AUTORES
- Alexandra Lona Calomarde. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Larissa Neres Souza. Hospital Universitario Santa Bárbara. Soria. España.
- Claudia Plana Pérez. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Ana María Sánchez Oliván. Hospital Universitario San Jorge. Huesca. España.
- Alba Rodríguez Lanao. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Mª Ángeles Borrás Mandrión. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza. España.
- Carlota Aguareles Barón. CRP Santo Cristo de los Milagros. Huesca. España.
RESUMEN
Introducción: El traumatismo craneoencefálico por maltrato, anteriormente denominado síndrome del niño zarandeado o síndrome del bebé sacudido constituye una de las formas más graves de maltrato infantil y una importante causa de morbimortalidad en lactantes y niños pequeños. La inespecificidad de sus manifestaciones clínicas dificulta el diagnóstico precoz, por lo que resulta fundamental que los profesionales sanitarios conozcan sus principales características clínicas, diagnósticas y preventivas.
Objetivos: Revisar la evidencia científica disponible sobre el traumatismo craneoencefálico por maltrato, describiendo sus manifestaciones clínicas, métodos diagnósticos, complicaciones, abordaje terapéutico y estrategias de prevención desde el ámbito sanitario.
Metodología: Se realizó una revisión narrativa de la literatura mediante la consulta de las bases de datos SciELO y PubMed, complementada con publicaciones de hospitales españoles de referencia y documentos de sociedades científicas nacionales e internacionales relacionados con el maltrato infantil y la atención pediátrica.
Resultados y discusión: La evidencia revisada identifica la hemorragia subdural, el edema cerebral y las hemorragias retinianas como las lesiones más frecuentes. El diagnóstico continúa siendo un reto debido a la ausencia de signos externos evidentes y a la frecuente discordancia entre la historia clínica y los hallazgos clínicos. El abordaje requiere una actuación multidisciplinar basada en la estabilización del paciente, la realización de pruebas de neuroimagen, la valoración oftalmológica y la activación de los protocolos de protección infantil. La Enfermería desempeña un papel fundamental en la detección precoz, la monitorización clínica, la educación sanitaria y la coordinación asistencial. Los programas educativos dirigidos a familias y cuidadores han demostrado ser una medida eficaz para reducir la incidencia de esta forma de maltrato.
Conclusiones: La detección precoz y el abordaje multidisciplinar son esenciales para disminuir la mortalidad y las secuelas neurológicas asociadas al traumatismo craneoencefálico por maltrato. La formación continuada de los profesionales sanitarios y las intervenciones de educación dirigidas a las familias constituyen herramientas clave para la prevención.
PALABRAS CLAVE
Traumatismo craneoencefálico por maltrato, síndrome del bebé sacudido, maltrato infantil, hemorragia subdural, prevención, enfermería pediátrica.
ABSTRACT
Introduction: Abusive head trauma, formerly known as shaken baby syndrome, is one of the most severe forms of child abuse and a major cause of morbidity and mortality in infants and young children. Its nonspecific clinical presentation makes early diagnosis challenging, highlighting the need for healthcare professionals to recognize its clinical features, diagnostic criteria, and preventive strategies.
Objectives: To review the current scientific evidence on abusive head trauma, describing its clinical manifestations, diagnostic methods, complications, therapeutic management, and prevention strategies from a healthcare perspective.
Methodology: A narrative literature review was conducted using the SciELO and PubMed databases, complemented by publications from Spanish referral hospitals and documents issued by national and international scientific societies related to child abuse and pediatric healthcare.
Results and discussion: The reviewed evidence identifies subdural hemorrhage, cerebral edema, and retinal hemorrhages as the most common lesions. Diagnosis remains challenging because of the absence of obvious external injuries and the frequent inconsistency between the clinical history and the observed findings. Management requires a multidisciplinary approach including patient stabilization, neuroimaging, ophthalmologic assessment, and activation of child protection protocols. Nurses play a key role in early recognition, clinical monitoring, health education, and coordination of care. Educational programs aimed at parents and caregivers have proven effective in reducing the incidence of abusive head trauma.
Conclusions: Early diagnosis and multidisciplinary management are essential to reduce mortality and long-term neurological sequelae associated with abusive head trauma. Continuous training of healthcare professionals and educational interventions targeting families are key strategies for prevention.
