- Luisa María Cuadrado Planas. Matrona. Atención Primaria Sector Calatayud. Zaragoza, España.
- María Iglesias Lázaro. Matrona. Atención Primaria Sector II de Zaragoza. Zaragoza, España.
- Aitana Roldán Montejo. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Alba Rubio García. Matrona. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
- Álvaro Sánchez Arias. Matrón. Hospital 12 de Octubre. Madrid, España.
- María Zapater López. Matrona. Hospital de Calahorra. La Rioja, España.
RESUMEN
La menopausia se caracteriza por una disminución de estrógenos que conlleva cambios metabólicos, inmunológicos y cardiovasculares, en los que la inflamación sistémica de bajo grado desempeña un papel clave. La evidencia científica señala que ciertos patrones alimentarios con alto potencial inflamatorio, medidos a través del Índice Inflamatorio Dietético (DII), pueden exacerbar síntomas físicos y cognitivos de la menopausia, así como aumentar el riesgo de osteoporosis y enfermedades cardiovasculares. Por el contrario, patrones dietéticos antiinflamatorios como la dieta mediterránea han mostrado beneficios clínicos en la reducción de marcadores inflamatorios.
PALABRAS CLAVE
Menopausia, inflamación, dieta inflamatoria, índice inflamatorio dietético, dieta mediterránea.
ABSTRACT
Menopause is characterized by estrogen decline, leading to metabolic, immunological, and cardiovascular changes where low-grade systemic inflammation plays a central role. Scientific evidence indicates that pro-inflammatory dietary patterns, assessed through the Dietary Inflammatory Index (DII), may exacerbate menopausal symptoms and increase the risk of osteoporosis and cardiovascular disease. Conversely, anti-inflammatory dietary patterns, such as the Mediterranean diet, have shown clinical benefits in reducing inflammatory markers.
KEY WORDS
Menopause, inflammation, pro-inflammatory diet, dietary inflammatory index, mediterranean diet.
INTRODUCCIÓN
La menopausia constituye una etapa fisiológica inevitable en la vida de la mujer, caracterizada por el cese definitivo de la menstruación como consecuencia de la pérdida progresiva de la función folicular ovárica y la disminución sostenida en la producción de hormonas sexuales, principalmente estrógenos y progesterona¹. Desde el punto de vista clínico, el diagnóstico se establece de manera retrospectiva tras 12 meses consecutivos de amenorrea sin causas patológicas aparentes¹.
La edad promedio de inicio de la menopausia natural se sitúa entre los 45 y 55 años, aunque factores como la genética, el estado nutricional, el tabaquismo, las enfermedades crónicas y ciertos tratamientos médicos pueden adelantar o retrasar su aparición¹. El aumento de la esperanza de vida femenina a nivel mundial implica que aproximadamente un tercio de la vida de la mujer transcurre en etapa postmenopáusica, lo que plantea un desafío relevante en términos de salud pública2.
El déficit estrogénico propio de la menopausia se asocia con múltiples síntomas que afectan la calidad de vida, entre los que destacan sofocos, sudoración nocturna, sequedad vaginal, alteraciones del sueño, irritabilidad y cambios en la esfera sexual y emocional¹. Asimismo, se producen modificaciones metabólicas y estructurales como la redistribución de la grasa corporal hacia el tejido visceral, la pérdida progresiva de masa muscular y ósea y alteraciones en el perfil lipídico, condiciones que incrementan el riesgo de osteoporosis, sarcopenia, resistencia a la insulina y enfermedades cardiovasculares1,2.
Desde un punto de vista fisiopatológico, la disminución de estrógenos genera un impacto directo sobre el sistema inmunitario y favorece el desarrollo de un estado inflamatorio crónico de bajo grado, denominado inflammaging. Este proceso se caracteriza por el incremento sostenido de citoquinas proinflamatorias como la interleucina-6 (IL-6), el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y la proteína C reactiva (PCR), incluso en ausencia de infección o daño tisular aparente²,³. Dichos mediadores desempeñan un papel clave en la génesis y progresión de enfermedades crónicas, incluyendo la aterosclerosis, el deterioro cognitivo y la pérdida acelerada de masa ósea.
En este contexto, la dieta adquiere una relevancia significativa como modulador de la inflamación. Diversos patrones dietéticos proinflamatorios, caracterizados por un elevado consumo de azúcares refinados, grasas saturadas y trans, así como de alimentos ultraprocesados, pueden activar vías celulares inflamatorias, potenciar el estrés oxidativo y alterar la microbiota intestinal, exacerbando el estado inflamatorio sistémico4,5. Por el contrario, un patrón alimentario antiinflamatorio, como la dieta mediterránea —rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado, aceite de oliva y frutos secos— ha mostrado beneficios al reducir los niveles séricos de marcadores inflamatorios y mejorar parámetros metabólicos y cardiovasculares en mujeres postmenopáusicas5,6,7,8.
