoguiadas y la implementación de protocolos de cuidado estandarizados pueden reducir significativamente las tasas de infección, trombosis y malfunción, permitiendo así extender la vida útil de ambos dispositivos sin comprometer la seguridad del paciente5,8.

También debe destacarse el impacto económico asociado a la elección del acceso venoso. Aunque los PICC son más costosos en cuanto a materiales y procedimientos, su durabilidad y capacidad terapéutica pueden justificar su elección en determinados pacientes. Las líneas medias, por su parte, presentan un coste inicial menor y permiten un uso más flexible en entornos con menos recursos, pero su mayor tasa de retirada precoz por disfunción puede generar costes indirectos si no se seleccionan correctamente5.

En suma, ambos dispositivos cumplen funciones distintas y complementarias. El enfoque actual debe orientarse hacia una selección racional basada en criterios clínicos objetivos y apoyada por la evidencia, más que en preferencias individuales o hábitos institucionales. La creación de equipos multidisciplinares especializados en acceso vascular, así como la incorporación de algoritmos de decisión clínica, puede favorecer un uso más eficiente, seguro y adaptado a las necesidades reales de los pacientes.

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