KEY WORDS
Abusive head trauma, shaken baby syndrome, child abuse, subdural hemorrhage, prevention, pediatric nursing.
INTRODUCCIÓN
El traumatismo craneoencefálico por maltrato (TCEM), anteriormente conocido como síndrome del niño zarandeado o síndrome del bebé sacudido, constituye una de las formas más graves de maltrato infantil y una importante causa de morbimortalidad en lactantes y niños menores de dos años¹˒². Se produce como consecuencia de movimientos violentos de aceleración y desaceleración, con o sin impacto, que generan lesiones intracraneales y oculares de elevada gravedad. La inmadurez anatómica del lactante, caracterizada por una cabeza proporcionalmente mayor respecto al cuerpo, una musculatura cervical poco desarrollada y un cerebro con mayor contenido hídrico, incrementa considerablemente la vulnerabilidad frente a este mecanismo lesional²˒³.
Las lesiones más frecuentes incluyen hemorragia subdural, edema cerebral y hemorragias retinianas, aunque también pueden observarse lesiones axonales difusas, fracturas craneales y lesiones medulares cervicales. Estas alteraciones pueden ocasionar secuelas neurológicas permanentes como epilepsia, retraso del desarrollo psicomotor, trastornos cognitivos, alteraciones visuales o parálisis cerebral, e incluso provocar la muerte³˒⁴.
El diagnóstico continúa siendo un reto para los profesionales sanitarios debido a la inespecificidad de la clínica inicial y a la frecuente ausencia de una historia clínica compatible con la gravedad de las lesiones¹˒⁵. Manifestaciones como irritabilidad, vómitos, rechazo de las tomas, letargo o alteración del nivel de conciencia pueden confundirse con otras patologías pediátricas, retrasando el diagnóstico y el inicio del tratamiento.
La detección precoz requiere un elevado índice de sospecha clínica y una actuación multidisciplinar coordinada entre profesionales de Urgencias, Pediatría, Neurología, Radiología, Oftalmología, Enfermería, Trabajo Social y Medicina Legal. Además del tratamiento médico, resulta imprescindible activar los protocolos de protección del menor cuando exista sospecha fundada de maltrato.
Desde el ámbito de la Enfermería, la valoración inicial, la identificación de signos de alarma, la vigilancia clínica continuada y la educación sanitaria dirigida a las familias constituyen elementos fundamentales para mejorar el pronóstico y prevenir nuevos episodios de violencia infantil.
Revisar la evidencia científica disponible sobre el traumatismo craneoencefálico por maltrato en la población pediátrica, describiendo sus principales manifestaciones clínicas, criterios diagnósticos, factores de riesgo, complicaciones, abordaje terapéutico, implicaciones médico-legales y estrategias de prevención desde la perspectiva de los profesionales sanitarios, con especial atención al papel de la Enfermería.
MATERIAL Y MÉTODO
Se realizó una revisión narrativa de la literatura mediante una búsqueda bibliográfica en la base de datos SciELO, complementada con la consulta de publicaciones indexadas en PubMed y documentos científicos elaborados por hospitales españoles de referencia, entre ellos el Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla) y el Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). Asimismo, se revisaron documentos publicados por sociedades científicas nacionales e internacionales relacionadas con la Pediatría y el maltrato infantil.
Se seleccionaron artículos originales, revisiones sistemáticas, revisiones narrativas y documentos de consenso publicados preferentemente durante los últimos años, priorizando aquellos relacionados con la fisiopatología, diagnóstico, tratamiento, prevención y consecuencias del traumatismo craneoencefálico por maltrato.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La evidencia científica revisada confirma que el traumatismo craneoencefálico por maltrato representa una urgencia pediátrica con elevada morbimortalidad y un importante impacto sanitario, familiar y social. La especial vulnerabilidad del lactante se explica por sus características anatómicas y fisiológicas, especialmente el mayor tamaño relativo de la cabeza, la debilidad de la musculatura cervical y la inmadurez del sistema nervioso central.
Los movimientos bruscos de aceleración y desaceleración provocan desplazamientos repetidos del encéfalo dentro del cráneo, originando rotura de venas puente, lesiones axonales difusas y daño vascular. Como consecuencia aparecen hemorragias subdurales, edema cerebral y hemorragias retinianas, consideradas la tríada clásica del síndrome, aunque no siempre están presentes simultáneamente.