En suma, la relación entre menopausia, inflamación y alimentación representa un campo de estudio de gran importancia clínica y social, en el que la nutrición se perfila como una herramienta clave tanto en la prevención como en el manejo de los efectos adversos asociados a esta etapa.
OBJETIVOS
- Analizar la relación entre dieta inflamatoria y sintomatología en mujeres menopáusicas.
- Revisar la evidencia científica sobre el Índice Inflamatorio Dietético (DII) y su asociación con marcadores inflamatorios.
- Explorar los beneficios clínicos de patrones dietéticos antiinflamatorios, como la dieta mediterránea, en la salud de mujeres en la menopausia.
METODOLOGÍA
Se llevó a cabo una revisión narrativa de la literatura científica entre los años 2013 y 2022. La búsqueda se realizó en bases de datos biomédicas como PubMed, Scopus y Web of Science, utilizando combinaciones de palabras clave en inglés: menopause, inflammation, dietary inflammatory index, Mediterranean diet, pro-inflammatory diet.
Criterios de inclusión:
- Artículos originales, revisiones sistemáticas, metaanálisis y ensayos clínicos.
- Estudios realizados en mujeres premenopáusicas, perimenopáusicas y postmenopáusicas.
- Investigaciones que analizaran marcadores inflamatorios (IL-6, TNF-α, PCR), síntomas menopáusicos o riesgo cardiovascular en relación con la dieta.
Criterios de exclusión:
- Estudios con muestras animales.
- Publicaciones con resultados inconclusos o sin relación con parámetros inflamatorios.
Se seleccionaron finalmente 10 artículos relevantes que cumplían los criterios de calidad metodológica y pertinencia temática.
DISCUSIÓN Y RESULTADOS
Los resultados de la literatura consultada refuerzan el papel de la inflamación como mediador central en los cambios fisiológicos de la menopausia. La disminución de estrógenos favorece la activación de vías inflamatorias, lo que incrementa el riesgo de osteoporosis, deterioro cognitivo y enfermedad cardiovascular²,³,⁶.
El Índice Inflamatorio Dietético (DII) se ha convertido en una herramienta clave para evaluar el potencial inflamatorio de los patrones alimentarios⁹,¹⁰. Estudios transversales y de cohorte han demostrado que mujeres con dietas de mayor DII presentan síntomas menopáusicos más intensos (fatiga, dolor osteomuscular, sofocos) y niveles elevados de citoquinas proinflamatorias7,10. Además, la inflamación inducida por la dieta puede atravesar la barrera hematoencefálica, afectando la memoria de trabajo y la función ejecutiva.
A nivel cardiovascular, el incremento del DII se ha asociado con mayor riesgo de hipertensión, enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular6. Esto se debe a la combinación de disfunción endotelial, estrés oxidativo y perfil lipídico aterogénico potenciado por el déficit estrogénico.
En contraste, estudios de cohorte y metaanálisis evidencian que la dieta mediterránea reduce marcadores inflamatorios séricos y mejora el perfil cardiometabólico en mujeres postmenopáusicas⁴,⁵. Sus beneficios se atribuyen al alto contenido en antioxidantes, ácidos grasos poliinsaturados y fibra, que mejoran la microbiota intestinal y disminuyen la producción de mediadores inflamatorios.
En conjunto, los hallazgos revisados confirman que la dieta no solo modula la intensidad de los síntomas menopáusicos, sino que también influye directamente en la prevención de enfermedades crónicas en esta etapa de la vida.
CONCLUSIONES
La evidencia científica muestra de manera consistente que la dieta inflamatoria intensifica los síntomas de la menopausia y aumenta el riesgo de complicaciones a largo plazo, en especial osteoporosis, deterioro cognitivo y enfermedad cardiovascular²,³,⁶. El DII representa una herramienta útil para cuantificar dicho riesgo y orientar estrategias de intervención nutricional⁹,¹⁰.
En contraposición, la adopción de patrones dietéticos antiinflamatorios como la dieta mediterránea se perfila como una estrategia preventiva y terapéutica eficaz para mitigar los efectos adversos de la menopausia⁴,⁵. La implementación de programas de educación nutricional individualizados podría contribuir a mejorar la calidad de vida y reducir la carga de enfermedad en mujeres en esta etapa⁶,⁷.
Futuras investigaciones deberían centrarse en ensayos clínicos controlados que evalúen la eficacia de intervenciones dietéticas específicas sobre marcadores inflamatorios, sintomatología y riesgo cardiovascular en la población menopáusica⁶.
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