Las manifestaciones clínicas son muy variables y dependen de la gravedad de las lesiones. Entre los síntomas iniciales destacan la irritabilidad, el llanto inconsolable, el rechazo de la alimentación, los vómitos, la somnolencia o el letargo. En los casos más graves aparecen convulsiones, apnea, alteración del nivel de conciencia, insuficiencia respiratoria e incluso parada cardiorrespiratoria.
Uno de los principales problemas diagnósticos radica en que muchos pacientes no presentan lesiones externas visibles. Además, la historia clínica aportada por los cuidadores suele ser incompleta, poco coherente o incompatible con la gravedad del cuadro clínico, lo que obliga a mantener un elevado índice de sospecha por parte de los profesionales sanitarios.
La tomografía computarizada constituye la prueba de elección durante la fase aguda por su rapidez para detectar hemorragias intracraneales. Posteriormente, la resonancia magnética permite valorar con mayor sensibilidad el daño axonal difuso, pequeñas hemorragias y lesiones isquémicas. El examen oftalmológico mediante fondo de ojo resulta imprescindible para detectar hemorragias retinianas, cuya presencia extensa constituye uno de los hallazgos más sugestivos de traumatismo craneoencefálico por maltrato.
El tratamiento debe iniciarse de forma inmediata y requiere un abordaje multidisciplinar. Inicialmente se prioriza la estabilización de la vía aérea, la respiración y la circulación, seguida del control de la presión intracraneal y la instauración de medidas neuroprotectoras. Dependiendo de la evolución clínica pueden ser necesarios anticonvulsivantes, ventilación mecánica, tratamiento neuroquirúrgico o ingreso en unidades de cuidados intensivos pediátricos.
El personal de Enfermería desempeña un papel esencial durante todo el proceso asistencial. Entre sus funciones destacan la valoración clínica continua, la monitorización neurológica, el control de constantes vitales, la administración segura del tratamiento prescrito, la prevención de complicaciones derivadas de la inmovilidad y la coordinación con el resto del equipo multidisciplinar. Asimismo, la Enfermería constituye un elemento clave en la detección precoz de posibles indicadores de maltrato y en la comunicación de las sospechas siguiendo los protocolos establecidos.
Las complicaciones a largo plazo son frecuentes y pueden incluir discapacidad intelectual, trastornos del aprendizaje, alteraciones conductuales, epilepsia, déficit visual permanente, parálisis cerebral y retraso del desarrollo psicomotor. La mortalidad continúa siendo elevada en los casos más graves, lo que pone de manifiesto la importancia del diagnóstico precoz y del tratamiento inmediato.
Desde el punto de vista legal, todo profesional sanitario tiene la obligación de comunicar la sospecha fundada de maltrato infantil a las autoridades competentes, garantizando en todo momento la protección del menor.
La prevención constituye la estrategia más eficaz para disminuir la incidencia de esta patología. Los programas de educación dirigidos a padres y cuidadores sobre el manejo del llanto del lactante, el estrés parental y las consecuencias del zarandeo han demostrado reducir significativamente el número de casos. Del mismo modo, la formación continuada de los profesionales sanitarios mejora la capacidad diagnóstica y favorece la activación precoz de los protocolos de protección infantil.
CONCLUSIONES
El traumatismo craneoencefálico por maltrato constituye una de las formas más graves de violencia contra la infancia y representa una importante causa de mortalidad y discapacidad neurológica permanente en lactantes y niños pequeños.
La inespecificidad de las manifestaciones clínicas hace imprescindible que los profesionales sanitarios mantengan un elevado índice de sospecha, especialmente cuando exista discordancia entre la historia clínica y los hallazgos exploratorios o radiológicos. El diagnóstico precoz, el tratamiento multidisciplinar y la rápida activación de los protocolos de protección infantil son determinantes para mejorar el pronóstico y garantizar la seguridad del menor.
El personal de Enfermería desempeña un papel fundamental tanto en la detección precoz como en la atención integral y la educación sanitaria de las familias. La implementación de programas preventivos dirigidos a padres y cuidadores, junto con la formación continuada de los profesionales, constituye la medida más eficaz para reducir la incidencia de esta forma de maltrato infantil.
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